Pneumatología: La Doctrina del Espíritu Santo (Parte I)



“Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”.

Efesios 3:16

INTRODUCCIÓN

                   En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo oraba porque Dios afirmase los corazones de los cristianos en esta iglesia y que fuesen fortalecidos por medio del Espíritu Santo. Hoy en día nosotros conocemos la importancia que el Espíritu Santo tiene en nuestras vidas ya que es el que nos fortalece y guía en este peregrinar cristiano. En el Nuevo Testamento el Espíritu Santo ha tomado un papel determinante en el avanzar de la iglesia a tal punto que varios ministros del evangelio reconocen la participación importante que este tiene en esta dispensación. David Yonggi Cho dijo: “Nos encontramos en la era del Espíritu Santo”, Charles Ryrie dijo también: “Muchas personas han llamado al siglo veinte el siglo del Espíritu Santo. El surgimiento y propagación del pentecostalismo con su gran énfasis en los ministerios del Espíritu Santo, y el florecimiento del énfasis del dispensacionalismo en las obras del Espíritu son características de esta edad”, y esto ciertamente es así. Sin embargo, a todo esto, podríamos preguntarnos: ¿Quién es el Espíritu Santo? Creemos que esta es una pregunta muy importante que merece respuesta. El Espíritu Santo es Dios mismo y la tercera persona de la trinidad divina, como tal, tiene una participación importante a lo largo de las edades, aunque generalmente pasa desapercibido. A diferencia del Padre y el Hijo que tienen un protagonismo claro en las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo no muestra una participación tan visible, aunque sus obras desde la creación, el ministerio de Jesús y la actividad de la iglesia en esta tierra testifican su existencia e importancia. Su existencia ha sido puesta en duda, se ha considerado una fuerza reactiva, un soplo o solo un don; pero la iglesia ha llegado a confirmarlo como Dios y persona. Pocos estudios se hacen respecto a Él, sin embargo, el estudio de su persona y divinidad es crucial para la fe cristiana. En este sentido vamos a iniciar el estudio de la Pneumatología es una palabra griega compuesta de dos términos griegos, pneuma (πνεῦμα), que significa espíritu y logía (λογία), que significa tratado o estudio. En este sentido, la Pneumatología es el estudio de la doctrina del Espíritu Santo, la cual es la parte de la teología que considera la divinidad y personalidad del Espíritu Santo, así como su acción y participación en la historia de la humanidad, desde la misma creación, su acción en el Antiguo Testamento, en el ministerio de Jesús, en la dispensación de la iglesia y su función como el paracleto del cristiano. Se Estudia su obra regeneradora en el hombre, la morada y el bautismo del Espíritu Santo, así como los dones y el fruto del Espíritu. La doctrina del Espíritu Santo constituye una de las doctrinas fundamentales de la teología cristiana, sin embargo, algunos teólogos consideran que es un tema doctrinal un tanto descuidado en las iglesias. Al respecto, Myer Pearlman dice con respecto a la doctrina del Espíritu Santo: “Sin embargo, debemos admitirlo, se trata de la doctrina descuidada. El formalismo y temor al fanatismo han provocado una reacción en contra de la necesidad de recalcar la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente. Naturalmente, ello ha dado como resultado la frialdad espiritual, porque no puede haber cristianismo vital aparte del Espíritu Santo”. por tanto, se vuelve importante que como cristianos estudiemos esta doctrina. Comencemos pues este estudio.


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 La Doctrina del Espíritu Santo


¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

               Definir a Dios, así como a una de sus tres personas de la trinidad divina no es tan fácil. De acuerdo con la Confesión de fe de Westminster, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad divina: “En la unidad de Dios hay tres Personas de la misma sustancia, el mismo poder y la misma eternidad: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo”. El teólogo Charles Hodge dice al respecto del Espíritu Santo: “Luego del mismo Dios, que se dice que es Espíritu, para expresar su naturaleza como la de un ser inmaterial e inteligente; y, finalmente, la Tercera Persona de la Trinidad se llama «Espíritu» por vía de eminencia, probablemente, por dos razones: Primero, porque Él es el poder o eficiencia de Dios, esto es, la persona por medio de quien se ejerce directamente la eficiencia de Dios; y segundo, para expresar la relación con las otras personas de la Trinidad”. De acuerdo con estas palabras, el Espíritu Santo es Dios, pero su nombre hace referencia a su naturaleza como ser inmaterial, es decir, no tiene una forma específica, pues es espíritu, pero al mismo tiempo es un ser inteligente. También lo identifica como el ente por medio del cual Dios ejerce su fuerza o poder de forma directa y eficiente, lo cual no significa que Él sea una fuerza activa, como los Testigos de Jehová afirman, sino que actúa dentro de la Trinidad como el Ser Soberano ejecutante del poder de Dios, y por ello Myer Pearlman dice: “El Espíritu Santo es el poder ejecutivo de la deidad, la cual trabaja en todas las esferas, tanto físicas como morales”. Por todo lo antes expuesto podemos decir que el Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad, como ser es inmaterial, pero posee su personalidad propia, es el que actúa a favor de la iglesia, convenciendo al mundo de pecado, operando el milagro del nuevo nacimiento, regenerando al pecador arrepentido, repartiendo dones espirituales a los hombres, produciendo en ellos el fruto del Espíritu y en general habitando en el corazón de cada redimido. Tres cosas importantes podemos obtener de esta definición:

 1.       El Espíritu Santo es Dios y como tal goza de los mismos atributos que las otras dos personas de la Trinidad.

 2.       El Espíritu Santo es una persona, y como tal posee las características para serlo.

 3.       El Espíritu Santo realiza una obra importante en la vida del ser humano.

Estudiemos estos numerales por separado.


EL ESPÍRITU SANTO ES UNA PERSONA

                    Uno de los ataques doctrinales más fuertes en contra del Espíritu Santo es el ataque hacia su personalidad. Comprender el hecho de que es una persona ha sido difícil para algunos ya que si bien es cierto en ninguna parte de la Escritura encontramos al Espíritu Santo hablando de sí mismo, tal y como lo hace el Padre o el Hijo, pero su existencia y personalidad se evidencia en la palabra de Dios. Lewis Sperry Chafer dijo respecto a la personalidad del Espíritu Santo: “En la enseñanza de las verdades fundamentales relativas al Espíritu Santo debería hacerse un énfasis especial sobre el hecho de su personalidad. Esto es porque el Espíritu no habla ahora de si mismo; mas bien, Él habla de lo que oye (Juan 16:13; Hechos 13:2), y Él dice que ha venido al mundo para glorificar a Cristo (Juan 16:14)”. Por tal motivo, muchos se han atrevido a afirmar que el Espíritu Santo no es una persona, y se refieren a Él como “algo”, o como una “cosa”, o una fuerza activa como la corriente eléctrica, así lo creen hoy la secta de los Testigos de Jehová los cuales han cambiado el texto sagrado para no hacer referencia al Espíritu Santo como una persona. Por ejemplo, todos conocemos el pasaje de Génesis donde se nos habla de que en el principio el Espíritu Santo se movía sobre las aguas: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”: (Génesis 1:1-2). No obstante, la Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová traduce estos versículos de la siguiente forma: “En [el] principio Dios creó los cielos y la tierra. Ahora bien, resultaba que la tierra se hallaba sin forma y desierta y había oscuridad sobre la superficie de [la] profundidad acuosa; y la fuerza activa de Dios se movía de un lado a otro sobre la superficie de las aguas”, (Génesis 1:1-2, TNM). Si nos damos cuenta, ellos traducen las palabras “el Espíritu de Dios” como “la fuerza activa de Dios”, robándole así su personalidad.  Charles Ryrie también agrega como la personalidad de la tercera persona de la divinidad ha sido negada por muchas herejías desde los primeros años de la iglesia: “Que el Espíritu sea una persona, a menudo se niega expresando el concepto de que Él es una personificación, digamos, del poder—muy semejante a la afirmación de que Satanás es una personificación del mal. Esta negación de Su personalidad ha ocurrido a través de la historia de la iglesia, primero por los monarquianos, los arrianos, los socinianos y hoy por los unitarios, los liberales, y algunos teólogos neoortodoxos”. Sin embargo, el Espíritu Santo es una persona, tanto que si revisamos la Biblia podemos encontrar muchos argumentos que nos demuestran esta afirmación, evaluemos algunos de ellos.

El Espíritu Santo posee y exhibe los atributos de una persona.

