Desesperado por un milagro (Mateo 15:21-28)



“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.  Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”.
Mateo 15:21-28

Introducción


            Continuando con su relato, el apóstol Mateo narra el segundo intento de Jesús de buscar un retiro. Ya anteriormente vimos como Jesús intento apartarse a un lugar solo, pero las multitudes no se lo permitieron sino lo siguieron y allí el Señor tuvo compasión de ellas y les enseño el evangelio y terminó con el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces. Luego pasando al otro lado del mar de Galilea llegó a Genezaret donde no pasó desapercibido, sino que al identificarla la gente le llevaron de todos los pueblos y aldeas los enfermos para que los sanase. Para este tiempo Jesús se encontraba al final de su ministerio lo cual significa que la opción hacia su ministerio por parte de los fariseos y escriba había aumentado y por otro lado las multitudes que lo seguían demandaban mucho de Él ya que invertía toda su energía para enseñarles, predicarles y sanar a los enfermos que le llevaban. Así que hoy vemos a Jesús saliendo de las fronteras de Israel con el fin de buscar un momento de paz y quietud.

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La mujer siro-fenicia


Jesús Sale de las Fronteras de Israel


“Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón”.
Mateo 15:21

              Esta es la segunda vez que Mateo nos relata que Jesús salió fuera de las fronteras de Israel. La primera fue cuando llego a la región de los gadarenos donde libero a dos endemoniados, y la segunda es esta, cuando llego a la región de Tiro y Sido. Tiro y Sidón eran ciudades en Fenicia. La frontera entre Galilea y Fenicia distaba unos cincuenta km. de Capernaum. En la zona del Líbano, desde el monte Carmelo hasta el golfo de Alejandreta, frente al Mediterráneo, se encontraban situadas las más famosas ciudades de Fenicia. Biblos, Sidón y Tiro se habían destacado por su tráfico comercial. En las laderas del Líbano crecían selvas de cedro, cuya madera servía para la construcción (1 Reyes 5:6), pero también extraían su resina para hacer perfumes. A Tiro se la llamaba "la hija de Sidón". Estaba situada a 65 km. de Nazaret. A unos 30km. al norte, se encontraba Sidón. Era una zona destinada a la tribu de Aser en sus orígenes. Pero los hebreos no supieron mantenerse fieles, sino que fueron doblegándose, con el paso del tiempo, al paganismo del lugar (1 Reyes 16:31). Sidón y Tiro acapararon durante mucho tiempo el comercio marítimo. Sus barcos, especialmente los de Tiro, recorrían las costas de África y llegaban hasta la actual España. Siendo hábiles en el trabajo de los metales y el vidrio, e inteligentes para su comercialización, aprovecharon siempre su ventaja sobre otros pueblos. Se destacaron en el teñido, industria avanzada para su época. El color púrpura que lucían muchos reyes se producía en esta zona. También tenían "las naves del desierto", que eran las caravanas que cruzaban las arenas como los barcos en el mar. Para el tiempo de Jesús, Tiro y Sidón seguían siendo claves en el comercio; pero ya no como en los tiempos antiguos; sin embargo, la pregunta surge: ¿Por qué Jesús salió de las fronteras de Israel para entrar en tierra de gentiles? La respuesta es que Jesús estaba en su segundo intento de retiro ya que como hemos visto anteriormente Jesús estaba exhausto del trabajo que realizaba día a día en su ministerio al atender tantas personas que llegaban a Él con diferentes necesidades. Ya vimos allá en el capítulo 14 como busco irse a un lugar desierto para estar a solas con sus discípulos, pero aun allí las multitudes lo encontraron, ahora Jesús salió a territorio gentil sabiendo que sería muy difícil que los judíos lo encontraran allí.

Jesús no Pudo Mantenerse Oculto


“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”.
Mateo 15:22


                Obviamente el texto nos sugiere que Jesús no pudo mantenerse oculto, especialmente porque el relato de Marcos nos lo aclara: “Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio”, (Marcos 7:24-26). De alguna manera esta mujer se enteró que Jesús estaba oculto en una casa de esta región y al saberlo no dudo en buscarlo porque tenía una necesidad que requería un milagro: su hija estaba endemoniada. Si nos damos cuenta la petición de la mujer nos expresa mucho: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. En primer lugar, vemos que a pesar de que esta mujer era griega, no acudió a sus dioses en ayuda, sino que la fama de Jesús había llegado hasta ella y decidió aprovechar la oportunidad de que Jesús estaba hospedado en una casa cerca de su región. Lo cierto es que solamente Jesús puede ayudarnos a resolver cualquier necesidad y debemos aprovechar las oportunidades que tenemos de acercarnos a Él en oración. Era improbable que Jesús anduviera por estas regiones ya que su ministerio lo desarrollo principalmente en Israel, por hoy se encontraba allí y aquella mujer no quiso dejar pasar su oportunidad. En segundo lugar, su petición expresa su fe en la persona de Cristo al llamarlo Hijo de David, que era un título que se le atribuía al Mesías prometido. Para acercarnos a Jesús es importante reconocer su poder y autoridad como Hijo de Dios. En tercer lugar, su petición expresaba desesperación ante un problema que nadie podía solucionar, sino un milagro ya que su hija estaba gravemente atormentada por un demonio. Posiblemente esta mujer había buscado ayuda en sus dioses y oráculos, pero nadie había podido ayudar, a lo mejor la medicina tampoco le había podido ayudar porque su mal no podía ser curado ni por las filosofías, ni por las religiones de este mundo, ni por la medicina, ya que su mal era de carácter espiritual y nadie podía hacerle frente a un caso de posición demoniaca. En la vida hay casos donde el hombre no puede solucionar sus problemas, ya sea porque sean enfermedades terminales, o porque sus pecados y malas decisiones los han hecho descender a la fosa de la desesperación donde parece que no hay mas solución, o porque se tratan de demonios que atan la vida de los pobres hombre y no hay poder humanos que los liberen de este mal. Allí es donde se sabe que no hay más solución que acudir a Jesús por un milagro.

