Cristo las primicias de los que resucitarán (1 Corintios 15:20-28)



“Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.
1 Corintios 15:20-28

INTRODUCCIÓN


                   Hasta el momento el capítulo 15 de 1 Corintios ha desarrollado unos de los temas doctrinal más importantes de la fe cristiana, la resurrección, y después de haber expuesto lo que sería si Cristo realmente no hubiese resucitado, el apóstol Pablo nos presenta las consecuencias de que realmente Cristo haya resucitado, ya que Él es las primicias de los que habrán de resucitar en el futuro, es decir, los creyentes que han muerto. Además el apóstol presentara la victoria final que Cristo ha obtenido a través de resucitar de entre los muertos, ha conquistado el reino que el hombre perdió delante de Satanás y lo ha entregado a su Padre, y ha vencido a la muerte, la cual ha reinado sobre la humanidad desde que Adán pecó, y hoy Cristo es nuestro conquistador victorioso.

Cristo-primicias
Cristo las primicias de los que resucitaran


CRISTO ES LAS PRIMICIAS DE LOS QUE RESUCITARÁN


“Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”.
1 Corintios 15:20

                    Estos versículos que se desarrollan en este capítulo son un tanto difíciles de interpretar, pero considerando un poco las costumbres y leyes judías podemos comprender lo que el apóstol quiso decir. En primer lugar, después de haber presentado los testigos de su resurrección y  lo ilógico que sería afirmar que Cristo no ha resucitado (lo cual anularía nuestra fe), Pablo nos afirma que realmente su resurrección es un hecho anegable y que es solamente el principio de muchos que resucitaran en el futuro: Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Los judíos tenían entre sus costumbres religiosas apartar las primicias de la cosecha que Dios les daba cada año y que se celebraba 50 días después de la pascua: “Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega. Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá. Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová. Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin. No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis. Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová”, (Levítico 23:10-16). La celebración del Pentecostés marca una de las principales fiestas de los judíos, especialmente porque al ofrecerle a Dios las primicias de su cosecha aseguran una cosecha mucho más abundante que venía después de esta. Ahora bien, de esta misma forma Cristo ha venido a convertirse en las primicias de los que han de resucitar en el futuro, ya que anteriormente nadie había resucitado para vida eterna. Si uno lee la Biblia se dará cuenta que ocurrieron algunas resurrecciones, pero estas personas que resucitaron volvieron a morir. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento tenemos el caso del hijo de la viuda de Sarepta que fue resucitado por Elías (1 Reyes 17:17-24). También tenemos el caso del hijo de la sunamita que fue resucitado por Eliseo (2 Reyes 4:18-37). Y durante el ministerio de nuestro Señor Jesús los evangelios relatan 3 resurrecciones que llevo a cabo, la hija de Jairo (Marcos 5:21-43), el hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17) y la resurrección de Lázaro (Juan 11:1-44). Sin embargo, todas estas personas que fueron resucitados volvieron a morir, porque no se libraron del envejecimiento; pero Cristo resucito, y no volvió a morir, sino fue glorificado y ahora el promete resucitar para vida eterna a todos aquellos que crean en Él: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”, (Juan 11:25-26).

EN ADÁN TODOS MUEREN EN CRISTO TODOS VIVEN


“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”.
1 Corintios 15:21-22

              En estos dos versículos Pablo introduce otra enseñanza en cuanto a la resurrección de Cristo, y es la comparación entre la obra de Adán y la de Cristo. En primer lugar, el apóstol dice que por medio de un hombre la muerte entro en la muerte, y este hombre es Adán. Cuando Dios creó al hombre lo hizo perfecto, sin imperfecciones, sin debilidades, con gran sabiduría y sin pecado: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo  creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto”, (Génesis 1:26-31). Debido a que el pecado no había entrado el hombre no sufría de enfermedades, ni envejecía y la muerte no tenía señorío sobre él, gozaba de gran comunión con el Señor y había sido puesto en el huerto del Edén para que lo cuidase y labrase: “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal... Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, (Génesis 2:8-9, 15-17). Si nos damos cuenta Dios había establecido un solo mandamiento, no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, ya que de lo contrario la muerte entraría a la vida del ser humano a través del pecado: porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Lamentablemente el hombre desobedeció y el pecado entro en la vida de los seres humanos y a través del pecado la muerte: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). Desde ese momento la muerte reino sobre el hombre. En contraste, Pablo presenta a Cristo, el cual redimió al hombre de su pecado y al resucitar venció a la muerte: Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. De esta forma, así como en Adán todos mueren, por medio de Cristo quien ha resucitado, todos viven: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”, (Romanos 5:17).

