¡Quisiéramos ver a Jesús! (Juan 12:20-22)



“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús”.
Juan 12:20-22

INTRODUCCIÓN


  
               Para este momento ya nos encontramos en la última semana de la vida de Jesús, si recordaos un poco, nuestro Señor Jesucristo ya había  realizado su entrada triunfal, montado en un pollino de asna entró a la gran ciudad de Jerusalén cumpliendo así la profecía mesiánica de Zacarías 9:9. Ahora estando en la semana que era la víspera de la pascua unos griegos buscan a nuestro Señor, estos habían venido de lejos a la fiesta de los judíos con el fin de adorar, pero  al enterarse que Jesús estaba allí deciden ir y buscarlo. Juan es el único que nos narra este acontecimiento, los sinópticos Mateo, Marcos y Lucas no lo incluyen, el relato es muy breve, pero podemos extraer algunas enseñanzas espirituales de él.

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¡Quisiéramos ver a Jesús!

UNOS GRIEGOS SUBEN A LA FIESTA A ADORAR


“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta”.
Juan 12:20

             Como lo dijimos en la introducción, Juan es el único que nos narra este acontecimiento y nos dice: Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Generalmente uno suele pensar que la vida espiritual de acuerdo a la ley de Moisés y de los profetas era exclusiva de los israelitas, pero no era así, ya que a lo largo de la Biblia podemos ver como algunos gentiles llegaron a sentir el deseo de adorar al único y verdadero Dios, y de hecho Dios mismo deseaba que su palabra llegara a todos los pueblos y por eso le dijo a Moisés que tenía que reunir no solo a los hombres, mujeres y niños de Israel, sino a todo extranjero que se encontrara en sus fronteras, con el fin de instruirlos en la ley: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley”, (Deuteronomio 31:12). También dejo establecido en la ley que aquellos gentiles que habiendo comulgado con la fe israelita fueran circuncidados e incluidos en la fiesta de la pascua: “Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella”, (Éxodo 12:48). Además, podemos ver como algunos gentiles llegaron a adoptar la fe del único y verdadero Dios, por ejemplo, Naamán el general del ejército sirio que fue sanado de lepra: “Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo”, (2 Reyes 5.17-18). También vemos como mujeres extrajeras llegaron a abrazar la fe del verdadero Dios, así lo hijo Rahab la ramera que era una cananea y Rut la moabita de tal forma que llegaron a tener descendencia de donde proviene la línea genealógica de nuestro Señor Jesucristo: “Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí”, (Mateo 1:5). Y de esta forma muchos gentiles llegaron a creer en el único Dios al cual Israel servía, y aquellos que se circuncidaban podían participar de sus fiestas, así lo vemos en el libro de Hechos, cuando el Espíritu Santo se derramo sobre los discípulos se nos dice que los oían hablar en las lenguas de aquellos judíos que venían de todas partes del mundo, y entre ellos habían prosélitos, es decir, gentiles convertidos al judaísmo: “Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”, (Hechos 2:7-11). A lo mejor estos griegos que habían llegado a Jerusalén para adorar no eran prosélitos, porque quizás no estaban circuncidados, pero de alguna manera habían conocido la ley y los profetas, y motivados por eso buscaban adorar a Dios.

              Los griegos se caracterizaban por su gran curiosidad y su deseo de estar aprendiendo algo nuevo, de hecho, cuando Pablo llego a Atenas, estos vivían de acuerdo a este principio: “(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo)”, (Hechos 17:21). Probablemente en esa curiosidad muchos griegos llegaron a estudiar la fe judía y el hecho de adorar a un solo Dios en un mundo politeísta les debió haber sorprendido, y aún más, las leyes morales que la palabra de Dios enseña eran superiores a los principios bajo los cuales se regían las demás naciones paganas. Hoy en día muchas personas viven practicando religiones muertas, adorando ídolos falsos que no satisfacen lo más profundo de su ser, solamente el evangelio puede transformar sus vidas pero para ello es necesario compartirles este glorioso mensaje.

