Ciegos que no saben leer las señales del cielo (Mateo 16:1-4)



“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue”.
Mateo 16:1-4

Introducción


             Avanzando por este glorioso evangelio llegamos al capítulo 16 donde Mateo nos seguirá mostrando la increíble oposición que el ministerio de Jesús está experimentando en este último año de ministerio. Anteriormente Jesús había estado afuera de las fronteras de Israel, había estado recorriendo los contornos de Decápolis, donde vimos que realizo muchos milagros, y justo antes de abandonar la región realizo un milagro que ya anteriormente había realizado, la multiplicación de siete panes y unos cuantos peces con los cuales alimento a 4, 000 personas. Ahora, nuestro Señor está de regreso en Israel, y una comitiva de líderes religiosos ha llagado para oponerse a su ministerio.

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Ciegos que no saben leer las señales del cielo

Una Coalición en contra de Jesús


“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo”.
Mateo 16:1

               Poco después de que Jesús hubiera puesto un pie en las fronteras israelitas, una comitiva llega a recibirlo no con el fin de darle la bienvenida, sino para oponerse a su ministerio. En este versículo vemos dos grupos religiosos importantes de los tiempos de Jesús, dos grupos que siempre habían tenido sus diferencias pero que ahora se habían unido con el fin de tentar a nuestro Señor, los fariseos y saduceos. Los fariseos (φαρισαῖος) eran una secta cuyo nombre significa “separados” debido a la manera diferente de vivir a la del común de la gente, su nombre fariseo aparece por primera vez en el contexto de los reyes MACABEOS en el 150 a.C., en el libro de Josefo, Antigüedades XIII. Como grupo particular, los fariseos lograron destacarse durante el reinado de Juan Hircano (135-104 a.C.), al oponerse al deseo de este de extender su poder político y militar. En el reinado de Alejandro Janneo (103-76 a.C.) la oposición alcanzó tal magnitud que este la suprimió brutalmente, crucificando a ochocientos de los líderes fariseos (Antigüedades, XIII). Cobraron nueva importancia bajo Alejandra Salomé (76-67 a.C.), pero pronto perdieron su influencia directa en la vida política del país. Su vida se basaba en cumplir estrictamente la ley de Moisés y las tradiciones judías, creían en los profetas, la resurrección de los muertos, los ángeles y la restauración de Israel a manos de un Mesías. Al principio este grupo surgió con buenas intenciones ya que deseaban preservar la cultura judía y enfocarse en guardar la ley y los profetas, pero lamentablemente le dieron más importancia a las tradiciones y cosas externas que al amor, misericordia y justicia que era el verdadero espíritu de la ley, por ello Jesús los recrimina de su hipocresía en el capítulo 23 de Mateo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”, (Mateo 23:27). En cambio los saduceos, eran miembros de una secta minoritaria pero de gran poder en los tiempos de Jesús, por lo general constituían un núcleo de personas altamente privilegiadas, por ejemplo, comerciantes ricos y funcionarios gubernamentales. Josefo se refiere por primera vez a los saduceos en su libro de Antigüedades XIII, donde describe la decisión de Hircano I, rey macabeo de los judíos (135-105 a.C.) de aliarse con ellos. De allí se ve que la secta existía antes de dicho reinado. Se llegó a creer el nombre se había derivado del sacerdote Sadoc, contemporáneo de David y Salomón (2 Samuel 15:27; 19:11; 1 Reyes 1:8), cuyos descendientes eran considerados como la línea pura sacerdotal, pero no se está totalmente seguro de que esta aseveración sea cierta. Otros como T.W. Manson proponen que su origen puede rastrearse al considerar el origen de la palabra griega de donde deriva su nombre, ya que es saddoukaios (Σαδδουκαῖος), el cual era un título que se le daba a las autoridades fiscales en Atenas en el siglo IV a.C., por lo que sugieren que los saduceos también controlaban los impuestos en Israel. Contrario a los fariseos, los saduceos solo creían en la ley de Moisés, fuera de eso no aprobaban ningún otro inscrito inspirado como los profetas y los salmos, también creían que después de la muerte no había nada más y eso los llevaba a creer que no existía la resurrección de los muertos, no creían en los ángeles y sostenían la creencia de un reinado teocrático, donde ellos eran los principales regentes, de allí que la idea de un Mesías que reinaría para siempre iba en contra de sus intereses, de hecho, eran los saduceos los que se encontraban en el poder, ya que uno de ellos era el sumo sacerdote y su poder lo ejercían desde el mismo sanedrín: “Y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año”, (Juan 18:13). Por tanto, podemos ver que las diferencias teológicas de estos dos grupos eran tan opuestas que en cierta ocasión Pablo la utilizo en su favor para ponerlos en contra los unos con los otros: “Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza”, (Hechos 23:6-10). A pesar de sus marcadas diferencias e intereses, estos dos grupos se unen en esta ocasión solo para tentar a nuestro Señor: Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Estos hombres le pedían a Jesús una señal, pero esta pregunta era hasta cierto punto ridícula, porque que más señal que las muchas sanidades y milagros que nuestro Señor había realizado. De hecho, esta no es la primera vez que sus enemigos le hacen esta petición, ya los fariseos y escribas lo habían hecho anteriormente: “Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal”, (Mateo 12:38). Estos hombres trataban de negar los milagros y señales que Jesús hacía, y luchaban con auto-convencerse de que Satanás estaba detrás de todas sus obras, por ello pedían un señal más, pero esta vez le piden una señal del cielo, es decir, un acto milagroso del cielo que confirme que Dios estaba con Él, parecida a la señal del maná que descendió del cielo que respaldó a Moisés (Éxodo 16), o cuando Josué hizo detener el sol y la luna (Josué 10:12-14), o cuando hubieron relámpagos y rayos que atemorizo al ejercito de los filisteos en tiempos del profeta Samuel como respuesta a su oración (1 Samuel 7:10), o cuando la sombra retrocedió 10 grados en respaldo a la palabra de Isaías (2 Reyes 20:10-11), o cuando Elías hizo caer fuego del cielo (1 Reyes 18:30-40). Pero Jesús no estaba dispuesto a hacerles otra señal, sino solamente la del profeta Jonás.

