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domingo, 24 de abril de 2022

Acontecimientos que siguieron a la muerte de Cristo (Mateo 27:50-56)

 

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

Mateo 27:50-56 

INTRODUCCIÓN

                Nuestro Señor Jesucristo había muerto, cumpliendo así todas las profecías del Antiguo Testamento referente a su martirio como el Mesías sufriente que moría por nuestras maldades, tal y como Isaías 53 y algunos pasajes del Salmo 22 declaraban junto con otros pasajes. Sin embargo, esto no terminaría con su muerte y los acontecimientos que ocurrieron seguidos de esta fueron un claro testimonio que aquel que había muerto en aquella cruz no era un hombre cualquier y que Dios respaldaba sus palabras. Ahora, justo después de su muerte, ocurren varios acontecimientos, algunos hechos milagrosos que confirmaron el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios y que ciertamente resucitaría.

 

acontecimiento
Acontecimientos que siguieron a la muerte de Cristo 

EL VELO DEL TEMPLO SE RASGÓ

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos…”.

Mateo 27:50-51

                 Mateo nos relata los acontecimientos que ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Jesús: Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La forma de cómo nuestro Señor entrega su vida a Dios nos dice que no fue un acto de derrota o total o que su grito fue un hecho por un hombre moribundo que no sabia qué decía, al contrario, Mateo nos dice que exclamo con gran voz y Juan declara que en sus ultimas palabras declaro que su misión había sido terminada con éxito: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es”, (Juan 19:30), para finalmente entregarle su vida a su Padre: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”, (Lucas 23:46). De esta forma victoriosa nuestro Señor entrega su vida, pero inmediatamente después de su muerte ocurren varios eventos que de alguna manera daban testimonio del señorío de Jesús como Mesías. En primer lugar, se nos dice que el velo del templo se rasgó. El velo era una cortina que separaba el lugar santo del lugar santísimo en el tempo de Dios: “También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo”, (Éxodo 26:31-33). Una vez al año, en Yom Kipur, en el día de la expiación, solo el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, donde estaba el arca del testimonio y sobre el propiciatorio este rociaba la sangre para expiación de los pecados de la nación y quemaba incienso, de allí, nadie tenia acceso al este lugar, ya que la misma presencia de Dios habitaba en ese lugar y cualquiera que entrase moría: “Y Jehová dijo a Moisés: Dí a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio”, (Levítico 16:2). Es interesante ver cómo el rasgamiento de este velo representa un acto sobrenatural de Dios que daba testimonio que aquel que estaba entregando su espíritu era verdaderamente el Hijo de Dios, y decimos que fue un hecho sobrenatural, porque, como lo dice Marcos, este se rasgo de arriba hacia abajo, lo cual es una indicación que Dios lo hizo: “Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”, (Marcos 15:38). Con esto, Dios da a entender que el acceso que antes estaba restringido para entrar a la misma presencia de Dios, ahora se abría por medio de la muerte de Cristo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne”, (Hebreos 10:19-20). Definitivamente este fue un hecho milagroso ya que el velo que se rasgo de arriba hacia abajo no fue consecuencia del gran temblor, porque Mateo lo coloca al principio de los acontecimientos, por lo que es claro que Dios lo provoco.

 

EL GRAN TEMBLOR

“… y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros…”.

Mateo 27:51-52

          El segundo evento de carácter inesperado que ocurrió inmediatamente después de la muerte de Jesús es el gran temblor. No sabemos de cuánto fue su duración, pero al parecer fue de gran magnitud ya que provocó que las rocas se partieran y los sepulcros se abriesen. Esto debió haber causado un gran temor en las personas, especialmente en aquellos que presenciaban la crucifixión de nuestro Señor y a través de este temblor, Dios testificaba su gran dolor al ver a su Hijo amado morir por causa de nuestros pecados y la misma naturaleza les mostraba a todas las personas que allí estaban que este acontecimiento era muy relevante para la historia de la humanidad.

