La fe de Rahab ( Jueces 2:15-21)



“Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro. Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino. Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado. He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana”.
Jueces 2:15-21

INTRODUCCIÓN

           
El ser humano en su condición de pecado esta perdido delante de Dios y en el libro de Josué encontramos la historia de una mujer que puede traer esperanza a nuestras vidas. Rahab la ramera fue una mujer de la cual podemos aprender mucho en cuanto a la fe que todos nosotros necesitamos para ser salvos. Hoy en día la fe de esta mujer se elogia, incluso en el Nuevo Testamento a tal punto que por haberle creído a Dios llego no solo a salvar su vida y la de su familia, sino también trascendió mas allá de lo que ella pudo imaginar.

Rahab-espias
Rahab esconde a los dos espías


                                I.            UNA MUJER QUE SUPO APROVECHAR LA OPORTUNIDAD.


“Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí”.
Josué 2:1

Para este momento Israel estaba a punto de pasar el Jordán, y se preparaba para invadir y pelear por la tierra que Dios les había prometido, ya Moisés había muerto y Josué se encontraba al mando por lo que decidió enviar secretamente a dos espías a reconocer la ciudad de Jericó la cual era la primera que tenían que conquistar. Jericó era una ciudad que se encontraba resguardada tras enormes murallas cuyo acceso se hacía imposible, sin embargo, Josué sabía que Dios se las había entregado y por eso envió dos hombres con el propósito de espiar. Fue aquí cuando esto dos hombres entraron a la casa de una ramera llamada Rahab y esta fue una mujer que supo aprovechar la oportunidad que Dios le ofreció para salvarse.

                             II.            LA FE DE RAHAB.


Rahab es una mujer cuyo nombre es seguido por su oficio, el de ramera, una posición muy poco honrosa, pero que al mismo tiempo nos representa a cada uno de nosotros como pecadores necesitados de Dios. En la Biblia se nos habla de como por la fe esta mujer logro grandes cosas. Por ejemplo, Hebreos nos dice que por su fe logro ser salva de la destrucción: “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz”, (Hebreos 11:31). Santiago nos dice que por la fe Rahab realizo obras que agradaron a Dios y fue justificada: “Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?”, (Santiago 2:25). Fue esta mujer a la cual la Biblia llama Rahab la ramera que logro por su fe ser salva no solo de la destrucción que les avecinaba a todos los habitantes de Jericó, sino también fue justificada. Veamos como en estos pasajes del libro de Jueces se expresa la fe de Rahab.

1.      Una fe que reconoce el poder de Dios.


“fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para espiar la tierra. Entonces el rey de Jericó envió a decir a Rahab: Saca a los hombres que han venido a ti, y han entrado a tu casa; porque han venido para espiar toda la tierra. Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido; y dijo: Es verdad que unos hombres vinieron a mí, pero no supe de dónde eran. Y cuando se iba a cerrar la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé a dónde han ido; seguidlos aprisa, y los alcanzaréis. Más ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado. Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán, hasta los vados; y la puerta fue cerrada después que salieron los perseguidores”.
Josué 2:2-7

En primer lugar, vemos en Rahab una fe que reconoce el gran poder de Dios. Cuando el rey de Jericó se enteró que unos espías andaban merodeando la ciudad envió hombres a capturarlos pero Rahab decidió esconderlos. Pero ¿por qué los escondió? ¿Acaso no sabía que eran los enemigos que querían destruir su ciudad? ¿Por qué no los entrego a los soldados con el fin de ayudar a salvar la ciudad? Bueno la razón por la cual hizo de esta forma fue porque sabía que ningún ejército ni fortaleza, ni muros por muy altos y fuertes que estos fuesen eran suficientes para detener a Dios. Ella sabía que el fin había llegado y que lo mejor era acercarse al Señor Todopoderoso.

