El problema de la incredulidad (2 Reyes 7:1-2)



“Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”.
2 Reyes 7:1-2

INTRODUCCIÓN


            El evangelio requiere de fe para ser efectivo, y de allí que hoy en día existen muchas personas que por su incredulidad y duro corazón no alcanzan las bendiciones de Dios y la vida eterna que Jesús ofrece. En este relato podemos ver la historia de un hombre incrédulo que no creyó que Dios pudiera hacer el milagro de rescatarlos del sitio que el ejército Sirio había puesto en contra de Samaria, y por ello no gozo de esta bendición, sino murió en su incredulidad.


4-leprosos
4 leprosos encuentra vació el campamento Sirio

                                I.            LA PRECARIA SITUACIÓN DE SAMARIA.


“Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata”.
2 Reyes 6:24-25
En esta ocasión vemos la precaria situación que Samaria estaba pasando, ya que por causa de sus muchos pecados Dios los había entregado a sus enemigos de Siria, los cuales los habían sitiado, y después de muchos días, el alimento comenzó a escasear a tal punto que una cabeza de asno valía 80 piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de paloma se vendía por 5 piezas de plata. Aun los mismos niños eran comidos por sus padres debido a la gran hambre que se vivía. Cuantas personas viven en precarias situaciones debido a sus pecados, todo por vivir lejos de Dios.

                             II.            LA PROMESA DE DIOS DE LIBERACIÓN.


“Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria”.

Ante esta terrible situación Dios promete terminar con el sitio diciéndoles que al siguiente día el hambre y escasez terminaría: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria. Si bien es cierto, Dios castiga el pecado, pero también su enojo no dura para siempre, sino que aparta su ira con el propósito de hacer reflexionar al hombre de sus malos caminos y apartarse de ellos: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo”, (Salmo 103:8-9).

                          III.            LA INCREDULIDAD DE UN HOMBRE.


“Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?”.

Sin embargo, ante esta promesa hubo un hombre incrédulo, uno de los principales príncipes del rey que dudo que Dios pudiese ayudarlos a salir victoriosos de esta terrible situación: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? El evangelio que se predica está fundamentado en la fe, en creer sin ver, en llamar las cosas que no son como si fueran, en tener la firme convicción que lo que pedimos lo recibiremos, sin importar lo difícil que esto sea: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, (Hebreos 11:1). Sin fin es imposible agradar a Dios: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”, (Hebreos 11:6). El problema con la incredulidad es que el hombre trata de razonar y comprender todo a través de su mente limitada, así como este príncipe que veía que era completamente imposible que pudiesen escapar del sitio de los sirios ya que su ejército era más fuerte que el de Israel y no había otra nación que pudiese venir en su ayuda. Muchas personas ven las cosas desde su entendimiento limitado, pero lo cierto es que el evangelio se trata de fe, de vivir no por vista, no confiando en nuestras propias fortalezas, sino creyendo en Jesús que es nuestro redentor: “Porque por fe andamos, no por vista”, (2 Corintios 5:7).


IV.            LAS CONSECUENCIAS DE LA INCREDULIDAD.


“Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”.

En las palabras de Eliseo al príncipe tenemos como respuesta a su atrevida afirmación encontramos las consecuencias de la incredulidad: Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Todos los incrédulos serán excluidos de las promesas de Dios. Efectivamente este príncipe no gozo de la promesa de Dios, porque al siguiente día en la mañana unos leprosos salieron de los límites de Samaria y se dieron cuenta que los sirio ya no estaba y que por alguna razón habían huido dejando en su campamento toda clase de tesoros y alimentos, por lo cual gozosos lo anunciaron a toda la gente de Samaria los cuales se precipitaron sobre las puertas de la ciudad para salir de ella atropellando en esto a aquel príncipe incrédulo: “Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él”, (2 Reyes 7:16-17). En la Biblia vemos lo que les pasa a todos aquellos que se mantienen en su incredulidad. Por ejemplo, los israelitas que fueron liberados de Egipto no entraron en la tierra prometida, sino vagaron 40 años en el desierto hasta morir por su incredulidad: “¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?  ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad”, (Hebreos 3:16-19). Los enfermos de Nazaret no pudieron ser sanados, y aun recibir el evangelio de la salvación por su incredulidad: “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos”, (Mateo 13:58). Y a todos los incrédulos les espera la condenación eterna: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”, (Apocalipsis 22:14-15).

                             V.            LA RECOMPENSA DE LOS QUE CREEN.


“Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová”.
2 Reyes 7:16

En estos versículos podemos ver la recompensa de los que creen. Lo cierto es que todos aquellos que crean en Jesús serán salvos de la condenación eterna porque todos sus pecados le serán perdonados: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). La clave en la vida de un cristiano es la fe, y todo lo que hagamos debe estar basado en esta ya que las mismas Escrituras testifican que los justos vivirán por fe, mientras que los incrédulos permanecerán en sus pecados para su propia perdición: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá”, (Habacuc 2:4).

CONCLUSIÓN.



El evangelio del reino de Dios está fundamentado en la fe, la fe es el creer sin ver, mantener nuestras convicciones aun cuando las circunstancias y lógica humana no las respalden, y la fe en Cristo nos salva de nuestros pecados y nos hace herederos de todas sus promesas. Lamentablemente la incredulidad lleva al hombre a perderse todas sus bendiciones y lo arrastra a la condenación eterna, tal y como le paso a aquel príncipe que fue incrédulo a la palabra que Dios dijo a través de su profeta Eliseo.


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