La Historia de la Creación (Génesis 1-2)


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.
Génesis 1:1-2

INTRODUCCIÓN


                     Los primeros dos capítulos del libro de Génesis nos narran la historia del origen del universo. El propósito de estos capítulos no es darnos todos los detalles científicos en cuanto a la creación del universo, sino dejarnos claro que todo tiene su origen en Dios, el creador. Génesis no es un libro de ciencia, sino un libro teológico y espiritual. Por tanto, a través de Génesis 1-2 comprendemos que todo lo que existe fue creado por Dios. Desde el principio la humanidad ha estado tratando de encontrar la respuesta a la pregunta: ¿de dónde venimos? En todas las mitologías vemos como los pueblos antiguos explicaban como los dioses habían creado el universo de algo que ya existía y estaba en caos, contrario al relato bíblico que afirma que Dios creó los cielos y la tierra de la nada: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La palabra “creó” proviene del hebreo bara (בָּרָא), la cual aparece en los versículos 1, 21 y 27 del primer capítulo y se usa en referencia a crear algo completamente nuevo de la nada, lo cual es un atributo exclusivo de Dios: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”, (Hebreos 11:3). En la actualidad el hombre de ciencia ha tratado de negar el relato de la creación y ha buscado otras teorías que traten explicar la razón por la cual existimos. Así han hablado de la teoría del big bang, que afirma que el universo es resultado de una explosión cósmica cuya energía resultante dio origen al universo que hoy conocemos, y posteriormente a la vida. Otra teoría que trata de explicar nuestro origen es la obra de 1859 titulada: El origen de las especies de Charles Darwin la cual explica la idea de la evolución biológica a través de la selección natural.  Prácticamente enfatiza que el hombre es el resultado de un largo proceso evolutivo desde el primate y donde las especies más fuertes se imponen sobre las más débiles. Sin embargo, ambas posiciones, la del big bang y la de evolución de Darwin, son solo teorías que los científicos jamás han podido demostrar para que se considere una ciencia.

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La Historia de la Creación

                       Alguien ha dicho en forma de broma que creer en estas teorías requiere de más fe que creer que Dios creo el universo. Al ver su fracaso en estas teorías el hombre ha buscado otras formas de explicar nuestro origen a tal punto que han llegado a afirmar que somos producto de la plantación de ADN que los extraterrestres hicieron en el pasado, otros buscan armonizar la historia de Génesis con sus creencia desviadas; no obstante, final todas estas teorías carecen de bases científicas que las demuestren. Nosotros creemos por fe que Dios creo el universo y eso le da significado a toda nuestra existencia. Génesis 1-2 es contundente al explicarnos que Dios creo todo lo que existe de la nada, y que el Creador es diferente a la creación, contrario al Panteísmo, religión que afirma que todo es Dios. De igual forma el relato de Génesis nos enseña como Dios está en control de su creación y tiene relación con el hombre, contrario al Deísmo que afirma que Dios creo el universo constituyendo todas sus leyes físicas y químicas y luego se retiró para no intervenir en su creación. También nos enseña que Dios es uno, y no varios dioses como lo afirmaban las religiones politeístas.

Fechar el día de la creación es muy difícil, y a lo mejor imposible, ya que no podemos saber cuándo ocurrió. La mayoría de teólogos creen que el mundo en si no tiene más de 6, 000 años de existencia, contraria a la teoría de las eras geológicas que afirman que la tierra tiene millones de años de existir. Otros teólogos piensan que hay una brecha de tiempo entre los primeros dos versículos de Génesis. Creen que Génesis 1:1 muestra la primera creación, y que el versículo 2 describe una creación caída y obscura que resulto de la rebelión de Satanás y su expulsión del cielo a la tierra: “Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, ya acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector”, (Ezequiel 28:12-16). Basado en esto afirman que Génesis 1:1 nos habla que Dios creo los cielos y la tierra, pero después de la rebelión de Satanás quedo desordenada y a partir del versículo 3 el Señor comienza a re-crearla. No obstante, esta teoría no es aceptada entre la mayoría de eruditos bíblicos. Si consideramos la posición tradicional y comúnmente aceptada, en el principio Dios creo los cielos y la tierra, pero en los siguientes 6 días se dedicó a ordenar , a crear su medio ambiente y todo lo que la iba a habitar por lo cual el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas preparándose para darle vida a su creación ya que algunos dicen que la palabra hebrea utilizada allí sugiere al acción de empollar huevos: Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

LOS DÍAS DE LA CREACIÓN GÉNESIS 1:3-31


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Dios creo el mundo en seis días

