Buscando la libertad del pecado (Mateo 8:1-8)

“Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.  Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos”
Mateo 8:1-8

INTRODUCCIÓN


Para el mundo antiguo la lepra era considerada una de las enfermedades más terribles que condenaba a muerte a todos aquellos que la adquirían. La lepra era una enfermedad dolorosa, repugnante e inmunda. La enfermedad atacaba la piel y la carne de la víctima, dejando ulceras las cuales desarrollaban una supuración repugnante. Los parparos se les caían lo cual provocaba que su ojos quedaran viendo fijamente, las cuerdas vocales se les ulceraban, y la voz se les ponía áspera, y la respiración silbante. La lepra podía empezar con la pérdida de la sensibilidad en alguna parte del cuerpo; afectaba los troncos nerviosos; los músculos se descomponían; los tendones se contraían hasta hacer que las manos parecieran garras. Seguía la ulceración de las manos y los pies. Luego llegaba la pérdida progresiva de los dedos de las manos y de los pies, hasta acabar por caérseles toda la mano o todo el pie. El aspecto deformado de la persona, el mal olor que despedía y lo áspero de su voz los convertía en seres verdaderamente repugnantes, por lo que, aparte de sufrir con lo doloroso de la enfermedad, sufrían el aislamiento y rechazo de la sociedad.

Esta enfermedad era tan terrible que no tenía cura a tal punto que en el AT solo encontramos 3 casos de sanidad divina de esta enfermedad: La mano de Moisés, la de María hermana de Moisés y la de Naamán.

            El pecado trabaja de manera similar a la lepra, el cual destruye paulatinamente la vida de los seres humanos arrastrándolos hasta el infierno.

       I.            CONDENADO A MUERTE.


“Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso…”

            El pecado destruye la vida de los seres humanos  y los conducen al infierno. Muchos están condenados por causa de él y no hay forma en que puedan escapar de la condenación.  Este leproso era uno de ellos y como él, muchas personas están condenadas por las consecuencias de sus pecados, siendo muchos rechazados por la sociedad y estando alejados de la gracia de Dios. Sin embargo, este leproso nos muestra la forma de ser libres de este mal que nos conduce al infierno.

leproso
Un leproso es limpio

    II.            TRES ELEMENTOS BÁSICOS PARA SER LIMPIOS DEL PECADO.


Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.

            El leproso nos muestra tres elementos básicos para recibir la limpieza de nuestros pecados:
1.       En primer lugar acudir a Jesús. Los judíos conocían que solo Dios podía currar una enfermedad como esta y ya lo había hecho en el pasado con María la hermana de Moisés. El leproso posiblemente había escuchado las alentadoras palabras de Jesús en el Sermón del Monte y conocía los milagros anteriores que había realizado en la región de Galilea tal y como lo registra el capítulo 4 de este evangelio: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”, (Mateo 4:23). Si queremos alcanzar la misericordia de Dios y ver un milagro en nuestras vidas debemos acudir primeramente a aquel que puede ayudarnos, Jesús, lamentablemente los seres humanos tendemos a confiar primero en otras cosas antes que en Dios, pero este leproso sabía que solo Jesús podía librarlo y por eso la escritura dice que: he aquí vino un leproso.

2.       En segundo lugar, el leproso se rindió ante el señorío de Jesús. La Biblia declara que se postró ante él. La palabra que la Reina Valera 60 traduce como postrar es proscunéo  y literalmente significa rendir adoración y sometimiento a alguien. Si queremos recibir un favor de Dios antes debemos rendirnos ante Él.

3.       En tercer lugar, debemos suplicarle lo que deseamos confesando que Él tiene el poder para hacerlo. El leproso le dijo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Esta confesión nos muestra también tres cosas importantes. Con su boca lo confiesa como su Señor, kúrios, un título de autoridad dado en griego solamente a Dios. En Ingles se le da el título de Lord, y se le considera como el amo de todo. También expresa el anhelo de su petición al decirle que si quieres, puedes limpiarme, así como reconoce su poderío al introducir en medio de su petición la palabra puedes.

Por tanto, si queremos ser limpios de nuestros pecados debemos acudir a Cristo con la confianza que puede ayudarnos, humillarnos ante él y confesar nuestra necesidad de limpieza.

 III.            LA RESPUESTA DE CRISTO.


“Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció”.

La misericordia y la gracia de Dios se ven reflejada en la persona de Jesucristo. La misericordia es la compasión que se muestra hacia una persona que está en desgracia y a lo mejor no merece ser ayudada. La gracia es el don maravilloso que Dios ofrece en favor de la vida de los seres humanos, no porque alguien se lo gane, sino por amor, de manera gratuita. Cualquier rabino o líder religioso hubiese repudiado a este pobre leproso, y posiblemente le hubiere arrojado piedras para que se alejase ya que el solo tocarlo lo podía volver impuro religiosamente. Pero nuestro Señor muestra una compasión que iba más allá de la las tradiciones religiosas. Jesús no solo expreso su deseo de limpiarlo, sino también lo toco: Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

            Como pecadores, somos hombres espiritualmente sentenciados a muerte, que morimos día a día y que como este leproso necesitamos humillarnos delante de Jesús y pedirle que nos limpiara de nuestros pecados ya que solamente Él tiene poder para hacerlo.

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro”.
Colosenses 1:21-23

  IV.            LA CONDICIÓN PARA PERMANECER EN ESTA LIMPIEZA.


“Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino vé, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos”.

Después del milagro nuestro Señor Jesucristo le estableció una solo condición: Mira, no lo digas a nadie; sino vé, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. Por un lado, con esto Jesús esperaba que después de ser limpiado de su lepra, el hombre cumpliese con la ley de Dios y se presentara delante de los sacerdotes tal y como lo establece Levítico 14. Por el otro esperaba que este milagro sirviera como un testimonio de su poder. Posiblemente los sacerdotes y otras personas conocían a este leproso y al verlo limpio se sorprenderían y se lo atribuirían a un milagro de Dios, y al interrogar al hombre, este les contaría de como Jesús lo había sanado de su lepra. Después que Dios nos limpia de nuestros pecados, Él espera que vivamos de acuerdo a sus preceptos divinos y no sigamos nuestra antigua vida. Asimismo espera que nuestra vida restaurada sirva de testimonio a todo este mundo de los que Él puede hacer.

            CONCLUSIÓN


            El pecado es la lepra espiritual la cual poco a poco va destruyendo la vida del ser humano hasta llevarlo al infierno, sin embargo, Dios nos puede limpiar si:
1.      Acudimos a Jesús con fe de que puede limpiarnos y a nadie más.
2.      Acudimos a Jesús reconociendo su señorío y humillándonos delante de Él.
3.      Confesando a Jesús nuestra necesidad de ser limpios.

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