La necesidad de un corazón puro (Hebreos 10:22)


“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.
Hebreos 10:22

INTRODUCCIÓN


            El corazón constituye un órgano vital para la vida del cuerpo humano, su funcionamiento bombeando la sangre a todas las partes del cuerpo humano es imprescindible para la misma vida, si este llega a parar, toda la vida se acaba. Igual de importante es el funcionamiento de este en su parte espiritual. Como veremos el corazón es esa parte espiritual de donde nacen todos los sentimientos y emociones la cuales se traducen en acciones, si el corazón es malo, nuestras acciones serán malas y por ello el autor a los Hebreos nos exhorta a limpiar nuestro corazón de toda inmundicia para acercarnos libremente ante Dios. Veamos la necesidad que los humanos tenemos de un corazón puro.

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La necesidad de un corazón puro

                               I.            LA CONDICIÓN PARA ACERCARNOS A DIOS.


“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”.

El texto de Hebreos nos resalta la importancia de tener un corazón puro ya que si no es así no podremos acercaros a Dios. La Biblia nos enseña que Dios es santo y por tanto demanda que cada uno de nosotros lo seamos, pero para eso debemos limpiar nuestro corazón de cualquier inmundicia. Sin embargo, antes de avanzar más en este tema veamos las razones por las cuales necesitamos redimir nuestro corazón.

                            II.            LAS RAZONES POR LAS CUALES EL CORAZÓN NECESITA REDIMIRSE.


La razón por la cual el corazón necesita redimirse es porque es el centro de todas nuestras emociones las cuales se traducen en acciones. En la Biblia vemos claramente el resultado de tener un corazón malo: el hombre tiende al mal:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.
Génesis 6:5

            Nuestro Señor Jesucristo confirmo este hecho al decir que todas las acciones pecaminosas emanan de un corazón perverso:

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”.
Marcos 7:21-23

            Por tanto, si existe maldad en nuestro corazón, nuestras acciones serán pecaminosas y contrarias a la voluntad de Dios, y en esto no hay excepciones, de hecho la misma Biblia también declara que el reflejo del hombre interior es su corazón, de tal forma que si sus acciones son males son un reflejo de lo que tiene en su interior y si es así no podrá ver a Dios.

“Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre”.
Proverbios 27:19

                         III.            LA FORMA DE PURIFICAR NUESTROS CORAZONES.


Sin embargo, veamos ahora la forma de purificar nuestros corazones para ser aceptos delante del Señor, para eso consideremos lo que las Escrituras nos dicen:

1.      Humillarnos delante de Dios.


“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.
Salmo 51:17

El primer paso para purificar nuestro corazón es acercarnos a Dios con una actitud de completa humildad. El salmista declaraba que el mejor sacrificio que a Dios agrada es el corazón contrito y humillado, es decir, aquel que reconoce su culpa y bajeza delante de Dios. Un corazón jactancioso que piense que no necesita nada y que por sus propios medios alcanzara misericordia no será aceptado delante de Dios, tal y como lo vemos en la parábola del fariseo y el publicano.

“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.
Lucas 18:9-14

2.      Pedir a Dios que limpie nuestro corazón.


“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”.
Salmo 51:10-12

            Después de humillarnos ante Dios y reconocer nuestros pecados, el siguiente paso en este proceso de purificación del corazón es confesar a Dios nuestros pecados y pedirle un corazón limpio, ya que solamente Jesús es el único que puede hacerlo.

3.      Guardar su palabra en nuestro corazón.


“Hijo mío, no te olvides de mí ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres”.
Proverbios 3:1-4

            Finalmente, para mantener nuestro corazón limpio de toda inmundicia necesitamos atesorar en él la palabra de Dios. Solo a través del conocimiento y aplicación de la palabra de Dios los hombres pueden perfeccionarse cada día más en la justicia y tener el pleno discernimiento de lo bueno y malo.

            CONCLUSIÓN.


            Sin un corazón puro es imposible ver a Dios, por ello la urgencia de pedirle a Cristo que limpie nuestro corazón de toda maldad y nos redima del poder del pecado.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.

Mateo 5:8



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