El Cimiento de la Iglesia (Mateo 16:13-20)


“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”.
Mateo 16:13-20

Introducción


                Continuando Jesús en su cuarto y último retiro, llega con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo. Cesarea de Filipo era ciudad situada a unos 104 km al noroeste de Jerusalén, en la costa del Mediterráneo. Fue construida entre el 29-20 a.C. por Herodes el Grande en el sitio de la Torre de Estratón, en honor de Augusto César. Luego Felipe, el tetrarca, amplió la construcción y le puso el nombre “Cesarea” en honor del emperador Tiberio. Para distinguirlo de la Cesarea sobre el mar Mediterráneo, lo llamaron Cesarea de Filipo. Los habitantes eran en su mayoría paganos, adoraban muchos dioses entre griego y sirios, especialmente al dios Pan, pero el culto más fuerte estaba dirigido al Cesar a cuya persona le habían edificado un templo de mármol. A pesar de su trasfondo idolátrico, también Cesarea de Filipo fue protagonista de muchas historias del evangelito. Llegó a ser el asiento del gobierno oficial de Roma en la Tierra de Palestina, bajo los procuradores y los reyes herodianos. En el Nuevo Testamento, Cesarea aparece primeramente como la ciudad donde predicó y residió Felipe (Hechos 8:40; 21:8); después como refugio de Pablo mientras huía camino a Tarso (Hechos 9:30), y donde Pedro convirtió al centurión Cornelio (Hechos 10). Agripa I gobernó y murió aquí (Hechos 12:19-23). Después de sus viajes misioneros, camino de Jerusalén, Pablo pasó por Cesarea (Hechos 18:22; 21:8, 16), y aquí, luego de su arresto en Jerusalén, fue llevado a la prisión. Compareció ante Félix y Festo (Hechos 23:23, 33; 24:27; 25) y de Cesarea zarpó para Roma (Hechos 25:13). Después de la época neo testamentaria Cesarea llegó a ser un centro importante para la iglesia antigua. Fue sede episcopal y de una escuela teológica donde fueron maestros Orígenes (185-254) y Eusebio (275-340). Es a este lugar que Jesús se reirá con sus discípulos.

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El cimiento de la iglesia


La Gran Pregunta de Jesús


“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.
Mateo 16:13-15

             Jesús sabía que su momento de morir se acercaba y por ello durante su último año de ministerio busco lugares lejos de las multitudes para estar a solas con sus 12 apóstoles, ya que de estos dependía el continuar con la obra evangelizadora que había iniciado. Estando aquí decide hacerles una pregunta muy importante: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Antes de hacerles la pregunta directa en cuanto a quién es Él, decide preguntarles quién dice la gente que es Él. Es obvio que la pregunta tenía con objetivo que los discípulos se preguntarse quien era realmente Jesús, ya que habían pasado mucho tiempo con Él y era clave que ellos lo reconociesen como el ser que realmente es. Ante la pregunta ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Si nos damos cuenta la gente tenía muchas opiniones en cuanto a la persona de Jesús, libre de lo que sus enemigos creían. Por ejemplo ya anteriormente Herodes Antipas había creído que Jesús era Juan el bautista que había resucitado de entre los muertos: “En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes”, (Mateo 14:1-2). Otros por el contrario creían que era Elías por la profecía de Malaquías: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”, (Malaquías 4:5-6). Sin embargo, esta profecía hacía referencia a Juan el bautista y no al Mesías. Otros creían que era Jeremías, ya que en 2 Macabeos 2 se narra una historia donde se dice que cuando el templo fue destruido por Nabucodonosor Jeremías había tomado el arca y los utensilios del templo y ocultándolos en una cueva la cual él sello y no se volvió a encontrar. La tradición decía que justo antes de la venida del Mesías aparecería Jeremías trayendo de regreso el arca para devolverla al templo y la antigua nube de gloria que cubría el tabernáculo en tiempos de Moisés y el templo cuando Salomón lo edifico volvería a posarse. Y en general, otros creían que Jesús era alguno de los profetas que había resucitado, sin embargo, aunque algo nobles estas interpretaciones eran erradas ya que no lo identificaban como el verdadero Mesías, el Salvador y único Dios. Hoy en día muchas personas tienen conceptos errados en cuanto a la persona de Jesús, así por ejemplo, los Testigos de Jehová afirman que Jesús es solo un ser creado y gran profeta, pero no Dios, los de la Fe en Jesús dicen que la Trinidad no existe, que solo Jesús es Dios y niegan la divinidad del Espíritu Santo, los mormones dicen que Jesús es un ser preexistente, hermano de Satanás y que todos podemos llegar a ser como Él, los católicos colocan a Jesús en segundo plano exaltando más a María a quien le han dado el título de Madre de Dios, la secta de Hare Krishna afirma que Jesús es el hijo de Krishna, la teosofía niega la existencia y encarnación de su persona y lo considera solo un principio divino que se halla dentro de cada ser humano, Moom el fundador de la secta la iglesia de la unificación de los moonies dice que Jesús fracaso en su misión y por ello le pidió que él la completara, y la ciencia cristiana afirma que Jesús es solo el nombre del hombre terrenal y Cristo es la idea divina por medio del cual se sana y salva el hombre. Los judíos ortodoxos niegan que Jesús sea el Mesías y aún siguen esperándolo. De acuerdo a todas estas opiniones actuales en cuanto a ¿quién es Jesús?, nos podemos dar cuenta que muchas personas no lo conocen, lo cual es un terrible error porque de eso depende nuestra salvación, por eso quería estar seguro que a sus discípulos no les quedara la más mínima duda de quién realmente era Él: Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

