La oración sacerdotal (Números 6:22-27)



“Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”.
Números 6:22-27

INTRODUCCIÓN


Algún día hemos considerado la gran bondad de Dios. Este planeta y en general todos los detalles de su creación son una muestra de ellos. Vasta considerar como la flora es beneficiada por las diferentes estaciones del año. El invierno viene para que las hojas de los arboles no se marchiten y puedan producir su fruto a tiempo, los arboles liberan el tan necesitado oxígeno para que todo ser viviente pueda respirar, el sol con sus rayos producen la famosa fotosíntesis y gracias a esta las plantes se llenan de oxígeno, la capa de ozono no permite que los rayos ultraviolenta del sol penetren para quemar todo a su alrededor, algunos animales son alimentados por los frutos y verdes pastos, los ríos y lagos riegan la tierra proveyendo el agua que extiende la vida y en general, cada aspecto de la naturaleza que ayuda a una mejor existencia en este planeta muestra la gran benevolencia de nuestro Dios el cual bendice tanto a justos como injustos: “… que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”, (Mateo 5:45). Si así de grande es su benevolencia sobre toda la creación, cuan mayor es su deseo de bendecir a su pueblo.

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La oración sacerdotal

 

                        I.         EL DESEO DE DIOS DE BENDECIR A SU PUEBLO.


En este texto Dios le dice a Aarón y sus sacerdotes su deseo de bendecir a su pueblo: Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles. Dios deseaba bendecir a su pueblo y de hecho los había sacado de Egipto con el propósito de hacerlos su pueblo dándoles grandes promesas: “Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas”, (Deuteronomio 28:13), y en este mismo capítulo de Deuteronomio encontramos una serie de bendiciones que Dios estaba dispuesto a dar a los israelitas si estos eran obedientes a su palabra: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir”, (Deuteronomio 28:1-5). Ahora bien, Dios ministraba a su pueblo a través de los sacerdotes y a estos les había encomendado una oración que tenía como propósito transmitir el mejor deseo de Dios hacia ellos.

                      II.         LA BENDICIÓN SACERDOTAL.


La oración sacerdotal era una plegaria que los sacerdotes dirigían hacia el pueblo con el propósito de bendecir a su pueblo. Esta oración no es una clase de fórmula mágica o hechizo de prosperidad que cualquier persona recibía, sino más bien expresaba la buena voluntad del Señor hacia su pueblo que le amaba. Veamos qué clase de bendición era esta.

1.     La bendición de protección.


“Jehová te bendiga, y te guarde…”

El primer deseo de Dios hacia su pueblo es de bendición y protección. ¡Oh que gran promesa es esta al considerar que nosotros, unos seres tan indefensos y débiles somos protegidos por el Todopoderoso! Alguna vez hemos considerado nuestra vulnerabilidad, que somos propensos a recibir algún tipo de daño ya sea físico o emocional, a ser víctimas de un accidente súbito, ha sufrir a manos de hombres perversos o incluso ser doblegados por una enfermedad, pero que bueno es saber que Dios quiere realmente guardarnos de todo esto. Por ello el salmista David exclamaba con voz de júbilo:

“Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen”.
Salmo 34:4-9

            Muchos quizás confían en sus casas fortificadas o a lo mejor se sienten protegidos porque portan armas de fuego o tienen guardaespaldas, pero nosotros, los que confiamos en el Señor sabemos que tenemos al Todopoderoso que nos guarda, y por ellos somos personas bendecidas.

2.     La bendición de ganar su favor y misericordia.


“Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia…”

La oración sacerdotal pedía que el rostro de Dios resplandeciera sobre su pueblo y que tuviera misericordia de ellos. Realmente es una verdadera bendición que el Señor en su infinita misericordia se digne en mirarnos y que su gloria resplandezca en nuestra vida, especialmente porque somos pecadores y no merecemos su favor. Por ello la oración pedía misericordia, para que el Señor no viera nuestros pecados y fuese propicio a nosotros perdonando nuestra iniquidad y favoreciendo así nuestra vida. Cuando Dios es propicio a nosotros y su rostro resplandece en nosotros somos bendecidos porque favorece nuestra vida: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria”, (Isaías 60:1-2). ¡Oh cuán gloriosa bendición! Aunque este mundo sea cubierto de penuria y tinieblas que hermoso es saber que la gloria del Señor resplandecerá sobre nosotros y que hemos sido perdonados de todos nuestros pecados por su infinita misericordia.

3.     La bendición de vivir en paz.


“Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”.

            Finalmente, la oración sacerdotal expresaba el deseo de Dios de traer paz sobre su pueblo. La paz es la ausencia de conflictos en la vida del hombre, es la total tranquilidad y seguridad de una vida plena, y esta solamente es posible a través de Dios. El deseo de nuestro Señor es que vivamos en paz, pero esto no es posible por causa del pecado. Aquel día cuando Jesus nació uno de los ángeles que se les apareció a los pastores cantaba: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”, (Lucas 2:14), y es gracias a Cristo que hoy podemos experimentar la verdadera paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, (Juan 14:27). Y esta paz esta fundamentada en la victoria de Cristo sobre la muerte: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, (Juan 16:33). Por tanto, somos verdaderamente bendecidos por tener esta paz.

                    III.         LOS CRISTIANOS SOMOS BENDECIDOS EN CRISTO JESÚS.


Hoy en día ya no existen sacerdotes según el orden a Aarón, sino Jesús se ha convertido en nuestro Sumo Sacerdote, el cual no solo perdona nuestro pecados dándonos la salvación de nuestra alma, sino nos ha bendecido enormemente dándonos el don de la vida eterna y grandes promesas celestiales: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”, (1 Pedro 1:3-5).

CONCLUSIÓN.


El deseo de Dios es bendecirnos y la oración sacerdotal es un buen ejemplo de ello y en estas se presentan al menos tres tipos de bendiciones que son:

1.     La bendición de protección.
2.     La bendición de ganar su favor y misericordia.
3.     La bendición de vivir en paz.


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