El éxito de la obra de Cristo (Efesios 2:8-9)


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Efesios 2:8-9

INTRODUCCIÓN


            Estos versículos resumen el mensaje del Evangelio: que por medio de la fe en Cristo podemos ser salvos, sin las obras. A lo largo de la historia el hombre ha tenido la oportunidad de salvarse ya sea a través de pactos u obedecer mandamientos, pero siempre fracaso, y jamás sus obras fueron suficientes para salvarlo. Veamos como el hombre fracaso en su intento de salvarse por medio de su esfuerzo personal.

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El éxito de la obra de Cristo

                               I.            EL FRACASO DEL PRIMER HOMBRE DE MANTENER SU COMUNIÓN CON DIOS.


“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
Génesis 2:16-17

Al principio el hombre solo tenía que obedecer un solo mandamiento para ser salvo: más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. Para este tiempo Adán gozaba de grandes bendiciones, sin sufrimientos o enfermedades, sin embargo, Dios le dio al hombre en el huerto del Edén la capacidad de decidir entre el bien y el mal. Esta capacidad de elegir, comúnmente llamado libre albedrio, es una característica que distingue nuestra humanidad y sella nuestra perfección, ya que de lo contrario se hubiese tratado de la creación de un robot, sin voluntad propia. Lo único que el hombre de este tiempo tenía que hacer para salvarse era obedecer este único mandamiento pero lamentablemente fallo y  el pecado entro a la vida del hombre y por medio del pecado la muerte: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12). Así el hombre fallo en el única mandamiento que tenía que obedecer para ser salvo.

                            II.            EL FRACASO DE LOS PRIMEROS HOMBRES DE MANTENERSE FIELES A DIOS.


Después de su caída la promesa de un salvador se había dado en Génesis 3:14-15, por lo que el hombre debía mantenerse aferrado a esta esperanza, lamentablemente la descendencia de Set por la cual habría de nacer este salvador se corrompió juntándose con la descendencia malvada de Caín, y así esa generación se perdió en un desenfreno de pecado que finalizo con el diluvio universal: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,  que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”, (Génesis 6:1-3).

                         III.            EL FRACASO DE ISRAEL DE SALVARSE POR LAS OBRAS DE LA LEY.


Los otros hombres que fracasaron en salvarse por medio de sus obras fueron los israelitas a través de obedecer toda la ley. Cuando Dios hizo pacto con ellos en el monte Sinaí les dijo que a través de obedecer sus leyes y mandamientos serian salvo del juicio divino y heredarían todas sus bendiciones como nación: “Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todas las leyes; y todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho”, (Éxodo 24:3).  Lamentablemente cuando Moisés volvió a subir al monte Sinaí de regreso y al ver que tardaba aquellos que habían jurado obedecer rápidamente se olvidaron de sus botos y pecaron desobedeciendo el primero y segundo mandamiento: “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido”, (Éxodo 31:18; 32:1). Así Israel fracaso en su intento de salvarse obedeciendo la ley de Dios.

                          IV.            EL HOMBRE ES INCAPAZ DE SALVARSE A SÍ MISMO.


“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”.
Romanos 3:19-20

Después de ver los diferentes fracasos que los humanos han tenido en cuanto a su esfuerzo de salvarse a sí mismo llegamos a la conclusión de que nadie puede salvase por su propio esfuerzo ya que la naturaleza del hombre es pecaminosa y busca siempre hacer lo malo: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;  y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”, (Romanos 8:7-8). Y aunque el hombre se esfuerce por cumplir toda la ley, un mandamiento que se quebrante se quebranta toda la ley: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”, (Santiago 2:10). En este sentido, el hombre jamás se podrá salvar a si mismo.

                             V.            LA SALVACIÓN POR FE A TRAVÉS DE CRISTO.


“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.
Efesios 2:8-9

            Por esto mismo Dios envió a su Hijo Unigénito para hacer aquello que nosotros éramos incapaces de hacer: salvarnos a nosotros mismos. Cristo fue ofrecido como un sacrificio de expiación por todos nuestros pecados el cual el Padre celestial recibe como rescate de nuestra alma. Por eso, la salvación es un don de Dios, un regalo que el Señor ofrece por su misericordia a través de la fe. Lo único que el hombre tiene que hacer es creer en el sacrificio de Jesús para ser salvo.

CONCLUSIÓN.


            En conclusión, el hombre a fracasado a lo largo de la historia de salvarse a sí mismos, pero Cristo ya hizo todo aquello que nosotros no podemos hacer para que por medio de la fe en su sacrificio seamos salvos de la ira eterna.





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