 Si revisamos las Escrituras podemos darnos cuenta de que el Espíritu Santo posee los atributos de una persona, ninguna fuerza activa, don o soplo podría tenerlos. Mencionamos los siguientes atributos como una demostración de lo que se está afirmando:

1.       El Espíritu Santo posee inteligencia. Como ser inteligente posee una mente que lo conoce todo y sabe interceder por los creyentes como mejor conviene: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”, (Romanos 8:26-27). De igual forma el Espíritu Santo es capaz de escudriñar los corazones de los creyentes, algo que solo hace un ser inteligente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”, (1 Corintios 2:10). También es capaz de enseñar: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”, (Juan 14:26).

2.       El Espíritu Santo posee emociones. Por ejemplo, vemos que el Espíritu Santo se enoja: “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos”, (Isaías 63:10). También puede ser contristado por el pecado del creyente: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”, (Efesios 4:30).

3.       El Espíritu Santo posee voluntad. Como persona determina en su voluntad repartir los dones como Él quiere: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”, (1 Corintios 12:11). También como ser inteligente llama al ministerio a los que El elige: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”, (Hechos 13:2).

                  Por tanto, considerando estos atributos de inteligencia, emociones y voluntad, podemos aseverar que el Espíritu Santo es una persona.

EL ESPÍRITU SANTO ES DIOS 

La deidad del Espíritu Santo ha sido negada por muchos grupos heréticos desde los primeros siglos de la iglesia. En el Concilio de Nicea la iglesia del tercer siglo se reunió para reafirmar sus creencias ante las herejías que se estaban levantando y en el famoso credo niceno se declaraba la creencia de que el Espíritu Santo es Dios: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. Esto significa que al igual que el Padre y el Hijo, merece la misma adoración porque es Dios. Revisemos los argumentos a favor de la divinidad del Espíritu Santo.

                El Espíritu Santo es Dios porque las Escrituras así lo declaran.

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.

Hechos 5:3-4

                       La Biblia ratifica la divinidad del Espíritu Santo. En Hechos 5 encontramos la historia bíblica que muchos conocemos de Ananías y Safira, los cuales, habiendo vendido una propiedad, decidieron mentir a los apóstoles haciéndoles creer que estaba entregando como ofrenda el 100% de la compra del terreno, sin embargo, el Espíritu Santo le mostro a Pedro que ellos mentían. Luego vienen las palabras de Pedro que nos demuestran la deidad del Espíritu Santo: Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Si nos damos cuenta, Pedro le dice a Ananías que fue influenciado por Satanás para mentir al Espíritu Santo y que no esta mintiendo a hombres sino a Dios, es decir, ha mentido al Espíritu Santo que es Dios. Otro ejemplo de las Escrituras que demuestra su divinidad lo podemos encontrar al relacionar un pasaje de Isaías con otro de Hechos. Por ejemplo, en Isaías vemos como Dios hablo al profeta diciéndole: “Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”, (Isaías 6:9-10). Luego, revisando Hechos encontramos a Pablo diciendo que fue el Espíritu Santo fue quien dijo estas palabras: “Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:  Vé a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane”, (Hechos 28:25-27). Esto es así porque el Espíritu Santo es Dios. Otros pasajes que podemos relacionar de esta forma son los de Jeremías y Hebreos. En Jeremías leemos: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”, (Jeremías 31:33-34). Luego, el autor de la carta a los Hebreos dice que fue el Espíritu Santo el que dijo estas palabras: “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones”, (Hebreos 10:15-17). Esto es cierto, porque Jehová es Dios y el Espíritu Santo es Dios también.

                El Espíritu Santo posee los mismos atributos de Dios.

Sabemos que solo hay un Dios, pero 3 personas diferentes, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y como tal posee los atributos que son exclusivos de Dios. El teólogo Charles Ryrie dice: “Como hemos visto, el Espíritu tiene atributos que demuestran que Él es realmente una persona, pero también posee atributos que solamente los tiene Dios, lo cual, por lo tanto, demuestra que Él es Deidad”. Revisemos en las Escrituras la comprobación de esta afirmación.

1.       El Espíritu Santo es Omnisciente: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”, (1 Corintios 2:10-11).

2.       El Espíritu Santo es Omnipresente: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra”, (Salmo 139:7-10).

3.       El Espíritu Santo es Omnipotente: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida”, (Job 33:4).

4.       El Espíritu Santo es eterno: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, (Hebreos 9:14).

Los nombres del Espíritu Santo en las Escrituras demuestran su deidad.

