¿Quién es Aquel que Provee el Pan de Vida? (Juan 6:30-34)

“Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan”.
Juan 6:30-34

INTRODUCCIÓN


               El dialogo entre Jesús y estos judíos continua en estos versículos donde si recordamos un poco estas personas estaban allí por el milagro de la alimentación que nuestro Señor había hecho y del cual se habían beneficiado. Ahora Jesús después de reprenderlos por su actitud interesada les exhorta a buscar más el alimento que da vida eterna y no el terrenal que solo puede alimentar el cuerpo físico. Vimos que este alimento espiritual que da vida eterna es creer en Jesús como el Mesías. Ahora bien, la discusión ira más allá ya que esta muchedumbre retara a Jesús a realizar una señal para que ellos puedan creer en Él y al mismo tiempo lo desafiarán a superar las obras de Moisés quien había alimentado a toda una nación con el maná, pero el Señor les enseñara que no fue Moisés quien los alimento, sino Dios, y que el nuevo pan que desciende del cielo no tiene como objetivo llenar sus estómagos, sino alimentar sus almas para vida eterna.

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¿Quién es Aquel que Provee el Pan de  Vida? 

LA DUREZA DE SU CORAZÓN ES EQUIVALENTE A SU INCREDULIDAD


“Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer”.
Juan 6:30-31



            Es increíble ver como la dureza de su corazón se iguala con su enorme incredulidad. Prácticamente lo que Jesús les había dicho después de recriminarlos por sus intenciones egoísta de buscar solo el alimento terrenal fue que creer en Él era lo que les daría la vida eterna. Sin embargo, esta gente no está dispuesta a creer tan fácilmente en su persona y por eso le piden una señal para que ellos puedan creerle: Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Podemos ver en estas personas su gran cinismo ya que estaban pidiéndole a Jesús una señal para creerle cuando apenas un día anterior habían presenciado el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces donde todos habían comido hasta saciarse y todavía habían sobrado doce sestas. Si bien es cierto que los milagros son eventos sobrenaturales que confirman aún más nuestra fe, para estas personas no era así debido a lo duro de su corazón. Uno puede ver en ellos lo hipócritas que eran ya que apenas ayer querían volverlo su rey debido a que les había llenado el estómago, y ahora que Jesús los recriminaba pedían otra señal para terminar de creer en Él. Esta petición es hasta cierto punto insultante y desafiante ya que en pocas palabras le decían que si realmente era el Mesías tenía que superar a Moisés: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. El milagro que Israel había presenciado en el desierto durante su éxodo había quedado tan marcado en la mente de sus descendientes que aún en los tiempos de Jesús lo recordaban. Fue durante su peregrinar en el desierto y ante sus constantes quejas que Dios decidió alimentarlos de codornices y de una especia de pan que descendía del cielo: “Venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento. Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer”, (Éxodo 16:13-15). Dios les dio indicaciones explicitas en cuanto a la forma de cómo tenían que recoger este pan al cual llamaron maná: “Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer. Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Más ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía”, (Éxodo 16:16-21). Y en el sexto día se recogía el doble porque durante el día de reposo no se hacía nada: “En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió”, (Éxodo 16:22-24). En la mente de los judíos estaban todas estas grandes señales que Dios hizo por medio de Moisés y desafiaban a Jesús a superar sus obras. Lo que hacían era hacer un comparativo entre la señal de la multiplicación de los panes con la obra de Moisés: Jesús multiplico los panes de cebada, pero Moisés hizo descender el maná del mismo cielo, Jesús los alimentó una vez, Moisés 40 años, Jesús alimento a cinco mil, Moisés a toda una nación. Prácticamente le decían a Jesús ¿cómo superaras la obra de Moisés?



SOLAMENTE DIOS PUEDE PROVEER EL PAN DE VIDA ETERNA


“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan”.
Juan 6:32-34

                   Aquí Jesús les aclara un error que están cometiendo. Ellos decían que Moisés les había provisto el maná, el pan que descendía del cielo; pero Jesús les aclara que no fue él, sino Dios, así como todo milagro que ocurre no es por voluntad del siervo, sino por Dios: Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. El verdadero pan del cielo que da vida eterna y sacia toda necesidad humana proviene de Dios, y no hay otro lugar o ser que lo pueda proveer, y por ello Santiago nos enseña que todo buen don o dádiva proviene del Señor: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”, (Santiago 1:17). Si el hombre quiere heredar todo don perfecto y buena dádiva tiene que entender que viene del cielo, es decir, de Dios y Jesús les dice que el pan que Dios les da es el verdadero alimento que saciara toda necesidad en ellos, y por eso le dicen que les dé a comer de este pan: Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Una vez más parece que no entienden que el pan del cielo es Jesús, pero el Señor está dispuesto a decírselo directamente y de eso tratan los siguientes versículos donde Jesús se autoproclama el pan que descendió del cielo. Durante los 40 años de Israel en el desierto la nación no pereció de hambre porque Dios los alimento con el maná que descendía del cielo: “E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, y les dio trigo de los cielos”, (Salmo 78:24), pero ahora, Jesús había descendido del cielo como el verdadero pan que no solo sacia de una vez y para siempre todas nuestras necesidades, sino también que nos da la vida eterna.



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