Los 5 Puntos del Calvinismo

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.

Efesios 1:3-4

INTRODUCCIÓN


                   En esta ocasión exploraremos una doctrina un tanto controversial conocida como los cinco puntos del Calvinismo la cual explica la obra de salvación que Dios obra en el ser humanos desde 5 aspectos que son: la depravación total, la elección incondicional, expiación limitada, la gracia irresistible y la seguridad de la salvación. El nombre de esta doctrina está basado en el nombre de la persona que la interpreto de la Biblia, y este fue el teólogo francés Juan Calvino. Muchas denominaciones como los bautistas, presbiterianos entre otras abrazan dichos puntos, de allí que en ocasiones se les llama calvinistas. En su esencia, esta doctrina nos habla de la incapacidad total del hombre para salvarse a sí mismo y de cómo Dios interviene en su destino salvándolo a través de su elección incondicional. Desde esta perspectiva el hombre es elegido por Dios en su soberana voluntad, pero no todos los hombres pueden acceder a esta expiación, pues es limitada, de allí que algunos han sido predestinados para vida eterna, mientras que otros permanecen en su estado de condenación eterna sin la posibilidad de salvarse. Este concepto es muy difícil de aceptar por algunas personas al considerar la posibilidad de que Dios elija a unos para salvación y a otros para condenación, pero independientemente de los difícil que sea el aceptarla, lo cierto es que no podemos ignorar que la Biblia nos habla de la predestinación, tal y como el apóstol Pablo lo hace en Efesios: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. Si nos damos cuenta, aquí Pablo bendice al Padre por todas las bendiciones espirituales recibidas y porque habían sido escogidos para ser salvos desde antes de la fundación del mundo, y si esto es así, considerando que la salvación no depende de nuestras obras sino es un don otorgado por Dios, eso significa que antes que el mismo mundo fuese creado Dios decidió salvarnos, de tal manera que desde que nacimos estábamos predestinados a conocerle y ser justificados, sin la posibilidad de perder la salvación pues es un don irrevocable de Dios.


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Los 5 Puntos del Calvinismo

              Contraria a esta posición doctrinal, existe otra y es la de Jacobo Arminio, un discípulo de Teodoro Beza, uno de los sucesores de Juan Calvino, quien con el tiempo estuvo en desacuerdo con esta posición y afirmo que el hombre es capaz de elegir entre lo bueno y lo malo, que tiene libre albedrio y que realmente la expiación que Cristo ofrece no está limitada sino es para todo el mundo, para todo aquel que decida creer. Esta posición doctrinal advierte la posibilidad de perder la salvación y la responsabilidad que el hombre tiene de cuidar esa tan grande salvación. Muchas denominaciones pentecostales y de las Asambleas de Dios apoyan esta posición.

              En esta oportunidad consideraremos cada uno de los 5 puntos del Calvinismo y presentaremos los pasajes bíblicos que amparan dicha posición doctrinal y de ser posible evaluaremos otras posiciones que algunas iglesias tienen.

LA DEPRAVACIÓN TOTAL


                         La depravación total es la consecuencia de la caída del hombre en el huerto del Edén. Dios creo al ser humano perfecto, a imagen de Dios fue creado: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer”, (Génesis 1:26-29).  Podemos ver los enormes privilegios que el hombre adquirió el día de su creación. En primer lugar, fue creado a imagen y semejanza de Dios. La palabra imagen se traduce del hebreo tsélem (צֶלֶם) y sugiere la idea de crear una copia muy parecida al ser original. También tenemos la palabra semejanza que se traduce del hebreo demút (דְּמוּת) la cual hace referencia a un ser que fue creado siguiendo un diseño o patrón establecido. En este sentido, el hombre fue creado por Dios siguiendo su diseño de santidad, perfección y dotes especiales como la justicia, inteligencia, moral y sobre todo libre albedrio. En segundo lugar, el hombre fue privilegiado porque le dio la potestad de reinar en este planeta, era el responsable de cuidar el huerto y señorear sobre todos los animales. También Dios le dio el derecho de fructificar, de multiplicase en esta tierra.  Lamentablemente, por causa del pecado se perdió este estado de perfección y así la muerte paso a todos los hombres: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). Ahora este es el estado del hombre, es pecador incluso desde el mismo vientre de su madre ya que hereda lo que algunos teólogos llaman el pecado original. Lewis Sperry Chafer comenta al respecto: “El pecado inicial de Adán lo llevó a la caída, y en la caída él se volvió un ser completamente diferente, depravado y degenerado, capaz de engendrar seres caídos”.

              Considerando la realidad de la caída del hombre, el Calvinismo establece la doctrina de la depravación total la cual afirma que el hombre en su estado natural y no regenerado está totalmente corrompido por el pecado, sin la posibilidad de elegir lo bueno, su naturaleza lo impulsa solo a pecar y es incapaz de responder al llamado de Dios ya que espiritualmente está muerto, tal y como Pablo dice en Efesios al recordar que antes de conocer al Señor estaban muertos en sus delitos y pecados: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, (Efesios 2:1). Si consideramos a un muerto, un muerto no tiene sentimientos y es incapaz de elegir ya que está totalmente muerto, no hay vida en él, y de igual forma lo es en lo espiritual, en aquellos que espiritualmente están muertos son incapaces de salvarse a sí mismos. Al respecto, J. Oliver Buswell Jr. nos comenta: “Cuando tratamos la caída del hombre en esta obra se explicó la pecaminosidad humana. Resta solo indicar que, según las Escrituras, y también la experiencia cristiana, el hombre natural en su condición caída es completamente incapaz de contribuir o cooperar a su regeneración en lo más mínimo”. Este es el resultado de la desobediencia del hombre, no es la voluntad inicial de Dios ni su deseo que esto pasara, sin embargo, al principio le dio al hombre libre albedrio, la capacidad de decidir por sí mismo si lo adoraban y servían o si lo desobedecían, lamentablemente el hombre eligió mal y esto trajo terribles consecuencias para su vida: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, (Génesis 2:16-17). Basta revisar las Escrituras para ver la terrible condición que el hombre se encuentra espiritualmente.


