Jesús el Pan de Vida (Juan 6:35)

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.
Juan 6:35

INTRODUCCIÓN


                 Continuamos en el capítulo 6 y llegamos a una de las siete expresiones del gran “Yo soy”. Recordemos que todo este episodio comenzó con la multiplicación de los cinco panes y dos peces, y aquella gente que Jesús alimento lo había seguido, no porque buscaran lo espiritual, sino sustentar sus barrigas. Por esta actitud nuestro Señor los reprende y les exhorta a trabajar por la comida que da vida eterna y es allí cuando la gente lo desafía pidiendo una señal que demuestre que es superior a Moisés quien alimento con el maná, el pan que descendió del cielo, a toda una nación durante 40 años. Es aquí donde Jesús afirma su superioridad a Moisés diciéndoles que no fue Moisés quien lo alimento, sino Dios, y que el Padre les había enviado el verdadero pan que da vida eterna, y ese pan es Jesucristo mismo.

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Jesús el Pan de Vida

UNA DECLARACIÓN DE SU DIVINIDAD


“Jesús les dijo: Yo soy…”
Juan 6:35

                 La expresión Yo soy se ha convertido en una declaración del carácter divino de Jesús. El pronombre Yo es enfático y el verbo “soy” en el tiempo presente expresa el eterno ser divino. Tres veces en este pasaje Jesús repite esta afirmación (41, 48, 51). No olvidemos que el propósito principal del apóstol Juan al escribir este evangelio es demostrar a sus lectores que Jesús es Dios y con esta expresión en boca del mismo Jesús lo deja muy claro. Para los judíos esta expresión era muy conocida ya que la relacionaban con la auto existencia del Dios todo poderoso la cual había sido revelada a Moisés en la zarza que ardía: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”, (Éxodo 3:14), por tanto, al usarla Jesús para sí mismo se hacía igual a Dios. En este evangelio Jesús se presenta siete veces como el Yo soy, asociándose con una metáfora que se relaciona con alguna figura del Antiguo Testamento, así tenemos los siete grandes Yo soy en el siguiente orden: Él se denomina como el pan de vida (6:35), la luz del mundo (8:12), la puerta de las ovejas (10:7), el buen pastor (10:11), la resurrección y la vida (11:25), el camino, la verdad y la vida (14:6) y la vid verdadera (15:1). Ahora consideraremos su gran declaración mesiánica: Yo soy el pan de vida.


YO SOY EL PAN DE VIDA


“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.
Juan 6:35


                  Durante 40 años Israel se vio alimentado por Dios a través del maná que no era más que un pan que descendía del cielo: “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. Más en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día”, (Éxodo 16:4-5). Este extraordinario milagro no solo trajo sustento alimenticio a la nación de Israel, sino creo una entera dependencia hacia su Dios a tal punto que a diario esperaban la divina providencia del Señor para comer. Por otro lado, el pan constituía uno de los alimentos básicos en la vida de los judíos por lo que Jesús enseño que en sus oraciones lo pidieran a diario: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, (Mateo 6:11). También el pan cumplía un papel muy importante en la adoración de Israel. Durante la celebración del Pentecostés se ofrecían dos panes con levadura como sacrificio: “De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová”, (Levítico 23:17), y en el Tabernáculo y posteriormente en el Templo, los levitas colocaban doce panes sin levadura en la mesa de los panes de la proposición, los cuales eran cambiados cada semana y representaban la provisión de Dios hacia su pueblo: “Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente”, (Éxodo 25:30). Durante la Pascua los judíos celebraban también la fiesta de los panes sin levadura donde comían panes sin levadura conmemorando así el día que Dios libero a Israel de Egipto y tan apurados estaban que no tuvieron tiempo para esperar que el pan fermentara porque al siguiente día tenían que salir. Por tanto, el pan jugaba un papel muy importante en la cultura judía: “Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán”, (Éxodo 12:8). Ahora viene Jesús y les promete saciar todas sus necesidades, especialmente, las espirituales. Así como el pan sustenta la necesidad física del hambre, así el pan de vida que Dios ha hecho descender del cielo promete saciar toda necesidad espiritual en el alma del ser humano, y este pan de vida es Jesucristo mismo, el cual es al mismo tiempo Dios: Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida. El pan representaba un alimento básico en la dieta de todos los judíos, y el maná era un recuerdo maravilloso de lo que Dios había hecho por sus antepasados, pero ahora Jesús se ofrece a sí mismo y nos dice que Él es capaz de saciar toda necesidad espiritual en nuestra vida a una escala mucho mayor de lo que lo experimentaron los israelitas del éxodo. Los israelitas tenían que buscar a diario el maná porque cada día volvían a tener hambre y su cuerpo necesitaba el alimento, pero Jesús promete que el que viene a Él jamás volverá a tener hambre y sed: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. El hambre y la sed son dos necesidades básicas en la vida del ser humano, sin ellos es imposible vivir, pero aun cuando ambas necesidades son saciadas, se volverá a experimentar hambre y sed, pero Jesús nos promete que si vamos a Él, jamás volveremos a tener necesidad: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura”, (Isaías 55:1-2). La clave para alcanzar esta gran bendición esta en venir a Cristo y creer en Él y así toda nuestras necesidades espirituales será saciadas de una vez y para siempre, y no solo eso, sino también promete darnos una vida de abundancia y en la eternidad la vida eterna: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”, (Juan 10:10).


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