¡Ay de los que persiguen al evangelio! (Mateo 23:29-36)


“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.

Mateo 23:29-36

 

INTRODUCCIÓN

                  Finalmente llegamos al séptimo ay que el Señor Jesucristo les declara a estos escriba y fariseos en este evangelio. Hasta el momento, el apóstol Mateo nos ha presentado en este capítulo 6 de 7 ayes, con cada uno de ellos el Señor les ha declarado lo falsa que es su religión, ha quedado expuesta la hipocresía religiosa de estos hombres y todo esto ha provocado una verdadera molestia para aquellos a quienes esta reprensión ha sido dirigida de tal forma que el odio que sentían hacia Jesús deberá crecer hasta el punto de animarlos a confabular en contra de Él para matarlo. Hoy en esta oportunidad estudiaremos el ultimo ay que revela no solo la hipocresía de estos hombres, sino su carácter homicida. Consideremos el último de los ayes de este capítulo 23 del evangelio según Mateo.


septimo-ay
¡Ay de los que persigue el evangelio!


¡AY DE LOS QUE PERSIGUEN Y MATAN A LOS SIERVOS DE DIOS!

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?”.

Mateo 23:29-33

                  Toda la hipocresía religiosa que desata la persecución sobre los verdaderos siervos de Dios culmina con uno de los peores pecados, el homicidio. Estos hombres afirmaban ser mejor que sus antepasados los cueles habían perseguido y dado muerte a los profetas de Dios, y como muestra de ello, edificaban los sepulcros de los profetas como una muestra de supuesto respeto y aprobación hacia el ministerio que ellos tuvieron en su tiempo, sin embargo, el Señor les recrimina su actitud hipócrita una vez más: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Al parecer, en este tiempo los judíos solían edificar sepulcros que conmemoraban a algunos personajes que habían tenido una participación importante en su historia, así parece que lo habían hecho con David: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy”, (Hechos 2:29). Por tanto, es seguro que edificaran sepulcros a los profetas que habían sido perseguido y muertos por aquellos hombres que nunca aceptaron su mensaje, pero estos escribas y fariseos afirmaban que si ellos hubiesen vivido en ese tiempo no hubiesen sido cómplices de ellos, sin embargo, Jesús les dice lo contrario, ya que ellos llenaban la misma medida de sus antepasados: Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! Estos hombres religiosos se jactaban de no estar de acuerdo con las persecuciones y homicidios que sus antepasados realizaron en el pasado en contra de los profetas, pero ellos mismos rechazaban y perseguían a los profetas que se levantaban en sus tiempos. Así lo hicieron con Juan el bautista, y ahora con Jesús y posteriormente lo harían contra la iglesia del Señor. Por ello el Señor va más allá y les recrimina su hipocresía con palabras fuertes y les advierte que no escaparan de la condenación del infierno: ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Estas palabras nos recuerdan a las que Juan el bautista les dirigió a los fariseos y saduceos que lo visitaron: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?”, (Mateo 3:7). Estos, como a los que Jesús dirige sus palabras, creían que escaparían de la condenación eterna solo porque eran religiosos, pero estaban equivocados ya que vivían una mentira, eran hipócritas y sus corazones estaban lleno de pecado, y peor aún, se oponían a los verdaderos siervos de Dios, persiguiéndolos y hasta montándolos, tal y como harán con Jesús, por ello estos llenaban la medida de sus antepasados.

 

LA SANGRE DE TODOS LOS MÁRTIRES SERÁ DEMANDADA DE SUS MANOS

 “Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación”.

