Introducción al Evangelio según Juan

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.
Juan 20:31

INTRODUCCIÓN


             El Evangelio según Juan es una de las joyas preciosas que nuestra Biblia posee. Fue el último de los cuatro Evangelios en ser escrito y nos presenta aspectos importantes acerca de la persona de nuestro Señor Jesús. Este Evangelio se escribió para decirle al hombre que Jesús es el Hijo de Dios y cómo encontrar la vida eterna (Juan 20:31). Este Evangelio no es un simple recuento de la vida de Jesús, sino una poderosa declaración de su deidad, es además, diferente a los otros tres evangelios lo cual queda claro al leerlos. Mientras que los primeros tres evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) presentan con algunas diferencias casi los mismos acontecimientos de la vida de Jesús (razón por la cual se les llama sinóptico que significa “vistos conjuntamente”), Juan se dedica a relatar acontecimientos que no encontramos en los sinópticos. Por ejemplo, los sinópticos relatan su travesía a través de Galilea y que llega a Jerusalén hasta la última semana de su vida, mientras Juan enfoca el ministerio de Jesús en Judea haciendo referencias a ciertas ocasiones que salió de Judea (Juan 2:1-13; 4:3-4). En el Evangelio de Juan se nos narra que participa en algunas fiestas de los judíos (en una Pascua, cuando purifica el templo según Juan 2:13; en una fiesta de la que no se nos da el nombre (Juan 7:2, 10) y la Fiesta de la Dedicación, en invierno (Juan 10:22). Sin embargo, los sinópticos nos dan la idea que Jesús jamás visito Jerusalén hasta el último día de su vida; pero cuando encontramos aquel pasaje donde Él hace lamentación por Jerusalén podemos reconciliar ambos pensamientos: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía, ¡cuántas veces he querido reunir tus hijos como junta sus pollitos la gallina debajo de sus alas! Pero no quisiste...” (Mateo 23:37, Lucas 13:34). Para hacer este lamento Jesús tuvo que haber realizado varias visitas a Jerusalén donde lo hubieran rechazado y por tal motivo Él hace su lamentación. Por medio del Evangelio de Juan tenemos una apreciación de la duración del ministerio de Jesús, cosa que no podemos ver en los sinópticos. Si en Juan encontramos que Jesús celebro al menos cuatro pascuas, la de la purificación del templo (Juan 2:13) que marca el inicio de su ministerio; la otra se sugiere que fue la del capítulo 5, donde se dice que se estaba celebrando una fiesta en Jerusalén, y se cree que era una pascua (Juan 5:1), aquí se nos hace un año. Luego vemos que otra pascua estaba cerca en Juan 6 y se refiere a la ocasión de la multiplicación de los panes y los peces (Juan 6:4), aquí con esta contaríamos dos años. Luego de esta a la última, cuando crucificaron a Jesús, y que se nos dice que esta estaba cerca en Juan 12:1 es la otra pascua, haciendo así un año más que transcurrió. Por tanto podría calcularse que el ministerio de Cristo fue de aproximadamente 3 años. Mientras que los sinópticos nos narran sus fabulosas parábolas y milagros; Juan se limita a narrar solamente siete milagros y los discursos son más profundos desde el punto de vista teológico. Por ello se dice que los primeros tres evangelios son sinópticos, mientras que Juan es teológico. También encontramos algunos relatos que no encontramos en los sinópticos, como las bodas en Caná de Galilea, la historia de la samaritana, la conversación de Jesús con Nicodemo, la resurrección de Lázaro, la enseñanza del otro  Consolador (el Espíritu Santo), entre otras; mientras que no contiene la narrativa de su nacimiento, genealogía, juventud, bautismo, tentación, transfiguración ni ascensión.

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El Evangelio según Juan

PROPÓSITO DEL EVANGELIO SEGÚN JUAN

A través de los cuatro evangelios podemos conocer un aspecto diferente de Jesús. Por ejemplo, Mateo presenta a Jesús como el Rey Mesías, Marcos lo presenta como el Siervo sufriente que pone su vida en rescate de muchos, Lucas lo presenta como el Hijo del Hombre que se compadece de los seres humanos y Juan como el Hijo de Dios, el Verbo divino. Por ello se ha asociado un símbolo con cada evangelio, el León simboliza a Mateo ya que lo presenta como el Mesías, León de la tribu de Judá, el Becerro representa a Marcos ya que presenta a Jesús como el Siervo sufriente, el Hombre representa a Lucas ya que presenta la humanidad perfecta de Jesús, el Hijo del Hombre, y el Águila, representa a Juan, ya que lo presenta como el Hijo del Dios Verdadero. 


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Los 4 Evangelios
El propósito del Evangelio de Juan es presentarlo como el Verbo divino, el Hijo de Dios, el Salvador no solo de los judíos, griegos o romanos, sino de todo el mundo.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3:16

    Para la época en que se escribió este evangelio existían muchas herejías, especialmente el gnosticismo, que negaban  la divinidad de Cristo.  Por ello, el texto de Juan nos persuade acerca de su divinidad:

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.
Juan 20:31

También presenta a Jesús como el Verbo, es decir Dios (Juan 1:1) que hizo al hombre (Juan 1:4), aparecen los 7 Yo Soy que aluden al nombre de Dios con el cual se le revela a Moisés en el libro de Génesis.
“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”.
Génesis 3:14

