El legalismo y libertinaje, dos engaños que nos conducen al infierno (Romanos 3:28-31)



“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles. Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley”.
Romanos 3:28-31

INTRODUCCIÓN


En estos versículos el apóstol Pablo nos presenta dos cosas importantes que debemos comprender en cuanto a la salvación, y la primera es que es por fe, no por las obras de la ley, y esta justificará tanto a gentiles como a judíos, a todos cuanto crean. La segunda cosa que nos enseña es que todo esto no significa que la ley es invalidada, sino es cumplida en el sacrificio de Cristo para que vivamos en su santa voluntad. Si consideramos ambas cosas nos daremos cuenta de que si no se tiene cuidado al momento de interpretar esta verdad se pueden cometer dos errores, el primero es creer que seremos salvos por medio de nuestras obras, cuando Pablo dice: Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Y, en segundo lugar, es un error también creer que porque la salvación es por fe nos da licencia para vivir en pecado ya que no vivimos por la ley, pero esto es un abuso de la gracia y por ello Pablo dice: ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. Dos engaños que nos conducen al infierno son el legalismo y el libertinaje, y lo peor de todo es que ambos se han introducido en las iglesias para hacerles creer a las personas que son salvas, pero los conducen al infierno. Veamos en que consiste cada uno y por qué decimos que estos engaños conducen al infierno.



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                        I.         EL LEGALISMO CONDUCE AL INFIERNO.


El primer engaño que nos conduce al infierno es el legalismo. El legalismo es la creencia religiosa que enseña que podemos llegar a ser salvos a través de cumplir una serie de reglamentos y mandamientos de una religión determinada. Los fariseos y escribas son un buen ejemplo de esto los cuales afirmaban vivir por la ley y tradiciones judías. El legalista es una persona con un espíritu de arrogancia que se cree superior a los demás por considerarlos pecadores, esto lo vemos en la oración que un fariseo hace en la parábola del fariseo y el publicado, donde se jacta por lo justo que se creía: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”, (Lucas 18:11-12). Este fariseo se creía superior en todos los ámbitos y eso es lo que hace el legalismo, hace que las personas confían en sus propias obras, creen que sus ritos religiosos y todos los mandamientos o reglamentos que cumplen o practican los exoneran del infierno. Sus vidas son pura apariencia, su vida religiosa está enfocada en limpiar lo de afuera, pero por dentro hay pecados terribles, por ello nuestro Señor Jesús los reprendió duramente: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad, (Mateo 23:25-28). Jesús tiene una forma muy pictórica y descriptiva para mostrarnos el problema del legalismo, y es que son semejantes a aquellos que limpian por fuera los vasos y platos, mas no por dentro, son como tumbas que por fuera están bien arreglados y blanqueados, pero por dentro están llenos de huesos de muerte. Los legalistas son hombres que se muestran a los demás como justos pero por dentro están llenos de injusticia, y esa injusticia los conducirá al infierno.

Muchas personas hoy en día viven engañados creyendo que sus buenas obras y sus reglas religiosas lo salvaran, que por sus propios méritos lograran entrar al reino de los cielos. Creen que su servicio prestado en su religión, el cumplir penitencias o reglamentos, sus ofrendas o donaciones los salvara, pero lo cierto es que nada de esto puede perdonar sus pecados, porque no es a través de nuestras buenas obras, tampoco las religiones nos salvaran, sino la fe en el sacrificio de Dios: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”, (Gálatas 2:16).

                      II.         EL LIBERTINAJE CONDUCE AL INFIERNO.


Otro de los engaños que conducen al infierno es que el libertinaje. El libertinaje es vivir sin considerar la ley moral de Dios. Los que viven de esta forma dicen que como ahora estamos en la dispensación de la gracia ya no es necesario vivir por la ley y, por tanto, ese pensamiento les da licencia a no abandonar sus pecados y de esta forma abusan de la gracia del Señor. Aquí no nos referimos a aquellas personas que están conscientes de su vida de pecado y saben que andan mal delante de Dios de tal forma que si no se arrepienten se irán al infierno, sino más bien a aquellos que teniendo conocimiento del evangelio de la gracia de Cristo piensan que como la justificación es por fe y no por la ley ellos se salvaran aun cuando en sus vidas consientan en seguir practicando algunos pecados. Es cierto que la seguridad de nuestra salvación es un fruto que se da en el convertido, pero esto no le da una licencia para pecar. Alguien que confiesa ser cristiano, pero vive en sus pecados, realmente debería preguntarse si es salvo, porque el resultado final del evangelio es conducir al hombre a un verdadero arrepentimiento y conversión genuina donde sus pecados son dejados atrás: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). Nadie que haga una confesión de fe en Cristo puede vivir deshonestamente en sus viejos pecados, al contrario, debe asegurarse de haber experimentado un verdadero arrepentimiento que lo lleve a vivir en temor y temblor delante de su presencia: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”, (Filipenses 2:12). No debemos olvidar que somos salvos por gracia porque nosotros somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos, pero también debemos vivir en temor y temblor, purificando nuestras vidas de todo pecado, progresando en nuestra santidad y vida espiritual, conscientes de que la parte de la ley que ya no estamos obligados a obedecer es la ceremonial, el de buscar la salvación por hacer sacrificios de animales y guardar días y fechas; sin embargo, la ley moral, aquella que nos manda a vivir santa y piadosamente, esa si debemos obedecer, y lo hacemos porque Dios nos ha transformado por medio de su amor y este amor nos ayuda a cumplir todos sus mandamientos: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.  Porque: No adulterarás, o matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”, (Romanos 13:8-10).

CONCLUSIÓN.



            El legalismo nos enseña que podemos ser salvos por medio de nuestras obras y nos convierten en fariseos modernos que viven solo de apariencias externas con un corazón sucio. El libertinaje es la otra cara de la moneda que enseña que como la salvación es por fe ya no es necesario cumplir la ley, y por ello viven en sus antiguos pecados abusando de la gracia del Señor. Pero lo cierto es que ambas formas de pensar son engaños que conducen al infiero. Somos salvos por la fe en el sacrificio de Cristo, no por obras pues es por gracia; pero también, no solo porque somos salvos por fe vamos a perseverar en el pecado, pues hemos muerto al pecado y somos libres para vivir santa y piadosamente, agradando al Señor en todo.


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