Pecados que destruyen a la humanidad (1 Corintios 6:9-11)


“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,  ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.
1 Corintios 6:9-11

INTRODUCCIÓN


                   En esta oportunidad el apóstol Pablo quiere dejar bien claro en la mente de la iglesia de Corinto lo terrible que es el pecado. Corinto era un ciudad puerto lo cual abrigaba personas de todas partes de Grecia y si en algo se caracterizaba era por la vida de pecado que allí se practicaba. Pecados como la idolatría, la fornicación, los robos, el homosexualismo, el adulterio y otros más eran practicados en Corinto de una forma tan normal que no se veía mal. Sin embargo, Pablo quería que todos comprendieran que todas esas prácticas que eran de lo más normal para las personas eran terribles pecados que los destruían y condenaban al infierno. En medio de toda esta maldad se encontraba la iglesia de Corinto y por ello Pablo será contundente en decirles que no se vayan equivocar porque los injustos no heredaran el reino de Dios.

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Pecados que destruyen a la humanidad


LOS INJUSTOS NO HEREDARAN EL REINO DE DIOS


“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?...”
1 Corintios 6:9

                 La iglesia del Señor esta llamada a ser luz en medio de estas tinieblas y por ello Pablo a amonestado a los corintios cristianos con el fin de que mantenga la unidad entre ellos, a que no toleren el pecado entre sus miembros y a cuidar el buen testimonio con el fin de no poner tropezadero en la vida de los incrédulos, tal y como pasaba cuando peleaban entre ellos en los tribunales. Ahora bien, el pecado había contaminado tanto el mundo de los corintios que sus prácticas no eran consideradas como algo inmoral o escandaloso a tal punto que si los cristianos de Corinto no tenían cuidado podían contaminarse con esta maldad y por ello les dice: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? A veces no es tan obvio entre el mundo la gravedad del pecado ya que se ha convertido en prácticas tan normales que no se consideran malas, pero el evangelio es claro al decir: “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, (Romanos 6:23). A continuación Pablo lista una serie de pecados que se practicaban en Corinto, los cuales son muy comunes en nuestros tiempos y de los cuales debemos cuidarnos.

LOS PECADOS EN CORINTO


“… No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,  ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.
1 Corintios 6:9-10

                  Pablo quiere dejar claro que nadie que practique la injusticia heredara el reino de Dios. Para los corintios no era tan grave practicas estos pecados, especialmente porque todo el mundo lo hacía y por esta razón Pablo dice: No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,  ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. De igual forma hoy en día se practican estas maldades y el hombre no las considera pecado, sino se justifica a sí mismo afirmando que no es tan malo como algunos predicadores lo hacen ver, y de hecho ya ni siquiera se menciona la palabra pecado, sino que se utilizan otros calificativos que buscan mitigar la gravedad del mismo. Por ejemplo han llegado a decir que la borrachera es una enfermedad, a la avaricia deseos de prosperidad, al adulterio mala elección, al homosexualismo diferente preferencia sexual, a la fornicación promiscuidad, y así sucesivamente, pero lo cierto es que todos estos y muchos más son pecados que conducen al ser humano al mismo infierno. Veamos cada uno de los pecados que aquí aparecen.

                El pecado de la fornicación.


En primer lugar habla de los fornicarios. Esta palabra proviene del griego pórnos (πόρνος) de la cual proviene nuestra palabra española pornografía y describe a una persona que practica las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Este tipo de práctica era muy común en Corinto, especialmente porque el ambiente promovía a esto ya que allí se encontraba el templo de Afrodita la diosa griega del amor y placer, y dentro de este templo se encontraban las sacerdotisas de Afrodita las cuales no eran más que rameras, y en medio de este ambiente perverso estaba la iglesia de Corinto la cual se exponía a esta clase de tentación. De igual forma hoy en día vivimos en un mundo plagado de pornografía que constantemente esta incitando los impulsos sexuales de los hombres por lo que la fornicación es muy practicada en nuestra sociedad. Muchos quieren mitigar la gravedad de la fornicación afirmando que el hombre está en su derecho de satisfacer su necesidad sexual pero lo cierto es que es un pecado terrible que conduce al infierno. Por esta razón Dios ha provisto la forma de como el hombre tiene que satisfacer sus necesidades sexuales y es por medio del matrimonio: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”, (Hebreos 13:4). No debemos equivocarnos al pensar que la fornicación no es un pecado solo porque la mayoría de personas la practican y por eso Pablo dice: No erréis; ni los fornicarios… heredarán el reino de Dios.