EL ORDEN EN EL QUE RESUCITARÁN LOS MUERTOS


“Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”.
1 Corintios 15:23

              Ahora bien, Pablo nos muestra que la resurrección de los muertos presenta un orden, primero Cristo, luego resucitaran los cristianos. Si uno revisa la doctrina de la resurrección de los muertos nos daremos cuenta que tanto los justos como los injustos resucitaran en el tiempo postrero: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”, (Daniel 12:2). Según Daniel unos resucitaran para vida eterna y otros para condenación eterna, y esto fue afirmado por nuestro Señor Jesucristo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”, (Juan 5:28-29). Si continuamos revisando la Biblia encontramos el orden en que los seres humanos resucitaremos, primero los justos, al tocar de la final trompeta, al momento del rapto de la iglesia los muertos en Cristo resucitaran, luego lo que quedemos seremos arrebatados al cielo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados  juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”, (1 Tesalonicenses 4:16-18). Luego, después del periodo de la gran tribulación, los muertos por el testimonio de Cristo, los que fueron decapitados por el anticristo volverán a vivir participando también en la resurrección para reinar junto con la iglesia 1, 000 años, a esto se le conoce como la primera resurrección: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”, (Apocalipsis 20:4-6). Por tanto, uno puede comprender que primero viene el rapto de la iglesia donde los muertos en Cristo son resucitados y los que estén vivos en ese momento serán arrebatados, luego viene la gran tribulación y los que no adoren al anticristo se salvaran, aunque su testimonio y lealtad a Cristo les costara su vida pero resucitaran para el comienzo del milenio, después de los 7 años de gran tribulación, hasta aquí es la primera resurrección, la de los justos. Luego viene la resurrección de los injustos, después del milenio, los cielos y la tierra pasaran y las almas de los impíos resucitaran con un nuevo cuerpo diseñado para ser atormentado en el lago de fuego, la condenación final: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”, (Apocalipsis 20:11-13). Si nos damos cuenta la segunda resurrección tendrá lugar durante el juicio del gran trono blanco, y todos los impíos serán resucitados, saldrán por un momento de su lugar de tormento momentáneo, el infierno, y se juzgaran para ser lanzados al lago de fuego lo cual es la segunda muerte, por ello Apocalipsis dice: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos.

LA VICTORIA DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO


“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.
1 Corintios 15:24-28

                   Después de la resurrección de los muertos, Pablo nos dice lo que viene, la victoria de Cristo sobre todos sus enemigos. El fin de todas las cosas ocurren después de la resurrección de los muertos, el fin de todas las cosas viene y durante ese momento Cristo le entregara el dominio de todo a su Padre: Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Por causa del pecado el hombre perdió su derecho de gobernar sobre esta tierra y quedo bajo el yugo de Satanás: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”, (1 Juan 5:19). Sin embargo, Jesús recupero el gobierno de todas las cosas al vencer el pecado y resucitar al tercer día: “… y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”, (Efesios 1:19-23). Cristo es el conquistador victorioso ya que venció a Satanás y su imperio del pecado y la muerte, por ello se le ha dado dominio sobre todas las cosas estableciéndose un día cuando como un general victorioso se presentara delante de su Padre entregándole los dominios conquistados. El profeta Daniel vio como Dios, llamado allí el Anciano de días le dio autoridad al Hijo de Hombre, que es Jesucristo: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”, (Daniel 7:13-14). Luego el anticristo, que es representado por el cuerno pequeño de la bestia es destruido y el reino es dado al Padre, y este se lo da a sus santos, la iglesia del Señor: “Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino”, (Daniel 7:21-22). Así en este orden Cristo recupera el dominio de todas las cosas, primero Él lo hace al vencer a Satanás a resucitar de entre los muertos, luego, al final de los tiempos se lo entrega a su Padre, luego este a su vez es entregado a sus santos, a todos los redimidos por su sangre, esta es la victoria que Jesús ha conquistado: Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. Ahora la muerte ya no reina más en aquellos que han creído en Cristo Jesús porque Él ha vencido y hoy tiene las llaves de la vida y la muerte: “No temas; yo soy el primero y el último;  y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades, (Apocalipsis 1:17-18). Por tanto, podemos gozarnos al saber que el pecado y la muerte ya no tienen mas efecto en nosotros, y que un día moriremos, pero nos espera la primera resurrección de la cual Cristo es las primicias de todos los que volverán a vivir para vida eterna.




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