¡Ay de los religiosos que olvidan lo más importante de la ley! (Mateo 23:23-24)


“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!”.
Mateo 23:23-24

INTRODUCCIÓN

           
            El quinto ay nos es presentado en estos versículos de siete que el Señor pronunciara a lo largo de este discurso donde acusa y reprende la hipocresía religiosa de los escribas y fariseos. Hasta el momento Jesucristo ha acusado a estos hombres por ser religiosos que hacen obras solo para ser vistos por los hombres, y a través de siete ayes, denunciará y advertirá la terrible condenación que pesa sobre ellos por ser piedra de tropiezo y tomar ventaja de su supuesta religiosidad para su propia conveniencia, tergiversando el significado de la verdadera ley y conduciendo a los hombres a una mentira religiosa que lo lleva al infierno en lugar del cielo. Hoy, en este quinto ay, el Señor condenará su hipocresía legalista que presta atención a los detalles triviales y olvida lo más importante de la ley.

quinto-ay
¡Ay de los religiosos que olvidan lo más importante de la ley!

 UNA RELIGIÓN QUE PRESTA ATENCIÓN A LOS DETALLES INSIGNIFICANTES, PERO OLVIDA LO MAS IMPORTANTE DE LA LEY

 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe”.
Mateo 23:23
                Nuestro Señor Jesús vuelve a llamar a estos lideres religiosos hipócritas, y ciertamente este acto por el cual son acusados describía perfectamente su cinismo y falsedad: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. De acuerdo a la ley de Moisés los judíos tenían que diezmar tanto de sus frutos como de sus crías: “Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días”, (Deuteronomio 14:22-23). El diezmo consistía en apartar la décima parte de sus frutos los cuales eran traídos al templo con el propósito de dar mantenimiento a los levitas que trabajaban en él y a los sacerdotes que enseñaban la ley y ministraban delante de Dios y los hombres: “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión”, (Números 18:21). También los diezmos eran utilizados para ayudar a los pobres y extranjeros que vivieran entre ellos: “Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”, (Deuteronomio 14:28-29). De esta forma, cada israelita tenia que diezmar y de acuerdo a lo leído, ellos diezmaban el grano, el vino, el aceite y las primicias de sus ganados. Ahora bien, estos escribas y fariseos querían llevar la obediencia de esta ley a un extremo tal que no solo diezmaban esto, sino también aquellas cosas que no se producían en gran cantidad en la tierra y que podría parecer insignificantes, como, por ejemplo, la menta, el eneldo y el comino, su producción era tan pequeña que el solo separar la decima parte de cada una de ellas era una tarea muy meticulosa. Con esto, estos escribas y fariseos querían impresionar de su gran obediencia a este mandamiento a tal punto que diezmaban aun de las cosas más pequeñas de las cuales el hombre común no lo hacía, pero el problema era que se olvidaban de lo mas importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. De esta forma, estos hombres se enfocaban en cumplir de forma mecánica cosas insignificantes o que no eran tan transcendentes para el Señor, pero dejaban a un lado el cumplimiento de aquello que el Señor esperaba y que se relacionaba con la práctica del amor hacia Dios y el prójimo. El la Biblia Dios deja muy en claro que la verdadera practica de la fe verdadera debe enfocarse más en la obediencia a su palabra que en ofrecer sacrificios: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”, (1 Samuel 15:22). Ciertamente Dios ha establecido el culto y la forma de cómo debe hacerse este, pero debemos tener cuidado de no llegar a creer que porque los practicamos estamos agradándolo, porque lejos de practicar una serie de ritos, el Señor desea que le obedezcamos y prestemos atención a su palabra, porque cuando vivimos sin prestarle atención, cualquier sacrificio o rito que hagamos no es aceptable delante de su presencia: “Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo”, (Amós 5:22-24). Dios desea que corra la justicia y el juicio como aguas, como un impetuoso arroyo, cuando esto es así, nuestras obras y adoración son recibidas con olor grato y para lograrlo debemos obedecer al Señor en su palabra, pero, ¿qué es lo que el Señor pide de nosotros?: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”, (Miqueas 6:8). Si nos damos cuenta, Miqueas nos dice casi lo mismo que el Señor esta diciéndoles a estos lideres religiosos, la verdadera fe tiene que practicar la justicia, el amor, la misericordia y humillarse delante de Dios, por ello Jesús les dijo a estos hombres: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Estos hombres eran unos verdaderos hipócritas, porque se jactaban de gran obediencia a este mandamiento diezmando de cosas que la ley no pedía explícitamente, pero no practicaban aquellas cosas que eran mas claras en su palabra, como es la justicia, la misericordia y la fe. Ellos no mostraban justicia en sus actos, eran faltos de misericordia al ver de menos a los demás y mucho menos tenían fe ya que la habían sustituido por una religión de apariencia y ritos muertos. Era necesario que estos hombres diezmaran, pero que también practicaran la justicia, misericordia y fe.

LA HIPOCRESÍA DE DEJAR LO MAS IMPORTANTE POR LAS COSAS INSIGNIFICANTES

 “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!”.
Mateo 23:24
                  Nuestro Señor continua con el hilo del tema y en esta oportunidad utiliza una hipérbole para recalcarles esta verdad: ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! Una hipérbole es una figura literaria que exagera una frase o dicho con el fin de darle mayor importancia y realce a la idea principal que se quiere transmitir, y aquí nuestro Señor lo hace muy bien. En la ley levítica Dios les prohibía comer de algunos animales inmundos, entre ellos estaban algunos insectos: “Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación”, (Levítico 11:20). Es su supuesta obediencia extrema venían estos hombres y colaban todo aquello que bebían para asegurarse de no tragarse un mosquito, pero se olvidaban de practicar lo más importante que era la justicia, por ello el Señor les dice que de nada les servía que colaran sus líquidos para evitar tragarse el mosquito si con sus actitudes de falta de amor y misericordia se trababan el camello, otro animal inmundo que era el más grande de los animales inmundos que ellos conocían: “Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo”, (Levítico 11:4). Cuantas personas son como estos escribas y fariseos que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello, estos fingen ser grandes espirituales, afirman cumplir al pie de la letra sus supuestas leyes, pero son legalistas que se preocupan mas por el vestuario de las personas, por los cumplimientos de ritos y prácticas que delante del Señor no tienen tanta importancia, pero dejan lo más importante que es el amor y la misericordia. Nosotros debemos cuidarnos de no dejar de practicar aquellos principios y mandamientos que el Señor ha establecido en su palabra, pero bajo el enfoque adecuado que es el amor: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”, (1 Corintios 13:1-2). El principio básico que debemos cumplir en la ley es el amor, cuando amamos a Dios de todo corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, nuestros actos y practicas tienen verdadero significado. Cualquier cosa que se haga para Dios o para los hombres, pero que no se hagan por amor, no tienen valor delante de Dios, porque se harán por otras intensiones egoístas, por ello Pablo decía que de nada sirve todo el conocimiento bíblico, ni el hablar lenguas, ni la manifestación de obras milagrosas o entregar nuestros bienes para los pobres o incluso dar nuestra vida en sacrificio, si no se hace por amor, de nada sirve. Por ello, nosotros busquemos obedecer a Dios y practicar la justicia, misericordia y fe, que esta es su voluntad.

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