El pecado de la idolatría.


En segundo lugar están los idolatras. La palabra griega que se usa aquí es eidololátres (εἰδωλολάτρης) la cual describe a una persona que adora ídolos o falsos dioses. En tiempos de Pablo existían decenas de dioses falsos a cuyas imágenes los paganos adoraban. De igual forma hoy en día existen muchas religiones que engañan a sus miembros arrastrándolos a creer en falsas doctrina y a dorar a imágenes y falsos dioses. En este mundo se alaba el hecho de que alguien sea religioso sin saber que sus tradiciones y prácticas idolatras son abominación a Dios. Este pecado es tan terrible que los primeros dos de los diez mandamientos lo prohíben: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”, (Génesis 20:3-6). Desde tiempos antiguos el pecado de la idolatría ha destruido al hombre y por ello debemos reconocer que solamente existe un solo Dios: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”, (1 Timoteo 2:5). Por eso debemos alejarnos de este terrible pecado y como Pablo decía: No erréis… ni los idólatras… heredarán el reino de Dios.

Otros pecados sexuales.


En tercero, cuarto y quinto lugar Pablo menciona a los adúlteros, afeminados y los que se echan con varones. La palabra adultero se traduce del griego moijós (μοιχός) la cual describe a una persona que ya se encuentra casado pero tiene relaciones sexuales con otra persona que no es su cónyuge. La otra palabra, afeminado, proviene del griego malakós (μαλακός) la cual describe a una persona del género masculino que se comporta tan delicado que su comportamiento se asemeja al femenino. Y la tercera clase de pecadores que se menciona en este grupo son los que se echan con varones y se traduce de una sola palabra griega que es arsenocoítes (ἀρσενοκοίτης), la cual también se puede traducir como sodomita u homosexual. Si nos damos cuenta estos tres pecados junto con el de fornicación son vistos como practicas normales en el mundo, pero lo cierto es que son perversidades sexuales que desagradan a Dios. Estos pecados han destruido la condición moral de la humanidad. Por ejemplo, el homosexualismo había colmado tanto las ciudades de Sodoma y Gomorra que fue uno de los pecados por los cuales Dios destruyo las ciudades y tanto era el descaro que intentaron tener relaciones sexuales con los ángeles que llegaron a la ciudad: “Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos”, (Génesis 19:4-5). También en tiempos de los jueces de Israel, una guerra interna se dio por causa de la perversidad de la homosexualidad algunos hombre de la tribu de Benjamín que intentaron violar a un levita, pero al final terminaron abusando de su concubina hasta matarla: “Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos”, (Jueces 19:22). El mismo rey Salomón se perdió debido a su vida de fornicación con las mujeres extranjeras: “¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras”, (Nehemías 13:26). En general, los pecados de origen sexual no solo degradan la dignidad del ser humano, sino traen una terrible desgracia sobre el ser humano como hogares desintegrados, hijos abandonados por sus padres, abortos y enfermedades venéreas. Este mundo perverson ya no ve mal este tipo de pecado, de hecho lo justifican promoviendo la promiscuidad y el falso respeto a la orientación sexual; pero lo cierto es lo que Pablo dice: No erréis; ni los fornicarios… ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios.

El pecado de robar.


