La Biblia: Palabra de Dios


“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo”.

Proverbios 19:7

INTRODUCCIÓN


              La Biblia es declarada la palabra de Dios. Esta afirmación significa que leer la Biblia es conocer las propias palabras del Dios Todopoderoso contrario a cualquier libro de invención humana. Esta es llamada la Ley de Jehová, o el testimonio de Jehová, la ley de Moisés, los preceptos de Jehová, las Sagradas Escrituras, la palabra de Cristo, el pacto de Jehová, la palabra de Dios, etc. Todos estos posesivos nos hacen referencia a comprender que esta palabra ha sido emitida por Dios mismo. Veamos las evidencias que respaldan esta afirmación.

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La Biblia: Palabra de Dios

EVIDENCIAS INTERNAS


                  En Proverbios 19:7 se declara: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo”, donde el posesivo “de”, no solo señala al dueño sino al autor mismo de la palabra. En este sentido se entiende que el autor de esta palabra que conocemos como Biblia es Dios. Lo vemos en las palabras de los profetas del Antiguo Testamento que hablaron no sus propias palabras, sino las de Dios al comenzar con las expresiones: “Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel…”, (Isaías 30:15), “La palabra de Jehová vino a mí, diciendo…”, (Jeremías 1:11), “Así ha dicho Jehová de los ejércitos…”, (Zacarías 8:20), o “Profecía de la palabra de Jehová…”, (Malaquías 1:1), y otras expresiones similares ocurren no menos de 600 veces en el Antiguo Testamento haciendo referencia que no es la palabra de un profeta humano, sino la del Señor.

                También nuestro Señor Jesús se ratificó la veracidad de la Biblia al decir que había venido a este mundo a cumplirla y que ni una sola tilde pasaría sin que esta se cumpliese: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”, (Mateo 5:17-18). También hizo referencia a la ley de Moisés (el actual Pentateuco), los libros proféticos y los Salmos como Escritura inspirada por Dios las cuales daban testimonio de Él: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”, (Lucas 24:44). En general, Jesús confirmo que el Antiguo Testamento era la palabra de Dios al corroborar las historias que se encuentran registradas allí, tal y como lo explica Charles Ryrie: “El reconoció que Adán y Eva fueron creados por Dios, que fueron dos seres vivientes, no meramente símbolos de los hombre y las mujeres (Mateo 19:3–5; Marcos 10:6–8). Verificó los eventos conectados con el diluvio de los días de Noé; específicamente, que existió un arca y que el diluvio destruyó a todos los que no estaban en esa arca (Mateo 24:38–39; Lucas 17:26–27). En dos ocasiones separadas, autenticó la destrucción de Sodoma llevada a cabo por Dios, y la historicidad de Lot y su esposa (Mateo 10:15; Lucas 17:28–29). El aceptó como verídica la historia de Jonás y el gran pez (Mateo 12:40) y reconoció la historicidad de Isaías (12:17), Elías (17:11–12), Daniel (24:15), Abel (23:35), Zacarías (23:35), Abiatar (Marcos 2:26), David (Mateo 22:45), Moisés y sus escritos (8:4; Juan 5:46), Abraham, Isaac, y Jacob (Mateo 8:11; Juan 8:39)”. Todo esto nos enseña que Jesús confirmo que verdaderamente la Biblia es la palabra de Dios.

                En las cartas del Nuevo Testamento, tenemos los versículos de 2 Timoteo 3:16-17 y 2 Pedro 1:21 los cuales testifican la inspiración divina de la Biblia, tal y como ya lo hemos visto. A parte de eso, el apóstol Pedro pone las cartas paulinas al mismo nivel que las Sagradas Escrituras: “tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”, (2 Pedro 3:15-16). En general, estos versículos y muchos más nos testifican que la Biblia es la palabra de Dios.

EVIDENCIAS EXTERNAS


                Lewis S. Chafer dijo: “La Biblia no es la clase de libro que el hombre escribiría si pudiera, o que podría escribir si quisiera hacerlo”. Esto es una verdad contúndete que se concluye al verificar las evidencias externas que hace que este libro sobresalga sobre cualquier otro libro escrito en esta tierra. Entre las evidencias externas que demuestran este hecho podemos mencionar las siguientes:

Su traducción.