 

LA RESURRECCIÓN DE LOS SANTOS

“… y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Mateo 27:52-53

                 El tercer evento que ocurrió después de la muerte de nuestro Señor y que solo Mateo relata fue la resurrección de los santos. La resurrección de estos santos es un testimonio directo que anunciaba la pronta resurrección de nuestro Señor Jesús, pero ¿quiénes fueron estos santos que resucitaron? Al respecto de esto se han sugerido las siguientes respuestas. Algunos opinan que las personas que resucitaron fueron algunos santos del Antiguo Testamento, hombres que murieron esperando al Mesías, otros opinan que fueron personas judías que habían muerto recientemente en Jerusalén o en años posteriores, además se discute que tipo de resurrección fue esta. Algunos opinan que este tipo de resurrección fue para vida eterna, si esto es así este tipo de resurrección no fue como la de Lázaro, sino que nunca murieron y lo que Jesús hizo fue llevárselos al cielo el día que Él ascendió. Si este es así, significa que los primeros en resucitar para vida eterna fueron ellos y luego, tres días después Jesús, lo que hace difícil armonizar el hecho de que Jesús fue hecho primicias de los que resucitaron para vida eterna: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho… Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”, (1 Corintios 15:20, 23). Otros opinan que estos resucitaron brevemente, solo durante los 3 dias que Jesús estuvo en la tumba y murieron cuando Él resucito. La otra opinión es que estos muertos resucitaron, pero no con vida eterna, sino fue una resurrección como la de Lázaro, el cual resucito de la muerte, pero envejeció y volvió a morir. Ahora bien, se nos dice que después de su resurrección, no se hicieron presentes en la santa ciudad, o sea, Jerusalén, de inmediato, sino fue hasta después que Jesús resucitó al tercer día. Al final, este hecho sobrenatural mostraba que Jesús había vencido la muerte.

 

LA CONFESIÓN DEL CENTURIÓN

“El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Mateo 27:54

               En cuarto lugar, tenemos la confesión del centurión. Marcos nos dice: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”, (Marcos 15:39). Definitivamente este hombre creyó que Jesús era el Hijo de Dios, esto porque por ser el líder principal de una compañía de 100 soldados, estaba a cargo de la crucifixión y debió haber presenciado todo lo que ocurrió, desde los lamentos de las mujeres, la burlas de sus enemigo y de cómo en esta situación de martirio no pronuncio palabras de amargura y maldición hacia sus enemigos, antes rogaba por ellos y perdonaba al malhechor que había sido colgado a su lado, esto y otras cosas debieron haber impactado su corazón para creer. Ahora bien, Mateo también dice que también los que guardaban el área de la crucifixión junto con el centurión temieron en gran manera, por lo que es posible que no solo el centurión creyera. Aparte de esto, Lucas nos dice que aparte de este centurión que creyó, la gente que estaba allí se llenó de temor y se fue de prisa dándose golpes en el pecho: “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho”, (Lucas 23:47-48). No podríamos decir si esta gente que se volvía golpeándose el pecho se convirtió, pero definitivamente todos estos acontecimientos los impactaron en gran manera y entendieron que el que había muerto en esa cruz no era cualquier hombre. Como haya sido, la conversión de un alma es un hecho milagroso que solo Dios puede operar en el corazón del hombre y aquel día este centurión creyó en el Hijo de Dios y así se cumplieron sus palabras cuando dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”, (Juan 12:32-33).

 

LAS MUJERES QUE PRESENCIARON TODO

“Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

Mateo 27:50-56

               Finalmente tenemos que las mujeres que le servían a Cristo durante su ministerio miraron de lejos todo lo que estaba pasando: Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo nos dice que eran muchas las mujeres que miraban de lejos lo que pasaba y esto nos enseña el gran amor que sentían hacia su Maestro, durante su ministerio estas le habían servido fielmente y a pesar de que los discípulos lo habían abandonado, a excepción de Juan que estaba al lado de María, estas mujeres permanecieron cerca del Señor: “Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”, (Juan 19:26-27). De esta forma, tanto estas mujeres, como el centurión y los soldados que lo acompañaban y las demás personas que los acompañaban presenciaron todos estos acontecimientos de carácter sobrenatural y fue así porque a través de ellos el mismo universo testificaba que Jesús era el Hijo de Dios que se levantaría de la muerte porque por medio de su obra expiatoria había vencido a Satanás.

 

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