Desesperado por un Milagro


“Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.  Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”.
Mateo 15:23-26

                 Es increíble ver la aparente indiferencia de Jesús ante la desesperación de esta mujer. En primer lugar, vemos que ante sus constantes ruegos Jesús simple y sencillamente no respondió palabra alguna: Pero Jesús no le respondió palabra, pero esto no la hizo desistir de su intento ya que estaba desesperada por un milagro y debió haber continuado clamando hasta fastidiar a los discípulos de Jesús que le pidieron que la despidiera porque sus clamores les eran molestos: Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. La actitud de la mujer nos da una gran lección en cuanto a la perseverancia que debemos tener al momento de presentar nuestras peticiones en oración delante de Dios, especialmente cuando nuestra alma esta angustiada por las diferentes situaciones difíciles que se puedan presentar y que escapen del control de nuestras manos. Sin embargo, ante la insistencia de la mujer Jesús respondió de una forma muy dura lo cual podría decepcionar a cualquier persona, pero no a esta mujer porque estaba desesperada por un milagro: El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. La primera respuesta que obtuvo de Jesús fue un no porque ella era griego y no judía, sin embargo, esto no la desanimo sino se humillo aún más desesperada por su milagro, pero ante su cuarto intento Jesús le dice algo que nos puede parecer insultante, le dijo perrilla. Los perros eran mal vistos en la cultura judía porque eran animales inmundos, carroñeros en su mayoría que se alimentaban de la basura y se les llamaba en lengua griega kúon (κύων), sin embargo, existía una raza de perros que eran domesticados para cuidar los pastos y terrenos, y a estos se les llamaba perrillos, kunárion (κυνάριον) en griego. Los judíos despreciaban tanto a los gentiles que los comparaban con los perros y en esta ocasión Jesús le dice algo que parece insultante a esta mujer, la llama perrilla, algo que pudo haberla desanimado, pero no fue así, sino se humillo aún más rogándole por su milagro porque realmente sabía que no había otra opción más que esperar en la misericordia de Dios. Esto nos enseña el valor de la insistencia en la oración ya que, aunque en ocasiones parezca que Jesús no nos escucha y la respuesta tarde en venir debemos perseverar como esta mujer.

La Fe Puesta a Prueba


“Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”.
Mateo 15:27-28


               La respuesta de la mujer ante las palabras de Jesús sorprende a Jesús: Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Su respuesta nos revela al menos dos cosas, la primera su actitud de desesperación la llevo a humillarse enormemente que reconoció que realmente no era nada, sino solo un perrillo que necesitaba de Jesús. En segundo lugar, nos muestra su gran fe la cual fue probada. Su gran fe se deja ver en el hecho de que ella creía que una tan sola migaja de Jesús era más que suficiente para bendecir su vida. Esto admiro en gran manera a Jesús y Marcos lo expresa mejor: “Entonces le dijo: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija”, (Marcos 7:29). Sus palabras expresaban su gran fe, tanto que admiro a nuestro Señor Jesús y le concedió su petición. La insistencia ante la angustia siempre ha dado como resultado ver la mano de Dios a favor de los que le buscan. Esta historia de desesperación nos recuerda a la angustia de Jacob al saber que su hermano Esaú venía a su encuentro con 400 hombres. Durante su vida Jacob se había dedicado a engañar a otros y uno de esos fue a su hermano Esaú quien había jurado que al morir su padre materia a su hermano ya que este se disfrazó haciéndose pasar por él para que su padre lo bendijese y por esta razón Jacob huyo de su casa. Con el tiempo Jacob regresa a su hogar, pero cuando Esaú se entera sale a su encuentro con 400 hombres y la angustia de Jacob es tal que decide hacer dos campamentos pensando que si su hermano ataca uno el otro podría escapar. Su angustia era tal que sabía que no había nada que lo salvaría de sus errores pasado por lo que decide subir a una colina a orar sabiendo que solo Dios podía salvarlo, y fue así, porque estando a solas se le apareció el ángel de Jehová del cual se asió y no lo soltó hasta que lo bendijera: “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera”, (Génesis 32:24-31). Jacob estaba realmente desesperado por su milagro y sabía que solo Dios podía ayudarlo por esa razón se aferró con todas sus fuerzas al ángel y no lo soltó aun cuando este lo descoyunto del muslo, pero ni todo el dolor ni el cansancio de su lucha con el ángel durante toda la noche logro que Jacob se rindiese porque estaba desesperado por un milagro. Al final su persistencia admiro la fe y persistencia de este hombre por lo que decidió bendecirlo y llamo su nombra ya no más Jacob, sino Israel, porque había luchado con Dios y con los hombres y había vencido. Aquel día algo cambio en la vida de Jacob y llamó aquel lugar donde había luchado con el ángel Peniel, que significa rostro de Dios, porque realmente había visto la gloria de Dios. Esta historia de desesperación por un milagro y constante insistencia a Dios por su misericordia es muy parecida a la historia de la mujer sirofenicia y nos enseña que no debemos darnos por vencidos sino perseverar aun cuando nuestra fe sea probada. Al final aquella mujer recibió la recompensa a su perseverancia y fe: Y su hija fue sanada desde aquella hora. Nosotros tengamos esta misma actitud, no nos desanímenos aun cuando parezca que Jesús está ausente de nuestras vidas y no escucha nuestro ruego, sino perseveremos y conquistemos grandes promesas a través de nuestra fe.


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