                La Biblia es el primer libro en ser traducido en el mundo, la versión Septuaginta o versión de los 70 es la traducción que se hizo en Alejandría del Antiguo Testamento del hebreo al griego en el año 250 a.C. desde entonces se ha traducido a centenares de idiomas y dialectos, ya sea toda ella o porciones de la misma. Hasta el 2011 se había contabilizado una población mundial de 6.5 mil millones de habitantes con 6912 idiomas hablados en el mundo. Hasta este año se contabilizaba 471 idiomas o dialectos a los cuales se había traducido la Biblia completa, 1223 al Nuevo Testamento y 1002 porciones de ella, y este dato sigue creciendo. Si consideramos estos dato nos daremos cuenta que no existe otro libro que se compare en traducciones a la Biblia, mostrándonos las estadísticas que esta singularidad muestra que detrás de este libro hay una influencia divina.

Su supervivencia.

                Otra evidencia externa que demuestra que la Biblia es la palabra de Dios es su supervivencia a lo largo del tiempo. No existe un libro que haya sido tan perseguido y atacado como la Biblia. Desde los emperadores romanos hasta el mismo comunismo ha tratado de destruirla permanentemente, pero sin resultado alguno. Voltaire, un destacado incrédulo francés que murió en 1778 dijo que 100 años después de su muerte el cristianismo desaparecería. Lo irónico fue que después de su muerte, 50 años después la Sociedad Bíblica de Génova utilizo su prensa y casa para producir cientos de Biblia. Hoy en día Voltaire ha pasado a la historia y la Biblia continúa circulando alrededor del mundo. También tenemos el ejemplo de Diocleciano, un emperador romano que promulgo un edicto donde condenaba al cristianismo y ordenaba la destrucción por fuego de todas las Biblias. Irónicamente, 25 años después, Constantino el nuevo emperador romano comisiono a Eusebio para que preparara 50 ejemplares de la Biblia a expensas del mismo gobierno. En la década de los 80’s se levantó una nueva corriente de pensamiento que tenía como objetivo ridiculizar a la Biblia usando la ciencia para ello a lo cual se le conoció como la alta critica. En aquel entonces condenaron a la Biblia y afirmaron que en pocos años dejaría de ser popular. Hoy en día podemos darnos cuenta que eso no ocurrió y que la Biblia sigue reinando como el libro de mayor circulación en el mundo. Así, la Biblia ha sobrevivido a muchos otros ataques donde han tratado de quemarlas, destruirla, criticarla, ridiculizarla o prohibirla, pero hasta hoy su supervivencia muestra la poderosa mano de Dios obrando en ella.

La arqueología.


                La arqueología es una ciencia que da fiel testimonio de la veracidad de la Biblia al corroborar la existencia de ciudades, culturas, lugares y personajes bíblicos cuya existencia era cuestionada por el mundo académico y descartado a menudo como mito. Aunque han tratado de usar la arqueología para desmentirla, con el tiempo nos ha ayudado a corroborar su veracidad. Por ejemplo, la alta crítica desmintió la aseveración que el Pentateuco fue escrito por Moisés en el periodo del Éxodo basándose en que para esa época no existía todavía un sistema de escritura que permitiera elaborar estos documentos. Esto se conoció como la teoría documentaria que afirmaba que el Pentateuco se escribió en tiempos del exilio judío y que era la recopilación de 4 documentos llamados: los documentos J.E.P.D (Yavista, Elohista, Sacerdotal, Deuteronomico). Sin embargo, entre 1901 y 1902 J. Margan descubrió el código de Hammurabi, que no era más que un bloque de piedra negra de 2.25 metros de alto por 1.65 metros de circunferencia en la parte alta y 1.90 metros en su parte baja. Este posee una escritura cuneiforme y es ubicada entre el año 2057 y 1758 a.C., fecha aún más antigua que el mismo Pentateuco, desmintiendo la teoría de la alta crítica que negaba un sistema de escritura para esta época y favoreciendo la postura bíblica en cuanto a la fecha de elaboración de los cinco libros de la ley.

