Una triple exhortación de esperanza (Mateo 7:7-11)


“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?  Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.
Mateo 7:7-11

Introducción


               Para muchos estudiosos de las Escrituras la razón por la cual este pasaje está aquí no está aún muy claro ya que rompe el hilo del pensamiento que se ha venido desarrollando y pareciera más lógico haberlo incluido allá en el capítulo 6 donde Jesús habla acerca de la oración. No obstante, su belleza y profundidad en cuanto a lo que nos enseña es incalculable. En estos versículos se nos da la seguridad de que nuestras oraciones serán escuchadas y respondidas a tal punto que William Barclay la ha llamado la carta magna de la oración y lo hace a través de una triple exhortación.

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Una triple exhortación de esperanza

La triple exhortación


“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.  Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
Mateo 7:7-8


                En estos versículos nuestro Señor Jesús vuelve al tema de la oración con tres imperativos del tiempo presente que expresan una acción repetida y continua. Los verbos Pedid…buscad… llamad, nos sugieren perseverancia y oración frecuente, en tanto que los verbos recibe… halla… abrirá, nos dan la idea de seguridad de obtener nuestra respuesta. Ahora bien, esto no significa que recibiremos exactamente lo que pidamos, ya que Dios es soberano en sus decisiones y sabe lo mejor para nosotros: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles… Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, (Romanos 8:26-28). También debemos considerar el hecho de que podemos pedir cosas que en lugar de mejorar nuestra comunión con Dios la empeoren, en ese caso Santiago dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”, (Santiago 4:3). Independientemente de cual sea la respuesta de Dios para nuestra oración, podemos estar seguros que la recibiremos, ya sea un sí o un no, ya sea que recibamos lo que esperamos u otra cosa diferente a la que pedimos, ya sea que la recibamos pronto o aparentemente tarde, podemos estar seguros que nos responderá de acuerdo a lo que más nos convenga.

La seguridad de ser atendido por nuestro padre celestial


“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? ”.
Mateo 7:9-11


En estos versículos encontramos un silogismo que nuestro Señor usa para recalcar la verdad anterior. Un silogismo es una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión. En primer lugar hace dos preguntas cuya respuesta lógica es no. Él dice: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?”. Para la mayoría de los judíos los hijos eran de gran estima a tal punto que uno de sus rabinos decía: “¿Hay algún hombre que aborrezca alguna vez a su hijo?”. Siendo la respuesta lógica a estas preguntas ¡no!, hace la siguiente proposición en forma de una oración afirmativa: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, para luego terminar con la conclusión que expresa el principio máximo que desea enseñar: ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? La enseñanza es sencilla. Si nosotros que somos malos y pecadores sabemos dar buenos presentes a nuestros hijos, cuanto más hará nuestro Padre celestial si le pedimos alguna cosa. Por tanto, podemos estar seguros que tenemos un Padre celestial amoroso que nos oirá y atenderá en cada una de nuestras oraciones, éstas jamás quedaran sin respuesta.
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