¡Ay de los que pervierten el significado del evangelio y provocan que la gente peque! (Mateo 23:16-22)



“¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?  También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él”.

Mateo 23:16-22

INTRODUCCIÓN

                    Llegamos hoy al cuarto ay de 7 que Jesús pronuncia en contra de los lideres religiosos de su tiempo, los escribas y fariseos. Hasta el momento nuestro Señor Jesús a condenado la hipocresía de estos hombres que fingiéndose ser siervos de Dios cierran la puerta del reino de los cielos a aquellos que, si buscan su salvación, además de buscar hacer ganancias deshonestas del evangelio y conducir a la gente a sectas mentirosas que más los alejan de Dios. Ahora nuestro Señor condena su actitud de pervertir el verdadero significado de la palabra de Dios para justificar el pecado. Comencemos a estudiar estos versículos.

 

cuarto-ay
¡Ay de los que pervierten el significado del evangelio y provoca que la gente peque!


UNA MALA INTERPRETACIÓN DE SU PALABRA QUE CONDUCE A LAS PERSONAS A PECAR

 

“¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?  También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?”.

Mateo 23:16-19

                   Hasta el momento hemos considerado 3 ayes contra los escribas y fariseos, y nuestro Señor es fuerte y directo al momento de señalar el pecado de estos lideres religiosos. En cada uno de estos 3 ayes hemos podido ver una acusación en común que Jesús les hace, y es que los acusa de hipócritas (Mateo 23:13, 14,15), la cual es una palabra que hace referencia a su carácter de mentirosos que fingen ser algo que no son. Ahora, en estos versículos, nuestro Señor introducirá una nueva acusación y los llamará insensatos, ciegos y necios. En primer lugar, nuestro Señor les dice: ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.  Aquí vemos que Jesús les llama: guías de ciegos, y estas palabras se traducen del griego: jodegós tuflós (ὁδηγός τυφλός), que sugieren a un grupo de personas siendo conducidas en algún tipo de vehículo por un conductor que apenas ve las cosas nubladas. Es de esperarse que las personas que van en este vehículo sufran un accidente o se vayan en un precipicio. De esta forma, Jesús llama a estos hombres maestros de personas ignorantes, calificativos bastantes fuertes, pero esto es así porque eran estos fariseos y escribas que enseñaban mal los preceptos divinos de la palabra de Dios, y las personas que no tenían mucha comprensión y discernimiento de las verdades divinas las creían. Su acusación hacia ellos es referente al tema de los juramentos, ya que ellos decían que, si alguien juraba por el templo, su juramento no tenia valor, porque el juramento que si valía era el que se juraba por el oro del templo. Es obvio que esto molesta mucho a Jesús y se deja ver en la forma fuerte de su acusación: ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? Una vez mas los acusa con palabras fuertes y que pueden considerarse hasta ofensivas, los llama hombres insensatos y ciegos, y estos escribas y fariseos se consideraban así mismos maestros de la ley, pero Jesús les dice que no son más que unos insensatos e incapaces de entender la palabra de Dios y explicar la verdad divina de manera eficaz. Jesús contradice las enseñanzas de estos hombres, ellos afirmaban que el oro del templo era mayor que el mismo templo y, por tanto, cualquier juramento hecho sobre el templo carecía de valor y daba lo mismo si lo cumplía, que si había jurado por el oro del templo. Pero nuestro Señor dice que esto no es así, porque todo lo que este por debajo del templo es santificado por él, así como el altar santifica todo lo que se ofrece sobre él: “Por siete días harás expiación por el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare el altar, será santificada”, (Éxodo 29:37). Por esto mismo Jesús agregó: También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Así que la enseñanza de estos seudo maestros era errada y por ello los llama necios y ciegos.

                Lo malo con esta mala interpretación que estos hombres enseñaban al pueblo es que conducían a los hombres a pecar, ya que cualquiera que hubiese jurado a Dios por el templo o por el altar no estaban obligados a cumplir su juramento, porque según los que les enseñaban eran mayor el oro o las ofrendas que estaban sobre ellos. Pero esto no era así, ya que, en los libros del pentateuco, el Señor demandaba a los israelitas a que cumplieran sus votos y juramentos: “Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca”, (Números 30:2). Para Dios, cualquiera que prometiera hacer algo debía cumplir su palabra, de lo contrario seria mejor no prometer nada: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”, (Eclesiastés 5:4-5). Por tanto, todo aquel que juraba por el templo o por el altar y luego no cumplían sus promesas eran culpable delante de Dios y esto es un pecado. Podemos ver como este pecado era cometido por causa de una mala enseñanza de la palabra de Dios que los fariseos y escribas le daban al pueblo, lo cual molestaba en gran manera a Jesús y por ello los llamó guías de ciegos, insensatos, ciegos y necios, porque eso eran lo que realmente.


LA IMPORTANCIA DE LA CORRECTA ENSEÑANZA DE LA PALABRA DE DIOS

 

“Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él”.

Mateo 23:16-22

                Ante este error doctrinal, el Señor enfatiza la correcta interpretación: Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él. En general, cualquier juramento, sea hecho por el templo, o por el altar o por el cielo, jura por Dios, quien es el dueño de todo y esta por encima de todo, así que la enseñanza principal del juramento o los votos, no esta tanto en el hecho de que, si es bueno o no el jurar, sino cumplir aquello que prometemos, porque de lo contrario se nos tomara esto por pecado. Por ello en otra ocasión nuestro Señor Jesús dijo: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”, (Mateo 5:33-37). El deseo de Dios es que nuestras promesas se cumplan y no seamos mentirosos, por ello, no es necesario andar haciendo tanto juramento para impresionar a los hombres o querer darle a nuestras palabras mayor confiabilidad: “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación”, (Santiago 5:12), al final, la veracidad de nuestras palabras cobraran valor y confianza delante de los hombres de la medida que cumplamos lo que prometemos.

Se espera que el maestro de Biblia sea una persona prudente, conocedora de la palabra de Dios, apto para enseñar, ya que una enseñanza errada de esta puede conducir a las personas a pecar sin que su conciencia los acuse. A lo largo de la historia se ha visto como la enseñanza errada de la palabra de Dios conduce a los hombres a pecar, así como paso con la venta de indulgencias que hacían creer a los hombres que por solo comprarla los absolvía de sus pecados pasados, presentes y pasados y les daba la licencia para seguir pecando, o una enseñanza equivocada de las cinco doctrinas de gracia de Calvino que podría hacer pensar al creyente que una vez salvo siempre salvo, y al no perderse la salvación le da una confianza falsa para descuidar su santidad y los llevan al libertinaje, o aquellos líderes religiosos que conducen a su congregación al legalismo farisaico y lo confunden con la santidad, y ya no digamos aquellas falsas doctrinas que enseñan que Jesús no es Dios o niegan su humanidad, relegándolo a una posición inferior que hace que el hombre no ponga en Él su fe para salvación. Por ello el apóstol Pablo le insistía a Timoteo la importancia de cuidar de sí mismo y la doctrina que enseñaba, porque solo así se salvaría él y la gente que lo escuchaba: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”, (1 Timoteo 4:16). Que Dios nos ayude a todos para conocer la palabra de Dios y con la ayuda de su santo Espíritu la comprendamos poniéndola por obra para nuestro propio bien. De igual forma, oremos a Dios por aquellos que comparten las enseñanzas de su palabra para que sean guiados por el Espíritu Santo: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar”, (Efesios 6:18-20). Que Dios nos ayude a todos a comprender su evangelio y a compartirlo a otros.

 



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