Juan 3:16: Un versículo que expresa el amor de Dios (Juan 3:16)

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Juan 3:16

INTRODUCCIÓN


               Juan 3:16 es un texto que expresa la esencia del evangelio de Dios. Figura entre uno de los textos más conocidos a nivel mundial, que se ha traducido a cientos de idiomas y dialectos, que ha servido de lema para diferentes campañas y actividades cristianas alrededor del mundo y a lo largo de la historia. Es un versículo usado desde tiempos de la iglesia del primer siglo a la fecha, por cientos de predicadores y que ha ganado millones de almas. Es un versículo que ha generado el asombro y comentario de miles de eruditos cristianos a lo largo de la historia de la iglesia. Martín Lutero dijo que Juan 3:16 era “la Biblia en miniatura”, Charles H. Spurgeon dijo que este versículo encabezaba todos los volúmenes de sus sermones, como el único tema de su ministerio. William Barclay lo llamo “el versículo de todo el mundo”, Juan Calvino lo llamo “la gran recomendación de la fe” y en general expresa la esencia del mensaje del evangelio, las buenas nuevas que traen el gozo al corazón de un pecador arrepentido y que esbozan el plan redentor de nuestro Dios.  En general, Juan 3:16 expresa el amor de Dios por la raza humana. Veamos en este versículo sus implicaciones.


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“DE TAL MANERA”: LA EXTENSIÓN DE SU AMOR


“Porque de tal manera…”

                  En el griego original dice jouto gár (οὕτω γάρ), expresiones que denotan la extensión e intensidad con la cual ocurre una acción. Su amor se expresa de tal manera que no existe nada ni nadie en el mundo que nos pueda amar como lo hace Dios. Las palabras “de tal manera” expresan el énfasis grande que el apóstol desea recalcar en sus lectores en cuanto a lo excelso y grandioso de este hermoso don. Estas palabras nos expresan la inmensa altura, longitud, anchura y profundidad de su amor: “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos”, (1 Crónicas 29:11). Su amor es incomparable porque proviene del dador de las mejores dadivas. Como dueño de las mejores dadivas, Dios las posee en una proporción ilimitada y puede otorgarlas sin reservas, lo vemos reflejado en las vidas de muchas personas que gozaron de su inmenso amor. Personas como Noé, Abraham, José, Ruth, David, Ester, Nehemías y muchos otros son algunos ejemplos de ello. De tal manera son palabras que encierran su infalibilidad. El amor de Dios no falla, es completamente perfecto. El amor del hombre nos puede fallar, sin embargo, Dios jamás nos fallara.

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti”.
Isaías 49:15

                Cuán inmenso y excelso es el amor que Dios nos ha otorgado a seres humanos pecadores e imperfectos, que al considerar sus características como inmensidad, profundidad, alcance, incondicionalidad, infalible, eterno y riquezas; como el apóstol Juan podríamos decir también: “Porque de tal manera…”

                “AMÓ DIOS”: LA ESENCIA DE LA DIVINIDAD


“… amó Dios…”


                   En el griego original las palabras son zeós agapáo  (θεός ἀγαπάω), es decir Dios amó, y el verbo que el apóstol Juan usa para amor es agapáo. En el griego del Nuevo Testamento hay dos palabras que se usan para este término. El primero es filéo (φιλέω), que expresa un amor basado en los sentimientos de afecto que alguien puede sentir hacia otra persona como consecuencia de lo que la otra persona ha hecho por ganarse ese afecto. Sin embargo, el apóstol introduce una palabra diferente que es agapáo (ἀγαπάω), un amor completamente diferente a filéo, el cual está basado no en las emociones o sentimientos, sino en un acto de voluntad, en la decisión de mostrarle a alguien su bondad y misericordia. Es con este tipo de amor que Dios ha amado. El amor no es solo una característica de Dios, sino es su misma esencia. Si hay algo por lo cual el Señor se caracteriza, es porque sabe amar. Lo vemos plasmado en las páginas de la Biblia. Por ejemplo, el Señor bendijo a Isaac por amor de Abraham:

“Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo”.
Génesis 26:24


Fue por amor a su pueblo Israel que Dios lo libero de la esclavitud en Egipto: “¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses”, (2 Samuel 7:23).