1.      El hombre es formado en maldad desde el mismo vientre de su madre: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, (Salmo 51:5).
2.      El hombre se encuentra descarriado y apartado completamente de Dios, y esto ocurre aun desde la matriz: “Se apartaron los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron”, (Salmo 58:3).
3.      El hombre se apartó de Dios para seguir su propio camino: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino…”, (Isaías 53:6).
4.      El hombre tiene una naturaleza de continuo solamente el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5).
5.      El hombre natural está ciego espiritualmente, incapaz de ver la realidad de su pecado: “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”, (2 Corintios 4:4).
6.      Toda la naturaleza del hombre está totalmente depravado: “¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”, (Isaías 1:5-6).
7.      El hombre en su estado natural se encuentra muerto en sus delitos y pecados: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, (Efesios 2:1).
8.      El hombre caído solo piensa en las cosas de la carne: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”, (Romanos 8:5-7).
9.      En la naturaleza caída del hombre mora solo el mal: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien…”, (Romanos 7:18).
10.   El hombre en su estado de depravación total está destituido de la gloria de Dios: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3:23).

Por tanto, todos estos versículos apoyan la posición de que el hombre en su estado natural está totalmente depravado, inhabilitado completamente de toda intención de hacer lo bueno y agradar a Dios y por tanto es un  esclavo del pecado. El apóstol Pablo auxiliándose de varios textos de los Salmos y el profeta Isaías describe la condición del hombre de esta forma: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre;  quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos”, (Romanos 3:10-18). Como una consecuencia de esto el hombre se encuentra perdido en sus delitos y pecados, completamente perdido en sus maldades, incapaz de buscar a Dios, tal y como Lewis S. Chafer nos dice: “Al tratar de analizar más específicamente lo que es la naturaleza de pecado, se debe recordar que es una perversión de la creación original de Dios y, en ese sentido, es algo anormal. Todas las facultades del hombre sufrieron por la caída y por la inhabilidad del hombre para hacer  el  bien. Y de  esa  confusión  interna  surge  la  extraña predisposición hacia el mal”.

W. J. Seaton nos explica con muchos textos bíblicos el concepto de la depravación total del hombre no regenerado: “La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza, está MUERTO: ". . . como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron", (Romanos 5:12). La Biblia nos enseña que los hombres son ESCLAVOS: "Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él", (2 Timoteo 2:25-26). La Biblia enseña que los hombres están CIEGOS Y SORDOS: "Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; más a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan", (Marcos 4:11-12). La Biblia nos enseña que el hombre natural (no regenerado), CARECE DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente", (1 Corintios 2:14). La Biblia habla del hombre como siendo NATURALMENTE PECAMINOSO: 1) Por nacimiento: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." (Salmo 51:5). 2) Por práctica: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal." (Génesis 6:5).Este es entonces el estado natural del hombre. Por tanto, debemos preguntarnos ahora: ¿Pueden LOS MUERTOS resucitarse a sí mismos? ¿Pueden LOS ESCLAVOS liberarse a sí mismos? ¿Pueden LOS CIEGOS darse la vista a sí mismos o LOS SORDOS el oído? ¿Pueden los que CARECEN DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL enseñarse a sí mismos? ¿Pueden los que están INCLINADOS NATURALMENTE AL PECADO, cambiarse a sí mismos? ¡Ciertamente no pueden! "¿Quién hará limpio a lo inmundo?" pregunta Job. Y él mismo responde: "Nadie." (Job 14:4). Del mismo modo, el profeta Jeremías pregunta: "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" Y concluye "Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?" (Jeremías 13:23). ¿Podría la Palabra de Dios mostrar más claramente con base en esto, que la depravación humana es total, y que nuestra incapacidad para desear o procurar la salvación es también total? Este cuadro es una descripción de un muerto; un muerto espiritual. Somos como Lázaro en su sepulcro; estamos atados de pies y manos; y la corrupción se ha esparcido por completo en nosotros. Tal como no había ningún indicio de vida en el cuerpo muerto de Lázaro, así tampoco no hay ninguna chispa de receptividad interna en nuestros corazones”. Con estas palabras y mucha Biblia se nos explica la depravación total del hombre.

LA ELECCIÓN INCONDICIONAL


                El otro punto del Calvinismo es la elección incondicional. W. J. Seaton sabe introducirse en este tema: “La doctrina de la elección incondicional se desprende en forma natural y lógica de la doctrina de la depravación total. Es decir, si el hombre está de hecho muerto, cautivo en el pecado, ciego, sordo, sin entendimiento espiritual e inclinado naturalmente al pecado, entonces, el remedio para solucionar toda esta condición, debe encontrarse fuera del hombre mismo, esto es, en Dios”. Como ya vimos el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, incapaz de elegir lo bueno porque está muerto en sus delitos y pecados, por ello, si Dios desea su salvación esta tendrá que operar de una manera sobrenatural y por el puro deseo de Dios a tal punto que el individuo no tiene ningún tipo de participación en su elección. J. Oliver Buswell Jr. dice al respecto: “La doctrina de la elección incondicional sigue necesariamente a la de la incapacidad total. Si el hombre es incapaz por completo de contribuir en un grado mínimo a su propia salvación, entonces la salvación es totalmente por la gracia de Dios, y no condicionada por alguna virtud, prevista o no, en la humanidad caída”.  Entonces, si el hombre que está totalmente depravado es incapaz de salvarse a sí mismo, Dios tiene que elegirlo para sacarlo de su condición, y si esto es así esto significa que unos cuantos individuos han sido elegidos para vida eterna, mientras que los otros han si dejados en su estado de condenación. Por tanto, la elección incondicional enseña que Dios mediante su designio soberano, elige a unos para salvación y deja a otros en su estado de condenación eterna. El apóstol Pablo explica este punto doctrinal de la elección incondicional en su carta a los Romanos auxiliándose de algunos pasajes de la Biblia. Veamos.