La Declaración que Salva


“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
Mateo 16:16

        Ante la pregunta de Jesús Pedro rápidamente contesta haciendo una de las más importantes y poderosas declaraciones que el hombre puede llegar a hacer en su vida: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Esta declaración posee dos aseveraciones que nos enseñan dos aspectos relevantes en cuanto a la persona de Jesús las cuales nosotros debemos conocer y son determinantes para nuestra salvación. La primera afirmación que encontramos es esta declaración es que Jesús es el Cristo. La palabra Cristo se traduce del griego Jristos (Χριστός), y significa Ungido. Su equivalente hebreo es Mesías, que se traduce de la palabra Mashíaj (מָשִׁיחַ), y también significa Ungido. En el Antiguo Testamento esta palabra se utilizaba haciendo referencia a aquellos que habían sido ungidos con aceite, un símbolo de la unción del Espíritu Santo para ciertas tareas, y se ungían reyes, profetas y sacerdotes. Sin embargo, el término Mesías comenzó a usarse referente a aquel descendiente de David que habría que levantarse para reinar sobre las doce tribus: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino”, (2 Samuel 7:12-13). Isaías nos dice que este Mesías habría que traer la paz a este mundo y reinará sobre él: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”, (Isaías 9:6-7). Y en otro pasaje nos habla de la misión especial de este Mesías: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos,  a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones”, (Isaías 61:1-4). Ahora bien, cuando Jesús nació estas gloriosas profecías se cumplieron y por ello en cierta ocasión Él lo declaro en una sinagoga leyendo el pasaje de Isaías 61: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, (Lucas 4:16-21). Lamentablemente muchos no lo reconocieron como tal y lo rechazaron, pero aquel día Pedro había comprendido que Jesús era más que un profeta, era el tan esperado Mesías, el Cristo.

              En segundo lugar, Pedro declara que Jesús es el Hijo de Dios. Esta declaración es sumamente importante porque nos dice que Jesús no solo es hombre, sino Dios al mismo tiempo, lo cual las Escrituras nos enseñan: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”, (Colosense 1:15). Explicar la naturaleza de Cristo ha resultado difícil a lo largo del tiempo porque muchos la han mal interpretado. Por ejemplo, los gnósticos afirmaban que Jesús no había sido hombre, sino solo un espíritu, porque ellos consideraban que la carne era mala, y en general todo el cuerpo humano y por tanto, si Jesús era divino no pudo ser humano. El apóstol Pablo nos enseña cómo siendo Él Dios tomo forma de hombre para habitar entre nosotros: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, (Filipenses 2:5-8). El mismo apóstol Juan nos dice que Él fue hecho hombre: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”, (Juan 1:14). Ahora bien, Jesús se hizo hombre, pero sin pecado fue concebido porque no nació como resultado de la unión de un hombre con una mujer, sino nació por obra del Espíritu Santo: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”, (Lucas 1:26-35). De esta forma Jesús es hombre perfecto, pero sin pecado, completamente santo. Ahora bien, por otro lado Él es Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”, (Juan 1:1). En este sentido Jesús es 100% hombre y al mismo tiempo 100% Dios, ambas naturalezas están presentes en su ser como una solo sustancia.

