No les impidáis a los niños ir a Cristo (Mateo 19:13-15)



“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”.
Mateo 19:13-15

INTRODUCCIÓN


               En estos tres versículos Mateo nos vuelve a presentar otro relato relacionado con los niños. Si recordamos allá en el capítulo 18 nuestro Señor toco algunos temas relacionados con los niños, y así nos habló de la grandeza de ser como un niño (Mateo 18:1-5), de ser crédulo, humilde y sencillo como un niño, luego advirtió el terrible destino que les esperaba a aquel que hiciera tropezar a uno de estos pequeños (Mateo 18:6-9), y finalmente recalco que los niños necesita la salvación que solo Él les puede dar (Mateo 18:10-14). Ahora, Nuestro Señor Jesucristo nos recalca el último tema tocado referente a los niños y nos exhorta a no impedirles a los niños a venir al Él.

Cristo-y-niños
No les impidáis a los niños ir a Cristo

LOS NIÑOS SON LLEVADOS A JESÚS


“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase…”
Mateo 19:13

               La primera parte de este versículo nos presenta una escena de la cual podemos aprender mucho, y es que vemos a los niños siendo presentados a Jesús, ahora, es de esperarse que los niños fueron presentados por sus madres: Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase. Mateo es más detallado en cuanto a explicar la razón por la cual traían los niños a Jesús ya que mientras Marcos dice: “Y le presentaban niños para que los tocase…”, (Marcos 10:13), y Lucas dice: “Traían a él los niños para que los tocase…”, (Lucas 18:15), Mateo nos detalla más al deciros que le trajeron los niños a Jesús para: que pusiese las manos sobre ellos, y orase. Sus madres habían oído todo lo que Jesús hacía en la vida de las personas, de cómo sanaba a los enfermos y cómo tenía el respaldo de Dios, por ello, como madres que deseaban lo mejor para sus hijos, esperaban que el Señor les impusiese las manos y orase por ellos. La imposición de manos sobre las personas con el objetivo de orar por ellas era más que una costumbre. Uno puede revisar las páginas de la Biblia y darse cuantas que a veces que se oraba por alguien se le acostumbraba imponer las manos, por ejemplo, cuando Jacob oró por Manasés y Efraín, los hijos de José, para bendecirlos les impuso sus manos: “Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. Y bendijo a José, diciendo…”, (Génesis 48:14-15). También vemos que Moisés oro por Josué imponiéndoles las manos cuando fue elegido como su sucesor: “Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés”, (Deuteronomio 34:9). Luego, vemos que también la iglesia acostumbra imponer sus manos sobres los hermanos para orar por ellos, así lo hicieron cuando eligieron a los primeros diáconos: “Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”, (Hechos 6:5-6). Cuando Timoteo fue ordenado al ministerio oraron por el los ancianos imponiéndoles las manos: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio”, (1 Timoteo 4:14). Y cuando Pablo fue ordenado al ministerio junto con Bernabé, oraron por ellos imponiéndoles las manos: “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”, (Hechos 13:3). Entonces vemos cómo al orar por alguien, ya sea por sanidad, o por bendición o para encomendarlo al ministerio, se acostumbraba imponer las manos.

              Por eso, cuando llevaron estos niños a Jesús lo hicieron con el propósito de que Él les impusiese las manos y orase por ellos, querían que Jesús los bendijeran, poner en sus manos el futuro de ellos, y esto nos enseña una preciosa lección. Somos responsables de llevar a nuestros niños a Jesús para que Él los bendiga. Muchos piensan que los responsables de instruir a los niños en el camino de Dios es la escuela dominical; pero lo cierto es que los principales responsables de ello son sus padres, y así lo determino el Señor desde la misma ley: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”, (Deuteronomio 6:6-9). Por ello, debemos imitar la acción de estas mujeres que llevaron sus hijos a Jesús.

