La mayor de todas las herencias (Romanos 8:16-17)


“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.
Romanos 8:16-17

INTRODUCCIÓN


A lo mejor el sueño de muchas personas seria heredar un reino en España o Inglaterra, o heredar una gran fortuna, eso sin duda es el anhelo de algunas personas, pero si hay una herencia que supera a cualquier herencia de esta tierra es la que Dios nos ofrece. El apóstol Pablo en estos versículos nos afirma que como hijos de Dios venimos a ser sus herederos y coherederos con Cristo: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.  Sin embargo, ¿Qué es lo que heredamos? Veamos al menos tres cosas que heredamos en Cristo Jesús.


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La mayor de todas las herencias


                        I.         HEREDAMOS EL PERDÓN DE PECADOS Y LA VIDA ETERNA.


“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”.
Hechos 26:18

Antes de ser herederos de Dios tenemos que ser salvos de la condenación eterna y por ello cuando Pablo fue llamado, el Señor lo comisiono para que a través de la predicación del evangelio las almas se salvaran y así recibir la herencia entre los santificados, es decir, los salvos por medio de la fe. De esta forma hoy los cristianos podemos heredar la salvación de nuestras almas y esta es posible gracias al sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario: “Sí que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador”, (Hebreos 9:15-16). Es gracias al sacrificio de Cristo que hoy podemos llegar a ser no solo salvos de la condenación eterna sino herederos de la vida eterna.

                      II.         HEREDAMOS EL TÍTULO DE HIJOS DE DIOS Y DE TODAS SUS PROMESAS Y BENDICIONES.


“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”.
Gálatas 4:4-7

Generalmente aquellos que heredan son los hijos, con pocas excepciones podemos encontrar historias donde un siervo o persona ajena a la familia herede algo, tal y como Abraham creía que le pasaría cuando no tenía hijos: “Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa”, (Génesis 15:3). Estando en pecado era imposible heredar las promesas de Dios, sin embargo, hoy en día, gracias a la fe podemos llegar a ser hechos hijos de Dios y clamar ¡Abba, Padre! Ahora bien, esto de convertirse en hijo de Dios no solo es un título que se gana por pertenecer a una religión humana, sino que es una obra sobrenatural de Dios que opera a través del Espíritu Santo una vez ocurre el arrepentimiento de nuestros pecados y se cree en Cristo tal y como Juan lo enseña : “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, (Juan 1:12). Una vez somos constituidos hijos de Dios por medio de la fe heredamos todas sus promesas, promesas como la morada del Espíritu Santo, promesas de sanidad, prosperidad, protección divina, sus dones espirituales, su respaldo, la seguridad de que escuchará y responderá a nuestras oraciones, la promesa de que proveerá a nuestras necesidades, el experimentar el gozo, paz y justicia, y en general Él promete estar a nuestro lado todos los días de nuestra vida. Todas estas promesas son heredadas únicamente por sus hijos.

                    III.         HEREDAMOS UNA MORADA EN LOS CIELOS.


“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”.
1 Pedro 1:3-4

            Finalmente, Dios promete que heredaremos una morada en el reino de los cielos. Pedro alababa al Señor porque según su gran misericordia nos ha hecho renacer para una esperanza vida por medio de la fe en Jesús con el fin de que recibamos una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible reservada en los cielos para nosotros. El mismo Señor Jesús animo a sus discípulos que se iba a prepararle morada a todos ellos: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”, (Juan 14:1-3). La misma Biblia nos dice que Dios ha preparado un lugar hermoso en los cielos para todos aquellos que se salven por medio de la fe, un lugar de descanso eterno: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, por el medio de la calle de la ciudad, también, a ambos lados del río, el árbol de la vida, con sus doce frutos, dando cada mes su fruto. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”, (Apocalipsis 21:1-4).

CONCLUSIÓN.


               En esta tierra muchos quizás no podamos llegar a heredar mayores bienes materiales, pero en Cristo Jesús podemos llegar a recibir una herencia espiritual la cual es mejor que cualquier herencia de esta tierra. El deseo del Señor es que:

1.     Heredemos el perdón de pecados y la vida eterna.
2.     Heredemos el titulo de hijo de Dios y todas sus bendiciones y promesas.
3.     Heredemos una morada celestial en el reino de los cielos.



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