Jesús calma cualquier tempestad (Mateo 8:23-27)

“Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? ”.
Mateo 8:23-27

Introducción


                  Iniciamos hoy una nueva sección de tres milagros precedidos por la enseñanza del discipulado. No olvidemos que el propósito del apóstol Mateo es presentarnos a Jesús como el Mesías y para ello ha relacionado las sanidades divinas con el cumplimiento de Isaías 53:4, tal y como ya lo vimos. Hoy presenta un milagro que está relatado en los otros dos evangelios sinópticos y que es muy conocido entre el pueblo cristiano: Jesús calma la tempestad. Si recordamos el pasaje anterior, al verse Jesús rodeado de grandes multitudes ordeno pasar al otro lado (Mateo 8:18), por lo que se embarcó junto con sus discípulo en el mar de Galilea. En el pasaje paralelo de Marcos se le agrega la variante de que otras barcas lo siguieron: “Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas”, (Marcos 4:36). Esta escena tiene lugar en el mar de Galilea el cual tiene 20 kilómetros de largo de Norte a Sur y 14 kilómetros de ancho de Este a Oeste. El Mar de Galilea es por tanto pequeño, y realmente no es un mar sino un lago, por ello Lucas, el gentil, que había visto mucho mundo, nunca lo llama mar (zalassa), sino siempre lago (limné) y esto se debe a que los judíos solían llamar a las grandes extensiones de agua mar. El valle del Jordán ocupa una profunda falla de la superficie de la Tierra, y el Mar de Galilea es parte de esa falla. Está a 210 metros por debajo del nivel del Mediterráneo. Eso hace que su clima sea templado y benigno, pero no es tan apacible como se ve a primera vista ya que en cuestión de 15 a 20 min la calma se puede convertir en una repentina tempestad.


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Jesús calma la tempestad
               Esto se debe a que al Oeste hay colinas con valles y barrancos; y cuando sopla el viento frío del Oeste, estos valles y cauces actúan como abanicos gigantescos que provocan fuertísimos vientos. El viento parece que se comprime en ellos, y se precipita sobre el lago con una violencia salvaje y con una rapidez alucinante, de manera que la calma de un momento se convierte en un instante en una tormenta terrible. Las tormentas del Mar de Galilea se producen repentina y violentamente de una manera totalmente imprevisible y única la cual aterroriza hasta al más experimentado marino. Esto fue lo que paso en estos versículos, tratando de cruzar al otro lado, de repente se levantó una gran tormenta que amenazaba destruir la barca.



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El Mar de Galilea


La terrible tempestad

“Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!”.
Mateo 8:23-25

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Jesús calma cualquier tempestad

                  En el griego original la palabra que se usa para describir la tempestad es seismós (σεισμός) de la cual proviene la palabra sismo, cuando nos referimos a un terremoto. También encontramos que la palabra grande, para referirse a las olas, proviene del adjetivo griego mégas (μέγας), lo cual sugiere algo agrandado un millón de veces.  Por tanto, podemos entender la magnitud de aquella tormenta, la cual de manera súbita se había presentado con fuertes vientos estrepitosos y hacían que se levantaran olas gigantescas que parecía que la barca se iba a hundir. Por ello Mateo señala que las olas cubrían la barca, mientras que Marcos y Lucas agregan que parecía que la barca iba a ser hundida: “Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba”, (Marcos 4:37). En el libro del profeta Jonás encontramos otra historia de marineros que se vieron atrapados por una terrible tormenta:

“Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir… Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos.”, (Jonás 1:4-5, 13). Posiblemente, los discípulos como los marineros de la historia de Jonás lucharon por estabilizar la nave, no olvidemos que la mayoría de ellos eran pescadores experimentados criados en el mar, pero tan grande era la tormenta que sus esfuerzos fracasaron. Curiosamente podríamos encontrar un paralelo con la historia de Job, donde los marineros al verse afligidos lucharon por que la nave no se hundía mientras que Jonás dormía. Igualmente la escritura dice que Jesús dormía: pero él dormía. Entonces los discípulos entraron en gran pánico. En Mateo dice que los discípulos clamaron: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Marcos dice que ellos gritaban: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”, (Marcos 4:38), mientras que Lucas dice que ellos diciendo: “¡Maestro, Maestro, que perecemos!”, (Lucas 8:24). Sea como sea, debió haber un sinfín de gritos clamando ayuda a Jesús, a tal punto que lo interrumpieron de su sueño.

