La recompenza de la fidelidad a Dios (Génesis 41:50-54)



“Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción. Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, más en toda la tierra de Egipto había pan”.
Génesis 41:50-54

INTRODUCCIÓN
Ser fiel a Dios trae grandes recompensas y si hay un buen ejemplo de esto en la Biblia es José el cual padeció mucho de forma injusta, pero a pesar de todo ello se mantuvo fiel a su Señor y por ello fue recompensado en gran manera de tal forma que pasado sus 30 años, los nombre de sus dos hijos testificaban la misericordia que Dios había hecho en su vida.

José
La recompenza de la fidelidad a Dios  


                   I.                        DIOS ALIVIO TODO EL SUFRIMIENTO QUE VIVIÓ CON SU FAMILIA Y EN SUS DÍAS COMO ESCLAVO.

“Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre”.

En primer lugar, vemos que Dios alivio todo el sufrimiento que vivió en tiempos de su juventud, en casa de su padre, con sus hermanos que lo despreciaron y lo vendieron por esclavo a unos madianitas ya que le tenían envidia por ser el hijo favorito de su padre y por los sueños que Dios le había dado donde se veía que él llegaría a ser el principal patriarca de su familia: “Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y sus palabras. Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? Y sus hermanos le tenían envidia, más su padre meditaba en esto”, (Génesis 37:4-11). Fue a causa de esto que sus hermanos lo aborrecieron y un día que fue a buscarlos al campo, esto lo tomaron y lo vendieron como esclavo a unos comerciantes: “Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto”, (Génesis 37:28). De esta forma, José sufrió mucho en manos de sus hermanos, pero ahora, mucho tiempo después de eso, Dios le había recompensado su fidelidad, dándole bendiciones que sanaban todas sus heridas del pasado, por ello él le puso a su primer hijo el nombre de Manasés: Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.

                II.                        DIOS LE BENDIJO EXALTÁNDOLE COMO GOBERNADOR DE EGIPTO.

“Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”.

En segundo lugar, Dios recompenso la fidelidad de José haciéndole prosperar en la tierra de su aflicción. José fue vendido como esclavo a Potifar, sin embargo, Dios estaba con José y lo prosperaba en todo lo que hacia a tal punto que su amo confiaba plenamente en él: “Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía”, (Génesis 39:1-4). Sin embargo, todos conocemos la historia, de cómo la mujer de Potifar quiso seducir a José para que se acostase con ella, y esta al ser rechazada lo acusó de querer abusar de ella y por ello lo metieron en la cárcel: “Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme. Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera. Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel”, (Génesis 39:19-20). Pero a pesar de que José sufrió todo esto el Señor estaba con él: “Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba”, (Génesis 39:21-23). Dios jamás se olvidó de José, de tal forma que cuando Faraón tuvo un sueño y nadie se lo pudo revelar, le llevaron a José el cual se lo revelo, advirtiéndole de 7 años de gran abundancia seguidos de 7 años de grandes escases que venían sobre todo el medio oriente. Faraón quedo tan impactado por la sabiduría que había en José que lo declaro el gobernador de todo Egipto: “Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú”, (Génesis 41:38-40). Así vemos como Dios bendijo a José recompensando su fidelidad, haciéndolo el gobernador de Egipto, de tal forma que aquella tierra donde él había sufrido se había convertido en la tierra de su bendición, y por ello llamo a su segundo hijo, Efraín: Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.

             III.                        DIOS LO PROSPERO EN MEDIO DE UNA TERRIBLE HAMBRUNA QUE SACUDIÓ TODO EL MUNDO CONOCIDO.

“Así se cumplieron los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto. Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todos los países, más en toda la tierra de Egipto había pan”.

Finalmente, Dios recompenso la fidelidad de José, bendiciéndolo en gran manera en un tiempo de gran escases que abatía a todo el mundo oriental. A pesar de todo esto, Dios bendijo a José dándole la sabiduría para almacenar todo el alimento posible en los 7 años de abundancia, de tal forma que cuando vinieron los 7 años de escases, sus graneros estaban tan llenos que fueron capaces no solo de alimentar a todo Egipto, sino a las naciones cercanas y a su familia, preservando así la vida de la familia de Jacob.

CONCLUSIÓN.


Cuando estudiamos la vida de José uno puede ver como Dios recompensa la fidelidad de aquellos que le aman. José fue un hombre que sufrió mucho, fue despreciado por los hermanos los cuales lo vendieron como esclavo, este fue vendido a Egipto como esclavo y allí fue acusado injustamente de querer abusar de la esposa de su amo, y estando en la cárcel, mantuvo su integridad delante de Dios. Cuando fue vendido como esclavo era apenas un adolescente, pero no fue hasta sus 30 años que fue llevado a Faraón para que le revelase el significado de un sueño lo cual provoco que ganara su confianza y fue puesto así como gobernador de Egipto y se casó, engendrando dos hijos cuyos nombres significaban toda la benevolencia que Dios había hecho por él, ya que había olvidado el sufrimiento que sus hermanos le provocaron y el Señor lo había hecho prosperar en la tierra de su angustian, aun cuando todo el mundo sufría de un periodo de gran escases. Cuando somos fieles a Dios podemos estar seguros que seremos recompensados por Él, porque nadie que confié será avergonzado, por ello Santiago dice: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”, (Santiago 1:12).


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