                También la alta crítica llego a negar la existencia de los hititas, una civilización antigua que tiene una participación en los libros del Antiguo Testamento. Se los menciona en Génesis 15:20 como un pueblo que habitó la tierra de Canaán, aparecen en 1 Reyes 10:29 donde se dice que compraron carrozas y caballos al rey Salomón, y Urías el Heteo el esposo de Betsabé fue también un hitita. Antes del siglo XIX no se conocía nada acerca de esta civilización, pero en 1876, un descubrimiento cambio todo. El británico A. H. Sayce, encontró inscripciones talladas en rocas en Turquía. Sospechó que podrían ser evidencia de la nación hitita. Diez años más tarde, se encontraron más tablas de arcilla en Turquía, en un lugar llamado Boghaz-koy. El experto en escritura cuneiforme alemán Hugo Winckler investigó las tablas y comenzó su propia expedición al sitio en 1906 descubriendo cinco templos, una ciudadela fortificada con varias esculturas enormes y 10 mil tablas de arcilla entre las cuales estaba el registro del tratado entre Ramsés II y el rey hitita. Esto corroboraba que realmente la nación hitita existió.

                Otra historia bíblica que se ha criticado es la de Sodoma y Gomorra, asegurando algunos que jamás ocurrió. La Biblia habla mucho acerca de Sodoma y Gomorra (Deuteronomio 29:23; Isaías 13:19; Jeremías 49:18, Mateo 10:15; 2 Pedro 2:6 y Judas 1:7). La historia de su destrucción con fuego y azufre aparece en Génesis 19 y su ubicación es dada en Génesis 14:3, en el valle de Sidim, conocido como el Mar Salado, otro nombre para el Mar Muerto. En 1924, el Dr. William Albright, excavó en este sitio en busca de Sodoma y Gomorra y años mas tarde, entre 1965 y 1973 los arqueólogos descubrieron un muro de 60 cm. de ancho alrededor de la ciudad, junto con numerosas casas y un gran templo. Fuera de la ciudad había grandes sitios de sepultura donde se desenterraron miles de esqueletos. Esto reveló que la ciudad había estado bien poblada durante la baja Edad de Bronce, alrededor del tiempo en que habría vivido Abraham. Entre las cosas que más llamaron la atención de este descubrimiento fue la evidencia de un gigantesco incendio que había destruido la ciudad. Yacía sepultada bajo un manto de cenizas de más de un metro de altura. Un cementerio a un kilómetro de distancia de la ciudad contenía restos carbonizados de techos, postes y ladrillos enrojecidos por el calor, lo cual corrobora la historia bíblica de Sodoma y Gomorra.

                También la arqueología ha ayudado a  apoya la historia de cómo fue conquistada Jericó y sus muros que cayeron. Cuatro arqueólogos destacados han excavado en el sitio: Carl Watzinger (1907-1909), John Garstang (finales de 1930), Kathleen Kenyon (1952-1958) y, últimamente Bryant Wood. Entre los hallazgos descubrieron que Jericó tenía un sistema de fortificaciones impresionante. Un muro de retención de cinco metros de altura rodeaba la ciudad. Encima del muro, había un muro de ladrillos de unos dos metros y medio, fortalecido por detrás por un murallón de tierra. Se encontraron estructuras domésticas detrás de este primer muro. Otro muro de ladrillos circundaba el resto de la ciudad. Las estructuras domésticas que se encontraron entre ambos muros son consistentes con la descripción del alojamiento de Rahab en Josué 2:15. También encontraron que, en una parte de la ciudad, había grandes pilas de ladrillos indicando un desmoronamiento repentino de las fortificaciones las cuales  formaban una rampa mediante la cual un invasor podría entrar fácilmente en la ciudad validando así la invasión de Israel a la ciudad una vez los muros cayeron (Josué 6:20). Aparte de esto se encontró una espesa capa de hollín indicado que la ciudad fue destruida por fuego, según se describe en Josué 6:24. Por tanto, la evidencia arqueológica apoya el relato bíblico de como cayo Jericó.

                 Finalmente, tenemos uno de los personajes más famosos en la Biblia, el rey David, el cual, aparte de la Biblia no existía otro registro arqueológico que comprobara su existencia hasta 1993 donde el Dr. Avraham Biran excavando en Tekk Dan, al norte de Galilea descubrió una plaza real y entre las ruinas una estela de piedra de basalto negro que contenía inscripciones en arameo. La estela contenía trece líneas de escritura, pero ninguna de las frases estaba completa. Algunas de las líneas tenían solo tres letras, mientras que la más ancha contenía catorce. Las letras que quedaban estaban grabadas claramente y eran fáciles de leer. Dos de las líneas contenían las frases “el rey de Israel” y “casa de David”. Con esto, la arqueología estaba añadiendo una evidencia más que corroboraba la existencia del rey David, aparte de lo que la Biblia dice.