                   Es curioso ver que la misma palabra que la ciencia utiliza para referirse a todo el cosmos, universo, sugiere la creación del mismo por la palabra de Dios del Libro de Génesis. La palabra universo viene del latín: Universu, compuesta de Unus que significa “uno” y “Versu”  que significa “palabra”. Por tanto, universo significa una sola palabra. Fue a través del poder de su palabra que el Señor creo en 6 días todo lo que existe en este mundo. Estos días tenemos que tomarlos literalmente como días de 24 horas ya que la Escritura no nos sugiere algo diferente. Veamos el bosquejo de lo que hizo en estos seis días y de cómo en el séptimo descanso:

1.       Primer día, la creación del día y la noche: Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día, (Génesis 1:3-5).
2.       Segundo día, la creación del cielo, la atmosfera y mares: “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo, (Génesis 1:6-8).
3.       Tercer día, la creación de continentes y vegetación: Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero, (Génesis 1:9-13).
4.       Cuarto día, la creación de los cuerpos celestes: Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto”, (Génesis 1:14-19).
5.       Quinto día, la creación de los animales del mar y las aves: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes  monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto, (Génesis 1:20-23).
6.       Sexto día, la creación de los mamíferos y del hombre: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo  creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto, (Génesis 1:24-31).
7.       Séptimo día, Dios descanso de su obra perfecta: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”, (Génesis 2:1-3).

Si nos damos cuenta para cada uno de los primeros seis días se usa la expresión: Y fue la tarde y la mañana el día..., para darnos a entender que literalmente se tratan de días de 24 horas, por lo que nosotros debemos tomar la interpretación literal del texto. Esta interpretación bíblica contradice totalmente la teoría de las eras geológicas de la tierra donde se afirma que la tierra ha pasado por millones de años a través de eras las cuales se pueden determinar de acuerdo a los estratos de rocas que se encuentran en la tierra y el tipo de fósil que tienen. Muchos han llegado a interpretar este pasaje de forma figurada diciendo que cada día es solo una expresión que denota un periodo de tiempo donde hay miles de años en los cuales ubican cada una de las eras que los científicos afirman que han ocurrido como la era Paleozoica, la era Mesozoica, etc. Sin embargo, la Biblia niega la teoría de las eras geológicas. Los científicos han llegado a afirmar esta teoría basados en las rocas encontradas en cada estrato de la tierra y en los fósiles que estos tienen.

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Teoría de las eras geológicas de la tierra que es refutada por Génesis 1

Para fechar la edad de estos fósiles o rocas usan la prueba del carbono 14 la cual a través de una prueba radioactiva de ciertos isotopos se data la fecha del objeto. Sin embargo, este método de datación de fecha junto con otros menos conocidos no es tan confiable ya que poseen un gran margen de error debido a que se basa en suposiciones que se aceptan como verdad de que tan antiguo se quiera fechar algo. Al final, todas las teorías relacionadas con la evolución no son confiables y si se consideran detenidamente violan otras leyes de la ciencia. En cambio el relato bíblico del Génesis ha encontrado un gran respaldo en la ciencia, tal y como veremos más adelante, aunque no debemos olvidar que Dios no está interesado en tal cosa, sino en que entendamos que Él es el creador del universo y de todo lo que habita en él.

LA CREACIÓN DEL HOMBRE GÉNESIS 1:26-30; 2:7-9


                   Si consideramos bien el relato de toda la creación vemos que todas las cosas fueron creadas por el poder de su palabra: Y dijo Dios: Sea la luz… dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas… Dijo también Dios: Júntense las aguas… Dijo luego Dios: Haya lumbreras… Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves…  dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes…; sin embargo, cuando llega al relato del hombre vemos lo especial que fue para Dios su creación ya que lo formó del polvo de la tierra y soplo en él aliento de vida: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, (Génesis 2:7). La peculiar forma en la cual el hombre fue creado nos habla lo especial que para Dios es el ser humano y en el relato de Génesis lo podemos comprobar debido a las siguientes razones:

