¿Somos trigo o solo cizaña? (Mateo 13:24-30)

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.
Mateo 13:24-30

Introducción


             A continuación el apóstol Mateo nos presenta la segunda parábola de 7 que se relatan en este capítulo 13. Una vez más nuestro Señor Jesucristo utiliza otro acontecimiento cotidiano de la vida en palestina para enseñar en forma de parábola las verdades de la palabra de Dios. Las siguientes seis parábolas nos hablan acerca de cómo es el Reino de Dios ya que las mismas palabras que Jesús utiliza nos lo sugiere: Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante…, (Mateo 13:24, 31, 33, 44, 45, 47). Además esta parábola es semejante en cuanto a su temática a la parábola de la red, que es la séptima en relatarse por Mateo en este capítulo, ya que ambas nos hablan del juicio venidero y de cómo Dios separara los justos de los injustos. Veamos entonces en esta oportunidad la parábola del trigo y la cizaña.

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¿Somo trigo o solo cizaña?

El Reino de Dios en medio de este Mundo


“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue”.
Mateo 13:24-25

                     El reino de Dios o reino de los cielos es un concepto que aparece en el Nuevo Testamento, y mayormente en los evangelios sinópticos de Mateo, Lucas y Marcos. Por ejemplo, la palabra reino de Dios aparece 71 veces en el Nuevo Testamento de las cuales 53 se encuentran en los evangelios sinópticos; mientras que la palabra reino de los cielos aparece 33 veces únicamente en el evangelio según Mateo, y no en otra parte de la Biblia. Pero, ¿qué significado tiene el reino de Dios o de los cielos en la Biblia? El reino de Dios o reino de los cielos son términos intercambiables que nos hablan del gobierno absoluto de Dios sobre su reino, lo cual nos indica que tiene un reino, es decir fronteras dentro de las cuales ejerce su soberanía. En el Antiguo Testamento estas palabras no aparecen pero a través de sus títulos Dios se presenta como el gran Rey que tiene su soberanía sobre todo el mundo: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan… ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria.”, (Salmo 24:1, 10). Desde y desde el principio de la humanidad el Señor se constituyó como el Rey de toda la creación y estableció al hombre como el encargado de reinar como segundo en este mundo: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”, (Génesis 1:27-28). Lamentablemente todos sabemos que el hombre perdió su derecho de reinar en este mundo por causa del pecado y así Satanás tomo ventaja apoderándose temporalmente del reino terrenal de esta tierra: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”, (1 Juan 5:19). Por eso cuando Jesús fue tentado le ofreció los reinos de esta tierra porque a él se le han entregado temporalmente: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, (Lucas 4:5-8). Sin embargo, este reino de Satanás es limitado únicamente por la voluntad de Dios y un día lo perderá porque en el Antiguo Testamento se anunciaba por los profetas: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”, (Miqueas 4:1-3). Lo cual es una clara alusión al reino milenial que nuestro Señor Jesús establecerá: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años”, (Apocalipsis 20:4). Por tanto, un día el reino de Dios se extenderá y tomara control de todo este mundo y Jesús será su Rey, pero mientras tanto, el reino de Dios es mas de carácter espiritual que material, pero se extiende a lo largo de este mundo por medio del anuncio del evangelio que transforma al hombre y lo hace heredero del mismo: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”, (Mateo 4:17). Solo cuando el hombre es liberado de las cadenas de su pecado puede convertirse en heredero del reino de Dios: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”, (1 Pedro 2:9).

                Ahora bien, en estas seis parábolas encontramos más información acerca de cómo es el reino de Dios y en la parábola del trigo y la cizaña Jesús hace una comparación diciendo que es semejante a un hombre que sembró buena semilla pero luego vino un hombre malo y sembró la cizaña: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. De alguna manera esta parábola del trigo y la cizaña guarda alguna relación con la del sembrador. Si recordamos un poco la parábola del sembrador nos enseña que el reino de Dios avanza en la medida que la palabra de Dios tiene su efecto transformador en los corazones de los hombres, y aquí en esta parábola estamos viendo que el reino de los cielos es consecuencia de la efectividad de esta buena semilla, que es la palabra de Dios: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Sin embargo, se nos dice que un enemigo, que es el diablo, vino y sembró entre esta buena semilla cizaña. Más adelante el mismo Jesús explica el significado de cado uno de los elementos de esta parábola: “Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo”, (Mateo 13:37-39). Esto nos enseña algunas cosas importantes. La primera es que por la obra de Cristo muchos hemos venido a ser hijos del reino de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”, (Juan 1:12-13). La segunda es que estos han sido plantados temporalmente en este mundo como la iglesia del Señor la cual ha sido llamada a testificar del amor de Cristo. Esto significa que es imposible que la iglesia se aislé del mundo pero debe aprender a vivir separada de sus tradiciones y practicas pecaminosas, en completa santidad: “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo”, (Juan 17:14-18). Finalmente, podemos aprender también que los hijos del reino viven en medio de los hijos del malo. Estos hijos del malo no son en sí aquellos que públicamente aceptan que son incrédulos, sino son los que encubiertamente se mueven en medio de los verdaderos cristianos y se hacen pasar por hijos de Dios pero realmente son usados por Satanás como piedras de tropiezo.

