¿Eres tú aquel Daniel? (Daniel 5:13-17)


“Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría. Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos para que leyesen esta escritura y me diesen su interpretación; pero no han podido mostrarme la interpretación del asunto. Yo, pues, he oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino. Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación”.
Daniel 5:13-17

INTRODUCCIÓN


Estos versículos del libro de Daniel nos narran la ocasión cuando Belsasar realizo un banquete donde invito a mil de sus príncipes y cuando estos se vieron borrachos mandaron a traer los utensilios del templo lo cual provocó la ira de Dios y apareció una mano que escribió en la pared: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Ante esto el espíritu de Belsasar desmayo y fueron traídos todos sus sabios y magos los cuales no le pudieron resolver el misterio. Ante esto la madre de Belsasar le sugirió que buscara a un tal Daniel que años atrás había resuelto sueños y misterios parecidos gracias a la presencia de Dios en su vida. Ante esto Belsasar llama a Daniel que para este momento era casi 70 años más viejo y la pregunta era: ¿acaso sería este el mismo Daniel que resolvía sueños? ¿estaría en él aun la presencia de Dios?



                                I.            UNA PREGUNTA QUE NOS HACE REFLEXIONAR.


“Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?”.

En primer lugar, encontramos una pregunta que nos hace reflexionar. Para este tiempo habían transcurrido cerca de 70 años desde que Daniel había sido deportado de Jerusalén y había dado aquellas importantes revelaciones a Nabucodonosor, y si para aquel tiempo él tenía 13 años, era de esperarse que para este momento tuviera no menos de 80 años de edad. Después de tanto tiempo Belsasar se preguntaba: ¿Será este el mismo Daniel que interpretaba sueños? ¿Acaso la presencia de Dios continuará en él después de tantos años? Lo cierto es que después de casi 70 años, a sus aproximados 83 años la presencia de Dios continuaba como cuando tenía 13 años. Esto nos hace reflexionar en cuanto a nuestra vida espiritual. Muchos comenzamos con gran entusiasmo en la vida cristiana sirviéndole al Señor y trabajando duramente en su obra, pero conforme pasa el tiempo muchos menguan el tiempo que pasan con Dios, su lectura bíblica, su tiempo de oración y hasta la calidad en el servicio ya no es la misma; y otros simplemente retroceden. Algunos con el paso del tiempo ya no son los grandes servidores y cristianos consagrados del pasado, pero Daniel a pesar de las vicisitudes y los reinos por los que había pasado continuaba siendo el mismo hombre lleno del poder de Dios. En la Biblia encontramos versículos que nos exhortan a cuidar nuestra vida espiritual e ir creciendo siempre: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”, (Proverbios 4:18). El apóstol Pablo nos anima a mantenernos firmes creciendo en la obra del Señor siempre: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58). Y el apóstol Pedro nos dice que debemos crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesús: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, (2 Pedro 3 18). Por tanto, también nosotros los cristianos tenemos que crecer y nunca retroceder en esta vida.

                             II.            LA CLAVE EN LA CONSTANCIA DE DANIEL.


“Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría”.

Belsasar había oído como la presencia de Dios había estado siempre con Daniel y aún a sus 83 años seguía tan fuerte como cuando era un adolescente. La pregunta sería: ¿Cómo mantenerse constante, creciendo en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo? Si vemos la vida de Daniel podemos encontrar la respuesta.

1.       Cuido de no contaminarse con las cosas de este mundo.


“Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.
Daniel 1:8

En primer lugar, Daniel cuido de no contaminarse con las cosas de este mundo. Muchos se debilitan porque permiten que el mundo los contamine con sus deleites y vanidades, pero la Biblia nos exhorta a renovar nuestra mente y que permitamos ser transformados por el poder de su palabra: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, (Romanos 12:2).

2.       Siempre buscó la iluminación de la palabra de Dios.


“En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Belsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión”.
Daniel 10:1
                 Otra característica que ayudo a Daniel a mantenerse en la presencia de Dios fue su constante búsqueda de la iluminación de la palabra de Dios. De igual forma nosotros debemos amar su palabra y conocerla sabiendo que ella es la que edifica nuestra vida, alimenta y fortalece nuestra alma: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor”, (1 Pedro 2:1-3).

       3.       Fue un hombre de oración.


“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”.
Daniel 6:10

No cabe duda de que la oración juega un papel muy importante en la constancia y crecimiento del cristiano ya que es la única forma de mantener la comunicación con nuestro Dios y es la forma bíblica de cómo recibiremos la repuesta a nuestras necesidades: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que, si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”, (1 Juan 15:14-15).


                          III.            LA NECESIDAD DE HOMBRES Y MUJERES QUE LLEVEN LA LUZ A ESTE MUNDO DE TINIEBLAS.


“Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos para que leyesen esta escritura y me diesen su interpretación; pero no han podido mostrarme la interpretación del asunto. Yo, pues, he oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino. Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación”.

            Finalmente, podemos ver la necesidad que Belsasar tenía que un hombre lleno del poder de Dios le revelara el significado de las palabras escrita en la pared. De igual forma hoy en día este mundo continúa teniendo la necesidad que se le comparta el mensaje del evangelio y es importante que nosotros también nos mantengamos firme anunciándola y enseñándola a todos los que podamos, que los años pasen y nos volvamos viejos, pero que jamás perdamos el entusiasmo por predicar su palabra y su gloriosa presencia en nuestra vida.

CONCLUSIÓN.


            La constancia y perseverancia de Daniel en los caminos de Dios nos hace preguntar: Después de tantos años, ¿hemos crecido en los caminos de Dios? ¿Continuamos siendo los mismos servidores o hemos menguado la calidad de nuestro servicio? Nuestro principal enfoque tiene que ser mantenernos firmes y constantes creciendo en la obra del Señor siempre a pesar de que los años pasen: Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”, (1 Corintios 15:58).





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