Una generación que se condeno (Génesis 7:1)


“Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación”.
Génesis 7:1

INTRODUCCIÓN


            Sin duda alguna la historia de Noé y el diluvio universal es de las mas conocidas, y esta no ofrece importantes lecciones en cuanto a los juicios que vienen a los hombres por causa de su maldad y la oportunidad que Dios nos ofrece para escapar de ellos. Tristemente vemos como aquella generación no aprovecho la oportunidad que tenía y perecieron en el diluvio, así nosotros debemos escapar de la condenación eterna y los juicios que vienen sobre esta tierra aprovechando la oportunidad de Dios nos ofrece por medio de nuestro Señor Jesucristo.

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Una generación que se condeno


                               I.            UNA GENERACIÓN QUE SE APARTÓ DE DIOS.


“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”.
Génesis 6:5-8

            Apenas habían pasado unos cuantos cientos de años cuando la humanidad ya se había apartado de los designios de Dios, su vida era desagradable ante los ojos de Dios que lo molesto a tal punto de decir acabar con toda la vida a través de un diluvio universal. El problema con esta generación tuvo su origen cuando la descendencia de Set que horraba a Dios se mezcló con la de Caín, cayendo en sus horribles costumbres pecaminosas: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”, (Génesis 6:1-3). Si uno piensa un momento en los pecados que cometían este tipo de personas solo podría imaginarse la actitud y espíritu maligno que reposo en su antecesor Caín. El espíritu de orgullo, envidia, homicidio, de ir en contra de la voluntad de Dios y no ofrecerle lo mejor debió habitar es esta generación. Basta ver hoy en día esta sociedad en la cual vivimos, donde la maldad de los hombres y el espíritu homicida de Caín y su desdén por la vida afecta a nuestra sociedad. Un mundo que como Caín ofrecen sus sacrificios y ofrendas a Dios, pero no le son aceptables. Muchos viven sin considerar sus caminos, sin pensar que el juicio de Dios los puede alcanzar:

“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.
Mateo 24:37-39

                            II.            LA ADVERTENCIA DE UN JUICIO VENIDERO.


“Dijo, pues,Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera”.
Génesis 6:13-14

Debido a la maldad del hombre Dios decidió acabar con toda vida a través de un diluvio. La historia de Enoc nos enseña que de alguna manera antes de Noé la advertencia de un juicio venia. Por alguna razón el texto nos sugiere que Enoc antes de engendrar a Matusalén no tenía una vida que pudiera agradar a Dios, sino que fue después del nacimiento de su hijo que lo comenzó a hacer: Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén. Ahora bien, el nombre Matusalén es una expresión hebrea que muchos afirma que significa: “cuando el muera vendrá”, dando a entender a forma de profecía que a la muerte de Matusalén el juicio vendría. A parte de esto, cuando Lamec engendro a Noé afirmo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo, (Génesis 5:29). Todo esto nos enseña que la advertencia de un juicio por los pecados estaba presente y esta generación no podía negar tal cosa. También Dios decidió darle al hombre 120 años en los cuales se piensa que Noé les advirtió del terrible juicio que venía y de las razones por las cuales construía el arca: “… más serán sus días ciento veinte años”, (Génesis 6:3). De hecho, Judas llama a Noé pregonero de justicia aludiendo a la función de anunciar el futuro juicio en este tiempo: “…no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos”, (Judas 5).

Hoy en día el mensaje del evangelio se sigue predicando advirtiéndole también a esta generación que un juicio terrible se acerca y como en aquel entonces, hoy existe un camino de salvación.

                         III.            LA OPCIÓN PARA ESCAPAR DEL JUICIO.


“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe”.
Hebreos 11:7

            En aquel entonces Dios ofreció la oportunidad de escapar del juicio divino por medio del arca, ahora lo hace a través de creer en su Hijo Jesucristo. Como Noé creyó en aquel entonces pensando que el arca que construía seria su salvación, también nosotros con solo creer podemos alcanzar el perdón de nuestros pecados y huir de la condenación eterna.

                          IV.            LA OPORTUNIDAD DESAPROVECHADA.


“Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos”.
Lucas 17:26-27

            Tristemente aquella generación no creyó y un día repentinamente vino el diluvio a ellos. Uno puede imaginarse lo terrible que debió ser aquel día para esta generación. El día debió comenzar a oscurecer repentinamente, los fuertes vientos soplaban y los truenos comenzaban a escucharse a lo lejos. Esta experiencia debió ser aterradora para aquellos habitantes, especialmente porque nunca la habían experimentado. La lluvia comenzó a caer por primera vez y ante tal acontecimiento muchos debieron haber corrido al arca buscando refugio de lo que se aproximaba, pero era demasiado tarde. La Biblia enseña que las fuentes de arriba y abajo se rompieron, las inundaciones debieron ser terribles, en medio de la oscuridad, la lluvia, truenos y el nivel de agua que subía la gente debió precipitarse huyendo a las montañas más altas. Con horror observaron cómo aun en las montañas más altas el agua los alcanzaba, y justo en sus últimos momentos de vida, algunos debieron observar el arca flotar y entonces entendieron que ya no había oportunidad.

            Precisamente esto es lo que Cristo quiere evitar y por ello el mensaje se predica hoy en día buscando la forma de que todos procedan al arrepentimiento. Aquella generación no lo aprovecho pero nosotros no debemos cometer el mismo error.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”.
2 Pedro 3:9-10

            CONCLUSIÓN.


            En tiempos de Noé su generación no aprovecho la oportunidad de salvación que Dios les ofreció a través del arca y todos perecieron en el diluvio por causa de su pecado. Ahora, el Señor nos exhorta a abandonar nuestros pecados y recibir la salvación que nos ofrece por medio de la fe, por tanto, no cometamos el mismo error al despreciar tan grande oportunidad.



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