En séptimo lugar están los ladrones. Esta palabra se traduce del griego kleptes (κλέπτης), de donde deriva la palabra cleptómano, y describe a una persona amante de tomar lo que no le pertenece. En la antigüedad el robo era bastante común  a tal punto que había leyes romanas que lo prohibían. Solía ocurrir robos de túnicas en los balnearios públicos, también se consideraba robo cuando la cuantía era de al menos 10 dracmas, o cuando se realizaban asaltos de noche o se entraba sin permiso a una casa ajena.  Hoy en nuestro tiempo el robo se ha convertido en un delito estatal, pero más que esto es un pecado que condena al infierno. El pecado de robar generalmente está acompañado por la codicia que es el deseo descontrolado de querer tener las cosas, lo que impulsa a las personas a robar. Uno puede ver como este pecado afecto al mismo Judas ya que durante el tiempo que estuvo con Jesús robaba de la bolsa del tesoro: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella”, (Juan 12:6). Este pecado lo llevo a convertirse en un gran codicioso a tal punto que un día decidió vender a su propio Maestro por treinta piezas de plata sin saber que eso lo conduciría a la condenación eterna: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,  diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”, (Mateo 27:3-5). Así muchos se condenaran debido a que practican este pecado y por eso Pablo dice: No erréis… ni los ladrones… heredarán el reino de Dios.

El pecado de la avaricia.


En octavo lugar, Pablo habla de los avaros. Esta palabra se traduce del griego pleonéktes (πλεονέκτης) la cual hace una referencia a una persona cuya ansias de tener riquezas lo vuelve una persona que no le gusta compartir lo que tiene con los demás aun cuando los vea padecer necesidad. Este pecado es tan sutil que aún se puede dar en la iglesia del Señor y se refleja en nuestra generosidad al momento de ofrendar. Lo cierto es que la avaricia es un pecado que condena. La avaricia ha conducido a miles de hombres a su ruina por su deseo descontrolado por tener riquezas. Por ejemplo, cuando Jesús narro la parábola del sembrado dijo que la razón por la cual la palabra de Dios no tiene efecto en el corazón de algunas personas es porque su amor por las riquezas los desvían del camino de salvación: “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”, (Mateo 13:22). Jesús dijo que nadie puede servir a Dios y a las riquezas: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”, (Mateo 6:24). Y Pablo dijo que el amor al dinero es raíz de muchos males: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, (1 Timoteo 6:10). Por eso la avaricia es un terrible pecado que nos mete en un afán por hacernos ricos convirtiéndose en nuestro dios y alejándonos del camino de salvación por lo que Pablo dice: No erréis… ni los avaros… heredarán el reino de Dios”.

El pecado de la borrachera.

En noveno lugar están los borrachos. Esta palabra griega es mézusos (μέθυσος) y describe a una persona que abusa del vino hasta quedar completamente ebria. En los tiempos de Pablo el vino era un elemento muy común en la dieta de las personas del Medio Oriente, especialmente porque el agua escaseaba y en Grecia no era la excepción. Generalmente el vino que se bebía era una combinación de tres partes de agua con dos de vino por lo que su consumo mínimo no provocaba las borracheras. Sin embargo, en ocasiones había personas que abusaban del uso del vino llevándolos a comportamientos verdaderamente vergonzosos. En algunas partes de Grecia existía una fiesta dedicada al dios Dionisio, el dios del vino y las bacanales que eran una festividad donde las borracheras y el desenfreno sexual se practicaban. El uso excesivo del vino siempre ha sido presentado en la Biblia como una práctica de degrada moralmente a sus consumidores, tal y como lo vemos en el caso de Noé que por causa de su borrachera expuso su desnudez a sus hijos: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre”, (Génesis 9:20-23). También vemos como Belsasar al estar completamente borracho cometió blasfemia delante de Dios lo cual provocó su muerte: “El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra”, (Daniel 5:1-6). Por ello la Biblia advierte en proverbios las terribles consecuencias de la borrachera: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde?  ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor. Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades. Serás como el que yace en medio del mar, o como el que está en la punta de un mastelero. Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; me azotaron, mas no lo sentí; cuando despertare, aún lo volveré a buscar”, (Proverbios 23:29-35). Estos versículos de Proverbios nos describen los terribles estragos y la fuerte adicción que el vino provoca en la vida de los seres humanos hasta arrastrarlos al infierno y por eso Pablo dice: No erréis…. ni los borrachos… heredarán el reino de Dios.

