Nuestro esfuerzo que acompaña a nuestra fe (Juan 5:1-9)


“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día”.
Juan 5:1-9

INTRODUCCIÓN


               Después de su visita a Galilea y de sanar al hijo del noble funcionario, el apóstol Juan nos transfiere nuevamente a Jerusalén, al tiempo de una fiesta judía, para presenciar el tercer milagro de este evangelio. No olvidemos que el énfasis de cada milagro es demostrar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Es interesante ver el mapa y considerar las grandes distancias que Jesús recorría al trasladarse de Jerusalén a Galilea, pasando por Samaria, especialmente cuando no existían medios de transporte como los que hoy conocemos. Su principal preocupación fue llevar el evangelio a todo Israel, y para ello viajo infatigablemente por la tierra de Palestina, sus tres años de ministerio fueron incansables, sus días fatigosos, pero todo lo hizo con tal de cumplir la misión que su Padre celestial le encomendó.


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Mapa de Palestina en tiempos de Jesús


Esta historia es única del evangelio según Juan y es una hermosa pieza bíblica que nos enseña que si bien es cierto los milagros de Dios no requieren más que nuestra fe, también hay ocasiones donde nuestra intervención y esfuerzo es necesario para activar la mano del Señor a nuestro favor. Este milagro comprobara una vez más la autoridad que tiene nuestro Señor para sanar a los enfermos y despertará la molestia de los religiosos judíos al realizarlo en el día de reposo, es decir, sábado.

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El paralítico de Betesda 

EL ESTANQUE DE BETESDA


“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese”.
Juan 5:1-4

                 El evangelista nos detalla que fue durante una fiesta de los judíos que Jesús decidió subir a Jerusalén. Los judíos tenían tres festividades importantes, la Pascua, Pentecostés y la fiesta de los Tabernáculos. Para aquellos que vivían en los alrededores de Jerusalén era prácticamente obligatorio el participar de estas fiestas, y nuestro Señor Jesús también lo hacía, lo cual nos muestra su profundo respeto a ellas. Algunos dicen que no se puede decir a ciencia exacta qué tipo de fiesta se está refiriendo Juan, aunque muchos opinan que se trataba de una pascua lo cual significa que el capítulo 5 marca el fin del primer año de ministerio de nuestro Señor Jesús. Si recordamos un poco Jesús había subido de Galilea a Jerusalén y había llegado cerca de la puerta de las ovejas donde se nos dice que existía un estanque llamado Betesda el cual tenía cinco pórticos. La palabra griega de donde se traduce estanque es kolumbézra (κολυμβήθρα), palabra que denota un estanque profundo donde se pueden sumergir y nadar. En cuanto al nombre del estanque, la Reina Valera lo traduce como Betesda, pero su deletreo es muy discutido entre los eruditos bíblicos, de hecho se traduce en la mayoría de textos de la palabra Bezesdá (Βηθεσδά), de allí que algunas traducciones lo presentan con este nombre o el de Betzatá. Sin embargo, los rollos del Mar Muerto que encontraron en Qumrán favorecen más el nombre de Betesda. El significado que se le da a Betesda es casa de misericordia.

