Una Esperanza Gloriosa para un Mundo sin Esperanza (Job 19:25-27)


“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”.
Job 19:25-27

INTRODUCCIÓN

            
                 Vivimos en un mundo lleno de sufrimientos e injusticia expuestos a una vida marcada por las inexorables consecuencias del pecado que lo conduce a la condenación eterna. hace cientos de años atrás un hombre se enfrentó a todas las penurias y tragedias posibles que lo desolaron en gran manera, pero en medio de su tragedia expuso las palabras más monumentales de la historia que abriga la gran esperanza de aquellos que confiamos en Dios como nuestro Redentor. Su nombre fue Job, y entre sus gemidos anheló que sus fueran escritas en un libro sin saber que trascendería para siempre: “¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para siempre!”, (Job 19:23-24).


esperanza
Una Esperanza Gloriosa para un Mundo sin Esperanza

                               I.            LOS SUFRIMIENTOS EN LA VIDA DEL HOMBRE.


“El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece ¿Sobre éste abres tus ojos, y me traes a juicio contigo? ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie. Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará”.
Job 14:1-5

            En estas palabras Job nos muestran dos realidades. La primera es que la vida del hombre es corta y Dios ha definido los límites de su existencia. Es comparada a lo efímero y frágil que es la vida de una flor. Comparada a la eternidad, nuestra estadía aquí en la tierra no representa nada y aparte de todo esto también señala en segundo lugar que la vida del hombre es llena de sinsabores. El sufrimiento es parte de la vida de los seres humanos y esto es así porque es una consecuencia del pecado donde todos sin excepción estamos destinados a experimentar dificultades y problemas que a lo mejor nos harán sufrir.

            Lo triste de esto es que para el hombre sin Dios no hay esperanza, tiene que luchar con sus propias fuerzas y su destino ha sido marcado de forma inexorable por el pecado. Sin embargo, para el justo no es así y aunque Job se encontraba sufriendo con un destino incierto, nos muestra que hay esperanza aun después de la muerte.

                            II.            LA ESPERANZA DEL CREYENTE.


Job en sus palabras nos expresa porque la esperanza que Dios nos ofrece es gloriosa, especialmente en este mundo sin esperanza. Veamos esas razones.

1.      La esperanza que tenemos un Dios vivo que nos escucha y está pendiente de nosotros.


“Yo sé que mi Redentor vive…”

La primera razón por la cual el corazón de Job se fortalecía era porque sabía que su Dios no ere un ídolo muerto de piedra, madera o hierro, sino un Ser viviente que conocía su situación y estaba allí con él. Contrario a otras religiones cuyos adeptos pasan toda su vida clamando a dioses inexistentes, nosotros los cristianos tenemos un Dios real y esta es una razón por la cual nos gozamos al saber que no estamos solos en este mundo, de hecho Jesús les dijo a sus discípulos que aunque Él partía no los dejaría huérfanos ya que enviaría al otro Consolador, el Espíritu Santo, cuya presencia es real también en nosotros:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”.
Juan 14:16-18

2.      La esperanza que no hay problema por muy difícil que Dios no pueda resolver.


“… y al fin se levantará sobre el polvo…”

Job sabía que aun desecho todo su cuerpo, aun del polvo Dios podía levantarlo. El mundo suele decir que “mientras hay vida hay esperanza”; pero para el creyente la esperanza trasciende más allá de la muerte. En este mundo no hay nada que Dios no pueda hacer, ya que nuestro Señor Jesucristo tiene potestad sobre todas las enfermedades, calamidades de la vida, sobre la naturaleza, incluso sobre el reino de las tinieblas, por ello el ángel Gabriel dijo en cierta ocasión: “porque nada hay imposible para Dios”, (Lucas 1:37). Si Dios tiene poder sobre la misma muerte cuánto más no lo tendrá sobre el resto de circunstancias que nos rodean, la clave para ver el mover de Dios en nuestra vida es la fe, a tal punto que a través de esta hasta los montes se pueden mover:

“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.
Marcos 11:22-24

3.      La esperanza que después de la muerte veremos a Dios cara a cara.


“… y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”.

En estas palabras se encuentra quizás la mayor de todas las promesas que Dios nos ha hecho, el verlo aun después de nuestra muerte: y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán. Para los hombres y mujeres sin Dios la muerte es una trágica perdida de un ser querido, pero para los cristianos la muerte se convierte en un motivo de gran alegría. Aunque el sentimiento de pérdida no existe, este es envuelto por un gozo grande al saber que nuestro ser querido paso a descansar a la presencia de Dios sabiendo que un día será resucitado de entre los muertos tal y por eso Pablo se alegra al pronunciar las siguientes palabras:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
1 Corintios 15:51-57

CONCLUSIÓN.


Vivimos en un mundo que no le ofrece ninguna esperanza a sus habitantes, un mundo plagado de violencia, envidias, codicias, maldad y dañado por el pecado; pero en medio de este mundo sin esperanza, la Biblia le ofrece una esperanza gloriosa: ¡Jesucristo mismo!

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

Juan 11:25

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