La elección de los doce apóstoles (Mateo 10:1-4)

“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó”.
Mateo 10:1-4

Introducción


                Llegamos al capítulo 10 de este evangelio y aquí el apóstol Mateo abre un nuevo episodio en la vida del Mesías. No olvidemos el propósito principal de este evangelio: presentar las credenciales mesiánicas de Jesús. Inicio presentando la genealogía de Jesús donde demostraba su descendencia judía como hijo de Abraham y su descendencia real como hijo de David, luego, a través de una breve descripción de su infancia, presenta una serie de acontecimientos proféticamente anunciados en las Sagradas Escrituras. Luego lo vemos iniciando su ministerio bautizándose en el Jordán, donde el Padre y el Espíritu Santo daban testimonio de su misión mesiánica en esta tierra. Posteriormente, el Espíritu Santo lo lleva al desierto para ser tentado por el diablo, para demostrar su superioridad a Adán al someterse a las tentaciones y mostrar su método de defensa que usaría a lo largo de su ministerio. Luego lo vemos predicando, enseñando y sanando toda dolencia en la región de Galilea hasta llegar al capítulo 5 donde proclama el gran Sermón del Monte donde presenta la verdadera interpretación de la ley y los profetas y todos los principios divinos bajo los cuales tienen que vivir los hijos del reino. En los capítulos 8 y 9 Mateo inicia una descripción de una serie de milagros en grupos de 3 seguidos por una enseñanza de discipulado para mostrar la autoridad mesiánica de Jesús sobre las enfermedades, la naturaleza y los demonios. Finalmente, el capítulo 9 termina haciendo ver la necesidad de obreros calificados para atender la grey de Dios, y ahora al iniciar el capítulo 10, Mateo le da continuidad presentando la elección de los doce apóstoles.

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La elección de los doce apóstoles

La Elección de los Doce


“Entonces llamando a sus doce discípulos…”
Mateo 10:1

                Desde que inició su ministerio Jesús comenzó a llamar a sus discípulos. El evangelio según Juan nos enseña como fue el llamamiento que recibieron Andrés y Juan (Juan 1:35-39), Pedro (Juan 1:40-42), Felipe y Natanael (Juan 1:43-51) y Mateo (Mateo 9:9-13). Esto significa que cuando el escogió a sus doce de entre todos los discípulos que le seguían, Él ya los había llamado antes. Marcos nos dice que Jesús llamo a los que él quiso: “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él”, (Marcos 3:13), lo cual nos sugiere una elección entre muchos discípulos y Lucas nos dice que antes de llamar a los doce apóstoles, paso toda la noche orando: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”, (Lucas 6:12-13). Esto nos ofrece una importante lección de liderazgo. La iglesia debe orar para que la elección de futuros líderes sea conforme la voluntad de Dios, Jesús así lo hizo para mostrarnos la manera correcta de hacerlo. Estos fueron 12, lo cual algunos creen que fue porque serian estos los que usaría para traer la restauración espiritual de las doce tribus de Israel, y así como los 12 patriarcas de cada tribu de Israel representan el Antiguo Pacto, los 12 apóstoles representaría el Nuevo Pacto donde Dios restauraría a la nación de Israel incluyendo a los gentiles en este plan. A estos 12 llamo apóstoles, palabra que viene del griego apóstolos (ἀπόστολος), que significa enviado con un mensaje. En este sentido los apóstoles eran hombres que había sido enviado por el mismo Jesús para proclamar el mensaje del evangelio.

La Misión de los Doce


“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia”.
Mateo 10:1

              Mateo describe la razón por la cual estos hombres fueron elegidos. Estos 12 fueron provistos de autoridad, la cual es una palabra que proviene del griego exousía (ἐξουσία) que literalmente significa otorgar poder o poderío. En este sentido los 12 apóstoles fueron provistos por el poder de Dios para tener poderío los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Es bueno saber que es el Señor el cual nos proporciona los dones y las armas para poder realizar la tarea que nos encomienda. A parte de esto, Marcos no agrega que estos eran elegidos para pasar a su lado y para predicar la palabra de Dios: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar”, (Marcos 3:14). Todos sus servidores han sido llamados a estar cerca de Él. Como servidores de Dios no podemos descuidar nuestra comunión con el Todopoderoso ya que nuestro bienestar físico, mental y espiritual depende de ello. Él es la fuente de nuestra fortaleza y sin Él nada podemos hacer: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”, (Juan 15:5). También los llama a proclamar las buenas nuevas de Dios. En sí, podemos ver resumidas aquí el triple ministerio que Jesús realizo en la tierra: predicar, enseñar y sanar a los enfermos, y esta función pasó a sus doce apóstoles, y posteriormente a toda su iglesia.

Los Doce


“Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó”.
Mateo 10:2-4

                Aquí Mateo nos presenta la lista de los doce apóstoles, y en general en el Nuevo Testamento solo aparece la lista tres veces más, dos en los pasajes paralelos de Marcos 3:16-19 y Lucas 6:14–16 y una vez más en Hechos 1:13 donde se excluye el nombre de Judas el cual sería sustituido por Matías. Con respecto a su orden, se presenta con muy pocas variantes con un factor común, se presenta en tres grupos de 4, y en todos Pedro encabeza la lista. Pareciera que las listas están escritas en orden mnemotécnico para ayudar a la memorización.

“… primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó”.

