El momento oportuno: El tiempo de Dios (Juan 7:1-9)

“Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea”.
Juan 7:1-9

 INTRODUCCIÓN


                  Iniciamos ahora un nuevo capítulo en este bendito evangelio y ahora el escritor inspirado por el Espíritu Santo nos mostrara la incredulidad de los hermanos de Jesús. En esta ocasión el apóstol Juan nos ubica en una de las tres fiestas más importantes que los judíos celebraban año tras año, la fiesta de los tabernáculos, a la cual asistían judíos de todas partes del mundo. Esta fiesta servirá de trasfondo para los acontecimientos de los capítulos 7, 8 y 9 de este evangelio y en el caso particular de este capítulo, vamos a ver como el ministerio de Jesucristo despertará diferentes opiniones en cuanto a su persona. Los primeros versículos del capítulo 7 nos sugieren que la fiesta de los tabernáculos estaba cerca lo cual nos dice que desde el capítulo 6 al 7 han transcurrido aproximadamente 7 meses debido a la separación que hay entre la fiesta de la pascua de Juan 6:4, y la fiesta de los tabernáculos de Juan 7:2. En estos versículos aprenderemos una lección muy importante para nuestras vidas: saber esperar el tiempo de Dios para nuestras vidas. Jesús sabía que había venido a este mundo para cumplir una misión especial, pero debía esperar el momento de Dios para cumplirla, ya que su momento aún no había llegado.


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El momento oportuno: El tiempo de Dios

LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS



“Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos”.
Juan 7:1-2

                  Para este tiempo Jesús se encontraba en Galilea, y el texto nos aclara que se había alejado de Judea debido a los enemigos que se oponían a su ministerio. Después de su último altercado en el templo cuando echo fuera a todos los mercaderes, la oposición de los líderes religiosos hacia Jesús debió crecer a tal punto que no perderían la oportunidad de atraparlo para apresarlo y matarlo: Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Era de esperarse que los líderes religiosos tuviesen más poder en Judea que en Galilea ya que para esta época cada región era gobernada por dos personas diferentes. Galilea era gobernada por el rey Herodes Antipas, mientras que Judea era gobernado por un regente romano que en tiempos de la crucifixión de Jesús era Poncio Pilato. Además de esto, el Sanedrín, es decir, el mayor consejo judío compuesto por cerca de 70 ancianos y sacerdotes judíos estaba ubicado en Jerusalén, por lo que tenían poder para mandar a apresar a alguien y juzgarlo con ciertas limitaciones. Por esta causa, Jesús decidió ir a Galilea y evitar la parte de Judea o Jerusalén. A parte de esto también se nos dice que la fiesta de los tabernáculos estaba cerca: Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos. Esta fiesta, junto con la pascua y la del pentecostés, era una de sus tres festividades importantes a la cual acudían los judíos de todas partes del mundo romano: “Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías. También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor”, (Éxodo 23:14-17). Estas fiestas eran celebradas en los siguientes meses: La pascua en marzo - abril (Nisán, aunque Éxodo 23 menciona Abid, el primer mes del calendario cananeo que posteriormente los israelitas llamaron Nisán), el pentecostés en mayo - junio (Siván) y la fiesta de los tabernáculos en septiembre - octubre (Tisri). La primera fiesta que se celebrara en el primer mes era la de la pascua la cual se celebraba junto con la fiesta de los panes sin levadura durante una semana. La segunda fiesta se celebraba 7 semanas después, o 50 días después de la de los panes sin levadura y era la de pentecostés, o fiesta de las semanas donde se agradecía a Dios por las primicias de las cosechas. Finalmente, la fiesta de los tabernáculos se realizaba en el mes de octubre en relación con dos eventos históricos: cuando recogían las cosechas, siendo llamada también “la fiesta de la cosecha” (Deuteronomio 16:16); y conmemorando la experiencia en el desierto durante el éxodo, cuando vivían en cabañas de paja (Levítico 23:39–43). Por esta razón se llamaba comúnmente la fiesta de los Tabernáculos. Generalmente las mujeres y niños no estaban obligados a habitar en estas cabañas, y todos los judíos que acudían lo hacían como un recordatorio de lo difícil que fue la vida de sus antepasados antes de tomar en posesión la tierra prometida y gozar de la bendición de un hogar propio. Por tanto, han transcurrido alrededor de 7 meses después de los acontecimientos del capítulo 6 donde se estaba celebrando la fiesta de la pascua, y durante el tercer año de ministerio de nuestro Señor Jesús.

