La dicha de confiar en Dios (Habacuc 3:17-18)



“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.
Habacuc 3:17-18

INTRODUCCIÓN


Habacuc es uno de los libros cortos de la Biblia pero que bendicen a sus lectores. Habacuc es uno de los profetas menores, y si hay algo curioso en este libro es que, a diferencia de los otros profetas, este fue el profeta que hablo con Dios, y Dios le respondió, a diferencia de los otros profetas que hablaron de lo que Dios les dijo que hablarán. Realmente el contenido del libro gira alrededor de la pregunta que Habacuc tenia y esta pregunta es muy similar a la que muchas personas se hacen hoy en día.

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La dicha de confiar en Dios

                   I.                        LA PREGUNTA DEL PROFETA.


“La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”.
Habacuc 1:1-4

El libro comienza con la pregunta que el profeta le hace a Dios: La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? Habacuc vivió en un ´periodo en Judá donde sus últimos reyes fueron malos, donde el pueblo se había olvidado de Dios y la injusticia social prevalecía: ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia, esto hacia que él le preguntara a Dios por qué permitía que pasaran todas estas cosas y no hacia nada al respecto.

Hoy en día muchas personas se hacen preguntas similares. Algunos se preguntan ¿por qué Dios permite tanta maldad?, ¿por qué Dios permite que ocurran las tragedias?, ¿por qué Dios permite que existan tantos niños desposeídos?, ¿por qué Dios permite que las personas buenas sufran?, ¿por qué Dios permite que se generen nuevas enfermedades mortales? Y en general, se preguntan ¿por qué Dios permite el sufrimiento humano? Lo cierto es que la razón por la cual hay tanto sufrimiento en el mundo es por causa de la maldad del hombre. Muchas personas no han considerado a Dios en sus vidas, viven inmersos en su vida de pecado sin mostrar arrepentimiento, no están interesados en su evangelio, practican toda clase de ideologías contrarias a su palabra y otros han llegado a negar su existencia.

En este caso, Habacuc si creía en Dios, pero su corazón se cargaba viendo tantas injusticias que ante sus ojos quedaban impunes, pero él no sabia que nada ocurría fuera del control de Dios y que tarde o temprano el Señor actuaria.

                II.                        AUN EN MEDIO DE LAS TRAGEDIAS, DIOS ESTÁ OBRANDO A FAVOR DE SU PUEBLO.


“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar”.
Habacuc 1:5-8

Ante la pregunta del profeta, Dios le respondió: Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Aun con todo lo que estaba pasando, el Señor tenia en control todas las cosas, ya que mientras muchos pensaban que Dios se había olvidado de su creación y que la maldad de los hombres quedaría sin castigo, Él estaba planeando algo tan grande que, aunque se las contaran no lo creerían. Muchos malvados hacían lo que mejor les pareciera y el pueblo estaba hundido en una terrible idolatría, pero lo cierto es que Dios estaba levantando a la nación de los caldeos, Babilonia, para usarla como su medio de juicio para todos los impíos: Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y su dignidad. Sus caballos serán más ligeros que leopardos, y más feroces que lobos nocturnos, y sus jinetes se multiplicarán; vendrán de lejos sus jinetes, y volarán como águilas que se apresuran a devorar.
Ciertamente el Señor actuaria, castigando la maldad de los injustos, y trayendo en medio de ese juicio, justicia a los desamparados, ya que, aunque Jerusalén fue destruida totalmente, y muchos judíos perecieron, también Dios guardo a su remanente y les trajo justicia en medio de esta calamidad, así lo podemos ver en la vida de algunos judíos piadosos que tuvieron que vivir en la deportación, tal y como, Daniel y sus tres amigo, Mardoqueo, Ester, Nehemías o Esdras.

            Hoy en día podemos estar pasando momentos de dificultad, pero debemos confiar, porque el Señor actuara siempre a favor de su pueblo y castigara la maldad, lo único que debemos hacer es esperar su promesa, ya que ciertamente se cumplirá: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá”, (Habacuc 2:3-4). En momentos de gran incertidumbre y mucho pecado hay dos opciones, los injustos se endurecerán más para que por la dureza de su corazón sean condenados, mientras que los justos vivirán por la fe esperando el día de la redención.

             III.                        LA DICHA DE CONFIAR EN DIOS


“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”.
Habacuc 3:17-18

Finalmente, este maravilloso libro termina declarando la dicha que tenemos aquellos que confiamos en Dios: Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. El enemigo de la fe es la duda, y cuando las cosas van mal y parecen no mejorar esta puede llegar a la vida de las personas, pero es allí donde debemos confiar porque, aunque el mundo atraviese por grandes dificultades y escasez, nosotros viviremos confiados porque Dios cuidara de nosotros y nada nos faltara.

CONCLUSIÓN.


            Habacuc se afligía viendo un mundo lleno de injusticias, maldades y sufrimientos, y en medio de todo esto se preguntó: ¿Dónde estaba Dios?, y ¿por qué permitía tanta injusticia y sufrimiento? Hoy en día muchas personas se preguntan lo mismo, especialmente en momentos de crisis, sin embargo, Dios continúa sentado en su trono como soberano del universo, aunque el mundo se allá olvidado de Él y lo haya sacado de sus vidas, el Señor continúa obrando teniendo control de todas las cosas y planeando actuar para castigar la maldad de los hombres y bendecir a su pueblo. Por ello, los cristianos debemos confiar plenamente en Él porque, aunque el mundo se estremezca, Dios continúa teniendo cuidado de nuestras vidas.




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