A excepción del resto de la creación, el ser humano fue creado tomando polvo de la tierra lo cual lo hace diferente al resto de las criaturas, y de hecho la ciencia ha demostrado que los mismos minerales que se encuentran en la tierra están presentes en el hombre de tal forma que cobran sentido las siguientes palabras: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”, (Génesis 3:19). El nombre de Adán proviene del hebreo Adám (אָדָם), la cual tiene relación con la palabra adama la cual se usa para referirse a la tierra. En segundo lugar, a diferencia del resto de la creación, el hombre fue formado a imagen y semejanza de Dios. Esto es así porque recibió el soplo de Dios lo cual le proveyó de un espíritu inmortal a diferencia de los otros animales o plantas que no lo poseen. También vemos la imagen y semejanza a Dios en su carácter moral, en su inteligencia y capacidad de pensar, algo exclusivo del ser humano. Finalmente, Dios constituyo al hombre como el encargado de ejercer dominio sobre toda la creación. Si nos damos cuenta el capítulo dos vuelve a hacer un resumen de la creación del mundo, pero su énfasis está en destacar la creación del hombre. En los primeros dos capítulos del Génesis se usan dos nombres para Dios en la historia de la Creación. Primero, leemos el nombre Dios  que proviene del hebreo Elohim  (אֱלֹהִים) para el Creador. Luego en Génesis 2:4, se comienza a usar el gran nombre JEHOVÁ Dios  que proviene del hebreo YAHWEH (יְהוָֹה). El nombre Elohim aparece en relación a Dios como creador, mientras que  YAHWEH, es el nombre personal que Dios usa para revelarse en su relación con el hombre.

La vida del hombre en el huerto del Edén.


“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal... Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
Génesis 2:8-9, 15-17

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El Hombre en el Huerto del Edén

El capítulo 2 de Génesis se enfoca en describirnos el gran privilegio que Dios le había dado al hombre al encargarle el huerto de Edén. El huerto del Edén era un paraíso tropical cuya tierra era fértil en gran manera y producía toda clase de árbol cuyo fruto era delicioso a la vista: Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Durante este tiempo no llovía sino existía una especie de vapor que salía de la tierra y regaba las plantas: “Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, 6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra”, (Génesis 2:5-6). No olvidemos que durante el segundo día de la creación el Señor separo las aguas de arriba con las de abajo lo cual nos enseña que existía una especie de bóveda que aislaba a la tierra de los rayos solares y según algunos expertos esto provocaba una presión atmosférica al doble de la que hoy tenemos: “Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión...” (Génesis 1:6-7).  Dios le dio la orden al hombre que cuidara y lo labrase el huerto porque de los frutos de los arboles podía comer: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo Guardase”, (Génesis 2:15). Si nos damos cuenta la dieta del hombre y de todos los animales era vegetariana: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así”, (Génesis 1:29-30). Si consideramos todas estas condiciones atmosféricas, la ausencia de contaminación ambiental, el efecto de los rayos gamas del sol mitigado por la capa de ozono y la capa de agua que rodeaba a la tierra y la dieta vegetariana del hombre llegaremos a la conclusión que esto provocaba longevidad en la vida del hombre, por lo que no es extraño ver como la cantidad de años que se vivían al principio era tan grande. Cuando ocurrió el diluvio la bóveda de agua que estaba arriba se rompió y esa protección que la tierra tenia desapareció afectando así la presión atmosférica, aparte que la dieta del hombre cambio y se le permitió comer carne. Después de esto la vida del hombre comienza a disminuir: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis”, (Génesis 9:3-4).

Entre todos los árboles frutales estaban plantados dos árboles más, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Estos dos árboles son mencionados muy pocas veces en la Biblia. El primero, el árbol de la vida tenía un fruto que hacía que el hombre viviese para siempre, tal y como lo dice Dios más adelante: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”, (Génesis 3:22). Más tarde, en Apocalipsis vuelve a aparecer el árbol de la vida cuyo fruto es ofrecido a los que vencieren por medio de Jesucristo: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”, (Apocalipsis 2:7). Y también se nos dice en este árbol estará en la Nueva Jerusalén: “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones”, (Apocalipsis 22:2). El segundo árbol era el de la ciencia del bien y el mal cuyo fruto producía que el hombre perdiera su inocencia y así conociera lo bueno y lo malo, por lo que Dios le dio un solo mandamiento que era no comer de ese fruto: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”, (Génesis 2:16-17). Así el hombre fue puesto a cargo del huerto del Edén, era responsable de cuidarlo y labrarlo, podía comer de todo fruto de los árboles del huerto con la única restricción de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal.

La ubicación del huerto del Edén.