                Así la arqueología ha ayudado a dar evidencias externas que comprueban que verdaderamente la Biblia es la palabra de Dios.

El cumplimiento exacto de sus profecías.


                Si consideramos el cumplimiento exacto de las profecías bíblicas nos daremos cuenta que no hay otro libro donde se cumpla la predicción de hechos futuros como la Biblia lo presenta. El cumplimiento exacto de ellas es un fiel testimonio de que la Biblia es la palabra de Dios. En la Biblia encontramos algunos de profecías que fueron dadas en un momento determinado y años más tarde se cumplieron. Por ejemplo vemos el caso de la maldición de aquel que se atreviera a edificar Jericó:

“En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas”.
Josué 6:26

Años más tarde vemos su fiel cumplimiento: “En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun”, (1 Reyes 16:34).

También tenemos la palabra profetizada por un profeta de Judá contra Jeroboam acerca de las fuertes reformas que Josías haría en la nación:

“Aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres”.
1 Reyes 13:2

                Muchos años después el rey Josías cumplía esta profecía: “Asimismo profanó el rey los lugares altos que estaban delante de Jerusalén, a la mano derecha del monte de la destrucción, los cuales Salomón rey de Israel había edificado a Astoret  ídolo abominable de los sidonios, a Quemos ídolo abominable de Moab, y a Milcom ídolo abominable de los hijos de Amón. Y quebró las estatuas, y derribó las imágenes de Asera, y llenó el lugar de ellos de huesos de hombres”, (2 Reyes 23:13-14).

                El cumplimiento de las profecías de la Biblia sobre Babilonia son otro ejemplo de la exactitud de las mismas, estas se encuentran registradas en Isaías 13; 14:1-23; 21:1-10; 46:1,2; 47:1-3 y Jeremías 51:37. En Jeremías 51:37 se afirmó que Babilonia vendría a ser unos montones de ruinas, y esto es literalmente lo que ha venido a ser. Darío destruye Babilonia en el 520-519 a.C. y otra vez en el 514, Babilonia se rebela contra Darío Histospes, que le venció ambas veces y, finalmente, la destruyó. Seleuco Nicatór, que conquistó la ciudad el 312 a.C. aceleró la decadencia. Hizo gran uso de los materiales de construcción que halló en Babilonia para construir Seleucia, su nueva capital, a orillas del Tigris.

                Otra fabulosa profecía que la historia comprueba su exacto cumplimiento es la profecía contra Tiro. Ezequiel declaro cuando Tiro estaba en su apogeo: “Y demolerán los muros de Tiro, y derribarán sus torres; barreré de ella hasta su polvo, y la dejaré como una peña lisa. Tendedero de redes será en medio del mar, porque yo he hablado, dice Jehová el Señor ... y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas ... Y te pondré como una peña lisa ... nunca más serás edificada; porque yo Jehová he hablado”, (Ezequiel 26:4, 5; 12-14). Años después de haberse escrito esta profecía, el gran Nabucodonosor de Babilonia trajo su ejército contra Tiro y sitió la ciudad. Durante 13 años la ciudad de Tiro resistió los esfuerzos del rey de Babilonia. Finalmente, los muros de la ciudad se derrumbaron y las huestes del ejército babilonio entraron en la ciudad y mataron al resto de sus habitantes a filo de espada. Millares de ellos, sin embargo, habían huido mar adentro en embarcaciones, para formar la nueva ciudad de Tiro en una isla situada a menos de un kilómetro en el Mediterráneo. Por tanto, la profecía se cumplió sólo en parte. Sin embargo, la palabra de Dios era firme en cuanto a su fin: y pondrán tus piedras y tu madera y tu polvo en medio de las aguas. Esta profecía se cumplió completamente cuando Alejandro Magno la conquisto, y ordeno destruirla totalmente, con el fin de construir una calzada en medio del mar, por lo que la ciudad de Tiro fue derribada y literalmente su polvo, piedras y maderas fueron arrastrados para lograr este fin. Así la gran Tiro se convirtió en una peña lisa.

                El tiempo nos faltaría para hablar acerca de las profecías contra Edom, las 70 semanas de Daniel, el fiel cumplimiento de las profecías mesiánicas que anunciaban el primer advenimiento de Jesús, y muchas otras que ante nuestros ojos se están cumpliendo y testifican la veracidad de la Biblia como palabra de Dios.



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