              La elección incondicional explicada por Pablo.


El apóstol Pablo en su carta a los Romanos nos enseña acerca de la elección soberana de Dios. Este nos dice: “Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí”, (Romanos 9:10-13). Aquí Pablo se remonta a dos pasajes del Antiguo Testamento, uno en Génesis y el otro es de Malaquías. Él nos habla de la elección de Jacob como patriarca de Israel. Estando embarazada Rebeca recibió una profecía donde Dios le confirmaba que dentro de ella había dos niños que se convertirían en dos naciones, y que el mayor serviría al menor: “Y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; y un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor”, (Génesis 25:23). Aquí vemos que antes que los niños naciesen, antes que hiciesen algo bueno o algo malo, Dios eligió al menor para darle todas las promesas de Abraham; y todo fue basado en el puro designio de la voluntad de Dios mostrándonos que la elección no está en función del que es elegido, sino en Dios quien llama: pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama. Como consecuencia Dios eligió a Jacob para hacer de él una gran nación y rechazó a Esaú: Como está escrito: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí. Así lo declara la Escritura: “Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto”, (Malaquías 1:2-3). En este texto de Malaquías el Señor recrimina a su pueblo por no responder a su amor, ahora ellos le preguntan: ¿En qué nos amaste?, y Él les responde: ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí. Vemos el contraste entre la forma de cómo trato a Jacob y como trato a Esaú, a uno lo amó y a otro lo aborreció, y por consecuencia su trato hacia cada nación había sido diferente, ya que por un lado, Israel había pecado y como consecuencia fue castigado y exiliado por 70 años, pero después de eso volvieron a su nación, aun con todas sus limitaciones, ellos no habían sido totalmente consumidos por culpa de sus rebeliones a excepción de Edom, los descendientes de Esaú, los cuales ya habían sido exterminados: y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. Todo esto ocurrió bajo la base de la elección incondicional de Dios. Ahora bien, Pablo pregunta y él mismo se responde: “¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera”, (Romanos 9:14). El apóstol se pregunta si es injusto el hecho de que Dios eligió a Jacob para amarlo y aborreció a Esaú, no sobre la base de algo bueno o malo que ellos hayan hecho, sino sobre la soberana elección de Dios, ya que cualquiera pudiese pensar que Esaú no tuvo oportunidad en la vida de demostrar lo contrario; sin embargo, no es así ya que Dios es soberano y su sabiduría es sempiterna de tal manera que ningún mortal puede cuestionarlo.

El apóstol continúa su discusión en cuanto a la elección incondicional de Dios y para ello vuelve a apoyarse en otros dos pasajes del Antiguo Testamento: “Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”, (Romanos 9:15-18). En primer lugar, la elección de Dios se deja ver en su decisión de tener misericordia del que desee tener misericordia: Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Fue Dios quien dirigió a Moisés estas palabras: “Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente”, (Éxodo 33:19). En este sentido su misericordia y clemencia está en función de su elección soberana y no en lo que alguien pueda hacer, por ello el apóstol agrega: Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. De tal forma que la salvación no depende de algo que el hombre pueda hacer a su favor, sino de Dios que es quien tiene misericordia y en su soberana voluntad elije a alguien que ya estaba perdido para mostrar su enorme compasión. En segundo lugar, nos pone el ejemplo de faraón, quien fue endurecido de su corazón por Dios ya que Él en su soberana voluntad así lo decidió: Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Fue Dios quien decidió endurecer el corazón de faraón para que este no dejara ir a su pueblo y así mostrar su poder: “Entonces Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra. Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra”, (Éxodo 9:13-16). Aquí queda claro el tema de la elección de Dios ya que de quien quiere tener misericordia tiene misericordia; pero al que quiere endurecer endurece, y ¿quién puede resistirse a su soberana elección?

Ahora, esto de que Dios ama a unos y aborrece a otros, o que del que quiere tiene misericordia y a otros les endurece el corazón es muy difícil de asimilar, de hecho, pareciera injusto el hecho de pensar que Dios elija a unos para salvación y a otros los repruebe, ¿pero será así? A esto Pablo responde: “Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?”, (Romanos 9:19-21). La verdad es que nadie es capaz de resistir a su voluntad y nosotros no somos quienes para altercar con Dios de cosas que ni siquiera entendemos, solo nos queda confiar en su enorme misericordia. Pablo dice que contradecirlo es equivalente a que el vaso de barro se queje con el alfarero quien lo formo, al final es decisión del alfarero hacer unos vasos para usos más dignos y otros para usos ordinarios.

¿Dios elige a unos para salvación y reprueba a otros para condenación?


“¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? Ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles”.
Romanos 9:22-24

¿Dios elige a unos para salvación y reprueba a otros para condenación? Lo cierto es que Dios no creo al ser humano para ir al infierno, de hecho el infierno es para Satanás y sus demonios: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”, (Mateo 25:41). Sin embargo, el hombre escogió desobedecer a Dios y así el pecado lo condenó al infierno y por ello el hombre está perdido en sus maldades, incapaz de salvarse a sí mismo y todo es culpa del mismo hombre, Dios no tiene nada que ver en sus iniquidades que lo conducen a la perdición. Por tanto, Pablo dice: ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? Así Dios ha soportado con mucha paciencia a aquellos hombres que por su desobediencia van rumbo al infierno, y es allí donde el Señor en su infinita misericordia ha decidido elegir a unos de este grupo que ya está perdido para salvación: ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? Ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles. En otras palabras, podemos decir, que el hombre ya está perdido, sin posibilidades de salvarse, no obstante, viene Dios y en su soberanía y por gracia decide elegir a unos para vida eterna y a otros simplemente los deja en su estado de perdición. Pero ¿basado en qué decide elegir a los que serán salvos? ¿Acaso aquellos que han sido elegidos para salvación son más buenos que los otros que permanecen en su estado de perdición? ¿Tienen algún mérito los elegidos por Dios? En ninguna manera. Todo está basado en su enorme misericordia, su elección es incondicional, es decir, no está condicionada por ningún mérito o factor humano, sino está basada en la sabiduría de Dios.

La predestinación en la Biblia.


“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.
Romanos 8:29-30

La predestinación es otro de los temas que está relacionado con la elección incondicional y Pablo lo toca en su carta a los Romanos: Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Aquí aparecen dos palabras griegas que sobresalen entre todas las demás. En primer lugar, cuando Pablo dice: Porque a los que antes conoció, esas palabras, antes conoció, vienen de una sola palabra griega que es proginósko (προγινώσκω), la cual hace referencia al conocimiento anticipado de Dios. La segunda palabra que resalta en este texto es prooridso (προορίζω), la cual se traduce como predestinar y literalmente significa determinar por anticipado el destino de una persona con un propósito. Esto nos enseña que el Señor en su conocimiento anticipado de las cosas nos eligió desde antes de la fundación del mundo, con un propósito, el de salvarnos y restaurar en nosotros la condición caída por causa del pecado a través de la fe en su hijo amado: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”, (Efesios 1:4-5). Este conocimiento anticipado de Dios en el cual fuimos escogidos para vida eterna es mencionado también por el apóstol Pedro: “Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”, (1 Pedro 1:2), y esta palabra “presciencia” se traduce del griego prógnosis (πρόγνωσις), que es conocimiento anticipado, y así queda claro que Dios en su sabiduría y conocimiento anticipado que tiene de las cosas, nos eligió desde antes de la fundación del mundo para predestinarnos para vida eterna.

              Volviendo al texto que consideramos al principio, el segundo versículo que citamos nos muestra cómo opera esta bendita elección: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. Si nos damos cuenta los verbos utilizados en este versículo están en tiempo pasado lo cual nos sugiere una obra que se hizo en el pasado y que hoy está completa, y esta lleva un proceso: predestinó, llamó, justificó y glorificó. Ese es el orden en el que opera nuestra salvación, primero, nos predestinó a ser salvos, luego, cuando llego el tiempo, nos llamó, al llamarnos venimos a Él y nos justificó, salvándonos de la condenación eterna, y finalmente nos glorificará, cuando estemos en su presencia. Ahora bien, todo esto Dios lo ve como algo hecho, aunque nuestra glorificación aun no haya ocurrido, porque Él ya lo decidió así al elegirnos incondicionalmente.

Jesús hablo de la elección incondicional.


“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”.
Juan 15:16

Aquí, en palabras del mismo Señor Jesús, encontramos otro pasaje donde se nos dice que fue gracias a su elección que llegamos a conocerle: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros… A estas alturas y de acuerdo con todos los textos estudiados, nadie puede decir que el eligió a Cristo, porque realmente Él no ha elegido. Cristo es quien nos escogió y nos llamó, y esto no basado en algún mérito, sino por su gran amor y misericordia. Generalmente, son las personas que eligen su religión y a qué dios seguir; pero en el verdadero evangelio no es así, sino un día mientras estábamos perdidos en nuestros delitos y pecados, Dios en su elección soberana e incondicional, decidió mostrar su gran amor y misericordia llamándonos a la vida eterna. Esta elección es con un propósito: … y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Dios tiene un propósito firme al llamarnos, sus planes son perfectos y desea que llevemos mucho fruto, de hecho el apóstol Pablo nos dice que somos salvos por gracia para hacer buenas obras las cuales el Señor planeo con anticipación para que anduviésemos en ellas: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, (Efesios 2:8-10). Una vez más vemos como nuestro Señor preparó con anticipación todas las cosas, no solo nuestra salvación, sino incluso nuestra nueva vida y las obras en la cuales andaríamos.

Cuando nuestro Señor Jesús oró en el Getsemaní, Él rogó por sus discípulos y allí dejó claro que estos le habían sido dado por el Padre y que ninguno se perdió, sino solo el hijo de perdición que era Judas: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese”, (Juan 17:12). De esta forma, los once discípulos habían sido elegidos incondicionalmente por Dios y era imposible que estos se perdiesen porque en su soberana elección los había predestinado a vida eterna; muy por el contrario, a Judas que jamás fue un elegido para salvación, como en el caso de faraón, la maldad de Judas sirvió para que se cumpliesen las Escrituras al entregar a Jesús a sus enemigos por 30 piezas de plata.

              De esta forma concluimos esta doctrina de la elección incondicional la cual, como hemos visto, es muy difícil de explicar, pero solo nos queda confiar en los designios de Dios y agradecerle por habernos elegido para vida eterna, aun cuando muchos de nosotros estábamos totalmente perdidos y no deseábamos nada de Él, pero en su infinita misericordia nos llamó con llamamiento eterno.