2.      Una fe que reconoce que solo Dios puede salvar.


“Antes que ellos se durmiesen, ella subió al terrado, y les dijo: Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros.  Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura;  y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte. Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad”.
Josué 2:8-14

Vemos aquí un aspecto interesante de la fe de esta mujer y es el hecho de creer que solamente Dios podía salvarla de la destrucción que venía. Ella había escuchado las grandes proezas de Dios: Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Todos sabían que Dios estaba con Israel y por eso sus corazones desmayaban y esta mujer cuando vio la oportunidad de ayudar a estos dos espías los escondió para después rogarles misericordia. Todos debemos estar conscientes que sin Dios todos estamos perdidos, nadie puede salvarse por sus propios medios, por ello como esta mujer debemos creer en Dios el único que puede salvarnos.


3.      Una fe que obedece.


“He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Más cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare. Y si tú denunciares este nuestro asunto, nosotros quedaremos libres de este tu juramento con que nos has juramentado. Ella respondió: Sea así como habéis dicho. Luego los despidió, y se fueron; y ella ató el cordón de grana a la ventana”.
Josué 2:18-21

En tercer lugar, vemos en Rahab una fe que conduce a la obediencia. Como consecuencia de su suplica por misericordia, aquellos hombres le mandaron a que atase un cordón de grana en la ventana de su casa con el fin de que cuando llegase el ejército israelita, su vida fuese perdonada junto con todos aquellos que estuviesen en la casa con ella, ninguno tenía que salir de la casa porque de lo contrario morirían. Ahora bien, esta mujer no espero ni un día para colgar el cordón de grana sino en el mismo momento lo hizo mostrándonos su gran fe. Así debe ser la fe que expresemos, un fe que nos haga obediente a su palabra porque solamente así seremos salvos. La Biblia es clara al enseñarnos que el único camino al Padre es Jesús, y que no hay otra forma de ser salvos, solo aquellos que obedecen y se entregan a Cristo alcanzan la misericordia de Dios. La grana tiene un color rojizo característico y el solo ver ese cordón de grana rojizo colgado en la ventana de Rahab nos recuerda aquel acto de fe que también Israel hizo al pintar con la sangre de los corderos los dinteles de las ventanas y las puertas el día que Dios envió su última plaga en Egipto: la muerte de los primogénitos, y en ambos casos es un símbolo de la sangre de Cristo que iba a ser derramada en la cruz del Calvario para perdón de nuestros pecados. Nuestra fe tiene que verse reflejada en la obediencia a Cristo, en creer que gracias a su sacrificio hoy podemos ser salvos.

4.      Una fe que trasciende más allá de los tiempos.


“Más Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera,  y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo,  como lo jurasteis. Y los espías entraron y sacaron a Rahab,  a su padre,  a su madre,  a sus hermanos y todo lo que era suyo;  y también sacaron a toda su parentela,  y los pusieron fuera del campamento de Israel”.
Josué 6:22-23
            Por su acto de fe esta mujer no solo salvo su vida sino la de toda su familia lo cual es un hermoso ejemplo de los increíbles alcances de la fe, la cual no solo nos puede salvar sino también a todos aquellos que nos rodean, tal y como Pablo le dijo al carcelero de Filipos: “y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, (Hechos 16:30-31). Ahora bien, lo hermoso de esta fe no solo es que Rahab sobrevivió, sino que con el tiempo se casó con un israelita a tal punto que llego a engendrar a un hijo que fue descendiente directo de la genealogía de Jesús: “Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí”, (Mateo 1:5). Increíblemente esta mujer logro convertirse en parte del linaje del Mesías prometido transcendiendo así su fe a tal punto que hoy en día se habla de Rahab la ramera.

CONCLUSIÓN


La fe es clave para nuestra salvación y la mujer que la Biblia llama como Rahab la ramera nos enseña mucho acerca de ello. Al estudiar su vida podemos aprender al menos cuatro cosas de la fe:

1.       La fe reconoce el poder de Dios.
2.       La fe reconoce que solamente de Dios puede venir.
3.       La fe conduce a la obediencia.
4.       La fe hace que nuestras obras trasciendan más allá de lo que imaginamos.



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