              Por tanto, el hombre necesita conocer  Jesús como ese Mesías, el Cristo que vino a esta tierra a morir por nuestros pecados y darnos vida eterna, pero por otro lado, también es importante reconocer que Él es el único y verdadero Dios al cual debemos rendir nuestra vida. Si el hombre no reconoce esto jamás será salvo de sus pecados, pero aquel día Pedro lo había comprendido y por ello dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

El Cimiento de la iglesia cristiana


“Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.
Mateo 16:13-17

            Después que Pedro declaro que Jesús era el Cristo el Hijo del Dios viviente, nuestro Señor lo llama bienaventurado porque lo que dijo no fue resultado de un raciocinio humano, sino de una revelación de Dios: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Verdaderamente es bienaventurado aquel a quien Dios le revela tal cosa, porque las verdades espirituales solo pueden ser entendidas con la ayuda del Espíritu Santo, y la mente carnal es incapaz de hacerlo: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). La bienaventuranza es doble porque por un lado se tiene el privilegio de recibir de parte de Dios la revelación a través de un acto sobrenatural, y por el otro, su declaración trae al corazón una convicción verdadera acerca de la persona de Jesús que a su mismo tiempo trae salvación para el que cree. Ahora bien, basado en esta declaración Jesús hace otra afirmación importante: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Esta declaración a traído bastantes problemas de interpretación. Por ejemplo, la iglesia católica afirma que bajo estas palabras Jesús dijo que dejaba a Pedro como el fundamente de la iglesia, y de allí que hasta la fecha haya una larga línea de sucesión de papas bajo cuya autoridad se sujeta toda su iglesia. Sin embargo, esta interpretación no es aceptada por la iglesia evangélica ya que si esto fuera así que la iglesia tiene un fundamento débil, y el mismo apóstol Pablo afirmo que no ha otro fundamento para la iglesia que Cristo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”, (1 Corintios 3:11). También Pedro afirmo que Cristo era el fundamento de la iglesia, y no él: “Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”, (1 Pedro 2:7-8). Por tanto, el fundamento de la iglesia es Cristo, pero entonces, ¿qué significado tienen las palabras de Cristo hacia Pedro?: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Para poder responder mejor esta pregunta analicemos algunas palabras en su idioma original. Cuando Jesús le dice: tú eres Pedro, la palabra griega Pedro es Pétros (Πέτρος), y en este idioma hace referencia a una piedra o roca pequeña, mientras que cuando dice: sobre esta roca edificaré mi iglesia, la palabra roca que usa es pétra (πέτρα), la cual hace referencia a una roca mucho más grande, perecido a una montarla rocosa como la cumbre donde estaba ubicada la ciudad de Edom, su misma capital se hacía llamar Petra por esta misma razón: “La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?”, (Abdías 3). En este sentido, tanto Pétros como pretra son diferentes una con la otra, y no podría referirse a la misma cosas, pero si Pedro no es la roca sobre la cual la iglesia seria edificada, entonces cual es. La roca sobre la cual la iglesia esta edificada es la misma declaración de Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Cristo mismo es el fundamento de la iglesia cristiana y bajo este fundamento los apóstoles y profetas fundaron la iglesia: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”, (Efesios 2:20-22). El fundamento que los apóstoles y profetas es la enseñanza del evangelio el cual muestra a Jesús como el Cristo y Dios, el mensaje del arrepentimiento, la muerte y resurrección de Cristo, todo esto es lo que ellos predicaron y bajo esta doctrina la iglesia fue fundamentada, donde la principal piedra del ángulo es Jesucristo mismo. Ahora bien, este texto de Efesios 2:20-22 nos enseña que los cristianos somos edificados dentro de un edificio destinado a ser el templo y morada del Espíritu Santo, y de hecho el apóstol Pedro compara a los creyentes como pequeñas piedras con las cuales se edifica la casa de Dios: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado”, (1 Pedro 2:4-6). Esa casa espiritual que es edificada con esas piedras vivas es la iglesia del Señor sobre la cual ni siquiera los poderes de las tinieblas pueden hacerle frente: sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Es aquí donde la palabra iglesia aparece por primera vez en la Biblia y es usada por Jesús para referirse a la congregación de todos los santos, de hecho, en griego la palabra iglesia se traduce de ekklesía (ἐκκλησία), y se refiere no a un edificio sino a la congregación o asamblea de personas. Por ello, la iglesia del Señor no es un templo o edificio sino todos los creyentes que estamos unidos por nuestra fe y somos el templo y morada del Espíritu Santo.