La deidad del Espíritu Santo también se observa al ver los nombres que recibe en el Nuevo Testamento. Charles Ryrie dice: “Los nombres divinos del Espíritu revelan Su deidad. A Él se le relaciona por nombre con las otras dos personas de la Trinidad dieciséis veces (Filipenses 1:19: “el Espíritu de Jesucristo”, y 1 Corintios 6:11: “el Espíritu de nuestro Dios”). Además, la promesa de nuestro Señor en mandar “otro Consolador” (Juan 14:16) usa la palabra “otro”, que significa uno de la misma clase. En otras palabras, si Cristo es Dios, entonces el Espíritu, el otro Consolador de la misma clase, también es Dios”. En la Biblia, los nombres nos hablan acerca del carácter y esencia de la persona. Por ejemplo, vemos como los diferentes nombres que recibe el diablo en las Escrituras hacen referencia a su carácter y obra malévola en esta tierra. de igual forma, los nombres que recibe Dios aluden a sus muchos atributos y supremacía como ser divino y lo mismo aplica para el Espíritu Santo. Veamos algunos de los nombres que recibe el Espíritu Santo.

1.       El Espíritu de Dios.

Uno de los nombres que recibe el Espíritu Santo en la Biblia en la Biblia es el Espíritu de Dios. Este nombre se traduce en el Antiguo Testamento del hebreo rúakj elojím ( רוּחַ  אֱליהִים) y en griego se traduce de las palabras pneúma Zeós (πνεῦμα θεός) . Myer Pearlman dice: “El Espíritu Santo es el poder ejecutivo de la Deidad, el cual trabaja en todas las esferas físicas como morales”. Es este sentido, el Espíritu Santo interviene en la obra ejecutora de sus maravillas, desde la creación de la tierra, los milagros que operan en medio de su pueblo y la obra renegadora del hombre, y su nombre, el Espíritu de Dios hace referencia a ello. Esto lo vemos desde los primeros versículos del libro de Génesis donde vemos al Espíritu de Dios moviéndose sobre la faz de las aguas: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”, (Génesis 1:1-2). En la Biblia vemos también como el Espíritu Santo obraba en la vida de los ungidos de Dios para que estos fuesen usados a favor de su obra, así lo vemos con Bezaleel a quien el Espíritu de Dios llenó de sabiduría para construir los utensilios del tabernáculo: “Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.”, (Éxodo 35:30-33). Además, vemos al Espíritu Santo ungiendo a sus profetas para hablar en su nombre: “Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará”, (2 Crónicas 24:20). Y en el Nuevo Testamento, también respaldo a su iglesia ungiéndoles con su poder para realizar su obra: “Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo”, (Romanos 15:18-19). De esta forma vemos que el Espíritu Santo interviene dentro de la Trinidad como el que ejecuta el poder de la divinidad.

2.       El Espíritu de Cristo.

El Espíritu Santo también es llamado el Espíritu de Cristo en el Nuevo Testamento. En pocas palabras, Myer Pearlman nos dice por qué se le llama al Espíritu Santo el Espíritu de Cristo: “(1) Porque se le envía en el nombre de Cristo (Juan 14:26), (2) Porque Él es el Espíritu que envió Cristo”. En este sentido, el Espíritu Santo es el enviado de Cristo a esta tierra para estar en medio de su iglesia y respaldar su obra, tal y como Cristo lo hiciera si estuviera en esta tierra. En este sentido, podríamos decir que El Espíritu Santo es el único vicario, es decir, el enviado de Cristo. En Romanos vemos como Pablo reconoce esta verdad, donde el Espíritu Santo ayuda al creyente a andar conforme a su voluntad y progresar en su proceso de regeneración: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”, (Romanos 8:9). De igual forma, Pedro nos dice que fue el poder del Espíritu Santo que inspiro a los profetas a escribir de Cristo, verdades que ahora el mismo Espíritu Santo ayuda a los creyentes a entender a favor de su salvación: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”, (1 Pedro 1:10-12).