Fue por amor a su siervo David que no extermino a su descendencia aun cuando muchos de estos le fallaron durante el periodo de los reyes en Judá antes de la deportación a Babilonia: “Más por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalén”, (1 Reyes 15:4). En general, es por amor que Dios obra, no solo en todo el universo, sino también a través de la vida de los seres humanos, porque es su naturaleza, la esencia de su carácter divino, su grandiosa virtud.

                “AL MUNDO”: EL OBJETO DE SU AMOR


“… al mundo…”

                 Las palabras que el apóstol utiliza en el griego original son ton kósmos (τον κόσμος). En el griego del Nuevo Testamento kósmos se utiliza para referirse tanto al mundo físico que Dios ha creado, como a la raza humana. En el Evangelio según Juan, la palabra es usada para hacer referencia a la raza humana y no al mundo físico. Vemos aquí en estas dos palabras que el objeto del amor de Dios son los hombres y mujeres. Ahora bien, ¿quiénes son el objeto de su amor? Si bien es cierto Dios es grande en amor y lo expresa en toda su creación; nadie lo ha experimentado tanto como el ser humano. En el libro de Génesis vemos como por el poder de su palabra creo todo lo que existe, pero con el ser humano no fue así, sino que lo formo del polvo de la tierra y soplo en él aliento de vida, creándolo a su imagen y semejanza, colocándolo a la cabeza de toda la creación; detalle que no hizo con el resto de su creación, mostrando así su gran amor por el hombre. “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz (Génesis 1:3)… Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas (Génesis 1:6)… Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así (Génesis 1:9)…Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así (Génesis 1:11)…  Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años (Génesis 1:14)… Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos (Génesis 1:20)… Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así (Génesis 1:24)…  Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra (Génesis 1:26)… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1:27-28)…  Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”, (Génesis 2:7).

                Podemos observar repetidas veces las palabras  dijo Dios y todo fue hecho por el poder de su palabra. Pero cuando la Biblia relata la creación del ser humano, relata una serie de detalles que nos expresa su gran amor por la raza humana.

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”.
Salmo 8:3-6
               
El salmista expresaba estos mismos pensamientos en el Salmo 8, donde al comparar la grandeza de Dios que se expresa en su creación, se preguntaba ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?, considerando que lo había creado menor que los ángeles. Sin embargo, la verdad es que el hombre y la mujer han sido y son el objeto de su gran amor. Dios creo al ser humano para mostrarle sus infinitas misericordias y darles herencia juntamente con Cristo Jesús.

                “QUE HA DADO A SU HIJO UNIGÉNITO”: LA MAYOR MUESTRA DE SU AMOR

“… que ha dado a su Hijo unigénito…”

                 En el griego coiné dice: joste ton juiós autos ton monogenés edoken (ὥστε τον υἱός αὐτός τον μονογενής εδωκεν) las cuales describen la mayor muestra de amor de Dios por los seres humanos: haber entregado a su Hijo unigénito. La palabra monogenés (μονογενής) que aparece en el texto original se traduce en Juan 3:16 como unigénito. Esta palabra ha causado mucha controversia a lo largo de la historia cristiana ya que muchos han querido desmentir la divinidad de Cristo al decir que Jesús fue un ser creado porque la Biblia lo llama el Hijo unigénito de Dios.  Sin embargo, nada está más alejado de la realidad que esa errada conclusión. En primer lugar, monogenés (μονογενής) es una palabra que denota que es único en su especie. Desde este punto de vista, Jesús es el unigénito Hijo de Dios porque no hay otro al que se le pueda otorgar este derecho. No existe otro ser en este mundo que pueda comparase a nuestro Señor Jesús, Él es único en su especie. También la palabra monogenés (μονογενής) se aplica en el sentido de ser único en su relación con alguien. Así no hay otro ser que tenga la estrecha relación que Jesús tiene con el Padre celestial. Por esta razón la Biblia llama a Jesús el unigénito Hijo de Dios. De esta forma el Padre Celestial muestra su enorme amor por los hombres que decidió enviar lo más preciado y hermoso que tiene como una muestra de su enorme amor: su Hijo unigénito.