                El versículo 3 nos dice que alrededor del estanque yacían una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua. Ahora bien, el versículo 4 nos aclara la razón por la cual esta gran multitud de enfermos estaban alrededor del estanque: Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Este versículo en específico no aparece en los textos originales más tempranos, es por ello que no aparece en algunas versiones como la Nueva Versión Internacional, Dios Habla Hoy versión 2002, Contempory English Version, Standard English Version, Torres Amat, entre otras. Es posible que este versículo no haya estado en el texto original y que más tarde se haya introducido con el fin de explicar la razón por la cual los enfermos solían yacer alrededor del estanque: esperar que el ángel agitase el agua para descender primero y ser sanado. Vemos en estos versículos un poco de superstición en las creencia de aquellos que esperaban el movimiento de las aguas por parte del ángel para ser sanados, posiblemente influenciada por las costumbres paganas de las otras naciones que creían que existían lugares sagrados donde los dioses sanaban sus enfermedades. En Pérgamo existía un templo dedicado al dios Esculapio donde las personas viajaban de todas partes y sus enfermos yacían tendidos alrededor de sus columnas; esperando ser sanados. Por todas partes se oían historias donde algunos habían recibido sanidad, y de alguna manera esta creencia había alcanzado a los judíos que creían que el estanque de Betesda tenía algo milagroso. El hecho que este versículo aparezca aquí no significa que realmente Dios mandaba un ángel para que esto sucediera, más bien se trataba de supersticiones, y por otro lado, los rabinos de Jerusalén nunca apoyarían tal creencia. Aunque esta historia tiene más de 2000 años, increíblemente siguen existiendo este tipo de creencias religiosas donde las personas visitan lugares e ídolos que poseen la fama de realizar milagros, ignorando que solamente Dios tiene el poder de sanar y que su benevolencia no se limita a un lugar o rito específico.

EL ESFUERZO QUE DEBE ACOMPAÑAR A NUESTRA FE


“Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día”.
Juan 5:5-9


            Aquí vemos a un hombre paralítico, el cual tenía 38 años de estar sufriendo de este padecimiento. Si uno considera esto, el hombre era paralitico incluso desde ante que Jesús naciera, toda su vida había vivido en esta condición y había acudido al estanque con la esperanza de recibir la sanidad. Jesús en su omnisciencia lo conocía, y sabía su condición y así se dirigió directamente a él. Contrario al milagro del noble funcionario del capítulo anterior quien fue el que lo busco, aquí Jesús decide buscar a este hombre necesitado diciéndole: ¿Quieres ser sano? Al parecer el paralitico ignoraba quien era aquel quien le hablaba ya que de lo contrario le hubiera rogado de inmediato que lo sanara; pero en lugar de esto le dijo: no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. En un tiempo pasado muchos éramos como este hombre, no sabíamos quién era realmente Jesús, y buscábamos la respuesta de nuestras necesidades en otros lugares, ignorando que Jesús podía cambiar nuestras vidas. Como a este hombre, Jesús nos ofrecía su bondad, pero muchos no dimensionábamos quien realmente era Él. Ahí estaba aquel que tenía el poder para sanarlo, y el paralitico lo ignoraba. Jesús inmediatamente le dice: Levántate, toma tu lecho, y anda. De alguna manera la autoridad con la cual Jesús le hablo al paralitico le infundio fe para obedecer la orden de levantarse, tomar su lecho y andar. Hasta cierto punto la orden que Jesús le daba al paralitico era muy osada. Le pedía que se levantara, cuando tenía 38 años de estar lisiado, además le decía que aquel lecho sobre el cual se recostaba, ahora lo tomara y cargara con él. Aquí vemos algunos elementos preciosos que deben acompañar a nuestra fe. Por un lado fue obediente a la palabra de Jesús, y no solo eso, sino que mostró empeño y esfuerzo para obedecer la orden divina. Es hasta cierto punto pedirle a una persona que tiene 38 años de estar paralitico que se levante, eso requiere un gran esfuerzo físico, pero esto era necesario para acompañar la fe y obtener el milagro. Así nosotros debemos acompañar nuestra fe de esfuerzo y dedicación, a veces los milagros vienen casi en el momento que se los pedimos al Señor, pero otras requieren de nosotros paciencia y perseverancia en la oración, acudir con fidelidad al templo sin importar el clima, el cansancio después del trabajo o cualquier día exhaustivo. Simplemente tenemos que esforzamos y el resto lo hará nuestra fe. Aquel hombre creyó, obedeció y se esforzó para ponerse de pie contra todo pronóstico y fue sanado: Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. El Apóstol Juan fue especifico al decirnos que este milagro ocurrió en el día de reposo, es decir, sábado, detalle que nos ayudará a comprender la siguiente sección de versículos que nos habla de la oposición que recibió de los líderes religiosos de Jerusalén.

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