Jesús calma la tempestad


Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? ”.
Mateo 8:23-27

            Curiosamente, mientras ocurría esta gran caos donde los discípulos pensaban que el fin había llegado, nuestro Señor Jesús estaba dormido en la popa de la barca, tal y como lo aclara el evangelista Marcos: “Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal”, (Marcos 4:38). El tiempo usado en el original describe a Jesús pacíficamente dormido. Esto nos ofrece un lindo cuadro que contrasta con la escena de los abatidos discípulos. Había trabajado arduamente y estaba muy cansado, ya que no olvidemos de que Él es hombre perfecto. Además, no le era difícil quedarse profundamente dormido, porque su confianza en el Padre celestial no vacilaba. Ni el rugido del viento ni la embestida de las olas y ni siquiera el balanceo brusco y continuo del barco pudo despertarlo. Esto es un verdadero ejemplo de que cuando tenemos fe la paz nos acompaña aun en medio de las peores situaciones. En la historia de Jonás los marineros despiertan a Jonás y al echar suertes se dan cuenta que la tormenta se debía a la presencia del profeta en su barco y fue allí donde les declaro que huía del Señor y ellos le preguntaron que podían hacer para remediar la situación: “Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más. Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros”, (Jonás 1:11-12). Sin embargo, esta opción no les pareció bien a los marineros por lo que decidieron seguir combatiendo con sus propias fuerzas: “Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos”, (Jonás 1:13). Muchas personas son como estos marineros, a los cuales cuando se les ofrece el camino de salvación deciden seguir esforzándose por resolver sus problemas por sus propias fuerzas, aun en las peores situaciones de su vida. Finalmente los marineros se dieron cuenta que no tenían otra opción que obedecer la palabra del profeta y así hicieron: “Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor”, (Jonás 1:14-15). Podemos ver como el sacrificio de un hombre salvo la vida de todos los marineros. Así el sacrificio de Cristo salva las nuestras y nos da la victoria sobre todos nuestros problemas.

Volviendo a nuestra historia original vemos que Jesús es despertado de su sueño, y entonces los reprendió por su falta de fe: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Anteriormente sus discípulos había presenciado las sanidades que Jesús había realizado, pero el temor se apodero de ellos. El temor los hizo entrar en pánico y perdieron la calma. También no podemos decir que perdieron su fe totalmente ya que al buscar a Jesús y despertarlo para que los salvara expresaban su confianza en que realmente los podría ayudar, y por ello Jesús les dice hombres de poca fe. Las palabras poca fe, en el griego original provienen de una sola expresión, oligópistos (ὀλιγόπιστος) y denotan una falta de confianza. La palabra temer se traduce del adjetivo deilós (δειλός), que también puede traducirse como cobarde. Esto nos muestra que la fe requiere valentía, confiar en Dios implica no dejarse aterrorizar por las dificultades o pruebas de la vida y nuestra firme confianza en la providencia de Dios traerá sobre nosotros la paz de Dios aun en medio de las peores situaciones. Como cristianos todos vamos a atravesar terribles tormentas en la vida las cuales amenazaran destruirnos, pero es importante no dejarnos intimidar por ellas. Nuestra confianza debe ser firme, nuestra fe debe prevalecer creyendo que Dios realizara el milagro a favor de nuestra vida.

             La vida es como una barca, en la vida enfrentaremos muchas tormentas, pero también al final de cada tormenta nos espera un nuevo amanecer, lo importante es asegurarnos de que Jesús esté en nuestra barca.

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.
Isaías 43:2

                En el momento de que Jesús reprendió a los vientos y al mar, hubo una gran bonanza a tal punto que los discípulos se maravillaron diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? Este que estaba en la barca una vez más demostró su autoridad mostrando que no solo tenía poder sobre las enfermedades y demonios, sino también sobre la naturaleza misma, lo cual comprobaba que definitivamente era el Mesías tan esperado. En la Biblia encontramos hombres que gozaron el respaldo de Dios, sus obras testificaba eso, y algunos tuvieron autoridad sobre los elementos de la naturaleza. Por ejemplo tenemos a Moisés que dividió las aguas del Mar Rojo para que Israel pasara en seco, tenemos a Josué que cuando Israel paso a Canaán, el rio Jordán se dividió, o el terremoto que derribo las murallas de Jericó o cuando él ordeno que el sol y la luna se detuvieran. También podemos ver que tanto Elías como Eliseo dividieron las aguas del rio Jordán. Estas obras milagrosas sobre la naturaleza era un testimonio de aprobación de Dios a estos hombres y ahora vemos a un hombre llamado Jesús que goza del mismo respaldo.

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Jesús calma cualquier tempestad

“¿Quién es este hombre? El sueño y su humanidad demostraba que era hombre, pero el mar y la tranquilidad manifestaban que era Dios”.
San Juan Crisóstomo

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10 Comments:

  1. que buena explicación Jehová le bendiga

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  2. excelente y sencilla. muy entendible!!
    bendiciones

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  3. Muy buena explicación Dios continúe bendiciendo su vida

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  4. Excelente Dios te bemdiga mi hermano

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  5. Excelente y muchas gracias. Doo le continúe dando sabiduría y entendimiento. Si me puede enviar al correo otras enseñanzas le agradezco mucho.

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  6. Muchas gracias Dios le continúe bendiciendo. Si me puedes enviar otras enseñanzas al correo le agradezco mucho.

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    Respuestas
    1. Dios la bendiga.

      Gracias por estudiar la palabra de Dios y visitar nuestro Blog.

      Ud. puede recibir estudios por e-mail, solo vaya a la parte donde aparecen los iconos de las redes sociales que están en la parte derecha de este blog.
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      Bendiciones

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  7. Dios le bendiga ...Y que cada día lo llene de su sabiduría

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  8. Hermoso, gracias por tan bella enseñanza.

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