LA EXPIACIÓN LIMITADA


                La otra doctrina que está incluida dentro de los cinco puntos del calvinismo es la expiación limitada la cual es otro de los temas polémicos en cuanto a su interpretación y obviamente esta se deduce de saber que no todos los hombres serán elegidos incondicionalmente para vida eterna. La expiación limitada nos dice que la muerte de Cristo es efectiva únicamente para aquellos que han sido elegidos incondicionalmente por el Padre, pues si Cristo hubiese muerto por todo el mundo, todo el mundo sería salvo; pero es obvio que no fue así. Decir que Cristo murió por unos y por otros no es muy controversial, quizás Agustín de Hipona lo expresa de una manera más sofisticada: “Suficiente para todos, eficiente para los elegidos”.  Esta declaración de Agustín es algo en lo que pueden estar de acuerdo tanto calvinistas como arminianos. Ciertamente la gracia de Dios es suficiente para perdonar a cualquier pecador que se arrepienta, y si todo el mundo se arrepintiera, Cristo les perdonaría de todos sus pecados, pero solo será efectiva para aquellos que se arrepientan, hasta aquí creemos que ambos grupos estarían de acuerdo. Ahora bien, quienes se arrepentirán ante el mensaje del evangelio, bueno, solo los elegidos. En la Biblia podemos encontrar que el anhelo de Dios es que los hombres se salven: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, (Juan 3:16). No cabe duda de que Dios ha amado a este mundo enviando a su Hijo a morir por sus pecados; pero es obvio que no todos serán salvos, porque es efectivo solo en aquellos que creen en Él, y no todos creerán, aunque la misión de la iglesia es predicar el evangelio a toda criatura: “les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”, (Marcos 16:15-16). Entonces,  ¿serán todos salvos? No. Solo aquellos que creen al evangelio. ¿Quiénes serán estos que creerán? Aquellos a quienes Dios eligió incondicionalmente. Por tanto, ¿es responsable la iglesia de seguir predicando sabiendo que ya están elegidos los que serán salvos? Por supuesto que sí ya que su palabra tiene que ser anunciada y por medio de ella Dios llama a sus elegidos. Desde este punto de vista la expiación es limitada a aquellos que han sido elegidos por Dios, por ello en algunos pasajes encontramos la aseveración de que Cristo murió por su iglesia o elegidos, y no por toda la humanidad.

                  Por ejemplo, Pablo les decía a los obispos que cuidaran de la iglesia la cual el Señor gano con su sangre, es decir, su sangre es efectiva para ganar a la iglesia y no a todo el mundo: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre, (Hechos 20:28). También tenemos este pasaje de Juan: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”, (Juan 10:11, 25-27).  Aquí queda claro que no todos son sus ovejas. Solo sus ovejas oyen su voz y por ende la expiación queda limitada únicamente a ellas. Y también tenemos este pasaje en Efesios donde se nos dice que los maridos deben amar a sus mujeres como Cristo que amó a su iglesia entregándose por ella, o sea, Cristo se entregó por su iglesia y no por todo el mundo: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (Efesios 5:25). En Hechos 13 se nos dice que solo creyeron los que estaban ordenados para vida eterna, es decir, de todos los oyentes solo se convirtieron los predestinados a esto mostrándonos que la expiación está limitada a estos: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna, (Hechos 13:48). De esta forma, solo aquellos que están ordenados para vida eterna serán expiados de todos sus pecados, nosotros, aquellos que hemos recibido este bendito don salvador, no tenemos más que agradecerle al Señor por habernos escogidos para manifestar en nosotros esta bendita gracia: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”, (2 Tesalonicenses 2:13-14).  Concluimos citando a W. J. Seaton: “Cristo murió para salvar a un número específico de pecadores; esto es, por aquellos que el Padre ". . . escogió en él antes de la fundación del mundo", (Efesios 1:4); por aquellos que el Padre le había dado del mundo, todos aquellos "que me diste; porque tuyos son",  (Juan 17:9); aquellos por quienes Él mismo dijo que derramaría su sangre: "porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados," (Mateo 26:28)”.

LA GRACIA IRRESISTIBLE


                El cuarto punto del Calvinismo es la gracia irresistible. Este llamamiento irresistible es conocido como el llamamiento eficaz y tiene poder para provocar en el hombre pecador el deseo y la necesidad de ir a Cristo Jesús y ser restaurado de su condición caída. La confesión de fe de Westminster declara al respecto de este llamamiento eficaz: “A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente (1) por su palabra y Espíritu, (2) fuera del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo; (3) iluminando espiritual y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; (4) quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne; (5) renovando sus voluntades y por su potencia todopoderoso, induciéndoles hacia aquello que es bueno, (6) y trayéndoles eficazmente a Jesucristo; (7) de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo”. Por tanto, La gracia irresistible es el llamamiento eficaz que Dios le hace al hombre pecador el cual es capaz de quebrantar su duro corazón y atraerlo a Él con profundo arrepentimiento para obra en este el proceso de regeneración. Debido a que el hombre está espiritualmente muerto y es incapaz de responder al llamado de Dios por medios humanos, el Señor, a través del poder del Espíritu Santo, le hace un llamamiento poderoso que él no puede resistir. El llamado está incluido en el plan de salvación de Dios, ya que aquellos que ha elegido los llama con llamamiento irresistible para que sean justificados en el presente y en la eternidad glorificados: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”, (Romanos 8:29-30). Este llamamiento es irresistible y eficaz debido a las siguientes razones:

1.      Es irresistible y eficaz porque el mismo Dios Padre los ha dado al Hijo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”, (Juan 6:37).
2.      Es irresistible y eficaz porque abre el entendimiento para comprender su palabra: “Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos”, (Hechos 16:13-15).
3.      Es irresistible y eficaz porque los llamados están en las manos de Dios y nadie se los puede arrebatar: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”, (Juan 10:28-29).
4.      Es irresistible y eficaz porque proviene de su misma gracia, un don inefable que proviene de la misma naturaleza divina del Señor que nadie puede resistir: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia”, (Gálatas 1:15).