¿Tiene pedro las Llaves de Reino de Los Cielos?


“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo”.
Mateo 16:18-20

         Esta afirmación que Jesús le hizo a Pedro también ha causado muchas dudas en cuanto a su verdadera interpretación. ¿Acaso Pedro tiene las llaves del reino de los cielos? ¿Qué significado tiene atar y desatar? Tal vez no en un sentido literal, pero de una forma figurada podríamos decir que Pedro las tuvo, pero ¿cómo es esto? Las llaves nos ayudan a abrir puertas, y en este sentido había existido una puerta que estaba cerrada, y esta es la puerta que conduce a Dios y la vida eterna. Por ejemplo en Hechos se nos dice que Dios le había abierto puertas para anunciar el evangelio: “Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles”, (Hechos 14:27). En otra ocasión el mismo Pablo le explico a los corintios que Dios le había abierto puertas para predicar el evangelio: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”, (1 Corintios 16:9). De igual forma, a Filadelfia, la iglesia fiel le dice el Señor que le ha abierto una puerta que nadie puede cerrar, posiblemente esta puerta abierta es el respaldo para predicar la palabra de Dios: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”, (Apocalipsis 3:8). Por tanto, si Pedro tuvo las llaves del reino de los cielos, se le dio la oportunidad de abrir las puertas para que el mensaje del evangelio se predicara y a través de la fe muchos entrasen en el reino de los cielos. Esto se ve claramente en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Por ejemplo, fue Pedro el primero que les predico a los judíos en el día de Pentecostés y así como 3,000 hombres se convirtieron abriéndoseles a ellos la puerta del reino de los cielos (Hechos 2:41). Luego, capítulos más adelante vemos como el Espíritu Santo lo llevo a la casa de Cornelio donde le predico a él, su familia y amigos el mensaje del evangelio donde se convirtieron y así nació la primera iglesia gentil abriéndose a ellos la puerta del reino de los cielos (Hechos 10). Así Pedro cumplió esta promesa que Jesús le dio, porque a través de la llave del evangelio les abrió tanto a judíos como a gentiles las puertas del reino de los cielos. De igual forma nosotros los cristianos tenemos esta poderosa llave en el mensaje del evangelio para que todo aquel que crea en Él se le abra las puertas a la vida eterna. Por otro lado se le prometió: y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. En términos rabínicos los judíos entendían que atar y desatar eran sinónimos de prohibir y permitir, y en este sentido la iglesia tiene la autoridad para pedirle a Dios en oración el respaldo que necesitan para hacer su obra, puede atar, es decir, prohibir o impedir que las tinieblas prevalezcan en esta tierra, y por otro lado puede desatar, es decir, permitir que el reino de Dios avance en esta tierra a través de la predicación del evangelio, de esta forma las puertas puede permanecer abiertas para continuar evangelizando con el respaldo de Dios.

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About Walter Cuadra

3 Comments:

  1. Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios altísimo y el único cimiento de la verdadera iglesia

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  2. Dios siga bendiciones a Los que se encargan de enseñarnos por Este medio

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  3. Bendiciones por este mensaje tan completo

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