Los niños necesitan a Cristo como Salvador (Mateo 18:10-14)


“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.
Mateo 18:10-14

Introducción



           Para finalizar el tema de la grandeza de ser como niños y como estos necesitan ser salvos por medio de la fe en Cristo, Mateo nos presenta el valor del alma que todos los seres humanos tiene delante de Dios y aquí se incluyen hasta la de los niños y nos lo hace ver a través de tres formas. La primera es considerado como los ángeles que son seres protectores de los creyentes le dan importancia a los niños que buscan de Dios; segundo, el mismo Jesús declara que Él ha venido salvar a todos aquellos que están perdidos en sus pecados, y obvio, los niños están incluidos en esa lista; y tercero, a través de la parábola de la oveja perdida, donde el tema centrar es que Dios no desprecia a nadie y aun por el mas pequeñito de los pecadores arrepentidos muestra su misericordia. Veamos como Mateo desarrolla este tema.


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Los niños necesitan a Cristo como Salvador


El llamado de Dios a evangelizar a los niños


“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños…”
Mateo 18:10


             El Señor Jesús nos hace la advertencia de no menospreciar a los niños: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños. En los tiempos de Jesús existía una gran discriminación entre los mismos judíos, ya que se consideraban a los niños y mujeres como inferiores al hombre, y por tanto, no tenían los mismos privilegios religiosos que un hombre normal gozaba. Por ejemplo, no se consideraba apropiado que los niños corrieran a recibir un rabino, es más ni siquiera se les permitía que hablasen con uno de ellos ya que se consideraba algo impropio de su tiempo; sin embargo, el Señor nunca se sujetó a estas tradiciones erradas, sino al contrario, exhorto a que a esto pequeñitos no se les impidiese venir a Él. Lo cierto es que Dios se ha preocupado porque su palabra llegue a todas la personas, sin importar su sexo, edad, nacionalidad o condición social, incluso desde la misma dispensación de la ley podemos ver la realidad de esta aseveración: “Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella”, (Deuteronomio 31:12-13). Si nos damos cuenta, la orden era enseñar su palabra, para que todos aprendiesen a temerle y vivir en obediencia con el fin de prolongar la vida que el Señor les estaba otorgando en la nueva tierra donde habitarían; y esta ordenanza estaba dirigida tanto a hombres, como a mujeres, como a niños, como a extranjeros, nadie podía quedarse excluido. Para Dios la instrucción bíblica ha sido tan importante ya que de ello depende la salvación de su pueblo, por ello les exhortaba a enseñar sus decretos a todas sus generaciones: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”, (Deuteronomio 6:6-9). El deseo de Dios es que nadie se aparte de Él, porque de lo contrario el pecado los destruirá, sin embargo, cuando se piensa en aquellas personas que necesitan escuchar la palabra de Dios para que se vuelvan de sus pecados pensamos en los adultos; pero lo cierto es que los niños necesitan escuchar este mensaje de salvación, y allí que la misma Biblia da una promesa de instruir al niño en el temor de Dios y este aun siendo viejo no se apartara de sus caminos: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”, (Proverbios 22:6). Un buen ejemplo del cumplimiento de esta promesa es Timoteo, el cual desde niño fue instruido en el evangelio: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”, (2 Timoteo 3:14-15). Fueron su madre y abuela quienes lo instruyeron en la palabra de Dios: “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”, (2 Timoteo 1:5). Susana de Wesley es otro buen ejemplo de cómo su instrucción bíblica a sus hijos le ayudo para que estos llegasen a ser hombres de bien. Fue la madre de John Wesley y Carlos Wesley. El primero se constituye en el hombre que pudo delinear el carácter de toda una nación y trajo un gran avivamiento a Inglaterra siendo el fundador del Metodismo.  Carlos llegó  a ser uno de los más grandes escritores de himnos de todos los tiempos. Si nos damos cuenta el deseo de Dios es que instruyamos a los niños en sus caminos con las promesas que la semilla del evangelio será sembrada en sus corazones y los convertirá en hombres y mujeres de bien. Por todo esto, no debemos menospreciar a los niños sino conducirlos a Cristo.

El alma de los niños es de gran valor para Dios


“… porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.
Mateo 18:10-14


                 Nuestro Señor muestra su gran interés en la salvación de los niños que a través de tres declaraciones lo hace ver. Primero nos ensaña que no debemos despreciar a los niños porque aún hay ángeles que los cuidan como lo haría con los adultos: porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Este versículo es un tanto difícil de interpreta, y algunos afirman que aquí el Señor nos dice que existen ángeles que cuidan a todos los niños; pero por la misma Biblia podemos comprender que entre los diferentes ministerios que estos seres celestiales tienen está el de cuidar a los escogidos de Dios y ayudarles en determinados momentos. En la Biblia podemos ver como cuidaban de su pueblo y siervos: protegieron a Israel en su travesía por el desierto: “y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo”, (Éxodo 33.2). Fueron al auxilio de Eliseo cuando los sirios lo sitiaron: “Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”, (2 Reyes 6:13). Fue un ángel de Dios el que cerró la boca de los leones para que no dañaran a Daniel cuando este fue arrojado al foso: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo”, (Daniel 6:22). En general la Biblia afirma que los ángeles del Señor cuidan la vida de sus hijos, así lo dice en Salmos 91: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos”, (Salmo 91:11), y en Salmo 34: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”, (Salmo 34:7). Y aquí en Mateo tenemos este versículo que nos dice que aun los niños pueden estar bajo el cuidado de estos seres celestiales: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”, (Mateo 18:10). Por tanto, si esto es así, no debemos menospreciar a los niños, sino debemos preocuparnos por conducirlos a los pies de Cristo para que sus almas sean salvas. En segundo lugar, no debemos menospreciar a los niños porque Cristo vino a este mundo a salvar a los pecadores, y ellos están incluidos en este grupo: Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. Muchos piensan que los niños están exentos de pecado y que sus almas no están contaminadas por la maldad de este mundo, pero se equivocan; un niño, al igual que un adulto han pecado: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, (Romanos 3:23-24). La Biblia dice que todos hemos pecado y que solo a través de la fe en Cristo podemos llegar a ser salvos, y esto incluye a los niños. En tercer lugar, el Señor nos enseña la importancia de salvar el alma de un niño a través de narrar una parábola: ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. En Israel cuando una oveja se perdía el pastor solía dejar a las demás ya sea en un redil o con otros pastores responsables para luego internarse por todas las veredas y lugares desiertos hasta encontrarla. A veces pasaban muchos días antes de que el pastor encontrara a su oveja perdida y aquellas personas que lo conocían esperaban ansiosamente su regreso, de tal forma que cuando este volvía con la oveja perdida se hacía gran celebración y el corazón del pastor se regocijaba al encontrar a su oveja y salvarla. Aquí se deja ver el gran interés del pastor por la perdida, porque aun teniendo 99 más, no la menosprecio y la dejo perderse. Así es nuestro Señor que muestra su interés por todos los pecadores e incluso aun por lo niños, y si El es así, cuanto mas su iglesia debe mostrar su interés genuino por todos los pecadores incluyendo a los niños que tanto necesitan que se le comparta el evangelio. Por todo esto Jesús dice: Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Como iglesia somos responsables de compartir el evangelio con nuestros niños porque de lo contrario estos crecerán compartiendo los principios anticristianos de este mundo y se perderán en medio de tanto pecado, pero quiera Dios que desde muy pequeños los conduzcamos a los pies de Cristo.





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