Considerando todo esto podemos entender que nadie que sea elegido por Dios puede resistir su poderoso llamado ya que no es humano. No un llamado fundamentado en la oratoria o persuasión humana, no es un lavado de cerebro ni tampoco una programación neurolingüística, es un llamado de pura gracia, la gracia de Dios, y ¿Quién puede resistirlo? Aun el más duro de los pecadores al ser expuesto a esta gracia salvadora es quebrantado, aun el dictador más duro y tirano como Nabucodonosor termino reconociendo que no hay otro como Dios: “Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia”, (Daniel 4:37). Charle H. Spurgeon dijo en cuanto a lo inútil que es llamamiento humano versus el llamado divino: “El pecador, cuando es llamado mediante un ministerio ordinario, replica: "Mañana." Escucha un sermón poderoso y dice: "Voy a volverme a Dios en tal día".  Las lágrimas ruedan por sus mejillas, pero él las limpia. Alguna bondad aparece, pero como la nube matutina, es disipada por el sol de la tentación. Dice: "yo prometo solemnemente convertirme en un hombre reformado desde este momento. Después de gozar una vez más de mi amado pecado, voy a renunciar a mis deseos y voy a decidirme por Dios." ¡Ah! Ese es solamente el llamamiento de un ministro, y no sirve para nada… Pero el llamamiento de Dios no es un llamamiento para mañana. "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazones, como en la provocación." La gracia de Dios siempre llega con prontitud; y si ustedes son atraídos por Dios, entonces van a correr tras Él, y no estarán hablando de esperar. El mañana no está escrito en el almanaque del tiempo. Mañana, está escrito en el calendario de Satanás, y en ninguna otra parte. El mañana es una roca pintada de blanco por los huesos de los marineros que han naufragado en ella; es el faro de los destructores que brilla en la costa, atrayendo a los pobres barcos a su destrucción. El mañana es la copa que el necio finge encontrar al pie del arco iris, pero que nadie ha podido encontrar jamás. El mañana es la isla flotante de Loch Lomond que nadie ha visto jamás. El mañana es un sueño. El mañana es un engaño. Mañana, ay, mañana puede ser que abras tus ojos en el infierno, en medio de los tormentos”. Cuando Dios llama nadie puede resistirse y ese es el llamamiento eficaz el que quebranta el corazón del pecador y lo conduce a un verdadero arrepentimiento para transformarlo en una nueva criatura.

LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS


                 El quinto punto del Calvinismo es la perseverancia de los santos o la seguridad de la salvación. Después de haber considerado las doctrinas de la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada y la gracia irresistible uno puede llegar a la conclusión que si hemos sido predestinados para conocerle desde antes de la fundación del mundo, si su expiación es eficaz, y nos ha preparado una herencia eterna en el reino de los cielos, entonces nuestra salvación no se puede perder. En cuanto a este punto  J. Oliver Buswell Jr. dice: “Si Dios ha elegido incondicionalmente salvar a un pueblo, y si ha provisto una expiación que asegura su salvación, por lógica es inevitable que los que Dios elige para salvación eterna han de llegar a esa salvación eterna. En otras palabras, negar la doctrina de la perseverancia de los santos es aborrecer la gracia soberana de Dios en la elección incondicional”. Por tanto, la doctrina de la perseverancia de los santos enseña que aquellos que han sido elegidos incondicionalmente por Dios y sus pecados han sido expiado otorgándoseles una salvación eterna, jamás caerán de la gracia a la cual han sido llamados, de allí que a esta doctrina también se le llame la doctrina de la seguridad de salvación. La seguridad de esta salvación está basada en las promesas del mismo Señor Jesucristo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Aquí encontramos una doble aseveración con el fin de asegurarles a sus oyentes que estas palabras son verdaderas. Jesús dice que si oímos sus palabras y las creemos tenemos vida eterna, y ya no hay más condenación. Esta vida que Jesús promete es eterna y no algo temporal, y si es eterno es para siempre y así es la salvación que Dios nos otorga por medio de Hijo, una vida eterna. Por ello la Confesión de fe de Westminster dice: “Esta seguridad no es una mera persuasión presuntuosa y probable, fundada en una esperanza falible; (1) sino que es una seguridad infalible de fe basada en la verdad divina de las promesas de salvación, (2) en la demostración interna de aquellas gracias a las cuales se refieren las promesas, (3) en el testimonio del Espíritu de adopción testificando a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; (4) este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, y por EL cual somos sellados hasta el día de la redención”.

