Jesús Siempre Cuida de Nosotros (Juan 6:16-21)


“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”.
Juan 6:16-21

INTRODUCCIÓN


              El siguiente incidente corresponde a la quinta señal que el apóstol Juan presenta en este evangelio. No demos olvidar que cada una de las siete señales que presenta Juan en su evangelio tiene como propósito principal mostrar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, mismo propósito de todo su evangelio. Este acontecimiento se encuentra registrado en los evangelios de Mateo 14:22–32 y en Marcos 6:45–52, pero con algunas diferencias. En Mateo y Marcos se nos cuenta que los discípulos se embarcaron mientras Jesús despedía a las multitudes, los discípulos se asustaron, pensando que Jesús era un fantasma y sólo Mateo relata el intento de Pedro de ir hacia Jesús caminando sobre el agua. Este maravilloso milagro nos muestra que aun cuando Jesús parezca estar lejos de nosotros, Él siempre vigila de cerca todos nuestros movimientos y en las situaciones más difíciles, cuando nuestras fuerzas nos abandonan, Él llega para ayudarnos y fortalecernos conduciéndonos al descanso de nuestras tareas. Este maravilloso evento milagroso de caminar sobre las aguas también nos muestra la supremacía de Jesús sobre los mismos elementos de la naturaleza, un atributo exclusivo únicamente de Dios, esto debió haber sorprendido en sobremanera los corazones de sus discípulos que se preguntaban quién era este que tenía tal autoridad, no cabía duda alguna que se trataba del Hijo de Dios.

Jesús-camina-sobre-aguas
Jesús camina sobre las aguas

JESÚS VIGILA TODAS NUESTRAS ACCIONES


“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum”.
Juan 6:16

                  Marcos nos relata que después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces Jesús decidió quedarse en tierra despidiendo a la gente mientras sus discípulos se adelantan subiendo a una barca y remando mar adentro: “En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud”, (Marcos 6:45). Mientras sus discípulos remaban Jesús subió a un monte donde podía ver a sus discípulos mientras oraba: “Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar”, (Marcos 6:46). Posiblemente sus discípulos creían que estaban solos, pero no era así, sino Jesús subido en un monte los podía ver y posiblemente oraba por ellos. Cuantas veces nosotros nos sentimos solos en la inmensidad del mar de la soledad, pero no debemos jamás olvidar esta historia que nos enseña que alguien está velando por nosotros. La Biblia nos enseña ampliamente que Dios vigila cada uno de nuestros pasos y a diferencia de cualquier vigía humano este no se cansa: “He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha”, (Salmo 121:4-5). Esto es lo que hoy hace Jesús, el no solo vigila y cuida nuestra vida, sino también intercede por cada uno de nosotros delante de su Padre, como aquella noche subido en aquella colina donde al mismo tiempo que oraba veía a lo lejos a sus discípulos: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”, (1 Timoteo 2:5).

CUANDO LAS FUERZAS NOS FALTA JESÚS VIENE A NUESTRO AUXILIO


“Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis”.
Juan 6:17-20

              De acuerdo a Juan, los discípulos habían remado alrededor de veinticinco a treinta estadios, que equivalen aproximadamente a unos 5 ó 6 kilómetros, y un viento contrario se había levantado amenazando con una tormenta, lo cual los había dejado muy exhaustos y Jesús los veía: “y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles”, (Marcos 6:47-48). La cuarta vigilia había caído, lo que significa que era entre las 3:00 A.M. y 6:00 A.M. lo cual nos sugiere que estaba bastante oscuro lo cual debió haber causado un ambiente de mayor temor al verse cansados y las olas que posiblemente los alejaba cada vez más de la orilla. Cuando las fuerzas desaparecían de los cansados brazos de los discípulos Jesús se decidió a acudir a ellos, y eso es lo que Jesús hace con nosotros cuando las fuerzas parecen desaparecer, y creemos que las olas contrarias de las adversidades nos arrasaran, Dios nos da su fuerza para sostenernos y ayudarnos a seguir remando. Los discípulos estaban tan cansados que cuando vieron acercarse a Jesús se asustaron y lo confundieron con un fantasma, pero Él los alentó hablándoles en medio de la madrugada para crear en ellos confianza: “Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron;  porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”, (Marcos 6:49-50). Que hermoso es saber que cuando sentimos desmallar en medio de las adversidades hay uno que está cerca de nosotros y evitará que nos hundamos: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”, (Isaías 43:2). Esta promesa nos pertenece, debemos estar conscientes que Jesús jamás permitirá que nuestra barca se hunda, sin importar lo fuerte que sea la tormenta que estemos atravesando.

EN MEDIO DE NUESTRAS DIFICULTADES JESÚS NOS DIRIGE A TIERRA FIRME


“Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”.
Juan 6:21


                Cuando sus discípulos oyeron su voz, su alma se calmó y confió, dejándolo entrar en su barca e inmediatamente la tormenta cesó y los condujo a tierra firme: “Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban”, (Mateo 14:6:51). Esta historia sencilla nos muestra una esperanzadora realidad, el cuidado que Jesús tiene de cada uno de nosotros. Podemos estar seguros que aún en medio de los momentos más solitarios Jesús está allí, vigilando y orando por nosotros, y aunque las olas de la adversidad se levanten y las fuerzas nos abandonan, justo antes de ser arrastrados por ellas, Jesús aparece y nos alienta calmando toda tormenta y conduciéndonos a la salida de cualquier problema. Es interesante también ver que muchos de las señales que Jesús realizo fueron hechas delante de muchas personas, obviamente para confirmar su divinidad y la autoridad de sus propias palabras, pero ahora consideramos un milagro exclusivo únicamente para los ojos de sus discípulos, lo cual tenía como único fin fortalecer su fe en Aquel a quien habían escogido como su Señor. Muchas veces podemos presenciar las maravillas del Señor en medio de la congregación y eso definitivamente es algo que llena de gozo, pero mucho más glorioso es cuando lo que presenciamos es en privado, cuando Dios se presenta de marera exclusiva a nosotros, esas experiencias únicas marcan enormemente nuestra vida y fortalecen nuestra fe. Aquel día los discípulos tuvieron ese gran privilegio.


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