UNA ACTITUD EQUIVOCADA


“… y los discípulos les reprendieron”.
Mateo 19:13

               Cuando lo discípulos vieron que les llevaban los niños a su Maestros, estos los reprendieron ya que creían que era una molestia para Él. Como ya hemos comentado anteriormente, los judíos consideraban imprudente que los niños molestaran a los hombres adultos y especialmente a los adultos, también por otro lado los discípulos creyeron que nuestro Señor Jesús estaba demasiado cansado como para atender a estos niños, los cuales eran vistos como seres sin importancia; no obstante, nuestro Señor les hará saber a sus discípulos que no deben impedirle a los niños venir a Él. Uno de los peores errores que podemos cometer es creer que los niños no necesitan de un salvador, creer que por su edad no hay necesidad de presentarle a Jesús como Salvador. Aunque los niños son adorables y hasta cierta edad parecen inocentes, no debemos olvidar que como nosotros han heredado la simiente del pecado de nuestro padre Adán, y por tanto, en ellos habita también el mal la cual se ira manifestando conforme ellos crecen. Por ello es importante que los niños sean presentados a Cristo para que puedan ser perdonados de sus pecados.

NO IMPEDIRLES A LOS NIÑOS VENIR A JESÚS


“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”.
Mateo 19:14

             Cuando Jesús vio lo que sus discípulos hacían les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Marcos nos enseña que Jesús se indignó por lo que sus discípulos hacían: “Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios”, (Marcos 10:14), y esa palabra que se traduce como indignó, proviene de la traducción del griego aganakteo (ἀγανακτέω), una palabra que se usaba cuando el vino fermentaba después de todo su proceso químico y se usaba de manera metafórica para referirse a una fuerte irritación emocional, y esto nos sugiere que Jesús verdaderamente se indignó porque querían impedir que los niños llegaran hasta donde Él. Ya en cierta ocasión Jesús advirtió del terrible destino que les espera a los que hacen tropezar a los niños: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”, (Mateo 18:6). Jesús decía: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, y eso nos enseña que podemos llegar a impedirles a los niños conocer a Cristo, así como se hace cuando se les enseñan doctrinas heréticas de otras religiones, o como lo hace el comunismo los cuales desde pequeños adoctrinan a sus niños para enseñarles que Dios no existe y todos sus ideales marxistas, o incluso, los cristianos podemos impedirles a nuestros niños el ir a Cristo cuando por descuido no los llevamos a la iglesia y les enseñamos personalmente el mensaje del evangelio. En la Biblia existe una promesa de donde se nos asegura que aquel que es instruido desde niño en los caminos de Dios, aun de viejo no se apartará de el: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”, (Proverbios 22:6). Quizás uno de los mejores ejemplos de esto es Timoteo, el cual llego a ser uno de los discípulos del apóstol Pablo y se convirtió en obispo de la iglesia de Éfeso, sin embargo, si investigamos un poco mas nos daremos cuenta de que Timoteo desde la niñez conoció las Escrituras: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”, (2 Timoteo 3:14-15). Ahora bien, Timoteo llego a conocer las Escrituras gracias a la influencia de su madre y abuela: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”, (2 Timoteo 1:5). Por tanto, los padres juegan un papel muy importante en la instrucción bíblica de sus hijos y en la Biblia encontramos una preciosa promesa que nos asegura que, si nuestros niños son instruidos en la palabra de Dios, aun en su vejes no se apartaran de ella.

JESÚS ATIENDE A LOS NIÑOS


“Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”.
Mateo 19:15


              Finalmente, Mateo nos muestra el gran amor y compasión de Jesús, ya que a pesar de los prejuicios de sus tiempos de que los rabinos no atendían niños y de lo cansado y ocupado que estaba, aun así, los atendió y oró por ellos: Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. Definitivamente Jesús estaba aquí para ministrar y bendecir la vida de las personas, podría tratarse de pescadores humildes, o de un alto funcionario, o de un leproso que nadie quería tocar, o de una mujer adúltera que todos despreciaban, y aun de estos pequeños niños, pero Jesús a todos los atendía y les mostraba el camino a Dios. Quiera Dios que nuestra vida sea así, que seamos personas que a través de nuestra vida y ministerio presentemos el mensaje del evangelio, que aprovechemos todo momento con toda clase de personas para mostrarles el camino de salvación y conduzcamos a muchos a Cristo, sin importar la edad que tengan. Que nuestra familia, amigos, compañeros de estudio o trabajo nos conozcan como personas que no desaprovechan oportunidad para presentarles a Cristo.



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