¿Cómo Reconocer el Trigo de la cizaña?


“Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.”
Mateo 13:26-28

                Los últimos versículos de esta parábola nos enseñan más acerca de cómo la iglesia ha sido sembrada en medio de la cizaña. La cizaña es una de las plagas que los agricultores están tratando de combatir constantemente la cual no se reconoce sino hasta que el tiempo de la siega llega. Por eso los siervos del padre la reconocieron: Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Era tan grande la cantidad de cizaña que creció en el campo que los siervos del padre se admiraron y se preguntaron de donde había salido esta mala semilla, pero el padre de familia les dijo que esto había sido una obra de un hombre malo: Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Ante esto los siervos le pidieron al padre de familia que los dejase arrancarla pero no se los permitió ya que en este proceso podían arrancar el verdadero trigo junto con la cizaña: Y los 
siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. El problema con la cizaña es que difícilmente se reconoce cuando está creciendo junto con el trigo, aparte que tiende a enrollarse alrededor del verdadero trigo de tal forma que si no se tiene cuidado puede arrancarse junto con el trigo. No es hasta que el trigo crece que se puede diferenciar de la cizaña. En primer lugar el trigo produce granos que son utilizados para hacer pan, pero la cizaña es estéril, solo producen un 10% de granos que son de color negro y si se comen tienen un sabor amargo, da náuseas y vómitos, y si se consume en grandes cantidades produce la muerte ya que es venenosa. Por tanto, la forma de reconocer la cizaña es porque después de cierto tiempo no da frutos comestibles y los que da son dañinos a la salud del ser humano. Si nos damos cuenta esta cizaña representa a hombres inicuos que han sido plantados por el diablo con el fin de hacerse pasar por cristianos y la única forma de reconocerlos es después de cierto tiempo que sus malas obras los sacan a la luz. Estas son personas que nunca se sujetan a las autoridades eclesiásticas: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”, (Hebreos 13:17). Muchos de estos solo causan daño a la iglesia con sus palabras y acciones: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”, (2 Timoteo 4:14-15). También estos se mezclan entre los verdaderos creyentes con el fin de obtener lucro, crear contradicciones o pleitos entre hermanos de los cuales Judas advierte el terrible fin que les espera: “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”, (Judas 11-13). Y en general se reconocen porque no dan frutos, es más sus obras son dañinas para la iglesia ya que han sido plantados por el mismo diablo para ser piedra de tropiezo.

El Destino de la Cizaña


“Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.
Mateo 13:28-30

                   En estos versículos encontramos el destino que la cizaña tendrá. Cuando los siervos del padre de familia le pidieron que los dejara arrancar la cizaña se los prohibió ya que corría el peligro que arrancaran el trigo junto con la cizaña: Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. Todo esto significa que la cizaña que es plantada directamente por el diablo se confundirá en medio de la iglesia del Señor por un tiempo, pero se reconocerá el uno del otro con el tiempo a través de los frutos que cada uno dé. Será imposible que los que no han nacido de nuevo den el fruto agradable para el Señor porque no tienen al Espíritu Santo. El mejor momento de retirar la cizaña es cuando el tiempo de la siega llega ya que a través de sus frutos es fácil reconocer la una de la otra: Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero. Según esto el tiempo de la siega corresponde al final de los tiempos cuando Cristo venga en su segunda venida a dar el castigo por sus obras a todos los impíos entre los cuales estarán aquellos que durante toda su vida fingieron ser miembros de una iglesia y solo sirvieron de piedra de tropiezo: “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga”, (Mateo 13:40-43). Cada uno recibirá su recompensa y por eso debemos asegurarnos de ser verdadero trigo y no cizaña ya que solamente el verdadero trigo heredara la vida eterna.


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