Soteriología: La Doctrina de la Salvación


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.
Efesios 2:8


Soteriología
Soteriología: La Doctrina de la Salvación

 

INTRODUCCIÓN


                  La salvación es quizás la doctrina más importante que todos los cristianos debemos comprender, especialmente porque hoy en día existen muchas religiones y sectas que enseñan conceptos errados en cuanto al tema de la salvación del alma. Por ejemplo, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana afirma que fuera de ella no hay salvación y que esta se obtiene practicando fielmente sus 7 sacramentos. Los Testigos de Jehová enseñan que no hay vida después de la muerte, creen en la aniquilación del alma al morir y por ende no hay infierno, otros piensan que en la eternidad no habrá infierno ya que es imposible que un Dios de amor condene a las personas, otros como en el hinduismo creen en la reencarnación y que la clave en esta vida es purgar nuestros pecados meditando de día y de noche para que al morir se reencarne a una mejor vida, otros dicen que todas las religiones son buenas y que lo importante es ser sincero en su práctica para llegar a ser salvo. Sin embargo, todas estas ideas son erradas y conducen al infierno, de allí la importancia de conocer lo que la Biblia enseña en cuanto al tema de la salvación ya que de ello depende nuestra eternidad. Además, el tema de la salvación es importante estudiarlo porque aun en medio de los cristianos hay algunos temas que no se comprenden al 100%, por ejemplo, todos concordamos que la salvación es por fe, pero algunos se preguntan: ¿Dios elige a unos para salvación y otros para condenación? ¿Jesús murió solo por su iglesia y no por todo el mundo? ¿Se pierde la salvación? ¿Después que alguien cae del evangelio puede reconciliarse? ¿Qué lugar tienen las buenas obras en el evangelio? ¿Los niños son inocentes y se salvan al morir en su infancia? Estas y otras preguntas son las que el pueblo evangélico se hacen, y de allí la importancia de estudiar la doctrina de la salvación. La soteriología es la rama de la teología que estudia la doctrina de la salvación, y en esta oportunidad estudiaremos todos los temas relacionados con ella tal y como la salvación por gracia, la fe, el arrepentimiento, la confesión de pecados, la justificación, el nuevo nacimiento, la expiación, entre otros.

EL CONCEPTO BÍBLICO DE LA SALVACIÓN


               Definir el concepto de salvación es sumamente importante ya nos habla de la obra redentora que Cristo ha hecho en nosotros. Si consideramos primero el significado etimológico de las palabras que se traducen como salvación, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, podemos llegar a comprender su significado. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se usa una sola palabra para referirse a la salvación. En el Antiguo Testamento la palabra hebrea utilizada para referirse a la salvación es yeshúa (יְשׁוּעָה), y literalmente significa quitar o librar a alguien de una carga, opresión o peligro. El significado de la palabra salvación en el Antiguo Testamento está íntimamente relacionado con la liberación, y esto lo puede ver uno en diferentes pasajes, por ejemplo, Dios salvo a Israel liberándolos de la esclavitud y la opresión de los egipcios: “Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis”, (Éxodo 14:13). Los jueces fueron usados por Dios para salvar a Israel de sus enemigos trayéndoles la libertad del oprobio que les provocaban: “Después de él fue Samgar hijo de Anat, el cual mató a seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel”, (Jueces 3:31). Ezequías fue liberado de la opresión de Senaquerib rey de Asiria: “Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados”, (2 Crónicas 22:32). Más tarde salvo a Ezequías liberándolo del azote de su enfermedad: “Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida.”, (Isaías 38:20).  El salmista confiaba en Dios quien para que lo salvara liberándolo de manos de sus enemigos: “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos”, (Salmo 18:3). En Isaías se le promete a Israel ser liberado de la vergüenza y confusión de aquellos que hacen ídolos: “Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos los fabricadores de imágenes. Israel será salvo en Jehová con salvación eterna; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos”, (Isaías 45:16-17). Y así sucesivamente podemos ver que en el Antiguo Testamento la palabra salvación está íntimamente relacionada con las obras de liberación que Dios efectúa sobre su pueblo, liberación de sus enemigos, del juicio divino, de las enfermedades, del oprobio, de la calamidad, y en general, de cualquier cosa que atente con nuestra integridad física y espiritual. En cambio, la palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento para referirse a la salvación es sotería (σωτηρία), y se utiliza haciendo referencia a la liberación del hombre de la servidumbre del pecador a través de la fe en la obra de Cristo. El tema de la salvación en el Nuevo Testamento está íntimamente relacionado con la obra expiatoria de Cristo la cual libera al hombre de la culpa y del infierno.