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…”
Romanos 8:32


“PARA TODO AQUEL QUE EN ÉL CREE”: LA CONDICIÓN PARA RECIBIR ESTE AMOR


“… para que todo aquel que en él cree…”

                   Este inmensurable amor que ha sido expresado por Dios a través de entregar a su unigénito Hijo tiene una sola condición: ¡creer! El texto original dice: jína pas jo pisteúo (ἵνα πᾶς ὁ πιστεύω) y a primera vista resalta la palabra pisteúo que se traduce como cree, la cual a su vez que deriva del verbo pistis (πιστις) que es la palabra por excelencia en el Nuevo Testamento para referirse a la fe. Por ende, es a través de la fe que los hombres y mujeres pueden hacer efectivo este amor en sus vidas. Si bien es cierto, Dios ha mostrado su amor por todo el mundo, este amor no es para todo el mundo; sino solamente para los que decidan creer en el unigénito Hijo de Dios. En el cristianismo el elemento indispensable para poder acceder a los dones y dadivas de Dios es a través de la fe y este es un tema ampliamente desarrollado en el Nuevo Testamento: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”, (Romanos 3:23-25). La Biblia es clara al declarar al hombre como un pecador que está excluido de la gloria de Dios; pero a través de la fe, es decir, de creer en el sacrificio de Cristo este puede llegar a alcanzar el perdón de sus pecados, que es el resultado eficaz del amor de Dios.


“NO SE PIERDA MAS TENGA VIDA ETERNA”: EL RESULTADO EFICAZ DE SU AMOR


 “… no se pierda, mas tenga vida eterna”.


                     Al final de este increíble versículo nos encontramos con la declaración del eterno y eficaz resultado de su amor: “… no se pierda, mas tenga vida eterna”. El texto original dice: eís autós mé apólumi alá éjo dsoé aiónios (εἰς αὐτός μή ἀπόλλυμι  ἀλλά ἔχω ζωή αἰώνιος). El amor de Dios nos garantiza escapar de la condenación eterna y nos hace herederos de la vida eterna. Cuán grande e incomparable es este amor. Es un amor extenso y eterno que proviene del Ser dador de toda buena dadiva que ha elegido por sobre toda su creación al ser humano como objeto de su amor. Este amor se ha expresado a través de su Hijo unigénito el cual fue entregado para morir en la cruz del Calvario y por medio de su muerte salvar a todo aquel que en Él cree: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). El mismo Cristo nos asegura que el que cree en el que lo envió tiene vida eterna y asevera que no vendrá a condenación. La vida eterna es la mayor recompensa que podemos obtener y ésta se alcanza mediante la fe en su Hijo amado, este glorioso resultado final es gracias a su infinito amor.

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About Walter Cuadra

2 Comments:

  1. gloria a DIOS....poderoso versiculo que encierra la escencia de nuestro Creador....que nos ama de una forma especial y no quiere encontrarnos culpables el dia del juicio final... ( hechos 16:31) solo crre en EL SENOR JESUCRISTO Y SERAS SALVO TU Y TU CASA...complemento perfecto para juan 3;16

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  2. GLORIA AL SEÑOR DIOS, EXCELENTE ES DELEITARSE EN LA LECTURA DIARIA DE LA ESCRITURA DE LA BIBLIA, PARA VER LA GRANDEZA DE DIOS Y SU AMOR POR TODOS Y POR MI. ALABADO SEA DIOS.

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