La justificación de nuestra alma (Romanos 3:23-29)

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.  Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles”.
Romanos 3:23-29

INTRODUCCIÓN


            Justificación es una palabra que significa ser declarado inocente de un crimen. Como pecadores todos somos culpables delante de Dios y estamos condenados al infierno, de allí la importancia de buscar la forma de escapar de este terrible juicio. Sin embargo, Dios en su infinita misericordia nos ofrece un camino a través del cual todos podemos ser justificados y de esto Pablo nos habla en estos versículos.




                               I.            LA REALIDAD DE NUESTRO ESTADO DE CONDENACIÓN ETERNO.


“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…”

En primer lugar estos versículos nos muestra la realidad de nuestro estado de condenación eterna por causa del pecado. Desde que nacemos todos traemos la naturaleza pecaminosa que es la que nos impulsa a alejarnos de Dios: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”, (Salmo 51:5). Y desde los mismos comienzos de la humanidad el ser humano tiende con gran facilidad a hacer lo malo: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5). Por esto mismo Pablo afirma que en su original estado todos estamos excluidos de la gloria de Dios, reservados para el juicio por nuestros pecados.

Debido a esta realidad el hombre busca la forma de como escapar del infierno tratando de justificarse delante de Dios a través de sus buenas obras las cuales no son suficientes para borrar todas nuestras iniquidades, “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento”, (Isaías 64:6). Y el apóstol Pablo nos recalca que nadie se justificara delante de Dios por sus propios medios: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”, (Romanos 3:20).

Por todo esto el hombre necesitar ser justificado delante de Dios y en los siguientes versículos se nos muestra la forma de como lograrlo.

                            II.            EL COSTO DE NUESTRA JUSTIFICACIÓN.


“… siendo justificados gratuitamente por su gracia…”

En  cuanto a la justificación que Dios ofrece hay algunas cosas de debemos saber y la primera de estas es que es completamente gratuita. La salvación es uno de los dones más preciosos de la vida cristiana y su valor es incalculable a tal punto que nadie puede ser capaz de alcanzarlo por sus propios medio, sino es un regalo de misericordia que Dios otorga: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”, (Efesios 2:4-5). Ahora bien, el hecho de que sea gratuita no significa que no valga nada, sino es tan cara que nosotros no podríamos comprarle a Dios esta justificación ya que vale la sangre de su Hijo, y por eso en su misericordia la ofrece gratuitamente.

                         III.            EL MEDIO DE NUESTRA JUSTIFICACIÓN.


“… mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre…”

            Esta justificación se alcanza por medio de la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario. La fe es sumamente importante para alcanzar esta salvación, ya que sin ella se hace imposible lograrlo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”, (Efesios 2:8-9). Una vez más los términos gracia y misericordia están incluidos en el concepto de la salvación haciéndonos ver que las buenas obras jamás sean un sustituto de la fe en Cristo.

                          IV.            ¿QUIÉN PROVEE ESTA JUSTIFICACIÓN?


“… para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley”.

            Esta justificación es provista por el mismo Dios quien envió a su Hijo para redimir todos nuestros pecados. Por esta causa toda la gloria y honra le pertenecen y ningún hombre de esta tierra puede jactarse se haber conseguido mediante sus obras la salvación de su alma.

                             V.            ¿PARA QUIÉNES ES ESTA JUSTIFICACIÓN?


“¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles”.

            Finalmente, esta salvación es universal, es decir, no solo para los judíos, sino para todo aquel que cree en Él. Algunas religiones del mundo son exclusivas de sus  habitantes, solo los de su nacionalidad pueden optar a ellas, otras presentan ciertos requisitos para ingresar a ellas, pero el evangelio de Cristo es para todo hombre, sin importar su nacionalidad o condición social.

CONCLUSIÓN.



            Como pecadores todos estamos excluidos de la gloria de Dios y solo nos espera el castigo en el infierno, ninguna obra o religión es capaz de salvarnos, sin embargo, Dios nos ofrece gratuitamente su salvación a través de declararnos justo por medio de la fe en Cristo Jesús. 



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