Buenas nuevas de gran gozo (Lucas 2:10)



“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo”.
Lucas 2:10

INTRODUCCIÓN

           
En la antigüedad, cada vez que los reyes querían comunicar un mensaje de gran importancia a sus súbditos enviaban a sus heraldo los cuales se encargaban de recorrer, ya sea a pie o en caballo, todos los rincones de los pueblos del reino para que este mensaje llegara a oídos de todos los súbditos. De igual forma un día Dios envió a un heraldo, a un ángel a comunicar un mensaje que traía buenas de gran gozo a los hombres de esta tierra. Era una noche más en los campos de Judá, en Belén, y he aquí un ser celestial, un ángel del Señor se les apareció a unos humildes hombres anunciándoles un mensaje que traía buenas nuevas de gran gozo, el nacimiento del Mesías, el Salvador del mundo. Sin duda este a sido el más grande y glorioso de todos los mensajes, y de hecho la palabra evangelio proviene de una palabra griega compuesta que significa buenas nuevas, y estas son de gran gozo para todos aquellos que lo escuchan. Pero, ¿por qué decimos que el evangelio trae buenas nuevas de gran gozo a la vida del hombre? Veamos algunas razones.

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Un ángel anuncia buenas nuevas de gran gozo


                               I.            SON BUENAS DE GRAN GOZO PORQUE ANUNCIAN LA SALVACIÓN DE NUESTRAS ALMAS.


“Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”.
Lucas 2:11

En primer lugar, son buenas nuevas de gran gozo porque nos anuncian el camino a nuestra salvación, lo cual fue anunciado aquel día a los pastores que cuidaban sus rebaños: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. La Biblia es clara al mostrarnos el estado pecaminoso del hombre y nuestra gran incapacidad de salvarnos a nosotros mismos: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos”, (Romanos 3:9-18). Bajo esta precaria condición se encuentra el hombre y está totalmente perdido: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, (Romanos 3:23). Sin embargo, Dios en su infinita misericordia y al considerar nuestra incapacidad de salvarnos a nosotros mismos proveyó un camino por medio del cual podemos ser salvo, este camino es Jesucristo y el que nos rescata de la condenación eterna: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, (Efesios 2:1). Por ello estas noticias son de gran gozo porque nosotros necesitábamos un Salvador y aquel día fue anunciado su nacimiento.

                            II.            SON BUENAS NUEVAS DE GRAN GOZO PORQUE NO EXCLUYEN A NADIE.


“Porque no hay acepción de personas para con Dios”.
Romanos 2:11

Son buenas nuevas de gran gozo porque es una salvación que no excluye a nadie. Hoy en día existen religiones que excluyen a ciertas personas, ya sea por el color de su piel, por su nacionalidad, sexo o clase social. Por ejemplo, uno podía ver las duras diferencias que existían en los tiempos de Jesús con judíos y samaritanos, cada uno poseía su propia religión y no se aceptaban el uno con el otro tal y como lo vemos en la historia de la mujer samaritana: “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”, (Juan 4:9). Sin embargo, nuestro Dios no hace acepción de persona, sino abre las puestas de la salvación a todos aquellos que quieran correr a Él, sin importar su condición, raza o sexo los convierte en un solo pueblo: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”, (Efesios 2:11-16). Por todo esto son buenas nuevas de gran gozo.

                         III.            SON BUENAS NUEVAS DE GRAN GOZO PORQUE LA SALVACIÓN NO ES POR OBRAS SINO POR FE.


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Efesios 2:9-11

Otra de las razones por las cuales el evangelio son buenas de gran gozo es porque la salvación no depende de nuestras obras, sino de Cristo, de lo que hizo en la cruz del Calvario, de su victoria sobre el pecado y la muerte. Lo único que necesitamos es creer y seremos salvos: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Todas las religiones del mundo nos piden sacrificios, buenas obras y penitencias, aferrarnos a sus tradiciones y rituales para ser salvos, pero lo cierto es que nada de eso agrada a nuestro Dios santo, el mismo Isaías declara que nuestras buenas obras son como trapo de inmundicia: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”, (Isaías 64:6). Que bueno es saber que Cristo es el sacrificio acepto delante del Padre y que hoy nosotros a través de la fe en Él podemos ser presentados sin pecado y libres de la condenación eterna: “Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”, (Colosenses 1:21-23). Ahora bien, si bien es cierto que somos salvos por medio de la fe, sin obras, eso no significa que no debamos hacerlas, ya que cuando Dios nos salva, cambia toda nuestra naturaleza y como hijos santos de Dios debemos reflejar a través de nuestras buenas obras el gran cambio que ha ocurrido en nosotros, tal y como Pablo continúa diciéndolo: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Nuestro agradecimiento y gozo es tal que las buenas obras nos acompañan y sirve de testimonio al mundo de lo que Dios puede hacer en las vidas de los seres humanos: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”, (Mateo 5:16).

CONCLUSIÓN.


Aquel día un ángel se le apareció a unos humildes pastores de Judá que cuidaban en la noche sus rebaños y les dieron nuevas de gran gozo porque el Cristo, el Salvador del mundo había nacido en un pesebre. El evangelio son buenas de gran gozo porque:

1.      Nos anuncian el camino de salvación.
2.      Porque su mensaje no excluye a nadie.
3.      Porque ofrece una salvación que es por fe y no por obras.

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