“… a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,  Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor”.
“… a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro; a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que le entregó. Y vinieron a casa”.
“Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo”.
Mateo 10:2-4

Lucas 6:14-16
Marcos 3:16-19
Hechos 1:13
En primer lugar aparece la lista de los discípulos más conocidos: Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano. Encabeza siempre las listas de nombres el famoso e impetuoso Pedro. Su nombre original era Simón. Era hijo de Jonás. Era pescador de oficio, y vivía con su hermano Andrés, primero en Betsaida y luego en Capernaum. Jesús,  llego a transformarlo de persona inestable en un testigo fiel y digno de confianza, por lo cual le cambio su nombre de Simón a Cefas (en arameo), que es lo mismo que Pedro (en griego: Petros), cuyo significando es roca (Juan 1:40-42). Llego a convertirse en uno de los principales líderes de la iglesia primitiva en Antioquia, autor de dos epístolas del Nuevo Testamento que llevan su nombre e influyo en Marcos a quien se le conoció como el “intérprete de Pedro” para que se escribiese el Evangelio Según Marcos. Luego aparece su hermano Andrés. Su nombre significa “varonil”, fue uno de los primeros discípulos en seguir a Jesús, antes fue discípulo de Juan el Bautista (Juan 1:35-39), y también llevo a su hermano Pedro a Jesús (Juan 1:40-42). También tenemos a los hermanos Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, a quienes por su carácter explosivo Jesús llamo boanerges, que significa hijos del trueno. Estos dos, junto con Pedro constituían el grupo más íntimo que el Señor tenía. Jacobo fue el primero de los apóstoles fue mártir (Hechos 12:2). Mientras que Juan fue el último de los apóstoles del Cordero en morir y fue exiliado a la isla de Patmos (Apocalipsis 1:9). Muchos creen que él fue “el discípulo a quien Jesús amaba” y se le atribuyen la autoría del Evangelio Según Juan, las tres epístolas de Juan y el libro de Apocalipsis.

En cuanto al segundo grupo: Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, hay menos referencia a ellos en el Nuevo Testamento con respecto al primero. Juan 1:43-51 describe bien el llamamiento de Felipe y Natanael (conocido en la lista por Bartolomé). Inmediatamente después de que Jesús le hizo el llamamiento a Felipe, este no pudo soportar el hecho de testificarles a otros acerca de Cristo y busco a su amigo Natanael: Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Sin embargo, Natanael no creyó que el Mesías pudiera salir de Nazaret, una aldea de Galilea despreciada: Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Felipe llevo a su amigo frente a Jesús el cual le declaro todo respecto a su persona y Natanael, que es el mismo Bartolomé término creyendo en Él: Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.  Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Muchos creen que Felipe no siempre comprendió de inmediato el sentido de las profundas declaraciones de Cristo, sin embargo, al pedir una explicación recibió una respuesta que le revelaba más acerca de la persona de Jesús: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”, (Juan 14:8-9). En tercer lugar aparece Tomás llamado también Dídimo (Juan 20:24), caracterizado por su dificultad para creer. Él necesitaba pruebas para creer, una vez pidió a su Maestro que le mostrara de manera más clara el camino que decía que los hombres tenían que tomar para ir al Padre: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, (Juan 14:5-6). Llego a tal punto que cuando le dijeron que su Maestro había resucitado dijo: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”, (Juan 20:25). Pero cuando lo vio exclamo: “¡Señor mío, y Dios mío!”, (Juan 20:28). También tenemos en esta lista a Mateo, conocido como Leví, hijo de Alfeo, el cual era un publicano y al cual se le atribuye la autoría de este evangelio del cual ya hablamos bastante cuando tocamos el tema de su llamamiento.

Finalmente, tenemos el grupo de los apóstoles oscuros, llamado así porque las Sagradas Escrituras no hablan casi nada, sino nada de ellos a excepción de Judas Iscariote: Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote. Acerca de Jacobo, el hijo de Alfeo, algunos lo identifican con el hijo de María una mujer que seguía a Jesús donde es llamado por Marcos 15:40 “Jacobo el Menor”, lo cual algunos interpretan como “Jacobo el más joven”, pero otros como “Jacobo el pequeño en estatura”, pero no tenemos mayor información acerca de él. Luego aparece Judas el hermano de Jacobo, llamado por Marcos Tadeo. Muchos consideran que éste deseaba que Jesús se revelase al mundo de la misma manera que se les habia revelado a ellos con el fin de llamar la atención hacia su divina persona: “Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?”, (Juan 14:22). El otro que aparece es Simón el cananista, sobrenombre arameo que significa entusiasta o zelote. Por cierto, Lucas lo llama Simón el zelote (Lucas 6:15; Hechos 1:13). Con toda probabilidad se le da este nombre porque anteriormente había pertenecido al partido de los zelotes, partido que en su aborrecimiento del dominio extranjero que exigía tributo y fomentaba la rebelión contra el gobierno romano. Y siempre al final de la lista aparece estaba Judas Iscariote, generalmente interpretado como “Judas hombre de Keriot o Quiriat”, (Josué 15:15), lugar en el sur de Judea. Llego a ser el traidor que entrego a Jesús y por eso a veces se le describe como “Judas el que lo entregó”, o también como “Judas uno de los doce”, “el que lo entregó”, “Judas el hijo de Simón Iscariote”, “Judas Iscariote, hijo de Simón”, o sencillamente “Judas”.


Estos fueron los hombres que Jesús escogió para transformar el mundo entero, muchos de ellos con poca preparación académica, con problemas de temperamento, capacidad de comprender las verdades espirituales y un sinfín debilidades o flaquezas. Sin embargo, fue el Señor el que fue transformando poco a poca a estos hombres hasta transformarlos en los instrumentos que Él necesitaba. De igual forma, pudiera ser que nosotros no tengamos muchos dones o habilidades y sean más nuestras debilidades que fortalezas, pero si ponemos nuestras manos en el Alfarero, Él nos transformara hasta convertirnos en aquellos instrumentos que se necesita para transformar este mundo de pecado.
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