Aún muerto sus obras testifican su fe (Juan 10:40-42)


“Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí.  Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Y muchos creyeron en él allí”.
Juan 10:40-42

INTRODUCCIÓN


             Finalmente hemos llegado al final de este capítulo en el evangelio según Juan, y en estos versículos vemos como nuestro Señor decide retirarse de Jerusalén aun lugar menos conflictivo con el fin de recargar fuerzas, ya que su momento se acercaba: Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí. En estos pocos versículos se nos vuelve a recordar la vida de Juan el bautista, un hombre muy sencillo pero lleno del Espíritu Santo, el cual aún muerto, su obra y ministerio testificaban a muchos de las grandes cosas que hizo para Dios. Veamos como finaliza este capítulo.

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Aún muerto sus obras testifican su fe

JESÚS SE RETIRA A UN LUGAR APARTADO


“Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí”.
Juan 10:40

           Después de sus acaloradas discusiones con los líderes religiosos, los cuales procuraban su muerte, Jesús decide hacer un alto en su vida y retirarse a un lugar solitario donde pudiera estar a solas con sus discípulos y del estrés de la persecución. Esto que Jesús hacia no era muestra de debilidad o de cobardía, tampoco era imprudente u osado en aventurarse más allá de lo que lo razonable exigía, Él estaba allí para hacer la voluntad de Dios y sabía que su momento de morir aun no había llegado, y por eso sabia retirarse cuando las cosas se ponían muy difíciles. También esto nos recuerda que a pesar que Jesús es Dios, también es hombre perfecto, y como tal estaba sujeto a la condición débil que nosotros también tenemos, ya que se cansaba, sentía ansiedad, experimentaba toda clase de sentimientos y sentía la necesidad de retirarse a descansar por un momento de todo lo que día a día hacía. No cabe duda que la vida de Jesús era muy exigida y su cuerpo humano se cansaba requiriendo de vez en cuando el descanso. Esto nos enseña que todos nosotros también necesitamos por momentos apartarnos de tanta ocupación y descansar de nuestras tareas diarias, ya que el cuerpo no es capaz de resistir una vida de afán y duro trabajo, con mucho estrés y preocupación, sin nada de descanso, y esto de descansar de las tareas cotidianas hasta cierto punto es algo que puede tener su argumento bíblico. Todos sabemos que la ley que fue dada a Israel tenia no solo el propósito de enseñarles como santificarse y acercarse a Dios, sino también como vivir. Por ejemplo, el no comer algunos animales que la ley llamaba inmundos como el cerdo, aparte de tener su trasfondo religioso en cuanto a no ser inmundos delante de Dios, también traía ventajas en cuanto a una alimentación sana en la dieta de los israelitas. De igual forma, el guardar el sábado, por un lado, el principal propósito consistía en dedicarle el día a Dios para adorarlo: “Seis días se trabajará, más el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá”, (Éxodo 31:15). Sin embargo, a través de este mandamiento Dios introducía el concepto de la necesidad de descanso de toda tarea y trabajo una vez a la semana. De igual forma, hoy en la actualidad se acostumbra apartar el domingo como el día de descanso. Así como este principio nos enseña que el hombre debe descansar de sus obras un día a la semana, así también hay momentos en los cuales se necesita apartarse de tantas obligaciones y presiones diarias para renovarse y volver a la vida cotidiana.

              Podemos ver que Jesús se retiró a una parte que ya conocía: Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan; y se quedó allí. Podemos imaginarnos que ante la gran presión que nuestro Señor Jesús sufría prefirió retirarse a un lugar conocido donde había tenido experiencias espirituales cuyos recuerdos le fortalecían, ya que es muy probable que esa parte del Jordán donde Juan el bautista había bautizado, sea donde le bautizó a Él, y allí su Padre le hablo: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, (Mateo 3:16-17). Nosotros podemos aprender de este versículo dos cosas. Una, es que hay momentos en la vida donde necesitamos hacer una parada y descansar de todas nuestras tareas con el fin de renovarnos para continuar adelante. Dos, podemos acudir a aquellos lugares que nos transitan paz y donde hallamos experimentado experiencia con Dios y nos ayude a entrar en comunión con Él.

AUN MUERTO SUS OBRAS TESTIFICAN SU FE


“Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Y muchos creyeron en él allí”.
Juan 10:41-42

               En estos últimos dos versículos encontramos un precioso ejemplo de como Dios honra al que lo honra, porque aun muerto, la gente recordaba sus obras y testificaban de ellas: Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Uno puede ver como Dios puede glorificarse en personas sencillas ya que realmente Juan no era ningún gran rabino o sacerdote, era un hombre que jamás dio gran testimonio de sí mismo, sino solamente procuro exaltar al Mesías y preparar el corazón de los judíos para que cuando este apareciese lo pudieran seguir: “Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”, (Juan 1:19-23). El ministerio de Juan fue muy corto, quizás unos pocos meses ya que después de la aparición de Cristo muchos de sus discípulos lo dejaron para seguirlo y con el tiempo fue encarcelado por Herodes Antipas donde murió decapitado, así terminaron los días de este hombre, aparentemente olvidado en un calabozo, pero casi tres años después, aquella obra que este hombre realizo era recordada. Hoy en día la iglesia recuerda a este valeroso hombre, un verdadero ejemplo de servicio y santidad, un verdadero instrumento de Dios, alguien que sin realizar ni un tan solo milagro hizo grandes cosas para Dios: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Aun después de tanto tiempo, su obra permanecía y muchos creían por esto ya que todo lo que había dicho acerca del Mesías se había cumplido, y así el pueblo lo tuvo como un verdadero profeta de Dios: Y muchos creyeron en él allí. Esto nos al aquel texto de Hebreos 11 donde se nos recuerda las obras de Abel por las cuales alcanzo gran testimonio: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”, (Hebreos 11:5). De igual forma, hoy nosotros podemos llegar a hacer grandes cosas para Dios, sin importar nuestra condición social o económica, o incluso nuestras propias capacidades, lo único que el Señor necesita es a alguien con fe, no necesita a grandes magnates o empresarios, aunque también a ellos los puede usar, sino que generalmente se complace en usar hombres o mujeres sencillos que a los ojos de esta sociedad no valen mucho. Así usó a Moisés, un hombre de 80 años que había huido de Egipto por un homicidio y apacentaba ovejas que ni siquiera eran de suyas, usó Aod, un juez de Israel que era zurdo; algo que se veía con desprecio y gran desventaja en sus tiempos: “Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita, el cual era zurdo. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab”, (Jueces 3:15), uso a Samgar, un hombre que derroto con una vara para arrear bueyes a 600 filisteos: “Después de él fue Samgar hijo de Anat, el cual mató a seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel”, (Jueces 3:31); usó a David, un pastor de ovejas que era despreciado por su familia; uso a Ruth, una moabita cuyo pueblo había sido condenado por sus terribles pecados; uso Pedro, un ignorante pescador que se convirtió en un poderoso predicador, y así como Pablo dice, Dios se complace en usar a lo menospreciado de este mundo para vergüenza del mismo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”, (1 Corintios 1:26-29). Por tanto, aunque ante los ojos de este mundo seamos personas insignificantes, para Dios podemos llegar a hacer grandes cosas por medio de nuestra fe. Como Juan el bautista esforcemos por ser fieles en nuestro servicio a Dios y aun muertos nuestros frutos permanecerán para gloria y honra de su nombre.



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