Mateo 23:34-36

               Jesús tenía claro que estos hombres hipócritas harían exactamente lo mismo que hicieron sus antepasados, Él mismo seria martirizado por ellos: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole”, (Hechos 2:22-23). Además, sabia que después de Él, perseguirían a su iglesia: Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad. Estas palabras se han cumplido literalmente y esto es así porque detrás de estos hombres inicuos está Satanás el cual odia a Dios y a sus siervos que desde siempre ha perseguido. Estos hombres, religiosos hipócritas, piensan que están haciendo el bien, considerándose a sí mismos personas que están del lado de Dios y le sirven, el diablo los tiene ciegos siguiendo una religión hipócrita que creen que los salvara por cumplir sus ritos religiosos, sin cuidar su corazón que esta lleno de lujuria, robo, engaño, odio y toda clase de maldad, disfrazados de un falso celo religioso que los conduce al homicidio de santos hombres de Dios. Esta hipocresía que conduce al homicidio de los santos hombres de Dios, el Señor lo condena fuertemente y asegura que su sangre será vengada: para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. Jesús dice que, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, será vengada por Dios ya que se las demandará. En la Biblia Hebrea, el primer libro que aparece en su Canon es Génesis, y en este sentido, Abel representa al primer mártir cuya sangre fue derramada por Caín porque sus obras eran buenas: “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató”, (Génesis 4:9); y de igual forma, el libro de las Crónicas es el ultimo que aparece en su Canon, y en este sentido, el profeta Zacarías representa el ultimo mártir, el cual fue muerto por el rey Joás a pesar de que en vida el padre de Zacarías, Joiada, había hecho misericordia con él: “Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará. Pero ellos hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Jehová. Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada padre de Zacarías había hecho con él, antes mató a su hijo, quien dijo al morir: Jehová lo vea y lo demande”, (2 Crónicas 24:20-22). Algo curioso de este versículo de Mateo 23:35 es que en él se dice que Zacarías era hijo de Berequías; mientras que en 2 Crónicas 24:20-22, se nos dice que era hijo de Joiada. Lo cierto es que era hijo de Joiada y algunos opinan que el autor confundió el nombre al momento de redactar su evangelio y dedo así, de tal forma que las copias futuras se hicieron diciendo que Zacarías era hijo de Berequías, cuando realmente Joiada era su padre. Como sea esto no representa un problema para nosotros que creemos en la Biblia como palabra de Dios ya que, si bien es cierto, la Biblia fue inspirada por el Espíritu Santo, sin embargo, este no anulo el estilo de cada autor ni evito algunos supuestos “errores” como este que aparece aquí. Por ello se dice que la Biblia es un libro divino, pero aún humano también. Al final, el Señor está diciendo que, desde Abel, que representa el primer mártir, hasta Zacarias, que representa el ultimo mártir, toda la sangre de los mártires será demandada de manos de sus homicidas, nada quedara impune. A lo largo de la historia humana los siervos de Dios han recibido persecución, así Elías recibió persecución en tiempos de Acab rey de Israel (1 Reyes 19:1-2), Amós fue rechazado en Israel por su mensaje (Amós 7:12-14), Jeremías fue rechazado y encerrado en cárceles por sus profecías (Jeremías 37:16), Juan el bautista fue decapitado por señalar el pecado de adulterio incestuoso de Herodes Antipas (Mateo 14:3-10), Esteban fue el primer mártir de la iglesia por dar testimonio de su fe (Hechos 7:55-60), Jacobo, el apóstol y hermano de Juan, fue muerto por el rey Herodes Agripa I (Hechos 12:1), Pablo sufrió cárceles y de acuerdo a la tradición murió decapitado, Pedro, según la historia eclesiástica, murió crucificado de cabeza y así sucesivamente, durante los primeros 3 siglos, la iglesia fue perseguida y martirizada, así escuchamos de las muertes de grandes cristianos, como Policarpo de Esmirna, Justino Mártir, Eusebio de Antioquia y muchos más, luego en tiempos antes de la reforma y durante ella, muchos siervos de Dios fueron perseguidos y martirizados por no negar su fe, tal y como le paso a John Wiclyff, Juan Huss, Girolamo Savonarola, Ulrico Zuinglio, William Tyndele, Martin Lutero, entro muchos otros sufrieron persecuciones por su fe y muchos sufrieron la muerte por hombres religiosos sobre los cuales la sangre de todos ellos recae y será demandada.

 

                Un día el Señor vengará la muerte de todos sus siervos, les hará justicia, por ello en el libro de Apocalipsis se observa una escena donde aparecen los mártires de la gran tribulación clamando por justicia al Señor: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”, (Apocalipsis 6:9-10). Lo cierto es que ningún hombre inicuo que haya perseguido el evangelio y haya participado en el martirió de sus santos escapara de la condenación eterna, el Señor les cobrara la sangre de todos sus siervos que ha sido derramada, ninguno de sus mártires quedara en el olvido, porque Dios reclamara de sus verdugos su sangre.



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