LA INCREDULIDAD DE LOS HERMANOS DE JESÚS


“Y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él”.
Juan 3-5

                 Debido a la proximidad de la fiesta de los tabernáculos la cual reunía una gran cantidad de judíos los hermanos de Jesús le dijeron que fuera a Judea con el fin de manifestar sus señales y prodigios en medio de ellos: Y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. La sugerencia parecía lógica ya que con hacerlo Jesús se estaría revelando como el Mesías esperado de Israel a través de sus señales y prodigios en medio de una cantidad enorme de judíos; pero esta sugerencia no era hecha con la mejor de las intenciones ya que lo hacían porque sus hermanos aun no creían en Él: Porque ni aun sus hermanos creían en él. Durante su ministerio en esta tierra los hermanos de Jesús nunca creyeron en Él y en los sinópticos se nos da los nombres de ellos: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa”, (Mateo 13:55-57). Sin embargo, después de su resurrección todos se volvieron fieles creyentes: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”, (Hechos 1:14), y uno de ellos, Santiago (que es Jacobo), se convirtió en uno de los principales líderes de los cristianos en Jerusalén: “y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”, (Gálatas 2:9). Por tanto, podemos creer que la sugerencia de los hermanos de Jesús no era sincera, y quien sabe si lo hacían de una forma sarcástica.

EL TIEMPO DE DIOS NO HABÍA LLEGADO



“Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea”.
Juan 7:6-9

                Ante esta sugerencia Jesús les contesto diciendo: Mi tiempo aún no ha llegado, más vuestro tiempo siempre está presto. Aquí Jesús utiliza una palabra griega clave para entender a qué tiempo se refería y es kairós (καιρός). En el griego original hay varias palabras que se traducen como tiempo, una es jrónos (χρόνος) que denota un lapso, sea largo o corto de tiempo, o jóra (ὥρα), que denota una hora de tiempo transcurrida, y kairós (καιρός), que denota el tiempo perfecto en el cual un evento tiene que desarrollarse para que sea exitoso. En este sentido kairós (καιρός) es el tiempo que Dios ha establecido que las cosas pasen. Jesús sabía que un día su hora de completar su misión llegaría, pero no era el momento de Dios todavía por lo que debía esperar. Saber esperar el tiempo de Dios es importante ya que si nos adelantamos a los eventos las cosas nos saldrán mal. Un buen ejemplo de ello es Moisés quien siendo hijo de la hija de faraón pensó que ya tenía toda la preparación militar e intelectual para intentar liberar a Israel de la opresión egipcia, lamentablemente se equivocó al adelantarse a un llamado que recibiría 40 años más tarde: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así. Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro? Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio? Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza”, (Hechos 7:23-30). Jesús sabía que su tiempo aún no había llegado, pero el de sus hermanos estaba presto por lo que podían descender ya que el mundo no los aborrecía como lo aborrecían a Él debido a su testimonio: No puede el mundo aborreceros a vosotros; más a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Así Jesús despidió a sus hermanos y decidió quedarse en Galilea: Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Jesús no obedeció la exhortación de sus hermanos para adelantarse a algo que no era el momento adecuado de Dios, pero cuando lo fue su misión se completó con éxito: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”, (Romanos 5:6). De igual forma, cada uno de nosotros debemos aprender este principio bíblico ya que lo mejor es saber esperar el tiempo de Dios para que se manifieste a favor de nuestras necesidades y expectativas, no sea que por correr o querer adelantarnos todo nos salga mal.



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