Ciegos que no distinguían las señales del cielo


“Más él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis!”.
Mateo 16:2-3

               Jesús recrimina la ceguera espiritual de estos hombres que le pedían una señal del cielo. Por un lado Jesús había realizado muchas señales sanando y realizando toda clase de milagros, habían visto el cumplimiento de la ley, los profetas y los salmos en su persona y aun así se atrevían a pedirle una señal más. Por otro lado, estos hombres eran unos expertos para distinguir las señales del tiempo para pronosticar el tiempo, pero eran incapaces de distinguir las señales del cielo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡más las señales de los tiempos no podéis! Hoy en día muchas personas son como estos fariseos y saduceos, incapaces de leer las señales de la pronta venida de nuestro Señor Jesús y del fin que se avecina a este mundo, Jesús nos dijo que antes de su venida habría muchas señales: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”, (Mateo 24:4-8). Hoy en día la tecnología y ambiente político proyecta a un mundo que prepara el camino para el surgimiento del anticristo, la apostasía que hoy vivimos va rumbo al falso profeta, y el hecho de que la higuera ha florecido nos anuncian que Cristo viene pronto: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, (Mateo 24:32-35). En 1948 con la proclamación de Israel como nación soberana e independiente se cumplió esta profecía y la higuera comenzó a florecer y Jesús dijo que no pasaría esta generación sin que los acontecimientos apocalípticos que Él describe en Mateo 24 se cumplan. Una generación está compuesta por 70 años, 80 en los más robustos: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años”, (Salmo 90:10). Si contamos veremos que en el 2018 se cumplirán los 70 años, y en el 2028 los 80 años, por lo que el tiempo para el cumplimiento de lo que ha de venir está muy próximo. De esta forma hoy en día muchas señales pueden avisarnos que el fin de este mundo se acerca y debemos ser sabios para reconocerlas y aferrarnos en fe a nuestro Señor Jesús el cual puede perdonarnos de nuestros pecados y salvarnos de la destrucción que viene para este mundo que agoniza. Estos hombres no eran capaces de leer las señales referentes al cumplimiento de las profecías en cuanto a la primera venida del Señor que ocurrían en sus propias narices, y hoy en día debemos tener cuido de no cometer el mismo error al no ser capaces de ver las señales que anuncian que su segunda venida y la gran tribulación están cerca.

La señal del profeta Jonás


 “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue”.
Mateo 16:4

              Finalmente, nuestro Señor acusa a estos líderes religiosos de ser una generación mala y adultera: La generación mala y adúltera demanda señal. Ellos eran malos porque sus intenciones eran perversas a tal punto que querían matar a Jesús, eran una generación adultera, porque aunque ya no se inclinaban ante ídolos, sus corazones estaban muy alejados del Señor, ya que ponían sus tradiciones humanas antes que a Dios. Por esta razón el Señor se negó a hacerles una señal, sino la única seria la señal del profeta Jonás. Como vimos anteriormente en el capítulo 12 de este evangelio la señal del profeta Jonás se refiere a su resurrección, de tal forma que la única señal que les dejaría a estos hombres de su autoridad como Mesías sería el hecho de que resucito de los muertos. Así como Jonás estuvo tres días en el vientre del gran pez, así nuestro Señor descendió al Hades después de morir y ser sepultado, pero al tercer día resucito de entre los muertos, lo cual es la señal inequívoca de su autoridad y el sello de su victoria. La señal de Jonás es exclusiva de nuestro Señor Jesucristo ya que ningún hombre antes o después de Él ha sido capaz de vencer a la muerte, ni Moisés, ni Josué, ni David, ni los profetas fueron capaces de resucitar, ni siquiera Mahoma, o Buda, o Confucio y ninguno de los lamas del Tíbet ha sido capaz de semejante obra, todos los grandes siervos de Dios gozaron de gran respaldo y a algunos los acompañaron grandes señales; pero a ninguno se le dio el derecho de resucitar de entre los muertos, por ello la resurrección ha sido uno de los principales temas del evangelio: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”, (1 Corintios 15:3-4). Hoy en día la resurrección de entre los muertos es el sello de divinidad que Jesús tiene, ya que ningún hombre o mujer de esta tierra ha sido capaz de tal obra.


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About Walter Cuadra

1 Comments:

  1. Orar puede Detener las Peores Tempestades mas ahora en estos tiempos en los cuales el mundo no esta bien y necesitamos de mucha fortaleza, hay que tener fee en Dios y todo pasara

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