3.       El Espíritu Santo.

En términos generales, la tercera persona de la Trinidad es conocida popularmente como el Espíritu Santo. Myer Pearlman dice al respecto de su nombre: “El Espíritu es llamado santo porque es el Espíritu del Santo, y porque su principal obra es la santificación”. En este sentido su nombre hace referencia a su carácter santo y a la obra de santificación que hace en el creyente. Esta obra santificadora está íntimamente relacionada con la obra de regeneración que hace en el creyente, que va desde operar en él el nuevo nacimiento, crear una nueva naturaleza que lo capacita para servir a Dios y recibir de Él todos sus dones y progresar en su vida de santificación: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, (Tito 3:5).

4.       El Consolador.

Otro de los nombres que recibe el Espíritu Santo es Consolador. Fue Jesús que utilizo este nombre por primera vez para referirse al Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”, (Juan 14:16-17). En este texto la palabra Consolador se traduce del griego parákletos (παράκλητος), la cual es una palabra difícil de traducir a nuestro idioma. Si uno revisa las diferentes versiones que existen de la Biblia se dará cuenta que esta palabra se ha traducido de diferentes formas. Por ejemplo, la RV60 y NVI lo traducen como Consolador, la versión “La Biblia de Nuestro Pueblo”, lo traduce como Defensor, la traducción Kadosh Israelita Mesiánica de Diego Ascunce lo traduce como Consejero, la Nueva Traducción Viviente lo traduce como Abogado Defensor, la Biblia Latinoamericana lo traduce como Protector, y otras más hacen referencia a un ayudante. Lo cierto es que todas estas traducciones son buenas ya que el Parákletos es esto y más. La palabra parákleto era un término que se le daba a una persona que había sido asignada para estar al lado de alguien con el propósito de cuidarlo, defenderlo, instruirlo, aconsejarlo y en general, a ayudarlo en todo lo que necesita, y por ello, los paracletos eran una especie de abogados que ayudaban a sus clientes a defenderse delante de un jurado cuando eran acusados de algún delito. por tanto, el Espíritu Santo es el Paracletos del creyente, es decir, su ayudador, consejero, defensor, maestro y consolador, en otras palabras, auxilia al creyente para tener una vida exitosa en Dios. Por ello, William Barclay comento respecto al texto de Juan 14:16: “Esa es precisamente la labor del Espíritu Santo: suprime nuestra incapacidad y nos capacita para poder con la vida. El Espíritu Santo transforma una situación desesperada en una vida victoriosa. Así es que Jesús está diciendo: Os encargo una dura tarea y os mando a una misión difícil; pero voy a enviaros a Alguien, el Paraklétos, Que os guiará a lo que debéis hacer y os capacitará para hacerlo”.

5.       El Espíritu de verdad.

El Espíritu Santo es llamado también como el Espíritu de verdad: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”, (Juan 16:13). Como Dios, el Espíritu Santo es el revelador de la verdad de Cristo, de que el hombre sea capaz de entender su santo evangelio de una manera correcta, porque Él es el Espíritu de verdad. Por ello, el Comentario Bíblico Mundo Hispano dice al respecto: “La obra del Espíritu en relación con los discípulos es la de guiarlos a toda la verdad. El verbo guiará traduce el vocablo griego compuesto que significa “conducir por un camino”. El término indica un progreso gradual. Lo que Jesús no pudo compartirles, por la inhabilidad de ellos de sobrellevarlo en ese entonces, ahora el Espíritu lo hará, y con creces. Adaptaría la enseñanza al nivel de madurez espiritual de cada creyente, compartiendo toda la verdad posible en cada etapa de su desarrollo”. Por ello, el hombre depende del Espíritu Santo para entender la verdad del evangelio ya que Él es el que ilumina su capacidad de entender la revelación bíblica y da la capacidad para vivir esta verdad.

6.       El Espíritu de gracia.

También, el Espíritu Santo es llamado en el Nuevo Testamento como el Espíritu de gracia: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”, (Hebreos 10:29). Myer Pearlman dice: “El Espíritu Santo da al hombre gracia para arrepentirse al contender con Él (Hebreos 10:29, Zacarías 12:10)”. Todos sabemos que la salvación no es por obra sino por gracia, y el Espíritu Santo como Paracleto obra por gracia para este fin, sin su intervención la obra salvadora seria imposible porque Él es el Espíritu de gracia para aquellos que por fe creen en Jesucristo.




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