Para comprender aún mejor el significado de la salvación podemos analizar las definiciones que otros teólogos o diccionarios han dado. De acuerdo con el Diccionario Bíblico Nelson, la salvación se define como el: “milagro divino de la emancipación espiritual del hombre del dominio y culpa del pecado y la muerte, y al goce de una vida eterna de comunión renovada con Dios”. Lewis Sperry Chafer nos dice: “La palabra salvación representa la obra total de Dios por medio de la cual Él rescata al hombre de la ruina eterna y la sentencia del pecado y le confiere las riquezas de su gracia, incluyendo la vida eterna ahora y en la gloria eternal en los cielos”. Charles Ryrie nos dice: “la salvación incluye la obra completa de Dios en traer a las personas de la condenación a la justificación, de la muerte a la vida eterna; y de alienación a la filiación. Desde la perspectiva humana, incorpora todas las bendiciones que estar en Cristo trae tanto en esta vida como en la vida venidera”. Por tanto, podemos definir la salvación como la obra milagrosa que Dios efectúa sobre el hombre perdonando sus pecados, liberándolo de la condenación eterna y haciéndolo heredero de la vida eterna por medio de la fe en la obra expiatoria de Cristo Jesús.

LA SALVACIÓN POR GRACIA MEDIANTE LA FE


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Efesios 2:8-10

                 Algo muy importante que debemos comprender en cuanto a la salvación que Dios nos ofrece es que esta no se gana por medio de las obras, sino por fe, como resultado de su bendita gracia, tal y como Pablo lo enseña en su carta a los Efesios. En estos versículos Pablo usa varias palabras interesantes en cuanto al tema de la salvación. Primeo nos dice: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Aquí se nos dice que en la salvación intervienen dos factores importantes, la gracia y la fe. ¿Qué es gracia? La palabra griega de donde se traduce gracia es járis (χάρις), la cual algunos llaman caris, de donde proviene nuestra palabra latina carisma. Literalmente esta palabra significa hacer merced con alguien que no lo merece. El Dr. Lehman Strauss solía diferenciar entre gracia y misericordia, él decía: “gracia es recibir lo que no merecemos, misericordia es no recibir lo que merecemos”. Precisamente eso es la gracia, es que alguien que no lo merezca reciba un regalo tan precioso y valioso como es la salvación de su alma, y al mismo tiempo recibe misericordia, es decir,  no recibe el pago de sus pecados, algo que si merecía. Todo esto lo recibe por fe. La palabra fe viene del griego pístis (πίστις), la cual nos dice que la salvación es a través de creer, creer que Jesús puede perdonar nuestros pecados y salvarnos de la condenación eterna. Además de esto nos dice que esta salvación no es por obras: y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Una vez más Pablo nos deja claro que la salvación no depende del esfuerzo humano, de su voluntad de hacer buenas obras, ya que es un don de Dios. La palabra don se traduce del griego dóron (δῶρον), y literalmente significa regalo, de allí que el apóstol diga que la salvación no puede ser ganada por medio de las obras ya que es un regalo de Dios. Por tanto, la obra de la salvación es producto de la enorme misericordia de Dios que la ofrece de manera gratuita a los seres humanos, todo a través de la fe en su Hijo Jesucristo, y esta jamás se ganara por medio de las buenas obras o la religión: “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”, (Gálatas 2:16).

