El Fruto del Espíritu: Dominio Propio


Dominio Propio: La Reina de las Virtudes


“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”.
Lucas 21:34 (RV60)

                   Al final del listado de las virtudes del fruto del espíritu aparece la templanza o dominio propio: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas”, (Gálatas 5:22-23, NVI). Esta palabra dominio propio o templanza se traduce del griego egkráteia (ἐγκράτεια), y significa el dominio que el ser humano tiene para evitar embriagarse con sentimientos o deseos. El mismo Señor Jesús exhortó a sus discípulos a no permitir que estos sentimientos o deseos los controlen: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. Es por esto que en ocasiones se le llama al dominio propio la reina de las virtudes ya que nos permite tener un control de nosotros mismos. Como seres humanos sin Cristo somos incapaces de someter nuestra voluntad a lo bueno, ya que el pecado nos domina tal y como Jesús lo dijo: “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”, (Juan 8:34, RV60). Sin embargo, por obra del Espíritu Santo se nos otorga esta preciosa virtud que nos ayuda a mantener nuestras bajas paciones, deseo y temperamento bajo control y por ello el apóstol Pablo exhortaba constantemente a controlar nuestra vida abandonando todas nuestras antiguas costumbres pecaminosas y no dejarnos gobernar por ellas: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría… Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca”, (Colosenses 3:5, 8, RV60).

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El fruto del Espíritu es Dominio Propio

               Uno de los mayores desafíos de las personas es el controlarse a sí mismos, de allí que Platón un día dijo “La primer gran victoria es conquistarse a uno mismo”. El mismo Pablo entendió que a pesar de su libertad en Cristo tenía que tener su mente y cuerpo en servidumbre y completo control: “Todo me está permitido,  pero no todo es para mí bien.  Todo me está permitido,  pero no dejaré que nada me domine”, (1 Corintios 6:12, NVI). Por ello el cristiano debe luchar por controlar su mente, cuerpo y temperamento para hacer lo agradable al Señor y no ceder a los antojos de la naturaleza pecaminosa. En general el dominio propio se refleja en muchos aspectos de nuestra vida entre los cuales podemos mencionar los siguientes: 

1.       La manera en que comemos.
2.       La manera en que hablamos.
3.       En la forma de cómo administramos el dinero,
4.       En el uso del tiempo.
5.       En nuestras actitudes.
6.       Levantarnos temprano para buscar a Dios.
7.       Para vencer la lentitud y la pereza.
8.       Para servir a Dios.
9.       En los deseos de la carne.
10.    En nuestros sentimientos.
11.     En la manera de vestirnos, etc.

               Otra de las palabras griegas que se traducen como dominio propio es sofronismós (σωφρονισμός), la cual  literalmente significa autodisciplina y aparece en 2 Timoteo.

 “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
2 Timoteo 1:7  (RV60)

                Pablo pone la fórmula perfecta en la vida cristiana. Sabiendo las grandes vicisitudes que el cristiano enfrenta exhorta a Timoteo a tener coraje para enfrentar la vida. Dios nos ha otorgado poder a través del Espíritu Santo y este es regulado por el amor que nos impulsa a ejercerlo bajo las motivaciones correctas, sin embargo, Pablo agrega a la lista la palabra dominio propio o autodisciplina. No importa cuán dotada sea una persona de parte de Dios, sus dones nunca alcanzarán su potencial máximo sin la autodisciplina. El deseo de Dios es que alcancemos grandes promesas y explotemos al máximo la nueva vida que Él nos ha otorgado, pero si somos indisciplinados jamás lo lograremos. Las influencias de este mundo pecaminoso, nuestra naturaleza carnal, nuestro temperamento o malos hábitos pueden ser un estorbo para desarrollarnos en el plano que el Señor desea, pero cuando ejercemos el dominio propio sobre ellos para controlarlos y no que ellos nos controlen, y además nos enfocamos en las cosas de provecho para nuestra vida podremos estar seguros de llevar mucho fruto agradable para el Señor. En algunas partes de la Escritura compara la vida del cristiano a la del atleta, el cual por medio de su autodisciplina llega a ganar la corona en las competencias: “Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente”, (2 Timoteo 3:8, RV60). En otra parte de la Biblia Pablo comparo la disciplina que se tiene en los deportes con la que debemos tener en la vida cristiana:

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.
1 Corintios 9:24-27


                En los deportes los competidores se abstienen de muchas cosas: comidas, desvelos, drogas, etc., y se someten a ejercicios constantes y de manera disciplinada con tal de ganar una corona corruptible. También el cristiano tiene que ser auto-disciplinado en su vida espiritual, en su tiempo devocional, en la lectura de la palabra de Dios, en la oración y en su servicio a Dios para mantenerse fuerte en la fe creciendo siempre en su vida cristiana.


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