            El pecado de maldecir.

                En décimo lugar aparecen los maldicientes. La palabra griega de donde se traduce maldiciente es loídoros (λοίδορος) la cual describe a una persona que abusa de los demás con palabras ofensivas. En el Antiguo Testamento existía una costumbre de maldecir a las personas y por eso en la ley Dios puso algunas prohibiciones en cuanto a esto: “No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová”, (Levítico 19:14). También la ley prohibía maldecir a un principal de Israel: “No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo”, (Éxodo 22:28). En ocasiones se permitía que el pueblo maldijeran a ciertos pecadores: “El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones”, (Proverbios 24:24). Sin embargo, se abusó demasiado y se solía maldecir a las personas durante cualquier discusión y toda maldición que las personas proferían con sus labios no era más que el resultado de la ira por lo que  Jesús prohibió tal práctica diciendo que cualquiera que ofendiera a su hermano era tan culpable como el homicida y quedaría expuesto a las llamas del infierno: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”, (Mateo 5:21-22). Si nos damos cuenta la maldición que profiere una boca proviene de un corazón lleno de ira y es un pecado tan terrible como lo es el homicidio el cual se conduce al infierno. Por esto Pablo dijo: No erréis… ni los maldicientes…  heredarán el reino de Dios.

El pecado de la estafa.

                 Finalmente, en onceavo lugar está los estafadores. Esta palabra griega proviene del griego járpax (ἅρπαξ) y describe a una persona que engaña a otros con el fin de sacar lucro. Hoy en día vivimos en un mundo donde se ha dicho que el fin justifica los medios, donde la ley favorece al culpable por dinero, donde la ley civil permite el soborno, donde el engaño en los negocios es algo normal y donde los patronos no le pagan su salario justo a los trabajadores; pero lo cierto es que Dios aborrece a los estafadores. No debemos olvidar que Dios ama la verdad en lo íntimo por lo que jamás aprobara la mentira y fraude que se comete en la estafa: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”, (Salmo 51:6). Generalmente en los negocios se da mucho la estafa como cuando se tienen pesas falsas para engañar a los compradores y aumentar así las ganancias por lo que la Biblia dice: “Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto”, (Levítico 19:36). En proverbios Dios dice que abomina a los que estafan a los demás en los negocios usando pesas falsas: “Abominación son a Jehová las pesas falsas, y la balanza falsa no es buena”, (Proverbios 20:23). Y en Miqueas nos dice que los estafadores que engañan a los demás con pesas falsas serán condenados: “¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?”, (Miqueas 6:11). Otra forma de como el ser humano estafa al prójimo es cuando el patrono no le paga al obrero su pago justo lo cual desagrada al Señor: “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos”, (Santiago 5:4).  En general, Dios está en contra de cualquier tipo de estafa o fraude: “Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor”, (Ezequiel 22:12). Por esta razón Pablo decía: No erréis… ni los estafadores…  heredarán el reino de Dios.

UNA IGLESIA NO VIVE SEGÚN ESTAS COSTUMBRES


“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.
1 Corintios 6:11

                 Después de advertirles a sus lectores que nadie que viva llevando una vida de pecado heredara el reino de Dios, Pablo le recuerda a la iglesia de Corinto que ellos que antes vivían de esa forma ahora han sido llamados a santidad y son justificados por la fe en Jesús. Es importante que la iglesia no se contamine con los pecados que se practican en el mundo, especialmente porque en el mundo se minimiza la gravedad de los mismos y en ocasiones hasta se censura el uso de la palabra pecado, pero todos debemos huir de ellos ya que conducen al infierno y no debemos dejar de predicar que a través de Jesús podemos encontrar el perdón de nuestros pecados.


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