    Así cada vez que Jesús se declara a sí mismo con una imagen del Antiguo Testamento antecedida por la expresión Yo Soy hacia una aseveración acerca de su divinidad. Él se denomina como el pan de vida (6:35), la luz del mundo (8:12), la puerta de las ovejas (10:7), el buen pastor (10:11), la resurrección y la vida (11:25), el camino, la verdad y la vida (14:6) y la vid verdadera (15:1). Además su divinidad se recalca en este Evangelio a través de los milagros que presenta, los cuales son llamados señales ya que indican su naturaleza divina. Juan registra 7 señales: la transformación del agua en vino (Juan 2:1-11), la sanidad del hijo de un hombre (Juan 4:46-54), sanidad de un paralitico (Juan 5:1-9), multiplicación de los panes y los peces (Juan 6:1-14), caminar sobre el agua (Juan 6:15-21), sanidad de un ciego (Juan 9:1-7) y la resurrección de Lázaro (Juan 11:38-44). También su divinidad se resalta a través de los testimonios de Juan el Bautista (Juan 1:32-34), Natanael (Juan 1:49), el ciego (Juan 9:35-38), Marta (Juan 11:27) y Tomás (Juan 20:28), sin considerar las palabras mismas de nuestro Señor Jesús (Juan 5:19-26). El evangelio según Juan es también una defensa a una herejía que decía que Jesús no había sido hombre, sino solo un espíritu, sin cuerpo real; por ello este Evangelio muestra a Jesús como un hombre idéntico a nosotros con cuerpo, alma y espíritu. Lo presenta como un hombre que se cansó (Juan 4:6), su alma se turbó (Juan 12:27; 13:21), se estremecía y conmovía en su espíritu (Juan 11:33).

AUTOR


             Para la mayoría de los comentaristas el autor de este Evangelio es Juan el Apóstol, hermano de Jacobo, ambos hijos de Zebedeo a los cuales Jesús apodo Boanerges, que significa “hijos del trueno”.

“Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes”.
Marcos 1:19

“a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno”.
Marcos 3:17

                  Aunque el Evangelio no menciona el nombre de su autor, hay pistas por las cuales podríamos estar seguros que Juan el apóstol fue el autor de esta obra. En primer lugar el Evangelio de Juan da detalles exactos en cuanto a festividades, tradiciones y lugares geográficos que solo un judío podía conocer. Segundo, su identidad puede descubrirse del dialogo registrado en Juan 21:19-24 donde el autor se identifica como el discípulo amado el cual se había recostado al lado de Jesús en la última cena.

“Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.  Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero”.
Juan 21:19-24

                Por el hecho de haberse recostado al lado de Jesús el día de la última cena nos indica que tuvo que haber sido uno de los doce apóstoles el autor de este Evangelio ya que solo ellos participaron en este evento. Además este acto de confianza demuestra que tuvo que haber sido uno de los de más confianza los cuales era Pedro, Jacobo y Juan. No pudo haber sido Pedro porque Juan 21:20 afirma que Pedro vio aquel a quien Jesús amaba; tampoco pudo haber sido Jacobo porque éste murió antes de la fecha en la que se escribió este Evangelio. Por lo que tuvo que haber sido Juan el autor de este evangelio, el cual fue el último en morir de todos los apóstoles, el cual conoció la forma de cómo murió Pedro ya que hace referencia a su muerte en Juan 21:19.  También tenemos el testimonio de algunos padres de la iglesia primitiva que atribuían la autoría de este Evangelio a Juan el apóstol. Por ejemplo, Ireneo, el cual fue obispo de Lyon en 177 d.C., el cual fue discípulo de Policarpo de Esmirna, el cual a su vez fue discípulo de Juan el apóstol dijo: “Juan, el discípulo del Señor, el que se recostó en su pecho, fue el que publicó el evangelio en Éfeso; cuando estaba viviendo en Asia”.  También tenemos el testimonio de Clemente de Alejandría (230 d.C.): “Por último Juan, reconociendo que lo que hacía referencia a las cosas corporales del ministerio de Jesús se había narrado suficientemente, y animado por sus amigos e inspirado por el Espíritu Santo, escribió un evangelio espiritual”Por tanto podemos creer que fue Juan el apóstol el autor de este Evangelio glorioso.

FECHA


              En general se han sostenido dos opciones sobre la fecha en que fue redactado este evangelio. La opción tradicional lo sitúa a fines del siglo primero, alrededor del año 85 o más tarde. Esta opción obedece a que su teología es más desarrollada que la de los otros evangelios, lo cual indicaría un origen más tardío ya que este Evangelio es una defensa en contra de las herejías del gnosticismo que negaban la deidad y humanidad de Jesús. También tenemos el testimonio de Clemente de Alejandría el cual afirmó que Juan escribió este evangelio como complemento de los relatos que aparecen en los evangelios sinópticos (Eusebio, Historia Eclesiástica). En cuanto a la segunda opción, hay eruditos que han sugerido una fecha más temprana, tal vez la década del año 50 d.C. y no más tarde que al año 70 d.C. ya que consideran que Juan no uso de los otros evangelios para escribir del suyo y que para esta época ya la teología se había desarrollado (por ejemplo Romanos, epístola escrita alrededor del 57 d.C.); sin embargo, estos argumentos no han convencido a la mayoría de los eruditos.

BOSQUEJO


             Podemos dividir el Evangelio Según Juan en cinco partes sencillas con el propósito de facilitar su estudio. Cada parte está enfocada a revelar un aspecto importante acerca de la divinidad y obra de Jesucristo. Detallamos a continuación el bosquejo:

I.                    El prólogo. El Verbo eterno se encarna, 1:1-18.
II.                  La manifestación de la divinidad de Cristo al mundo, acompañada de seis testimonios: El de Juan el Bautista, el del Espíritu santo, el de los discípulos, el de las obras poderosas de Cristo, el del Padre y el de las Escrituras, 1:19-12:50.
III.               El ministerio privado de Jesús y las instrucciones a sus discípulos, capítulos 13-17.
IV.                Muerte y resurrección de Jesús, capítulos 18-20.
V.                  Epilogo, 21:1-23.



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