La gran incapacidad del hombre (Juan 6:44)


“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.
Juan 6:44

INTRODUCCIÓN

           
El hombre actual puede sentirse muy orgulloso de todo lo que ha lograda a lo largo de este tiempo, a tal punto que gracias a la ciencia su vida es confortable en esta tierra. Prácticamente, muy pocas son las cosas que a través de la ciencia el hombre no pueda hacer, pero si hay algo que ni la ciencia o esfuerzo humano pueda hacer, eso es salvarse a si mismo del infierno. La mayor incapacidad que el hombre tiene hoy por hoy es la de salvase a si mismo. Veamos por qué decimos esto, y cómo el hombre puede hacer para no ir al infierno.


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La gran incapacidad del hombre


                        I.         LA SALVACIÓN NO ES UN ACTO QUE DEPENDE DEL ESFUERZO HUMANO.


Algo que el hombre debe considerar es su completa y absoluta incapacidad para salvarse a si mismo. Contrario a lo que las religiones actuales le hacen creer al hombre, no hay suficientes obras que el hombre pueda hacer para salvar su alma, ni las penitencias, ni obras de caridad, ni meditaciones, ni largos rezos u oraciones, ni aun el mismo sacrificio de los hombres puede abrirle las puertas del cielo. Veamos de acuerdo con la Biblia por qué esto es así.

1.     El hombre es incapaz de salvarse porque está ciego espiritualmente.


“Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”.
Isaías 6:9-10

            Una de las mayores incapacidades del hombre es la ceguera espiritual que tiene, es decir, su incapacidad de ver su realidad espiritual y la necesidad que tiene de salvarse. Isaías describe bien esta condición: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. El problema del hombre es que su corazón es tan duro que es incapaz de entender su situación espiritual y por ende su alma esta perdida, y esto es así porque el diablo ha segado su corazón: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”, (2 Corintios 4:3-4). Es por la obra de las tinieblas que el hombre se encuentra ciego espiritualmente y no le permite que la luz del evangelio lo saque de esas tinieblas.

2.     El hombre es incapaz de salvarse porque nace con una naturaleza pecaminosa.


“He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”.
Salmo 51:5

Como lo reconoce David en su salmo penitente, otra de las razones por las cuales el hombre es incapaz de salvarse es porque nace con una naturaleza pecaminosa: He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. Contrario a lo que muchos pudieran creer, los niños que se ven tan inocentes nacen con esta naturaleza y el problema con esto es que por naturaleza impulsa al hombre a hacer solamente lo malo, tal y como lo ha sido desde el principio de la humanidad: “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Genesis 6:5).

3.     El hombre es incapaz de salvarse porque es un esclavo del pecado.


“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”.
Juan 8:34

Finalmente, el hombre es incapaz de salvarse a si mismo porque es un esclavo del pecado. Un esclavo es una persona que no es dueña de si misma, incapaz de tomar decisiones propias porque su vida le pertenece a alguien más, sus derechos se limitan a los que su amo le conceda. Así es la situación del hombre, esta esclavizado al pecado el cual lo arrastra a hacer el mal y esto a su vez lo lleva al infierno.

                      II.         LA SALVACIÓN ES UN ACTO QUE PROVIENE DE LA GRACIA DIVINA.


“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.
Romanos 9:16

En este versículo Pablo expresa muy bien el hecho de la salvación: Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. La salvación depende de la misericordia de Dios ya que el hombre esta tan perdido que es a través de su gracia infinita que llegamos a ser salvos. Para poder ser salvos Dios envió a su Hijo Jesucristo el cual a través de su sacrificio es capaz de redimir de sus pecados a todo aquel que crea en El: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”, (Efesios 8:8-9).

CONCLUSIÓN.


Por tanto, el hombre natural es incapaz de salvarse a sí mismo, en primer lugar, porque por obra de las tinieblas esta ciego y no reconoce la necesidad de su salvación, en segundo lugar, porque nace con una naturaleza pecaminosa que lo impulsa solo a pecar y finalmente, porque es un esclavo del pecado, incapaz de elegir lo bueno, por ello no hay buenas obras o esfuerzo humano que lo pueda salvar del infierno. Sin embargo, ante esta imposibilidad humana, la gracia de Dios es mayor que el pecado humano a tal punto que todo aquel que crea en Jesús puede salvar su alma porque no depende del que quiere o corre sino de la misericordia de Dios.




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