                Ahora bien, que lugar tienen las buenas obras en todo esto. Está claro que no nos salvaremos por medio de las buenas obras pero esto no significa que no debamos hacerlas: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Lo cierto es que una vez se opere el milagro de la salvación en una persona, en su ser se crea una nueva naturaleza que lo impulsa a busca a Dios, obedecer su palabra y hacer buenas obras. Como verdaderos salvos por la fe se espera que no perseveremos en el pecado abusando de la gracia: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”, (Romanos 6:1-2). También se espera que reflejemos en nuestro carácter un fruto agradable al Señor: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, (Gálatas 5:22-23). Y también se espera que hagamos buenas obras, porque desde el momento de nuestra conversión venimos a ser un buen árbol, y es imposible que el árbol bueno de malos frutos: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis”, (Mateo 7:17-20). Como verdaderos hombres y mujeres salvos se espera que hagamos buenas obras, no porque a través de ellas seremos salvas, sino porque las obras son una evidencia de nuestra salvación. Santiago toca el tema de las obras y la fe: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”, (Santiago 2:14-18). Santiago dice que la salvación va más allá de decir que tenemos fe, nuestra fe debe evidenciarse a través de nuestras obras: Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Él pregunta cómo alguien que dice ser salvo y tener fe puede permanecer indiferente ante la necesidad de los desposeídos: Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Alguien que se comporte de esta manera y diga tener fe, esa fe es vana, porque la verdadera obra de salvación que el Señor opera transforma totalmente a la persona que cree y lo capacita para toda buena obra. Son las obras una evidencia que Cristo nos ha cambiado y estas vienen de un verdadero acto de fe, tal y como Santiago a través de nuestras obras nuestra fe se revela al mundo: Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Por tanto, todo cristiano debe vivir de tal forma que sabe que su salvación es por fe, reflejando su fe a través de sus obras.

EL ALCANCE DE LA SALVACIÓN

               
                   La salvación que Dios ha provisto al hombre es completa, de una vez y para siempre, tal y como el autor de la carta a los Hebreos dice: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, (Hebreos 10:12). Antes de la cruz el método de expiación que Dios había dejado era el sacrificio de machos cabríos con el fin de que la sangre de ellos cubrieran los pecados, pero una vez Cristo se ofreció como el sacrificio perfecto, ya no hay necesidad de ofrecer mas sacrificios: “Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”, (Hebreos 10:3-10). Por tanto, el hombre es salvo por medio de la fe en el sacrificio de Cristo el cual es suficiente para perdonar nuestros pecados. Ahora bien, esta salvación bendita opera en tres tiempos, en el pasado, presente y futuro. Veamos.

                La salvación del creyente, un hecho realizado en el pasado.


En la Biblia encontramos pasajes que nos enseñan que la salvación que Dios ha operado en nosotros es un hecho que ocurrió en el pasado: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”, (Romanos 8:29-30). Aquí vemos como Dios nos predestino desde mucho antes que naciésemos para esta tan gloriosa salvación, y a los que predestinó, llamó, y a los que llamó, justificó, y a los que justificó, glorificó. Todo esto nos indica que es un hecho que ocurrió en el pasado y que tiene su efecto en el presente, tal y como Pablo lo menciona a los corintios: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”, (Efesios 1:3-4). Por tanto, la salvación tiene un alcance en el tiempo pasado donde Dios planeó que seriamos salvos por medio del sacrificio de su Hijo, y por ello se le llama en Apocalipsis el Cordero que fue inmolado desde antes de la fundación del mundo: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”, (Apocalipsis 13:8). Aquí se nos presenta a Cristo, como un cordero que fue inmolado, es decir, ofrecido en sacrificio por nuestros pecados desde el principio del mundo, esto una vez más nos confirma que la salvación fue planeada por Dios para ser efectuada en nuestro tiempo.

La salvación es para el que cree ahora.


Es cierto que la salvación del creyente es un hecho consumado en el pasado, pero también es un hecho que es un don que se ofrece al hombre en el tiempo presente. Esta salvación actúa hoy liberándonos del yugo del pecado: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”, (Romanos 6:14). Gracias a esta salvación hoy somos libres de toda condenación: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, (Romanos 8:1). Y en general, la salvación que Dios nos ofrece nos da ahora una nueva vida: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, (2 Corintios 5:17). Por ello la salvación tiene un alcance en el tiempo presente.

La salvación seguirá operando en la eternidad.



Finalmente, la salvación también operara en el futuro ya que en la eternidad seremos glorificados y llegaremos a heredar el reino de los cielos: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”, (1 Pedro 1:3-5). De esta forma opera la salvación de Dios, siendo planeada en el pasado y consumada por Cristo en la cruz, hoy está disponible para todo aquel que cree en Él, y a través de su gracia llegamos a ser salvos y perfeccionados hasta el día que partamos de este mundo para estar con él, allí nuestra salvación se completara: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”, (1 Juan 3:2).



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About Walter Cuadra

2 Comments:

  1. hermosas reflexiones, regresare luego Dios les bendiga
    mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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