“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente… Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates”.
Génesis 2:8, 10-14


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Posible ubicación del Huerto del Edén 

De acuerdo al relato bíblico el huerto del Edén estaba ubicado en el oriente del mundo antiguo, lugar donde la mayoría de científicos afirman que comenzó la vida del ser humano. El huerto del Edén era regado por un rio que posteriormente se dividía en cuatro ramas. los cuatro ríos eran: Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el río Éufrates. Hoy en día ubicar los primeros dos ríos, Pisón e Hidekel, resulta bastante difícil. Algunos creen que  un río que hoy es llamado Karun, que nace en Irán y fluye hacia el Golfo Pérsico, es el Gihón y que un lecho seco que en el pasado fue una zona fértil pero hoy es un desierto de Arabia Saudí contuvo en su tiempo las aguas del Pisón. Sin embargo, esto solo es una teoría de otras que se han propuesto. Lo cierto es que en el pasado esta área geográfica estuvo lleno de vegetación ya que era regada por un rio que se dividía en cuatro ramas, por otro lado era una tierra rica en metales preciosos como el oro, bedelio y ónice. Hoy en día esta región está llena de desiertos y su forma original cambio en gran manera después del diluvio universal.

La creación de la mujer.


“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.
Génesis 2:18-25

El relato de Génesis 2 nos presenta también la creación de la mujer. En el capítulo anterior se nos sugiere que la mujer fue creada el mismo día que el hombre, es decir, el sexto: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”, (Génesis 1:27). Fue en el transcurso del sexto día que Dios no solo creo al hombre y los mamíferos, sino a la mujer, y durante este día se dieron todos los acontecimientos contenidos en Génesis 2:18-25. Se nos dice que antes de que la mujer fuera creada Dios hizo que vinieran a Adán todos los animales para que les pusiera nombre: Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Para muchos pareciera imposible creer que Adán se haya dedicado a ponerles nombre a todos los animales creados y que el día le haya alcanzado, sin embargo, algunos creen que para este momento no existían tantas diversidades de animales como ahora, ya que las condiciones ambientales eran las mismas, y por tanto no es esperaba que fueran miles de ellos.

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La creación de la mujer


Por otro lado, otros opinan que se tratan solo de los animales que estaban en la cercanía del huerto. Esta acción de traer a Adán los animales para que les pusiera nombre nos enseña varias cosas. La primera es que el hombre fue creado con pleno conocimiento e inteligencia, ya que podía hablar y comunicarse con Dios, aparte de que les puso nombre a todos los animales, contraria a la teoría de la evolución donde se pinta el antepasado del hombre como una especie de primate que se comunicaba a través de sonidos que emitía. La segunda es que el hecho de que los animales habían llegado donde Adán para que les pusiera nombre, nos sugiere que reconocían la supremacía del hombre sobre ellos. Con este acto los animales comprenderían la estarían sujetos a servidumbre delante del hombre. Y en tercer lugar, el nombramiento de cada uno de ellos demuestra que Adán comprendió que no había ayuda idónea para él: más para Adán no se halló ayuda idónea para él. Para poder crear a la mujer vemos que Dios hizo que Adán cayera en un sueño muy profundo: Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras dormía le extrajo una costilla de su costado y creo a la mujer de ella: y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. De una forma indirecta la mujer es formada del polvo, porque Adán proviene de él; pero de forma directa la mujer proviene de una costilla de Adán, es decir, de su propia carne con el fin de mostrarnos la inseparable unidad y comunión que hay entre ambos, por esta razón Adán exclamo cuando vio a Eva: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. El termino varona proviene del hebreo ishshá (אִשָּׁה), la cual a su vez proviene de la palabra ish (אִישׁ), que significa varón. Esta palabra hace referencia a un ser igual al hombre, pero femenina, con la cual se crea un poderoso vínculo y de allí que Moisés aclara que por tal motivo el hombre se unirá a una sola mujer para ser una sola carne, constituyendo aquí la institución del matrimonio: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. La unión de la cual se habla aquí proviene del hebreo dabác (דָּבַק), la cual sugiere más que la unión de dos cosas de diferente naturaleza, sino  una fusión de dos sustancias que vienen a convertirse a una sola, o como lo dice esta versión, una sola carne, de allí que la Biblia ordena al hombre a amar a su mujer como si fuera su propio cuerpo: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”, (Efesios 5:28-31). También es de notar que por el hecho de haber sido creada después del hombre, su existencia se vuelve de tal relevancia que viene a  completar en el hombre aquello que a él le faltaba para cumplir la misión que Dios le había encomendado de sojuzgar este mundo, de allí que ella se convierte en su ayuda idónea.  Aquel día el hombre encontró su verdadero complemento en la mujer, y ambos se volvieron una sola carne quedando el completo en todos los sentidos. En un principio ambos estaban desnudos y no lo veían a mal, ya que su inocencia no había sido perdida porque aun el pecado no había entrado en la humanidad.



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