Tratemos de ver algunos versículos que nos dan la seguridad de la salvación. La seguridad de la salvación esta fundamentada en la confianza que todos los elegidos son atraídos al Hijo por medio del Padre y nadie se perderá: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”, (Juan 6:39). Esta salvación es segura porque tiene como garantía el mismo sacrificio de Cristo quien murió para declararnos inocentes delante de Dios: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”, (Romanos 5:9-10). Nuestra salvación es segura porque el que la ha iniciado la completará: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, (Filipenses 1:6). Esta salvación crea seguridad en nuestras vidas porque se nos ha dado el Espíritu Santo que representa las aras, es decir, la garantía de esta gloriosa promesa: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”, (Efesios 1:13-14). Y teniendo el mismo Espíritu Santo que habita en nosotros nos da testimonio que somos hijos legítimos de Dios y en esta confianza nos da seguridad de nuestra salvación: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”, (Romanos 8:15-17). La seguridad de nuestra salvación se fundamenta en la promesa de Dios de preservarnos aun en medio de las peores situaciones: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”, (2 Timoteo 4:18). Y nuestra seguridad está basada en que el Señor no permitirá que seamos tentado más allá de nuestras fuerzas y siempre nos dará una puerta de escape: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”, (Romanos 10:13). De esta forma los creyentes fundamentamos la seguridad de nuestra salvación.

OBJECIONES EN CONTRA DE LOS CINCO PUNTOS DEL CALVINISMO


                Los cinco puntos del Calvinismo es una doctrina muy controversial ya que no todos están de acuerdo con ella y a lo largo de la historia de la iglesia cristiana se le ha hecho algunas observaciones que tratan de refutarla. Quizás la posición de mayor oposición es el Arminianismo el cual niega casi todos sus puntos, así que en esta última sección consideraremos algunas objeciones en contra de esta doctrina.

¿La doctrina de los Cinco Puntos del Calvinismo alienta a pecar?


Una de las críticas que generalmente se le hace a esta doctrina es que alienta a pecar. Las personas que afirman tal cosa se fundamentan en el hecho de que aquellos que saben que han sido elegidos incondicionalmente y que su salvación jamás se perderá pueden verse con cierta licencia para pecar porque, de todos modos, una vez salvo, siempre salvos, pero lo cierto es que tal aseveración carece de fundamento, porque, ¿cómo aquellos que verdaderamente han sido transformados por Cristo volverán a la inmundicia de donde Dios los saco? El apóstol Pablo lo dice de esta manera: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). Es cierto que parte de nuestro gozo como creyentes es el hecho de la seguridad que Cristo nos ofrece por la salvación que nos ha otorgado; pero ¿cómo podríamos sabiendo esto volver al pecado si ciertamente hemos muerto al mundo? Una persona que piense en pecar porque de todos modos es salvo realmente no ha nacido de nuevo porque su naturaleza no ha cambiado. Ahora bien, esto no significa que el cristiano es perfecto y o puede pecar, pero la diferencia con el impío es que rápidamente su conciencia lo acusa y no soporta estar mucho tiempo fuera de los caminos de Dios, Charles H. Spurgeon lo dijo de esta manera: “Las ovejas pueden caer en el lodo; pero sólo los cerdos se revuelcan en él”.

¿No existe el libre albedrío?


El libre albedrío es la capacidad del hombre de escoger entre lo bueno y lo malo. En el Arminianismo se afirma que el hombre posee una depravación parcial, y por tanto está dotado de una cierta capacidad para elegir lo bueno y es a través de eso que Dios lo llama y este decide responder a su llamamiento. Sin embargo, ya vimos que de acuerdo al Calvinismo, el hombre se encuentra totalmente depravado y es incapaz de responder buscar por sí mismo la salvación que Dios le otorga. Ahora bien, aquí hay tres cosas que podemos recalcar. La primera es que Dios creo al ser humano con libre albedrío, y aquí ambos grupos pueden estar de acuerdo, ya que a Adán se le dio la oportunidad de elegir entre obedecer y desobedecer el mandato de Dios de no comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal, y lamentablemente el eligió mal, esto es libre albedrio: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, (Génesis 2:16-17). Lo segundo es que el hombre perdió su capacidad de elegir lo bueno cuando desobedeció a Dios y así al entrar el pecado quedo esclavo de él, sin la capacidad de salvarse o elegir lo bueno, eso es la depravación total. Lo tercero es que cuando Dios le hace el llamamiento eficaz y lo atrae a Él a través de su gracia irresistible, parte de la regeneración que el Espíritu produce en él es la capacidad de elegir entre lo bueno y lo malo, de tal forma que el hombre regenerado recupera su libre albedrio ya que Dios produce en su interior el deseo por hacer lo bueno y apartarse de lo malo: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”, (Filipenses 2:12), y bajo este deseo el creyente lucha por limpiarse de toda inmundicia: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”, (Colosenses 3:5-10). Por tanto, una persona que ha nacido de nuevo sabe que debe hacer morir en él todo lo terrenal, no satisfacer los deseos de la carne y producir el fruto del Espíritu: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.  Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, (Gálatas 5:16-23).

¿Existen versículos que enseñan que la salvación se pierde?


Algunos opinan que la salvación se pierde ya que encuentran en la Biblia algunos versículos que parecen afirmarlo. Quizás uno de los versículos más utilizados para favorecer esta posición es el que se encuentra en la carta a los Hebreos: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,  sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”, (Hebreos 10:26-29). Si leemos cuidadosamente podríamos decir que estos que afrentaron la sangre de Cristo nunca fueron salvos porque nunca se convirtieron al evangelio, ya que el texto dice: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, es decir, estos decidieron pecar voluntariamente después que recibieron el conocimiento del evangelio, o sea, escucharon el mensaje, lo entendieron con sus mentes humanas, pero no lo creyeron en sus corazones, porque no habían sido elegidos incondicionalmente. Puede ser que alguien recibió el mensaje del evangelio y se emocionó por lo que decidió militar por un tiempo en sus caminos, pero el mensaje nunca penetro en su corazón para convertirlo genuinamente, y por ello tropezó: “Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra… Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”,  (Mateo 13:5. 20-21). Los que tal hacen podemos afirmar que nunca fueron elegidos incondicionalmente para salvación.