LOS GRIEGOS BUSCAN A JESÚS


“Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús”.
Juan 12:21

                Estos griegos había conocido de alguna manera la fe judía y habían abandonado sus ídolos para adorar al único y verdadero Dios y ahora allí estaban para ser parte de una de las fiestas religiosas más importantes de Israel, pero estos habían oído hablar de Jesús y aunque no sabemos en detalle cómo o qué escucharon, lo cierto es que querían conocerlo y hablar con Él. Por ello le dijeron a Felipe, uno de sus discípulos, que los llevaran ante Él: Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Podemos ver en sus palabras sencillas su ferviente deseo de conocer al Maestro: Señor, quisiéramos ver a Jesús. quizás a lo mejor estos griegos habían sido hombres que habían buscado la verdad que satisficiera la necesidad de sus corazones durante toda su vida, habían practicado la adoración de toda clase de dioses griegos, pero ninguno de estos había respondido a sus ruegos, habían practicado la dura doctrina de los estoicos que enseñaban que tenían de despojarse de todo deseo para alcanzar niveles espirituales máximos, pero esto no les había servido de nada, al contrario, había convertido su alma en un verdadero desierto espiritual. Quizás habían practicado la filosofía de los epicúreos y se habían desenfrenado en satisfacer todo deseo de la carne ya que según estos el cuerpo es malo y el alma buena y todo lo que hace el cuerpo malo no contamina el alma; pero esto quizás los había hecho sentir más sucios. Quién sabe si habían practicado los ritos de las religiones hindúes con sus millones de dioses los cuales no se logra conocer en toda la vida; pero un día quizá escucharon en una sinagoga una doctrina diferente que hablaba de un solo Dios que había amado tanto a su pueblo que los saco de la esclavitud y les dio una tierra por herencia, escucharon quizás las sorprendentes historias de los patriarcas y todas sus promesa, estudiaron a los profetas y demás Escritos quedando impactados porque esta doctrina la cual llenaba de regocijo su corazón a diferencia de las otras religiones o corrientes que habían practicado. Así comenzaron una nueva fe que los acercaba al único y verdadero Dios y conociendo las profecía tocantes al Mesías oyeron en determinado momento hablar de Jesús y rápidamente desearon conocerle y ese día les habían dicho que allí estaba y por lo tanto se le acercaron a uno de sus discípulos, a Felipe y le rogaron diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.

ANDRÉS LLEVA A LOS GRIEGOS CON JESÚS


“Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús”.
Juan 12:22

                  Felipe no pudo llevar a los gentiles ante Jesús, ignoramos las razones por las cuales no lo hizo sino que busco a Andrés para tal cosa, y al respecto mucho se ha especulado. Algunos piensan que quizás a lo mejor vio un peligro en llevar estos griegos a Jesús, quizás desconfió de ellos o pensó que iba a ser mal visto por los fariseos que a Jesús se le viera con gentiles. Otros dicen que a lo mejor sus prejuicios raciales impidieron que llevara a estos griegos ante su Maestro, pero al final todo esto es especulación. Lo que sí sabemos es que Felipe fue y se lo dijo a Andrés y este junto con su compañero se lo dijeron a Jesús. Uno puede ver en Andrés una actitud digna de imitar y es la de llevar a otros a Jesús. Fue Andrés que lleve a su hermano Pedro para que conociera a Jesús: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)”, (Juan 1:40-42). Fue este quien llevo a aquel muchacho que tenía 5 panes y dos pececillos delante de Jesús aquel día cuando los multiplico los panes y los peces: “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?”, (Juan 6:8-9). Y ahora lo vemos aquí llevando a estos griegos deseosos de conocer a Jesús. Nosotros debemos imitar esta conducta y llevar a otros a Jesús, para que le conozcan como su Señor y Salvador. Hoy en día muchas personas viven como estos griegos buscando la verdad que llene sus corazones vacíos, nosotros que conocemos la verdad debemos conducirlos a los pies de nuestro Salvador.



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