Una forma inusual de hacer un milagro (Juan 9:6-12)


“Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé”.
Juan 9:6-12

INTRODUCCIÓN


            Continuamos con la historia de la sanidad del ciego del estanque de Siloé la cual corresponde a la sexta señal que aparece en este evangelio. Como vimos anteriormente, Jesús y sus discípulos se encuentran con un ciego de nacimiento el cual siempre mendigaba en Jerusalén y por el cual le preguntan: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”, (Juan 9:1-2), a lo cual Jesús responde que la enfermedad de este hombre no era cuestión del pecado de alguien, sino para glorificar a Dios. Ahora Jesús está dispuesto a hacer un milagro a favor de este hombre, pero lo hará de una manera inusual lo cual nos muestra la singularidad y grandeza de nuestro Señor Jesucristo.


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Una forma inusual de hacer un milagro


UN MÉTODO INUSUAL PARA HACER UN MILAGRO


“Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado)”.
Juan 9:6-7

               En este pasaje bíblico vemos uno de los métodos más inusuales que Jesús utilizó para realizar un milagro: Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego. A simple vista parece raro ver a alguien que escupa a tierra y que con su saliva haga lodo para untarlo en los ojos de una persona con el propósito de sanarlo, de hecho a algunos les parecería algo grotesco o antihigiénico tal acción, pero en los tiempos de Jesús realmente no era así. En los tiempos antiguos muchos creían que la saliva tenia propiedades curativas, especialmente para sanar enfermedades de los ojos, por ello Jesús tomo ventaja de esta creencia y procedió de una forma que hacia entender a aquel hombre su intención de sanarlo con un método que ya se usaba en su tiempo. Uno puede aprender mucho de este milagro ya que Jesús nunca se limitó a hacer las cosas de una sola forma, sino que era creativo para desarrollar su ministerio. Milagros nunca antes visto eran hechos por Él, y en ocasiones sorprendía a la gente utilizando métodos como este. En Marcos podemos ver otro caso donde uso su saliva para sanar: “Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien”, (Marcos 7:32-35). En esta época la gente tenía una idea equivocada en cuanto a que la saliva tenía propiedades curativas para sanar, pero a Jesús no le importaban esas cosas triviales, sino utilizo, digámoslo así, un elemento de carácter curativo para que junto con la fe aquel hombre fuera sanado. Hoy en día Dios actúa igual, porque como puede sanarnos a través de un milagro sin ningún tipo de tratamiento médico, como también pude hacerlo a través de medicamentos y la ciencia médica. Esto incluso era aceptado por la iglesia primitiva: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor”, (Santiago 5:14). En la antigüedad muchos creían que el aceite tenia propiedades médicas y en ocasiones solían aplicarlo sobre las lesiones o partes enfermas del cuerpo, por ello Santiago dice, si alguno está enfermo, aplíquese sobre él el medicamento y que los ancianos de la iglesia oren por él para que sea sanado. Por tanto, Dios puede actuar en aquel que ora y al mismo tiempo se somete al tratamiento médico sabiendo que el Señor es el que ha dado la ciencia médica a favor de la humanidad, pero por otra lado, también Dios puede hacer un milagro sin la necesidad de un solo medicamento. Como sea, en ambos casos la fe es clave para recibir el milagro. Después de untar el lodo en los ojos de aquel hombre ciego le dijo que fuera a lavarse al estanque de Siloé: y le dijo: Vé a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado).

Desde tiempos muy antiguos, Jerusalén se surtía de agua del manantial de Gihón (1 Reyes 1:33), que está situado al pie de la colina de  Ofel en el valle de Tiropeón, y que hoy en día se conoce como "Fuente de la Virgen". Como este manantial se encontraba fuera de las murallas antiguas de Jerusalén, sus habitantes tenían serias dificultades para abastecerse de agua. Para facilitar el aprovisionamiento, y aun para disponer de agua en el riego de los jardines del palacio, Salomón hizo construir un estanque que los arqueólogos posteriormente llamaron "Estanque Viejo" (o "Inferior"). Dos siglos más tarde, el rey Acaz  vio que el estanque de Salomón tenía una gran desventaja ya que en tiempos de guerra fácilmente podía caer en manos de los enemigos con la grave consecuencia de dejar a la ciudad sin agua. Por eso hizo construir un acueducto que bordeaba la colina de Ofel y se comunicaba con otro estanque que construyó dentro de la ciudad probablemente el mismo Acaz. Hoy se conoce con el nombre árabe de Birket Silwan (Estanque de Siloé). El apóstol Juan nos da el significado de Siloé, y esto es “Enviado”, lo cual es de alguna forma una alusión a la persona de Jesús ya que Él es el Mesías enviado de Dios y ahora estaba allí para dar vista a aquel siego.

EL CIEGO RECIBE LA VISTA


“Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé”.
Juan 9:7-12

             El ciego fue obediente a las palabras de Cristo y fue y se lavó los ojos en el estanque de Siloé y fue allí donde recobro la vista: Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Cuando regreso aquellos que eran sus vecinos y que lo conocían como hombre ciego se maravillaban: Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. Sus vecinos se preguntaban si realmente era él u otra persona que se le parecía ya que estaba viendo y eso no tenía una explicación, pero él le dijo que efectivamente él era y por ello le preguntaron cómo había recibido la vista: Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.  De alguna manera este hombre conocía a Jesús, a lo mejor había escuchado lo mucho que se murmuraba de Él, cosas buenas y cosas malas, y ahora había recibido del Señor este maravilloso regalo, lamentablemente después que fue sanado le perdió la pista, especialmente porque nunca lo había visto y no conocía su aspecto físico, ya que había sido ciego: Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé. Aquel hombre había recibido un milagro de parte de Jesús, y estaba muy contento por eso ya que su vida había cambiado drásticamente, pero no conocía a aquel que lo había sanado. Hoy en día hay personas que dicen que han recibido milagros de parte de Dios, pero lamentablemente no le conocen, como este ciego, pero Dios desea que le conozcamos y heredemos todas sus promesas, especialmente la vida eterna. Este ciego no conocía a Jesús, pero no sería así por mucho tiempo.


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