La Cena del Señor: Comunión entre los santos (1 Corintios 11:17-22)

“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”.
1 Corintios 11:17-22

INTRODUCCIÓN


             El resto de de versículos del capítulo 11 de 1 Corintios el apóstol Pablo toca el tema de la cena del Señor. En el cristianismo solo existen dos ordenanzas que nuestro Señor Jesucristo instituyo y que la iglesia evangélica debe practicar hasta su venida, la primera, el bautismo el cual es un testimonio público al mundo que hemos sido cambiados por Dios y fue instituido directamente por nuestro Señor Jesucristo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, (Mateo 28:19). Este bautismo en agua simboliza la muerte al viejo hombre, sepultura y resurrección a una nueva vida en Cristo Jesús, tal y como Pablo lo explica en su carta a los Romanos: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”, (Romanos 6:3-4). La segunda ordenanza que nuestro Señor Jesús dejo establecida fue la cena del Señor y esto lo vemos en su ultimas pascua: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”, (Lucas 22:19). En el caso del bautismo en aguas solo se repite una sola vez, pero la santa cena es una ordenanza santa que se repite tantas veces como la iglesia quiera establecer ya que al hacerlo recuerda los padecimientos de nuestro Señor Jesucristo y anuncia su muerte hasta su pronto regreso, lamentablemente los creyentes de la iglesia de Corinto no estaban honrando este santa ordenanza por lo que Pablo procederá a amonestarlos.

cena-Señor
Abusos del al cena del Señor

LA CENA DEL SEÑOR: UN MOMENTO DE COMUNIÓN ENTRE LOS SANTOS


“Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados”.
1 Corintios 11:17-19

              Lo que Pablo va a mencionar a continuación es parte de una reprimenda ya que los cristianos de la iglesia de Corinto estaban abusando de la cena del Señor: Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. La cena del Señor junto con el bautismo fueron practicadas desde el principio por la iglesia primitiva tal y como lo vemos en Hechos de los apóstoles: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”, (Hechos 2:46). Aparte de la cena del Señor también existía otra fiesta que celebraban en la iglesia primitiva la cual era conocida como la fiesta ágape la cual posiblemente fue inspirada en las tradicionales fiestas sociales que los paganos hacían conocida como erasno donde se reunían a comer y beber hasta emborracharse y generalmente terminaban en orgías. La tradición consistía en que cada uno llevaba según sus posibilidades alimentos para compartir con los demás de tal forma que los de mejor posición social y económica aportaban en mayor proporción que lo pobres con el fin de juntarlo todo y distribuirlo equitativamente a tal punto que todos fuesen saciados con los alimentos. La diferencia de los ágapes de los cristianos con las fiestas que los paganos celebraban es que estas últimas eran sectarias, es decir, solo se realizaban para ciertos estratos de la sociedad, generalmente las más privilegiadas, siendo los pobres y esclavos excluidos de ellas, y así solían haber diferencia entre libres y esclavos, ricos y pobres, romano y bárbaro, griego y judío a diferencia del cristianismo que enseñaba que no hay diferencia de clase social, raza o cualquier otra barrera que los separe y les impidiera compartir en una fiesta de verdadera comunión. Al final de compartir los alimentos con todos solía repartirse la cena del Señor y se cantaban himnos de adoración. No obstante, el egoísmo había llenado el corazón de los más ricos de la congregación ya que al parecer algunos de ellos llegaban y comían antes que los pobres se sirviesen por lo que Pablo les decía: Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. Ya Pablo dejo claro su opinión en cuanto a las divisiones que se dan entre los creyentes al formar diferentes agrupaciones y en esto caso hace referencia a otro tipo de divisiones que son aquellos que se dan dentro de la misma congregación donde cada uno realiza su “grupito” exclusivo. Así los ricos habían creado sus grupos elites y no compartían con los más pobres de la congregación y esto no era agradable a los ojos del Señor.  

LOS ABUSOS DE LA CENA DEL SEÑOR


“Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”.
1 Corintios 11:20-22


             Estos versículos aclaran un poco mejor la situación que estaba pasando y de la cual hemos estado hablando. Unos se reunían para saciar su gula y embriagarse desvergonzadamente, posiblemente influenciados por las fiestas paganas y por ello el apóstol les dice que mejor sería que se quedaren en sus casas si su fin era ese: Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? El objetivo de estas fiestas era compartir con los más necesitados y tener comunión los unos con los otros, pero en lugar de eso se avergonzaban a los más pobres que al llegar a la reunión eran segregados a lugares menos privilegiados y prácticamente no disfrutaban del banquete ya que sus posibilidades económicas eran escasas: ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo. Al final, los más ricos terminaban saciados de comida y hasta ebrios, mientras que los pobres se iban con el estómago vacío, y al finalizar la cena del Señor esto en lugar de ser un momento de edificación espiritual era un tropiezo que ponían en sus propias vidas y así abusaban de esta santa ordenanza. Lo que puede aprender uno de esto es que en la iglesia no deben existir grupos que segreguen a cierta clase de creyentes a grupos menos privilegiados y de esto Santiago nos dice: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”, (Santiago 2:1-8). En segundo lugar, Jesús ha constituido la cena de Señor como un momento de comunión que es practicada desde el tiempo de la iglesia primitiva: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”, (Hechos 20:7) y donde todos los santos se pueden reunir con el fin de tener un momento de comunión los uno con los otros y así recordar los padecimientos de nuestro Señor Jesucristo y a anunciar su pronto regreso, y de esto Pablo nos habla en los siguientes versículos.

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