La doctrina de la perseverancia de los santos enseña que los cristianos no pueden pecar.


Como ya vimos la doctrina de la perseverancia de los santos enseña que aquellos que han sido elegidos incondicionalmente por Dios y sus pecados han sido expiado otorgándoseles una salvación eterna, jamás caerán de la gracia a la cual han sido llamados, ahora, ¿esto significa que los creyentes jamás pecaran? La obra salvadora que Cristo hace en nosotros nos limpia de nuestros pecados y nos da la vida eterna, también nos capacita a buscar de su gracia, nos da la capacidad de elegir lo bueno y despojarnos del viejo hombre; sin embargo, lo cristianos podemos fallar. Si el creyente es irresponsable con su crecimiento espiritual este puede volverse un cristiano carnal, tal y como le pasaba a la iglesia de Corinto: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?”, (1 Corintios 3:1-3). Ahora bien, ¿será que por el hecho de ser carnales estos creyentes de Corinto no eran salvos? En ninguna manera, sino eran hijos de Dios y por ello al principio Pablo se dirige a ellos como santos: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”, (1 Corintios 1:1-2). A lo largo de esta carta el apóstol Pablo trata de una serie de problemas que ocurrían en esta iglesia, problemas de divisiones, fornicación, abusos en la cena del Señor, mal testimonio que dañaba la conciencia de los débiles y otras cosas más; sin embargo, no solo por esto estos corintios no era salvos. Lo cierto es que a veces los cristianos podemos desviarnos del camino pero solo aquellos que realmente son salvos reconocerán su error y volverán arrepentidos a Dios, así paso con estos corintios los cuales reconocieron su error y se volvieron al Señor: “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó.  Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte”, (2 Corintios 7:8-9). Así es como Dios hace con sus hijos, aquellos que se desvían de sus caminos Él los amonesta y disciplina para volverlos a su senda. La Biblia nos enseña la importancia que tiene la disciplina en nuestra vida: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”, (Proverbio 15:32), y por eso el Señor nos disciplina en aquellas cosas que están mal con el fin de que corrijamos nuestra conducta: “y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”, (Hebreos 12:5-10). Solamente aquellos que son elegidos incondicionalmente son sus verdaderos hijos y a estos disciplina, pero aquellos que afirman ser cristianos pero persisten en sus pecados sin ningún temor y arrepentimiento, deben preguntarse si realmente son salvos, y si Dios no los disciplina, deberían preguntarse si realmente son hijos legítimos de Él.

Calvinismos versus Arminianismo ¿Quién tiene la razón?


Calvinismos versus Arminianismo ¿Quién tiene la razón? Bueno, los calvinismo afirman que ellos y que su doctrina no proviene de Juan Calvino sino de la misma palabra de Dios que es de donde la extrajo. Sin embargo, los arminianos contradicen tal afirmación y resaltan algunas cosas que están mal en esta doctrina. Para unos la salvación se pierde y para otros no se puede perder porque es un don eterno. Unos hablan de la elección incondicional y otros enseñan la elección condicional que dice que Dios elige a los individuos para la salvación, basado en su pre-conocimiento de quién será un creyente en Cristo para salvación. El Calvinismo comprende la creencia de que la gracia de Dios es irresistible, mientras el Arminianismo dice que una persona puede rechazar la gracia de Dios. El Calvinismo cree en la perseverancia de los santos y que estos jamás se perderán, mientras que el Arminianismo sostiene que la salvación está condicionada, es decir, la salvación condicional es la opinión de que un creyente en Cristo puede, de su libre albedrío, alejarse de Cristo y, por lo tanto, perder la salvación. Entonces, ¿Quién tiene la razón?

Bueno, hay algo que si podemos decir, y esto es que la teología es controversial en algunas de sus doctrinas y a lo mejor la iglesia nunca se ponga de acuerdo y estas dos posiciones, la calvinista y la arminiana, es quizás uno de los mejores ejemplos de ello. Dios nos ha revelado su palabra en las Escrituras, esta ha sido inspirada por el mismo Espíritu Santo, y este mismo ilumina la mente de los hombres para que la comprendan, y en esta comprensión cada quien interpreta la Biblia. Ahora bien, el problema está en ocasiones en la interpretación, ya que hay muchos pasajes difíciles de interpretar, tal y como el apóstol Pedro lo dijo: “Tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”, (2 Pedro 3:15-16). Por ello el estudio de la Biblia debe ser responsable y la hermenéutica trata de establecer una serie de reglas bajo las cuales debemos interpretarla para no caer en el error. Lo importante en la teología es nunca negar la divinidad de Cristo, su encarnación, la salvación no por obras sino por fe, la doctrina de la trinidad, la personalidad del Espíritu Santo, estas y otras más son doctrinas en las cuales tanto arminianos como calvinistas pueden estar de acuerdos, y son fundamentales para la salvación.

En conclusión, ¿Quién tiene la razón? ¿Podemos decir que el Arminianismo es malo? ¿Recomendamos el Calvinismo? Lo cierto es que ambas posiciones tienen cientos de años de estar en discusión y nunca han llegado a un acuerdo, y nosotros no pensamos resolverlo. Cada quien pídale a Dios el entendimiento para comprender su palabra y que esta nos ayude a vivir santa y piadosamente en esta tierra, en temor y temblor delante de su presencia, entendiendo que es gracias a la fe en Cristo que somos salvos y vivamos a la altura del llamamiento eterno que nos ha hecho.

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About Walter Cuadra

1 Comments:

  1. excelente me gusta las explicaciones historicas pues me gustaria la funcion de enseñador o profesor

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