¿Comer su carne y beber su sangre? (Juan 6:51-59)

“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum”.
Juan 6:51-59

INTRODUCCIÓN


                 Llegamos casi al final de esta gran discusión que inicio con el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces, y desde entonces, el pan ha figurado metafóricamente en toda la temática que se ha venido desarrollando a lo largo de todo el capítulo 6 de este evangelio. Todo comenzó con el interés que se despertó en estos judíos al buscar a Jesús porque los había alimentado lo cual provoco la amonestación de Jesús de no buscar el alimento físico sino el que da vida eterna, esto los confundió y los llevo a realizar la declaración del gran yo soy, donde afirmaba ser el pan que descendió del cielo. Esta figura era muy conocida por los judíos ya que recordaban la peregrinación de Israel durante 40 años en el desierto y el milagro del maná que descendió del cielo el cual los alimentó todo ese tiempo. Jesús les aclara que no fue Moisés quien los alimento con maná, sino Dios, y ahora había hecho que el verdadero pan del cielo descendiera. El contraste con el maná y el pan de vida que es Jesús es muy claro. El maná los alimentaba cada día y cada mañana volvían a tener necesidad de él, y solo duro 40 años; pero Jesús ofrecía el pan que sacia las necesidades espirituales de una vez y para siempre y da vida eterna. Con forme la discusión avanza los judíos se sienten más y más confundidos y sus murmuraciones crecen haciéndose menos amigables para Jesús.

carne-sangre
¿Comer su carne y beber su sangre?


¿COMER SU CARNE Y BEBER SU SANGRE?


“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.
Juan 6:51-52

                Esta sección de versículos de la Biblia resultan muy difíciles de comprender especialmente porque Jesús utiliza un lenguaje metafórico y resulta hasta grotesco a simple vista. Una vez más Jesús afirma que Él es el pan de vida que descendió del cielo y cualquiera que lo comiese tendrá vida eterna: Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre. Sin embargo, nuestro Señor amplia más el significado de sus palabras introduciendo un lenguaje metafórico: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. El problema con estas palabras fue que los judíos lo interpretaron literalmente, y pensaron que Jesús les decía que tenían que comer su carne para tener la vida eterna, y esto era considerado un acto de canibalismo repudiado no solo por los judíos sino también por la cultura griega. Estas palabras provocan que los judíos pasen de murmurar a contender: Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? El enojo de estos judíos creció aún más porque pensaban que lo que Jesús les decía era una completa aberración, sin embargo, el Maestro trata de explicarse una vez más diciéndoles: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. ¿Comer carne? Esto era un acto de canibalismo no aceptado por su cultura. ¿Beber su sangre? Los judíos tenían completamente prohibido tal cosa: “Además, ninguna sangre comeréis en ningún lugar en donde habitéis, ni de aves ni de bestias. Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal persona será cortada de entre su pueblo”, (Levítico 7:26-27). Pero entonces, ¿a qué se refieren sus palabras?

                Algunos han intentado relacionar estas palabras con el tema de la eucaristía practicada por la iglesia católica, pero nada más alejado que eso. Otros opinan que se refiere a la santa cena que se celebra en la iglesia; pero esto es poco probable. La clave para comprender el significado de esta figura literaria radica en la afirmación que se encuentra entre estas palabras: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. La carne que nos dará a comer es su mismo cuerpo el cual será entregado a muerte en la cruz del Calvario por nuestros pecados. La sangre que nos dará a beber es su sangre que fue derramada en para limpiarnos de toda maldad: “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, (Romanos 3:25). Por tanto, comer su carne y beber su sangre es una figura metafórica que nos sugiere poner nuestra fe en su sacrificio el cual nos perdona todos nuestros pecados y nos da vida eterna.

UN VERDADERO ALIMENTO ESPIRITUAL


“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum”.
Juan 6:53-59

                   En la cultura griega pagana se tenía la costumbre de ofrecer sacrificios a sus dioses y cuando se hacía una parte era quemada totalmente, pero otra se conservaba para cocinarla y comerla en comunión con otras personas con el objetivo de buscar en la carne de estos animales sacrificados la transmisión de algún favor divino. Los judíos también solían compartir con los sacerdotes la parte de la carne del animal que no se quemaba en la ofrenda a Dios: “Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en lugar santo. Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que estará en el canastillo, a la puerta del tabernáculo de reunión”, (Éxodo 29:31-32). También existían ofrendas que se ofrecían como una acción de gracia la cual después de que se quemaba una parte, la otra era comida por los participantes con el objetivo de tener comunión y compartir las bendiciones de Dios con sus prójimos: “Y cuando ofreciereis sacrificio de acción de gracias a Jehová, lo sacrificaréis de manera que sea aceptable. En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día. Yo Jehová”, (Levítico 22:29-30). Por tanto, la idea de comer carne de lo sacrificado en ofrenda a Dios existía en la mente judía, no obstante, todo sacrificio y carne que se comía era algo pasajero lo cual tenía que repetirse constantemente porque no satisfacía completamente, pero el alimento que Jesús promete darnos es uno completo con el cual no se volverá a tener hambre, su cuerpo sacrificado, su sangre derramada fue el medio a través del cual el conquisto la muerte y hoy no solo ofrece perdonar nuestros pecados sino resucitarnos y darnos vida eterna: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo, Jesús, quien vino a morir en una cruz ofreciéndose al Padre como un sacrificio para el perdón de nuestros pecados de tal forma que en lenguaje figurado su carne y sangre representan una verdadera comida y bebida para satisfacer la necesidad de hambre y sed espiritual que todos tenemos: Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Los judíos del Antiguo Testamento comieron maná por 40 años, pero todos murieron, este pan promete darnos vida eterna, los judíos que vagaron en el desierto tenían necesidad de comerlo cada día; este pan solo necesita comerse una vez y nos saciara eternamente. Juan agrega que toda esta discusión tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum: Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Así llega a su final este maravilloso discurso donde el pan ha figurado como una impresionante ilustración de cómo Jesús puede no solo sustentar nuestra vida sino darnos la vida eterna.



Share on Google Plus

About Walter Cuadra

0 Comments:

Publicar un comentario