El Espíritu Santo, el que nos ayuda y nuestro Maestro (Juan 14:25-26)





“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:25-26

INTRODUCCIÓN


          Este capítulo esta casi por terminar, pero este maravilloso discurso que Jesús está dirigiendo a sus discípulos continua, de hecho, continuara hasta llegar al capítulo 16, y ya en el 17 Jesús ora por sus discípulos. Si recordamos un poco, este discurso comenzó allá en el capitulo 13 y se extiende hasta el capitulo 16, son 4 capítulos donde encontramos las ultimas palabras de Jesús hacia aquellos que iban a continuar su ministerio, palabras que enseñan mucho y los prepararon para lo que venia en el futuro. Este maravilloso discurso esta lleno de verdades espirituales que hasta el momento nos ha edificado en gran manera y no hay un discurso más grande que este que encontramos en el evangelio según Juan, si siquiera el Sermón del Monte es tan extensivo ya que solo aparece en 3 capítulos. Hoy el Señor les recuerda a sus discípulos la promesa del Espíritu Santo, el cual estaría con ellos, y por consiguiente con su iglesia.


Audador-Maestro
El Espíritu Santo nuestro Ayudador y Maestro


EL ESPÍRITU SANTO ES EL QUE AYUDA A LA IGLESIA


“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo…”.
Juan 14:25-26

            Jesús les recuerda a sus discípulos todo lo que les ha dicho: Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Podemos imaginarnos lo importante y trascendental de este momento, prácticamente son las ultimas palabras de Jesús antes de ir a la cruz del Calvario y esta compartiendo detalles de gran importancia que ayudarían a sus discípulos a continuar adelante en el ministerio que les esperaba y definitivamente esta tarea que ellos realizarían no la harían solos, Jesús ya no estaría con ellos, pero la presencia de Dios continuaría apoyándolos a través del Espíritu Santo. Hasta el momento Jesús a estado acompañándolos y enseñándoles el camino de verdad, pero llegaría el momento donde Él tendría que partir y el Espíritu Santo realizaría esa función, por ello lo llama en este pasaje consolador: Mas el Consolador, el Espíritu Santo. Ya vimos anteriormente que la palabra Consolador se traduce de la palabra griega parákletos (παράκλητος), la cual tiene un amplio significado y puede traducirse también como “Aquel que ayuda”, o el “ayudador”, y esa es una de las funciones del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento podemos ver como en determinados momentos ayudo a algunos ungidos a cumplir con los propósitos de Dios. Vemos como el Espíritu de Dios lleno de sabiduría y dio las habilidades para la elaboración del Tabernáculo y sus utensilios a Bezaleel y a Aholiab: “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo, la mesa y sus utensilios, el candelero limpio y todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, los vestidos del servicio, las vestiduras santas para Aarón el sacerdote, las vestiduras de sus hijos para que ejerzan el sacerdocio, el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado”, (éxodo 31:1-11). También vemos como el Espíritu Santo vino a la vida de algunos jueces de Israel para ayudarles en su tarea, así lo hizo en la vida de Otoniel: “Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim”, (Jueces 3:9-10). También lo hizo con Gedeón: “Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él”, (Jueces 6:34). En Jefté: “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón”, (Jueces 11:29). En Sansón: “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho”, (Jueces 14:6). Sobre Saul, el primer rey de Israel: “Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en ira en gran manera”, (1 Samuel 11:6), y así, sobre algunos escogidos de Dios que cumplían sus propósitos. Sin embargo, ahora el Espíritu Santo estaría con ellos para darles el respaldo que necesitaban en su vida cristiana, y de esto es de lo que les está hablando, por ello, después de su resurrección y antes de ascender a los cielos, les recordó esta promesa y les ordeno ir a Jerusalén a esperar el cumplimiento de esta promesa: “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”, (Hechos 1:4-9). Fue así que en el día de la fiesta del Pentecostés se cumplió esta promesa y a partir de allí el Espíritu Santo vino sobre los discípulos dándoles ese poder sobrenatural para ser testigos de su gracia, y así lo vemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde, con su ayuda testificaban y hacían prodigios en su nombre.

                EL ESPÍRITU SANTO COMO UN MAESTRO


“… el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Juan 14:26

           Aquí encontramos una de las funciones especificas del Espíritu Santo, la de Maestro al recordarnos todas las enseñanzas de Cristo Jesús y de su palabra. Así como Jesús les enseño a sus discípulos, así el Espíritu lo hace ahora. En las escrituras podemos ver su influencia y su guía para conducir a las personas a toda verdad. Por ejemplo, tenemos el caso del etíope que leía las Escrituras en el libro del profeta Isaías y no las entendía, pero el Espíritu Santo uso a Felipe para abrirle el entendimiento y explicarle su significado: “Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; más su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”, (Hechos 8:27-38). Aquí queda claro que fue el Espíritu Santo el cual a través de una persona trajo el entendimiento del pasaje bíblico a la vida del etíope, así hoy, el Espíritu Santo, por medio de otras personas o cualquier medio que considere conveniente puede enseñarnos todas las verdades bíblicas, lo importante aquí es recibir su iluminación, porque jamás lograremos comprender estas verdades espirituales por medio humanos e intelectuales, solo su dirección podrá abrir nuestra mente para comprender las riquezas de sus verdades espirituales: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”, (1 Corintios 2:14). Así que hoy en día sintámonos gozosos al saber que tenemos el respaldo del Espíritu Santo, el cual no solo está con nosotros, sino también nos enseña y recuerda las gloriosas promesas de la palabra de Dios.


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